11/6/13

4º Congreso Internacional CBL del Libro Digital





Los próximos días 13 y 14 se celebra en Sao Paulo, Brasil, el 4º Congreso Internacional do Livro Digital que explorará el estado de situación y futuro del libro digitalizado. Las conferencias serán retransmitidas en "streaming" y tratarán sobre el marketing del libro electrónico, el libro digital infantil,  los derechos de autor, las bibliotecas digitales, las herramientas educativas digitales, etc.

Está organizado por la Cámara Brasileña del Libro (CBL) y se celebra en el Centro Fecomercio de Eventos de São Paulo/SP.



10/6/13

Perspectivas para el libro electrónico




La empresa PWC ha publicado su estudio sobre las perspectivas de diferentes sectores del mercado del entrenamiento y los media para el periodo 2013-2017.

En lo que respecta al libro electrónico digitalizado, prevén que continúe escalando posiciones en su pugna frente al libro digital, de modo que para el final del periodo puede alcanzar el 22% de las ventas de libros totales en el mundo cuando, en el 2012, esa proporción se situaba en el 9%.
 
Cierto es que este crecimiento será desigual a lo ancho del planeta como lo es hoy ya en la proporción de libros electrónicos respecto a los de papel. Así, Estados Unidos será siendo el líder indiscutible con un 38% de penetración. En Asia vaticinan un 15% y en Sudamérica un 9%. El mercado, en volumen, llegará a los 17.000 millones de dólares en los Estados Unidos, menor que el del 2008 lo cual no es una buena noticia.
 
Un peor vaticinio es que, de acuerdo al informe, las librerías físicas cerrarán cada vez más.
 

9/6/13

El concepto de robustez en el libro




En el diseño de componentes industriales es muy usual hablar de diseño robusto. La robustez de un producto implica que este soportará el uso normal, incluso duro por parte del usuario,  y las incidencias habituales naturales sin que se deteriore hasta el punto de ser inservible.

Históricamente, los productos mecánicos alcanzan una robustez aceptable de manera en un intervalo más o menos rápido de tiempo que puede ir desde los pocos años para equipos sencillos hasta algunas décadas para los más complejos.
 
Por ejemplo, las locomotoras de vapor de los primeros ferrocarriles de la primera mitad del siglo XIX que eran evidentemente frágiles y se averiaban fácilmente llegaron a su robustez plena en poco menos de 100 años :


(fotografía obtenida en http://www.steamlocomotive.com/)

Aunque, desde este punto de vista tecnológico, los escritos en piedra (petroglifos) o en pieles son más robustos que los escritos en papel, puede decirse que el libro que hoy en día conocemos es también un producto altamente robusto. Excepto contra el fuego, es un invento que soporta bien el uso, el paso del tiempo y las incidencias más habituales (caída, flexión, humedad o agua, compresión, fatiga, golpes, deterioro de los bordes, calor, frío, radiación solar, electromagnética) y puede decirse que es difícil que un libro acabe siendo totalmente inservible excepto que se busque deliberadamente su destrucción. Además, ha logrado esa robustez a bajo coste y de manera sencilla, algo que ha sido inusual en la historia de los inventos humanos.
 
El advenimiento de la electrónica ha traído numerosas ventajas pero, en la electrónica de consumo, la robustez no está entre ella. De hecho, los ordenadores industriales y la electrónica industrial tienen poco que ver con los que habitualmente conocemos y utilizamos, precisamente porque necesitan comportarse mejor ante errores, accidentes o incidencias. Cierto es que se logra esa robustez aumentando peso, redundancias, tamaño y, sobre todo, precio.
 
En el libro electrónico, es preciso señalar que la robustez industrial aún no se ha logrado. Los elementos habituales en los que guardamos o leemos un texto digitalizado son muy poco robustos y son altamente afectados por hechos terriblemente mundanos como caídas, mojaduras, pequeños golpes, esfuerzos de flexión, resistencia al peso, etc. Podríamos pensar, incluso, que esta falta de solidez en el diseño está buscada a propósito para que la caducidad de los productos sea rápida y haya que reponerlos. Puede que algo de esto exista en las mentes de los planificadores de marketing pero es indudable que un producto hecho de cristal, diminutos circuitos integrados y conexiones finísimas tiene todos los boletos para fallar rápidamente.
 
A pesar de todo, a pesar de esa fragilidad inherente aparente, es preciso realizar un profundo esfuerzo en el rediseño de los lectores electrónicos de libros (bien sean tabletas o e-readers de tinta electrónica) que mejore la robustez industrial del producto. Sobre todo, porque un fallo es más impactante que en un libro en papel. Si se rompe este último perdemos un ejemplar pero podemos seguir leyendo muchos otros. Si se nos rompe el e-reader es muy probable que perdamos gigas de texto, especialmente si no hemos podido hacer copias de seguridad por desidia o porque las protecciones anti-copia lo impiden.
 
Probablemente, este aumento de robustez vendrá de la mano del cambio técnico en el soporte. Habrá que sustituir los cristales de la pantalla por sustratos plásticos y enrollables, encontrar una alternativa a las soldaduras de contactos, eliminar teclas (el futuro es claramente el control verbal), hallar soluciones al problema de las baterías, evitar las interferencias electromagnéticas (¿circuitos que muevan fotones en vez de electrones, por ejemplo?), etc., etc.
 
La siguiente secuencia muestra la diferencia de robustez entre el libro convencional y el electrónico. En un caso, bastan unas cuantas servilletas y un poco de tiempo. En el otro, hay que comprar uno nuevo y rezar porque tengamos copias de todo el contenido memorizado.
 
 
 
 
mientras que:
 






 

7/6/13

Du LIVRE de Mallarmé au livre mal armé





Du LIVRE de Mallarmé au livre mal armé es un libro coordinado por Frank Ancel pero en el que participa un nutrido grupo de colaboradores. Una obra en formato ePub y de libre descarga. Son 36 textos que analizan de manera global la obra de Mallarmé y que sigue las ideas conceptuales del autor francés, un concepto circular en el que no hay un inicio y un final, en donde una nube de coordenadas enlaza con ideas y reflexiones, un libro en el que una vez que se inicia la lectura no se encuentra una salida y un final. En este universo cerrado podemos encontrar textos antiguos de Scherer, extractos de conferencias, imágenes, ilustraciones, etc.
 
Puede descargarse desde la web de la editorial Gravitons.
 
 

6/6/13

NAACL 2013





Entre los próximos días 9 y 14 de este mes se celebrará en Atlanta, en Estados Unidos, la 2013 Conference of the North American Chapter of the Association for Computational Linguistics: Human Language Technologies que centra sus debates en el análisis y estudio de la lingüística computacional, el desarrollo de interfaces verbales mediante lenguaje natural con las computadoras, reconocimiento del habla, semántica por ordenador, traducción automática y generación automática de textos, entre otros asuntos.

Existe un canal Twitter que sigue el evento.



5/6/13

Correspondencias






Amaba los atardeceres de los días en que llegaba el correo.
 
Allí, en aquel paraje tan apartado, ese hecho ocurría cada dos semanas que era cuando el vapor de San Justo se dejaba caer por la caleta para entregar no sólo las cartas sino el arcón con víveres y enseres que de tanto en tanto encargaba al almacén. Ella escribía sus necesidades, se las daba a Camilo, el patrón del pequeño barquito, y dos semanas después recibía lo pedido junto a la factura que pagaba religiosamente con un cheque canjeable en el banco. Ni recordaba cuándo había entrado por última vez en la entidad de ahorros pero poco importaba porque la herencia había sido generosa y le daría para vivir su vida hasta que el Señor decidiera llamarla. Afortunadamente, un par de catarros eran todos los contratiempos a que se había enfrentado y aunque sabía que de enfermar seriamente debería regresar a la ciudad, se aferraba a la idea de que eso nunca ocurriría. El director de la sucursal no hacía preguntas y, viendo que el saldo era ampliamente positivo y holgado, prefería abonar los gastos sin incitar a su buena pero desconocida cliente a que retirara el resto de los fondos.
 
Desde hacía diez años, cuando heredó la casa y decidió ausentarse del mundo para vengar el amor traicionado de aquel hombre, el ritual se repetía con exacta precisión. Primero, hacia el este, más allá del peñón negro, aparecía la fumarola que expelía la chimenea asmática del vaporcito. Luego llegaba la proa y por fin la silueta de Camilo. Él se encargaba de bajar a tierra los alimentos y cachivaches que traía y llevarse lo que Sandra ya no necesitaba. Durante años se había repetido esa rutina simple que para Sandra significaba charlar por una hora y enterarse vagamente sobre las noticias que corrían por San Justo. Luego, dos semanas de sosiego, a veces de tormento por la ira que todavía le llegaba al alma cuando se acordaba de Rafael, de trabajo en el huerto y en las novelas que escribía y que esperaba ver publicadas algún día aunque, de momento, ninguna editorial le había respondido con entusiasmo.
 
Eso fue así hasta el día en que recibió aquella carta, cinco años atrás.
 
Con la primera letra se sorprendió pero, aunque halagada, no le dio mucha importancia. Más las cartas llegaban cada dos semanas con una regularidad que certificaba el interés de Roberto, el hombre que las firmaba. Un admirador, había asegurado. Un empleado de rango medio en la editorial Buenavista al que por azar le habían encargado que revisara uno de los trabajos de ella, una historia de amores lejanos y complicados, una novela romántica de las que atraen las lágrimas de los excesivamente sensibles.
 
-        Nunca un texto me resultó más conmovedor que el suyo, más humano y más necesario de leer. No le oculto que mi jefe, el señor Huyol, no opina lo mismo. A mi sincera recomendación de publicación me respondió que los tiempos de Jane Austen habían quedado muy atrasados, que ahora lo que vende son los crímenes con alta carga de sexo o las historias de políticos corruptos. Me reconvino a no ser tan femenino, así lo dijo, entonando la palabra tan peyorativamente que consiguió avergonzarme. A pesar de ello, mi querida señora, he de decirle que él no tiene razón, que su novela es simplemente maravillosa, que ese amor que usted describe es el que cualquier persona sensible desearía tener. Yo, he de confesarlo, nunca lo he sentido pero si algún día se me recompensa el corazón, quisiera que así fuera. - había escrito aquel sorpresivo y desconocido admirador.
 
No contestó hasta que había ya recibido seis cartas. Entonces, tras aquellos tres meses en que se le mezclaban en el ánimo la sospecha de que todo era una broma con la ilusión renacida, encargó a Camilo un pequeño baúl para guardar las cartas. Ahora, tantos años después, ya estaba bastante lleno y algunas noches en que la melancolía hacía de las suyas y pasaba la noche en vela, encendía la lamparita del salón, tomaba el baulito y se dedicaba a releer algunas de aquellos mensajes para consuelo de su corazón y arrullo de su ego. Más de una vez había pensado que aquella correspondencia, revisada y ordenada de alguna manera, podría ser algún día una buena historia epistolar pero sabía que jamás se atrevería a proponer publicar algo tan íntimo.
 
Amaba los atardeceres de los días en que llegaba el correo.
 
El barco arribaba hacia el mediodía cuando el sol estaba alto y el mar transparente brillaba intensamente al reflejar sus rayos, pero ella se aguantaba las ganas de leer la carta inmediatamente. Para evitarlo, se enfrascaba en tareas y trabajos pospuestos, le daba por podar las flores de las macetas, abrillantar la plata del comedor, reordenar por enésima vez lo que la despensa contenía o planchar las sábanas que había ya planchado la tarde anterior. Cualquier cosa para que pasaran las horas, para que el sol se fuese volviendo rojo y los pájaros regresaran a sus árboles. Entonces, y sólo entonces, ella tomaba una gran jarra de limonada y se dirigía al silloncito de tela debajo de la pérgola que daba al mar. Se había hecho traer un largo cable con el que conectaba los altavoces al equipo de música de la sala. Repetía sus elecciones cuando de leer a Roberto se trataba: el  concierto para violín de Tchaikovsky, el de Max Bruch, el vals de Cosette en La Boheme, el adagio del segundo concierto de Brahms, el Mon couer s'ouvre a ta voix de Saint Säens. Se sentaba mirando el horizonte que se iba cubriendo de intensos dorados y brillantes naranjas, esperaba a que la música le envolviera, tomaba un par de sorbos de refresco y abría lentamente la carta, disfrutando del momento en que reconocía su letra porque todas ellas eran manuscritas.
 
Leía despacio, muchas veces repasaba párrafos enteros y, más tarde, cuando el sol ya se había escondido, cuando Escorpio volaba por el cielo, cuando el mar se había ocultado en la oscuridad de la noche, con una lamparita de gas encendida, contestaba lentamente, procurando trazar las palabras con una caligrafía esmerada, pensando y repensando cada frase, mordisqueando la pluma mientras miraba a lo alto en busca de la inspiración. Por fin, coqueta, dejaba caer una gota de perfume dentro del sobre y cerraba la carta que permanecería a la espera sobre su mesilla durante dos semanas hasta que el vapor de Camilo regresara puntual a su cita.
 
Había sido consciente de que estaba enamorada hacía dos años. Las primeras treinta cartas habían construido una relación intensa, una visión lejana de la personalidad de cada uno que estaba segura era real como el mundo mismo, aun cuando nunca hubiera visto siquiera una fotografía de él, ni él de ella.
 
-        Sus cartas me hacen saber de usted, de su corazón y de su sentimiento, de lo que anhela y de lo que ama, de lo que odia y de lo que le molesta, de sus deseos y de sus temores. Es la imagen que deseo tener y, aunque estoy seguro de que su belleza me abrumaría, no quiero romper este hechizo que me tiene embrujado - había escrito un día él, al inicio de la correspondencia- y, sobre todo, no quiero corresponderla. Si usted me enviara una foto suya, yo me vería obligado a mandarle una mía y eso, irremediablemente, rompería cualquier sueño que usted pueda tener conmigo. Soy consciente de la inverosimilitud de esta relación y no quiero que nada, menos una fotografía, pueda arruinarla.
 
A pesar de ello, Sandra sentía que se conocían todo lo íntimamente que se pueden conocer un hombre y una mujer.  Habían compartido juicios, reflexiones, problemas, consejos, sueños, miedos, desesperanzas y nostalgias, habían escrito de la familia y de los amigos, de los desengaños y de las alegrías, de la soledad, de la ternura, de las fantasías. Con los meses, retiraron toda cautela, bajaron cualquier defensa, se rindieron a la intimidad de la honestidad plena. Y compartir esas cosas- se debió haber dado cuenta antes- es muy peligroso porque basta dejar al tiempo que trabaje para tejer complicidades. Una vez había leído que un hombre y una mujer que hablan durante decenas de años acaban rendidos el uno al otro, lo quieran o no, porque los años traman un vínculo más perfecto que cualquier atracción física y ella ahora sabía que aquello era cierto. Cuando estuvo segura de sus sentimientos, de que el recuerdo de Rafael había desaparecido, cuando sintió turbación con las palabras de Roberto, cuando comprendió que se admiraban mutuamente, cuando el aria de Saint Säens dejó de ser una bella melodía para convertirse en una llamada a la seducción, a la necesidad - porque era eso, necesidad-  de sentirse estrechada entre los brazos de un hombre al que no conocía, cuando pensó en un torso, unos labios y un cuerpo supo que aquel baulito de cartas era su vida.
 
Aquella tarde, el sol rojizo, las aguas arremolinadas por la llegada del otoño, la brisa agradable aunque algo fresca, la espuma de las olas en la rompiente caliza, se enrabietó al comprobar que los hombres son inestables, son poco de fiar, que no mantienen la promesa.
 
-        He pensado mucho en ello, amor- decía él - y he llegado a la conclusión de que mi deseo por tenerte, por conocerte, por deleitarme en ti es mucho más acuciante que mi miedo a que te sientas defraudada, a que me rechaces, a que se derrumbe la idea que tienes de mí. Quiero verte y quiero verte ya.- se tuteaban ya desde hacía tiempo, escribían encendidas frases hacía meses.
 
No pudo contestar y no pudo dormir. Se quedó sentada en el silloncito, frente a las estrellas titilantes y el bramar del océano, envuelta en una manta que sacó del arcón y con un termo de café caliente en la mesita del jardín, la cavatina del decimotercer cuarteto sonando lejana. ¿Conocerse? ¿Por qué los varones son tan volubles? ¿Conocerse para qué? ¿Correr el riesgo de otra traición? Ahora, aquellas cartas eran como las de que llegan en una botella acunada por el mar, esas que hablan de lejanos náufragos que deben ser rescatados, de corales y de pecios. ¿Cambiar eso por la rutina de lo conocido y repetido? Tenía miedo de perder lo que había construido con tanto esfuerzo, con tanta afinidad, con tanta esperanza. Estaba enamorada, sí, pero de un sueño o, quizá, de la maravillosa posibilidad de plasmar cada dos semanas justo, exactamente,  lo que el corazón sentía sabiendo que el receptor de aquellas palabras las entendería, que tendría tiempo a meditarlas y reflexionarlas antes de contestar sin la espera que todo pensamiento requiere para ser atinado. Ahora deseaba a Roberto. Lo hacía con toda su alma, lo amaba en su inteligencia, en su corazón y su piel. Pero el deseo es voluble, tanto como los hombres, tanto como los vientos del norte. Tenía miedo de que esa afinidad, de que esa pulsión por ser abrazada quedara en nada cuando, quizá, aquellos brazos fuesen poco agraciados o carecieran del calor imaginado; cuando aquellos labios ahora tan deseados y sensuales, fuesen quizá fríos o poco expertos; cuando ese intenso placer que ella sentía al pensar en él en la soledad de su cama fuera, quizá, un ejercicio árido y sucio.
 
Amanecía. Sabía lo que le contestaría pero tenía dos semanas para hacerlo. Las campánulas que colgaban de la pérgola se cubrieron de destellos al acariciarlas las primeras luces. Sería un día claro y el mar se había calmado. Como su corazón. Entró en la casa, introdujo la carta en el baúl y cerró con llave. Al pasar junto al espejo se arregló el cabello mientras comprobaba que sus ojos ya no brillaban.
 

 

 

 

Hell Tree




Hell Tree de Petra Cortright es un libro electrónico en formato ePub que, una vez iniciado, se convierte en una caja de Pandora de donde surgen, sin orden, alocadamente a propósito, toda clase de contenidos desde textos literarios fragmentados e inconexos, a imágenes, pensamientos, notas o encargos. La pantalla se va llenando de información que aparentemente es absurda y contradictoria pero que refleja, en realidad, el tornado mediático en que vivimos en la era digital en la que tan pronto se nos presenta un poema como un anuncio de desodorantes en un mismo nivel de importancia. Finalmente, lo único que coordina toda esa información es el vértigo del movimiento, de la inmediatez. Un árbol diabólico cuyas ramas crecen sin orden.
 
Puede descargarse de la Itunes.
 





 
 

4/6/13

La corde à linge




La corde à linge de Jean Jacques Birgé es una novela que se distribuye en cuatro formatos distintos: Ipad (ePub), Kindle, PDF y versión Web. Son los formatos para la Web y el Ipad los que justifican esta entrada en el blog ya que son una versión enriquecida mediante el añadido de 47 fotografías y 80 minutos de música especialmente concebida para el libro. En estos casos, las fotografías actúan, de alguna manera, como menú hipertextual que permite enlazar con los textos que han sugerido dichas imágenes.
 
En realidad este enriquecimiento no es sustancial en el trabajo porque el texto, la historia, aun sin contenidos multimedia, es el corazón de la obra como lo prueban las versiones PDF y la de formato para Kindle.
 
Para comprar este libro, puede utilizarse este enlace.
 
 





3/6/13

Jutoh



 
Jutoh es un editor de libros electrónicos en formato ePub que es de código abierto y de libre descarga. Tiene bastante flexibilidad en cuanto a maquetación de línea, párrafo y página; admite la creación de cabeceras; permite añadir metadatos; índices, pies de página; portadas; etc. También permite crear hojas de estilo CSS aplicables al texto.

En cuanto a formatos que puede importar, admite HTML, texto plano, ePub, DOCX y ODT. Respecto al formato de salida, Jutoh puede publicar en ePub, Mobipocket, ODT, texto plano y HTML.
 
Para descargar este software basta acceder a su página web.
 


2/6/13

The Literary Conference: Writing in a digital age





The Literary Conference: Writing in a digital age se celebra los días 7 y 8 de este mes en Londres organizado por The Literary Consultancy. En el programa hay interesantes conferencias sobre las plataformas digitales, el storytelling, la interacción entre la literatura digital y otras artes, reflexiones sobre si los valores literarios se ven afectados por la digitalidad, escritura colaborativa, autopublicación, etc. Además habrá una sesión en la que se criticarán y explorarán una serie de obras digitales previamente seleccionadas por la organización.
 

Promoción creativa de e-books




Un ejemplo de creatividad, inteligencia y buen gusto. Este pequeño vídeo promociona la venta de libros digitalizados a la vez que la librería de sus creadores, la librería Norma. Afortunadamente, la publicidad se convierte, en ocasiones, en un acto artístico.