15/12/09

Espejos



Ferdinand la abrazó y Laura dejó que lo hiciese. Tenía el cabello arremolinado del embate de besos que acababa de finalizar y a él le pareció que su pelo formaba caracolas y siluetas celestes. La besó una y mil veces. Le dijo lo bella que estaba. Le repitió que era una mujer excepcional. Ella se sonrió.

- Tú me haces bella. Tú me haces mejor- dijo Laura
- ¿Y cómo es eso?- contestó él- De ninguna manera. Eres preciosa y yo sólo disfruto de ello.
- Todos somos uno mismo y el espejo en que nos reflejamos- musitó Laura-. Y tú haces que mi imagen sea hermosa, que mis días sean buenos.

Una vez más, ella daba con la idea certera, precisa. Siempre lo hacía. Ferdinand pensó que era cierto, que uno es lo que los otros ven reflejado de él. Dio gracias al cielo de que su espejo fuese Laura y se sintió bien consigo mismo. Imploró que su espejo no se rompiera nunca


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