7/3/09

Tarde de lluvia



Atardece y es un día de lluvia,
de esos en los que hay claros en el cielo
y un tímido sol se asoma entre nubes mustias
creando arcos iris grises, tristes, solitarios,
heridos por la angustia de tu marcha.

Alguien canta Alfonsina y el mar sobre acordes de arpa
y te imagino viajando con las sirenitas del cielo
que te llevan por caminos de algas y coral.

No estás. La lluvia cae y lo hace en silencio,
como una punzada sorda de dolor en el alma.
No, no es el alma la que sufre
porque duele el cuerpo,
porque pena esta carne que tanto te necesita,
esta piel que te extraña,
estos ojos que te buscan con ansiedad,
esta memoria que necesita el recuerdo de tu rostro.

La lluvia me acompaña en la desdicha
y las gotas, cómplices de mi tristeza,
escriben tu nombre en el cristal mientras cae la noche.
Aflige tanto tu ausencia, mi compañera.




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