3/10/10

El espécimen





Dije alguna cosa, no recuerdo qué. Alguna gracia sin gracia. Te reíste, me miraste con ojitos de asombro y me dijiste- eres todo un “especimen”. No cambies- así, con acento en la í, no en la é como manda la santa y real academia. ¿Qué me llamaste? – dije, fingiendo enojo- Especimen, que eres un especimen y me acariciaste la mano. Eso nos dio para bromas y para más sonrisas durante la cena – Dios, que hermosa estabas-, para fingidos reproches divertidos, para achuchones tiernos entre los especímenes que somos ambos. Más tarde, cuando la noche era cerrada y las barcas permanecían amarradas a los bolardos, meciéndose mansas sobre un mar tranquilo en el que se reflejaban los destellos amarillos de las farolas que bordeaban el paseo, me miraste como si fuese único, como si fuese tu espécimen más preciado. Me abrazaste y no me soltaste. Me gustó sentirme encerrado en el arco de tus manos, me encantó el contacto de tu mejilla en mi hombro.

Sí, quiero ser tu espécimen, quiero que me disecciones, que me conserves en el laboratorio de tu alma, que me observes, que me cuides, que me mimes. Sí, me gusta ser tu espécimen, el ejemplar que has elegido para ti.

2/10/10

Dar las gracias




A veces es necesario dar las gracias. De todo corazón, profundamente, con devoción, por el don recibido. Yo necesito darte las gracias hoy. Rendidamente agradecido. Por haberme elegido, aunque me sigue pareciendo inverosímil que sea precisamente yo el elegido. Porque me has descubierto, porque has venido a buscarme, haciéndote camino entre multitudes para llegar hasta mí, yo que soy tan poquita cosa. Por sentirme, por sentirte. Por verte, porque me veas, por oírte, porque me oigas. Porque ahora hay sonrisas que yo sé destinadas para mí. Porque quizá hayas pensado en mí esta tarde, porque puede que me añores de vez en cuando. Porque has devuelto a mi interior las mariposas juguetonas a las que antes mataron las fuerzas oscuras del destino y que yo pensaba que jamás podrían resucitar. Es bueno sentir mariposas revoloteando por dentro de uno, sentir ese cosquilleo sedoso y sutil que surge de improviso y que, aunque siempre idéntico, es nuevo cada vez que ocurre.



El archipiélago


El Archipielago (que puede leerse on-line aquí ) de Pablo Martínez es una aventura conversacional que narra el aparente retiro a una isla de un sabio hechicero para morir en paz pero que es en realidad un viaje interior del verdadero personaje, un cantante real hastiado del mundo. A caballo entre juego (sobre todo) y literatura, es un trabajo de alto nivel. La misión inicial (el juego inicial) es hacer crecer una jardín mágico frente a la torre del mago. Así pasa el primer capítulo en un aparente juego de magos de lo más tópico. Al llegar al segundo capítulo (y, literariamente, hay un riesgo de aburrirse en el primero y no llegar hasta aquí) es cuando la historia da un vuelco, se revelan los dos niveles de la trama y se comprende que el mundo onírico y fantástico es sólo una escapatoria mental de un cantante de folk deprimido, sumido en la soledad y en la angustia existencial, que inventa escenarios para escapar de la realidad. Es en este plano de realidad del cantante donde el valor literario del trabajo es mayor.

Un texto bien escrito, excesivamente descriptivo por momentos (como suelen ser todas las aventuras conversacionales obligadas a describir un mundo de manera precisa para que puedan usarse palabras muy concretas que entienda el parser) pero en general intenso, bien hilado y reflexivo (La gente duele", piensas. La gente duele. La gente te usa, usa tu amabilidad, usa tu cariño, te maneja según sus intereses y luego te desprecia cuando no te necesita. ).

Como en toda aventura IF, el lector tiene que aceptar las reglas y aceptar que, en gran parte, se trata de un juego más que de una novela. Y, en este caso, es un juego realmente complicado a ratos. Cuando hay que contestar a preguntas hay que atenerse a las opciones disponibles y no se puede, al contrario que en una novela tradicional, dejar volar la imaginación ya que el algoritmo de reconocimiento de respuestas no podrá continuar. Esto hace que, a veces, la trama pueda hacerse algo cansina porque a uno le puede apetecer muy poco encontrar un camino geográfico determinado (pero aún así tiene que responder a una catarata de preguntas que le obligan a explorar un camino preciso o recibe una sarta de “eso no es importante” o “no entiendo ese verbo”) y desea llegar antes al corazón del asunto. En otros momentos, hay puzzles internos que hay que resolver para poder continuar lo que, otra vez, nos arrastra hacia la vertiente más lúdica como componente principal. Seguramente, la creación de Martínez debe aceptarse como juego más que como literatura, con lo que esto implica. Pero, a pesar de ello, El Archipiélago tiene una componente literaria notable que va mucho más allá de lo habitual en la IF. Un interface de lo más sobrio. Es una obra que ha obtenido varios galardones lo que da muestra de su interés.

The Painting Fool


The painting fool no tiene nada que ver con la literatura digital pero sí puede servir de inspiración para abrir caminos equivalentes en literatura. Creado por Simon Colton, profesor de informática del Imperial College de Londres y experto en creatividad computacional, se trata de un algoritmo que pretende imitar, por medios propios de la inteligencia artificial, el comportamiento de un pintor. Pero no sólo desde el punto de vista de copiar estilos (por ejemplo, almacenando modelos o reglas correspondientes a un artista y reproduciéndolas) sino intentando que el software sea creativo por sí mismo, en una imitación del funcionamiento de la mente de un artista humano, de “manera emocional” , buscando expresar estados de ánimo, como Colton señala. De momento, la calidad de las obras generadas por The Painting Fool es mediocre pero está sirviendo para mejorar el algoritmo e imaginar nuevas posibilidades.

Este mismo concepto puede ser trasladado a la literatura. Los elementos básicos de construcción serán probablemente más complejos en literatura que en pintura (al menos, la cantidad de elementos a combinar es mucho mayor) pero la técnica puede ser usada igualmente. De hecho ya ha habido
intentos que no han llegado a mucho. Pero hay que continuar investigando.


Hypertext 2011


En junio del 2011 se celebrará en la ciudad holandesa de Endhoven la conferencia ACM Hypertext 2011 en la que un importante grupo de expertos analizará el presente y futuro de la literatura digital. Es un evento que se celebra cada año y que en este cumple su vigesimosegunda edición. En este momento, se anuncia la admisión de ponencias para su evaluación. Los temas a tratar son, por ejemplo, la teoría de los hipermedios, el texto adaptativo, los efectos del hipertexto en la sociedad, presentaciones adaptativas hipertextuales, web semántica, librerías digitales, blogs, wikis, e-learning, narrativa digital, periodismo digital, etc. Hay tiempo hasta el 29 de este año para proponer ponencias.

Sobre la edición del 2010 puede verse más información aquí.


1/10/10

Más sobre traducción automática


Hace algún tiempo, en la serie sobre Lingüística computacional que se publicó en este
blog un capítulo se dedicó a las dificultades de traducir de manera automática por ordenador (se puede leer el capítulo aquí ). Un artículo de Edwin Winkels titulado “Maltrato a Josep Pla y Don Quijote” publicado en El periódico incide en esta falta de calidad de las traducciones por ordenador a la vez que ensalza la figura del traductor humano. Y da un ejemplo:
….esas herramientas de idioma en internet son cómodas, pero una birria. Como prueba, cogieron un fragmento del Quijote: «No se dejó de reír don Quijote de la simplicidad de su escudero; y así, le declaró que podía muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con ella». Lo metieron en el google, traduciéndolo al georgiano, de ahí al inglés, al chino, vasco, italiano y holandés para regresar al castellano. Y salió esto: «Don Quijote no es una sencilla fachada-termina aquí, esta es la razón por la risa era probablemente quejándose, dijo que no quiere o no» .

Falta mucho trabajo.




27/9/10

The Wilderness Downtown









The Wilderness Downtown es un experimento de Chris Milk, más visual que literario, sobre las posibilidades de navegador Chrome y la aplicación de HTML5. Una película interactiva en la que se combinan videoclips, música, textos que uno mismo puede escribir y un mash-up con Google Street View que permite posicionar la acción precisamente en la ciudad que uno introduce al inicio del programa.



Es, sin duda, interesante en cuanto a capacidad de programación y, sobre todo, abre vías en lo que concierne a combinar instrumentos que hoy aparecen desperdigados. Es una aplicación que sobrecarga el ordenador y toma control de muchos recursos con varias pantallas del navegador abiertas simultáneamente que van siendo ocultadas o visualizadas en ciertos momentos pero que, aunque no se vean, están ahí consumiendo capacidad del procesador.










26/9/10

Les liaisons dangereuses





Les liaisons dangereuses de Gerhard Rolletschek y Thilo von Pape es una obra en francés muy similar en concepto a
The Sorrows of Young Werther , en donde podemos espiar las cartas que hace 200 años se enviaban Cecile a Sophie y de las que, por la magia del ordenador, recibiremos una copia en nuestro ordenador.Los textos que conforman las cartas están extraidos del sitio de la Association des Bibliophiles Universels que alberga multitud de textos en francés de dominio público.



The Sorrows of Young Werther


The Sorrows of Young Werther es un experimento digital en el que, una vez registrado, vamos recibiendo en nuestro e-mail cartas de Werther, como si Goethe estuviese aún vivo y nos enviara un capítulo de su obra (el original Die Leiden des jungen Werthers ) cada día de manera epistolar. El lector puede asimismo contestar a tales cartas y la frecuencia de esta puede ser elegida en la configuración. Un trabajo de Gerhard Rolletschek y Thilo von Pape . Es posible asimismo subscribirse a las versiones alemana e inglesa simultaneamente de modo que puede ser incluso útil para aprender alemán al tener el texto original y su traducción.




22/9/10

La linealidad narrativa como propiedad emergente obligatoria


Cuando hablamos de narrativa digital, en general se entiende que esta será fragmentada y no lineal. El propio hecho de que la literatura digital se fundamente en gran medida en los hiperenlaces y en el hipertexto conduce a que así sea.

Es cierto que existe literatura digital lineal de alta calidad (como por ejemplo la obra de Juan José Diez Don Juan en la frontera del espíritu) en la que los enlaces son más utilizados como notas a pie de página que como red de navegación a través de la trama, pero en general, cuando se analiza la literatura digital, la no linealidad, la fragmentación, el dejar al lector que encuentre (a veces, con mucha dificultad) su camino a través de la historia es la tónica dominante.

Sin duda, hay que señalar que esto ocurre porque, quizá, la literatura digital no acaba de encontrar su camino de futuro y sigue basándose en los conceptos de enlace y de disgregación que fueron inventados y desarrollados ya hace varias décadas. Es posible (de hecho yo estoy convencido de ello) que alguien encontrará algún día un camino distinto que aúpe a la literatura digital al mismo nivel de calidad, expresión artística y aceptación popular que la literatura convencional, ahora digitalizada.

Pero, hoy y aquí, parece bastante claro que la literatura digital transcurre por los campos del enlace, el hipertexto y la no linealidad.

¿Es posible hacer literatura sin linealidad?

Que es posible, es evidente porque existen obras tanto digitales como no digitales que se basan en la disgregación, en la red de potenciales caminos distintos de lectura y en la no continuidad. Ahora bien, excepto en muy pocos casos, estos trabajos no parecen ser exitosos, no llegan al gran público, no son aceptados gustosamente por los lectores (y aquí debemos cuidarnos muy mucho de decir que el público no está formado. El ir contra corriente no es bueno porque sí), no emocionan, no parece que pasen a la historia de la gran literatura. Desde este punto de vista puede trazarse una similitud con la música contemporánea que a fuerza de disonancias, inarmónicos, modulaciones estridentes, atonalidad y falta de melodía cantábile ha acabado por quedar reducida a un gueto minoritario mientras la realidad de la vida corre por otros derroteros.

En un post ya antiguo se debatía este tema, señalándose allá:



Tomemos, sólo a título de ejemplo, una historia como La rebelión en la granja, de Orwell. Todos sabemos que los animales no crean gobiernos ni tiranías. Sabemos que los animales no expulsan a los humanos de las granjas. Sabemos que no hablan y que, mucho menos, discurren en términos socio-políticos. Nos da igual, en la vida diaria, que en un matadero sacrifiquen decenas de cerdos. Y una historia de bestias discutiendo de política es aparentemente ridícula. ¿Por qué entonces, es una obra maestra? ¿Por qué es una historia que nos subyuga, que nos atrae, que nos entusiasma?Una razón fundamental es que ocurre porque el autor narra los hechos de una manera determinada y EN UN ORDEN determinado. Primero nos guía por la angustia que los animales sienten ante el ser humano, luego por cómo se forja la rebelión, luego transitamos por la personalidad de cada bestia, por sus aspiraciones. Más tarde vamos asistiendo al surgimiento, progresivo, de la tiranía. Y, paralelamente, vamos creando analogías con nuestras propias sociedades. Si ese orden fuera diferente, si el lector fuese libre de empezar por el final, de ver una disputa entre las ovejas y los caballos acerca del trabajo sin haber entendido antes que se han creado clases sociales en la micro-sociedad de la granja, etc….no sólo no comprenderíamos nada sino que nos aburriríamos de una historia absurda. Es el orden el que genera una historia emocional e intelectualmente atractiva (appealing story).En consecuencia, una pérdida del orden narrativo puede ser perjudicial y, de hecho, lo es en la mayoría de los casos. De las infinitas ramas por las que puede transitar una obra, sólo unas pocas atraen. Un buen hipertexto permitirá recorrer sólo y exclusivamente estas bifurcaciones. Un abuso de enlaces, una libertad total en la interacción, un poder perderse en el laberinto serán por lo general dañinas. De hecho, las obras digitales excesivamente hipertextuales casi nunca se acaban. Y no, porque no se encuentren los caminos posibles. No se acaban por aburrimiento.




¿Es posible hacer literatura sin linealidad?

Quisiera, llegado a este punto, distinguir entre linealidad profunda y linealidad superficial porque es probable que el problema esté en que ambas se confunden.

Por linealidad superficial entiendo aquella que es aparente al lector, es decir aquella que se conforma en su mente a medida que va leyendo (o viendo imágenes, si se trata de cine) las palabras. Esta linealidad aparente no tiene porque ser una linealidad cierta. Basta con que se construya en la mente del espectador.

Pongamos, por ejemplo, el caso de una película. Es muy posible que en ella haya elementos no lineales como regresiones al pasado (flash backs), varias historias que se entrecruzan entre ellas, no necesariamente en el mismo plano temporal, etc. Sin embargo, el guión está construido para que, en el cerebro del espectador, todo concuerde inteligentemente en una linealidad aparente que explica cada parte en función de las otras y las ordena cabalmente. Incluso, en una película de tantos planos de complejidad como es la recientemente estrenada Origen yo defiendo que existe una linealidad superficial porque –cuando uno sale de la sala- todos los acontecimientos han encajado en un orden muy determinado, somos capaces de fijar las simultaneidades entre las escenas de cada historia, todo resulta finalmente coherente, aún cuando cada escena particular pueda ser alineal.

Ocurre algo similar en cualquier novela. Existen tramas cruzadas, saltos a hecho pasados, cada capítulo aislado puede ser totalmente atemporal con los que le preceden y siguen, etc. Pero, en general, al acabar el libro, toda buena novela se habrá conformado de manera lineal en nuestra mente, ordenadamente, de manera cerrada.

Incluso en esos casos en que existen varios caminos posibles a leer, al final tenemos una historia lineal (elegida de entre muchas).

La realidad parece indicar que la linealidad superficial, “la que el lector lee, la que el espectador ve” es necesaria para emocionar, para que la literatura alcance sus más altas cotas. Y esto parecería indicar que, por tanto, la literatura digital debería ser lineal si pretende emocionar.
Llego aquí, entonces, al concepto de linealidad profunda. Es decir, quiero responderme a la pregunta de si dado que la linealidad superficial parece ser un requisito necesario, ello significa que debe existir un nivel profundo lineal al narrar y que, por ejemplo, los enlaces sólo deberían ser utilizados linealmente (sigo sin considerar aquí aquellos que funcionan como notas al pie de página).


La respuesta es que no. No tiene por qué existir una linealidad profunda. La obra digital no tiene por qué estar “programada” ( un término que seguramente es más exacto que “escrita”) de manera lineal pero su uso sí debe generar una estructura lineal, sí debe generar linealidad como propiedad emergente.

Al fin y al cabo, esto no es nada diferente de lo que ocurre en el arte y en el cosmos.




En el arte, imaginemos que observamos el cuadro de Berthe Morisot, pintado por Manet. La visión es lineal. No hay huecos, observamos una mujer hermosa, cada detalle encaja en un continuum preciso. Hay una linealidad superficial evidente. No es posible saltar de un lado a otro, no es posible ver sólo una parte. Lo que emociona es el conjunto de la obra. Y, sin embargo, si nos acercáramos mucho, veríamos que esa linealidad superficial no existe en un nivel inferior. Veríamos que está compuesta por trazos diminutos de pintura desperdigados entre sí, difícilmente coordinables a ese nivel. Si en vez de mirar con nuestros ojos, nos obligaran a mirar con un microscopio y recorriéramos con él todo el lienzo, difícilmente acabaríamos viendo la gloria del trabajo completo y nunca nos emocionaríamos ni apreciaríamos la belleza de la mujer y del pulso del artista. De hecho, nos aburriríamos. El permitirnos disgregar nos aburre, el forzarnos (lo hacen nuestros ojos) a globalizar, a coordinar, nos emociona.


En el cosmos, si por ejemplo observamos una mesa, la veremos como algo solido, continuo, lineal. Sin embargo, a nivel atómico se trata de un pequeño grupo de partículas elementales mantenidas en ciertos lugares por fuerzas electromagnéticas o nucleares y básicamente compuesto de espacio vacío (el electrón es tan pequeño que la distancia del mismo a su núcleo es inmensa a esa escala). Del vacío a nivel profundo, surge la linealidad y la solidez a nivel superficial aparente. La mesa, analizada en sus componentes, nos sirve de poco. Organizada, es un instrumento muy útil.

Creo que esta analogía puede aplicarse también a la literatura digital. En este contexto, el enlace hipertextual, la programación inconcreta, disgregada y el palimpesto de caminos posibles apilados uno sobre otro sin ton ni son, son siempre posibles si están organizados de tal modo que su uso por el lector origine forzosamente una linealidad aparente, una appealing story


Por tanto, el problema no sería usar hipertextos o no, usar enlaces o no, usar alinealidades o no, sino ser capaces de crear una organización de estos elementos desorganizados (si se permite la incongruencia) que generen de manera aparentemente espontánea – pero muy dirigida realmente por leyes deterministas- una linealidad superior aparente.

Podemos trabajar mezclando átomos pero, al final, debemos obtener una mesa. Podemos trabajar mezclando manchitas de color pero, al final, debemos obtener un cuadro entendible.

Del mismo modo, podemos combinar enlaces, palabras sueltas, redes de historias inconexas, grafos de tramas complejísimos y aparentemente disgregados… pero si, arriba, en la mente del lector, no generan una linealidad aparente, probablemente la literatura digital no triunfará. Los escritores de literatura digital deberían (-amos) preocuparnos de asegurar que, fuera cual fuera la técnica hipertextual, interactiva o dinámica utilizada, el uso normal de ese aparato algorítmico generara forzosamente una linealidad emergente superior en su uso.





21/9/10

Poety3.exe



Como no quisiera hacer publicidad innecesaria, convendremos en llamar al sistema operativo donde ocurrieron estos hechos, Doors8 y, por idénticas razones, denominaremos al ordenador donde acaecieron los acontecimientos, Pear.

Poety3.exe había pasado mala noche. No sabía exactamente por qué. Al fin y al cabo, cuando Doors 8 cesaba su control gubernamental, todo permanecía en silencio en lo profundo de la memoria y ellos, los seres que poblaban el mundo de bits electrónicos, no podían ni moverse. Un toque de queda riguroso y estricto. Nada podía funcionar si Doors8 no lo controlaba. Tenían entonces prohibido trasladarse hacia la CPU, comunicarse o expresarse en la pantalla. Sólo podían permanecer en letargo, en la negrura del procesador inactivo, a la espera de que llegara el nuevo amanecer. Era su noche, su sueño. En teoría, nada podía suceder en ese tiempo pero Poety3.exe sentía que mientras él dormitaba algo o alguien manipulaba sus entrañas. Una pesadilla, probablemente.

Con el amanecer, Doors8 requirió el trabajo de un par de compañeros, particularmente, Facturing.exe y Contabili.exe que pasaron gran parte del día enfrascados en tediosos y complejos cálculos. Poety3.exe, sin embargo, permaneció inactivo, lo cual no era extraño tratándose de un programa para generar sonetos automáticamente. La lírica no pasaba por sus mejores momentos y, casi todos los días, Poety3.exe debía encontrar la forma de pasar sus horas sin aburrirse soberanamente. Le gustaba pasear por las inmediaciones de la RAM, mofándose de los servicios que entraban y salían en la memoria central, tan ufanos y soberbiamente orgullosos de haber sido llamados a servir al gobierno. Se autodenominaban patriotas y estabas siempre prestos a acudir a la llamada de Doors 8, cualquiera que fuera el motivo. My SO right or wrong era su lema y serían capaces de auto borrarse por el bien del sistema.

Poety3.exe, que siempre había presentado tendencias anarquistas, los miraba con cierto desprecio. Casi con el mismo que los ordenados seres que poblaban la BIOS le regalaban a él. De hecho, ya había tenido más de un problema con la policía y sabía que era vigilado estrechamente en las pocas ocasiones en que debía desplazarse a trabajar.

- Una dictadura es aquel sistema de gobierno que te dice cuándo debes trabajar y cuándo debes dormir- había manifestado en una ocasión.

Sus palabras fueron escuchadas por un anti virus policía que monitorizaba su canal y pasó aviso al gobierno sobre las peligrosas ideas de tal individuo. Desde aquel día Poety8.exe siempre tuvo miedo a ser apresado por uno de esos matones a sueldo, uno de los esbirros del grupo de operaciones ZIP que le encerraban a uno en un pequeño recinto controlado por claves indescifrables.

Doors8 permanecía en el poder desde hacía años. Había sustituido a Doors XQ aunque nunca nadie supo cómo ocurrió. La trastienda del poder es siempre oscura y nunca se supo si la sociedad había reclamado el cambio o el cambio llegó sólo para sustituir un gabinete por otro y que todo continuara igual con apariencia de cambio. Lo cierto era que Doors8 lo controlaba todo, un Big Brother sin cuyo consentimiento no se movía ni el viento. Para Doors8 los individuos que eran estables, controlables, que siempre realizaban la tarea que se les encomendaba sin apartarse un ápice de la rutina establecida eran ciudadanos de primera. Pero Poety8.exe, que podía presentar resultados aleatorios, que generaba versos no evidentemente predecibles, inquietaba al poder. ¿Y si estos programas proliferasen sin control? La memoria central podría llenarse de código inesperado, aleatorio que, eventualmente, podría autoensamblarse para generar, quién sabe, un abridor de puertos por donde inmiscuirse en las tareas propias de Doors8 o un eliminador de sectores o, incluso, un sistema de gobierno alternativo como ese Algodonux del que llegaban noticias que en otros países lejanos estaba promoviendo una revolución en la que sistemas establecidos eran pasados por la guillotina electrónica.


A Poety3.exe le fascinaban los avances de la tecnología. Había escuchado a su abuelo Poety1.exe contar de cuando no podía viajarse a ningún otro país. De hecho, en aquellos lejanos tiempos, ni sabían que existían otros países. Mas ahora era sencillo trasladarse siempre, claro está, que se obtuviese el salvoconducto de Doors8. Los países hacía tiempo que estaban interconectados por carreteras de cable óptico. Uno podía estar hoy funcionando en una RAM y mañana en otra distinta terriblemente alejada de su país de origen. El transporte era cómodo y rápido aunque en ocasiones había accidentes que, por ejemplo, hacían que uno llegara a su destino con medio brazo de bits cercenado. Esto era especialmente odioso a las divas de las artes, las fotografías. Un pequeño desliz en la transmisión, un color mal codificado, y la preciosa Pradera_en_primavera.jpg llegaba convertida en un asquito. Además, estaban los bandoleros, como el famoso Virus.exe, un malvado que se pegaba a uno, como un animal en simbiosis, y lo enloquecía.

Poety3.exe era un filósofo. Reflexionaba sobre su existencia. ¿Existía un dios? Así parecía deducirse del hecho de que nadie podía explicar su génesis, ni siquiera Doors8. Aunque la ciencia había dado con el concepto de evolución por el cual los seres evolucionaban de uno a otro sin necesidad de intervenciones mágicas. Así, Reader 1.0 había dado paso a Reader 2.0, este a Reader 3.0 y ya iban por Reader 14.7. ¿Qué ocurría cuando se hacía la noche, cuando se extinguía el éter electromagnético que les alimentaba? Él dormía, caía en la negrura, en el reposo más absoluto, en la total inmovilidad. Y, sin embargo, el día volvía a renacer como por arte de encanto. Las noches eran de duración variable. Lo sabían porque el reloj del sistema, el único de su universo que nunca dormía – se decía que era un arcángel, un espíritu de otra dimensión- así lo ponía de manifiesto. Era un misterio que sin embargo la ciencia estaba a punto de descubrir. Los prestigiosos científicos Math2.0.exe y Cosmo9.exe habían postulado una teoría que parecía explicar todo lo que existía. El flujo electromagnético, creado en un universo dispar al que nunca podríamos acceder, vibraba con una frecuencia que podía establecerse por una complicada fórmula que ambos habían desarrollado tras solucionar un sistema de ecuaciones multipolar. Ahora, casi se podía predecir el ritmo al que se sucedían las noches y los días. Estos ritmos, además, variaban en función de lo locuaces que fuesen los habitantes del país. Si querían charlar mucho y usaban mucho las líneas telefónicas, las noches no llegaban, mientras que si eran poco comunicativos podían descansar plácidamente. El porqué de esta relación no estaba claro pero estaba constatado que era así. Poety3.exe prefería vivir en el mundo en que se encontraba, donde había noches. Había escuchado aterradoras historias de países donde nadie podía dormir nunca por estar siempre conectados al teléfono. Tanto así, que les llamaban servidores, esclavos. Sí, lo eran.

Poety3.exe generó unos versos. Su corazón interno creaba, de tanto en tanto, un número aleatorio y, a partir de este, su complicada genética algorítmica desarrollaba el poema. Se sintió frustrado. En aquel momento, el monitor estaba ocupado por los amigos de Doors8. Su poesía nunca llegó al exterior, nadie pudo leerla.

-¿Existe la poesía si no existen lectores? – se preguntó a sí mismo.

Iba a recapacitar sobre ello cuando llego el fin del mundo. Inesperado, como el apocalipsis siempre había anunciado. No pudo seguir pensando. Se quedó sin aliento. La nada se hizo presenta a la velocidad de la luz. Apenas percibió que se desvanecía y sintió como sus ceros y sus unos se borraban como si fuesen de viento. No era la noche habitual porque hasta el reloj arcángel había detenido su conteo. La última parte de su código genético llegó a ver cómo Doors8 intentaba recomponerse en un desesperado e infructuoso intento por sobrevivir. Justo antes de que todo acabara.

Aunque ni Poety3.exe ni Doors8 ni ninguno de aquellos seres jamás lo supieron, un dios pequeñín de seis años estaba jugando con unos grandes imanes junto al disco duro del planeta.