26/5/16

Realidad Virtual y Narrativas Transmedia



Este 28 de mayo, de 2 a 8 de la tarde se celebra, en Buenos Aires, el evento Realidad Virtual y Narrativas Transmedia en donde se analizarán las nuevas formas de narrar mediante el intercambio de formatos y medias. En concreto, se hará énfasis en lo que la realidad virtual permite. Resulta muy interesante que se busca que cada participante cree algún producto durante la sesión mediante el uso del teléfono móvil, una cámara GoPro y gafas 3D.

Más información en este enlace.


  

24/5/16

The Sensational December Machine





The Sensational December Machine es un cuento de hadas interactivo, elegantemente construido en el que el lector debe explorar un paisaje por donde va encontrando los textos, como si a través de un catalejo fuera mirando a uno y otro sitio. El programa recrea una atmósfera etérea y sutil que se complementa con música y una simulación 3D lograda por el uso amplio de técnicas parallax. La interactividad es, en cualquier caso, limitada pues se limita a ir adelante o atrás. 

Puede descargarse, para Windows o IOS, desde este enlace.






23/5/16

Poemas nanoscópicos en seda




Jen Bervin, artista de Brooklyn, ha creado poemas escritos a escala nanométrica en seda líquida la cual puede ser implantada dentro del cuerpo humano, dadas la notable compatibilidad inmunológica de la seda con nuestro cuerpo. 

Se trata de un proyecto que tiene el apoyo de Creative Capital y los poemas generados serán expuestos en la "Explode Every Day: An Inquiry into the Phenomena of Wonder" que tendrá lugar en la  MASS MoCA en North Adams, MA. Son poemas muy largos que, sin embargo, dada la densidad de escritura que permite la escala usada, ocupa un mínimo espacio.





Engaños





Te la encuentras un día en medio de la calle. Apenas la conoces, tan sólo habéis coincidido en un par de ocasiones, con otros amigos comunes. No obstante, te saluda. Tienes prisa pero, por cortesía, te detienes y muestras tu mejor sonrisa. Das dos besos, uno por mejilla. Hace tiempo que no la veías, así que preguntas por cómo le van las cosas, si trabaja, si sigue acudiendo al gimnasio, comentas que está lloviendo demasiado, que parece que vamos a tener nuevas elecciones, en fin ese tipo de asuntos que rellenan una conversación.

- ¿Sabes que se van a Londres? – dice ella de pronto.
- ¿Quiénes? – preguntas con escaso interés.
- Pues Lidia y sus amigos. Un fin de semana, a un concierto de los PROMs. Ya lo sabrás ¿no? 

No, no lo sabes.  Te parece extraño que no te lo haya comentado pero tampoco tiene mayor importancia. Sabes que tiene una intensa vida social. 

- Sí, sí, creo que me lo comentó – mientes-, seguro que lo van a pasar muy bien. ¿Qué día van, que no recuerdo bien? – vuelves  a mentir.
- Dentro de un mes. Sí, seguro que lo pasan bomba. Está todo a reventar, debe haber un montón de eventos ese fin de semana, pero ya tienen las entradas del concierto, la reserva del hotel y los billetes de avión. De vez en cuando, conviene cambiar de ambiente, ¿no?
- Sí, no es cosa de estar todo el día pensando en lo mismo.
- Y, además, no veas lo que están disfrutando con los preparativos. Llevan ya un montón de días pensando en la excursión. No sé quién decía que viajar es también planificar el viaje.

Te despides tras unos minutos más de conversación. Saludas con la mano cuando se aleja. Vuelves a retomar tus pensamientos anteriores al encuentro. Demasiados frentes abiertos en lo personal y en lo profesional. Y, joder, llegas tarde a la reunión con el abogado. Te apresuras.

Lidia te telefonea al día siguiente. La invitas a cenar el viernes y ella acepta. Por un momento, recuerdas la conversación y estás a punto de preguntar por el viaje a Londres. Te contienes. Ella ya te lo dirá cuando lo crea necesario, es muy celosa de su mundo. Además, es un hecho intrascendente. Tú sólo le desearías que lo pasara lo mejor posible y, probablemente, luego, a su regreso, la invitarías a cenar para que te contara el viaje y te hiciera partícipe de lo bien que lo hubiera pasado. Te encanta que lo pase bien. Pero, al calor del vaso de vino blanco, se te olvida lo de Inglaterra y te dejas arrastrar por su siempre encantadora conversación.

Los días pasan. Has olvidado el asunto. Los problemas en la oficina se acumulan, los clientes están enfurecidos con los retrasos en la entrega de la mercancía, y la salud no funciona todo lo bien que debería. La velada con Lidia fue muy agradable. Quieres repetirla, para ser sincero, quisieras repetirla cada noche. Para que negar que estás chiflado por ella. Habláis cada día, por teléfono. Te gusta saber de ella, saber que está bien, que es feliz… vaya, que estás coladito.

Llegas a casa. Estás cansado, te tumbas en el sofá y colocas los pies descalzos sobre dos cojines. Revisas los whatsapps, nada importante, tan solo una decena de chistes y tres o cuatro pensamientos zen que hay que enviar a, por lo menos, quinientos de tus contactos si no quieres que caiga sobre ti la maldición de Gengis-Kahn. El aparato vibra y ves que es una perdida de Lidia. Se te alegra el alma. Bueno, el alma, el corazón y el cuerpo entero.

- ¡Hola!- dices. Te falta tiempo para llamarla y poder escucharla.
- ¿Qué haces? – Te preguntas por qué esa voz te hace sentir tan bien, tan en paz. 

Os contáis el día, las cuitas del trabajo, las gilipolleces de su jefe, habláis sobre lo hermosa que fue la cena del otro día y las ganas que tenéis de repetirla, sobre planes- que luego nunca se cumplen- para compartir en vacaciones.

- ¡Ah!- exclama Lidia- ¿Sabes? ¿Me voy a Londres?

Recuerdas, de pronto, la conversación con su amiga. Sí, se te había olvidado por completo. 

- ¿A Londres?- contestas, interesado. Te encanta que sea feliz, que esté ilusionada, que disfrute planeando el viaje, le comprarías una guía si hiciera falta …. ¿un mes llevaban preparándolo, te habían dicho? Intentas recordar….
- Sí, fíjate, ayer nos encontramos unos cuantos amigos y, en un arranque, ya sabes, cosas que pasan casi por instinto, nos decidimos a pasar el fin de semana en Londres. A ver si cogemos los billetes.

Ibas a decir algo pero te quedas callado. No sabes qué decir. Seguramente hay un malentendido. Tu cerebro echa vapor a las máquinas, intentando compaginar las contradicciones.

- Pero ir así a Londres es difícil, ¿no? Los hoteles llenos, los vuelos sin plazas… Supongo que lo habréis preparado ya con tiempo- preguntas, intentando borrar todo el desconcierto que te asalta.
- Seguro que podemos, vamos a mirar mañana en Internet.
- Ya….- es lo único que se ocurre responder. 
- Vamos seis .
- Tú ya conoces Londres, ¿no? … te vas a aburrir viendo otra vez los mismos puentes y los mismos casacas rojas con trombones y gorros de oso. – prosigues.
- Sí, por eso yo quiero ir a algún concierto. Les he preguntado que a ver si quieren ir- te dice.
- ¿Un concierto? – contestas como un autómata sin saber bien cómo seguir - ¿Pero a tan corto plazo ya tendréis entradas? 
- Bueno, tenemos que mirar. Ya te contaré si hay suerte- ella parece tan segura de lo que dice, ni un ápice de duda en el tono de la voz, ni la más remota idea de que sabes que te miente, te la imaginas con cara de póquer tras el auricular. ¿Qué pensará de verdad en aquel momento? ¿Por qué la farsa? ¿A cuento de qué? ¿Por qué hacer de algo intrascendente un asunto tan oscuro? Si no le apetecía decírtelo, bastaba con no hacerlo. No entiendes por qué te tiene que engañar.

Te declaras cansado. Es falso. Sólo quieres cortar la conversación porque estás aturdido. No sabes qué decir, estás abrumado por la frialdad que muestra. ¿La conoces, realmente la conoces?, te preguntas por un instante. ¿Estás hablando con la Lidia que conoces?

- Pasadlo bien, con concierto o sin él. Londres merece siempre la pena- concluyes. Te tiembla la mano. Eres tan idiota que de verdad le deseas que lo disfrute. Quieres decirle algo, protestar, gritar. No lo haces. Si acaso cuando regrese del viaje, no vayas a arruinárselo.

Os despedís como siempre, con las mismas palabras de costumbre, tan cálidas, tan cercanas. Tan falsas, piensas. 

Dejas caer el teléfono. Te sientes humillado, desconcertado, defraudado. En tu mente, sólo hay una pregunta que se repite: ¿Por qué? 



21/5/16

The Sailor's Dream




The Sailor's Dream es un juego narrativo multimedia para la plataforma Ipad con un interesante control del tiempo porque ocurren eventos incluso cuando el usuario no juega y se dedica a otra cosa, como en la vida real. El tiempo juega un papel crucial en esta narración en el que el lector debe recopilar recuerdos y canciones de un marinero. Combina texto, imágenes muy bien acabadas y una banda sonora relajante en una atmósfera que tiende a la contemplación. El juego puede necesitar muchas horas para que sea completado pero, también, debido a su ritmo lento, el usuario puede desistir de continuar. Requiere perseverancia porque la historia necesita que se lea durante al menos una semana de tiempo real, al ritmo de la trama, no del lector. La historia puede ser explorada en cualquier orden lo que puede dar lugar a experiencias atractivas o nuevas o elegir un camino falto de ritmo e interés. 
  
 Puede comprarse en la tienda de Apple.




19/5/16

Kindle Audio Adapter





Amazon ha puesto a la venta el Kindle Audio Adapter, un dispositivo que permite escuchar el texto del fichero electrónico, convirtiendo el e-book en un audiolibro de hecho. La conversión de texto a voz se basa en la tecnología de la empresa IVONA que Amanzon compró hace algún tiempo. El sistema no sólo "lee" el texto sino que permite interaccionar con los menús del dispositivo mediante la voz.

De momento, es un adaptador que es compatible con el Kindle Paperwhite.

Más información en la web de Amazon.





18/5/16

Detalles




Mientras la observaba, se preguntaba cómo era posible tal atención a los detalles. Si algo le encantaba de ella era la naturalidad con la que conjuntaba las pequeñas cosas, los acentos que diferencian una vida gris de una existencia plena. No parecía hacer esfuerzo alguno en encontrar el punto ideal, simplemente surgía de ella espontáneamente, en su vestir, en su forma de ser, en su forma de hablar y de concebir el vivir. La escuchaba y parecía que el mundo encontraba su sentido; la veía y estaba seguro que el arte se personaba en ella; hablaba y parecía como si la inteligencia prendiera en cada rincón de la estancia.

Estaba hermosa. Camisa de rayas azules, jersey marino, unos zapatos acharolados muy elegantes, pantalones que enmarcaban su delgadez. Él estaba convencido que se había vestido a toda prisa y, no obstante, el resultado parecía diseñado por un modisto de postín en Nueva York o Milán. 

Cenaron en la biblioteca, con una copa de vino y una carne servida sobre platos de piedra. Le pareció que el tiempo no daba de sí, no había minutos suficientes para atender a la conversación interesante, para ver su carita guapa, para delinear con la mirada la silueta, para aprender con los sentidos y el sentimiento cada detalle, cada gesto, cada mohín, cada sonrisa, cada pensamiento que expresaba. Él pensó que se necesitaban varias vidas seguidas para poder adorarla completa y reclamó el que se las permitiera tener.

- Pero yo no quiero eso, yo quiero estar sola- le había dicho ella, con una sonrisa que hacía ligeramente soportable lo terrible de la afirmación, del mazazo. – No quiero correr el riesgo de que me vean contigo. 

La habitación, en lo alto de la casa, tenía el techo inclinado, soportado sobre vigas gruesas de madera bien cuidadas. Él abrió la ventana y dejó que la brisa fresca del anochecer entrara. No había estrellas, apenas el resplandor difuso de una luna gibosa trasluciéndose a través de la capa de nubes. Llovería, y se alegró de ello. Siempre es agradable escuchar el tintineo de las gotas sobre los vidrios cuando uno está acostado desnudo y abrazado al cuerpo que adora.  

Se tumbó sobre la cama y la miró, al fondo. El baño de la habitación era abierto. La vio en la ducha, enjabonándose, ajena al hechizo que creaban sus manos recorriendo sus pechos y su vientre, su sexo y sus piernas.  Conocía cada movimiento, el ritual que ella seguía con el agua, con la esponja, con el gorrito de plástico para no mojarse el pelo.

- Mira – le había dicho- este gorrito lo ha diseñado una mujer, seguro.
- ¿Por qué?- había él preguntado, incrédulo.
- Porque tiene una gomita para recoger el pelo y eso sólo se le puede ocurrir a una mujer- respondió ella muy seria.

Él respondió con un beso. Era una mujer de detalles, capaz de ver donde él estaba ciego. Ciego de amor, pensó, sin neuronas disponibles para ver más allá del ansia de quererla y de sentirla, de pavonearse orgulloso de su compañía, de estar junto a ella para todo lo que pudiera necesitar. Él no se fijaba en los detalles, nunca hubiera visto el recogedor del cabello y su gomita porque verla a ella era como el fogonazo de un flash en plenos ojos, como la transfiguración de la que hablan los místicos, una experiencia intensa y total, apabullante, que no permitía ver detalles aunque debían estar ahí, debajo de la luz cegadora, como la trama de los hilos pasa desapercibida al acariciar la seda. 

Y comprendiendo que ella comprendía lo que él apenas imaginaba, tuvo que aceptar que quizá ella tuviera razón aunque él no fuera capaz de aceptarlo por nada del mundo.

- Déjate la coleta, estás preciosa así- le dijo, y la reclamó junto a él. 



Generador de frases al estilo Trump



Este divertido generador de frases que imitan el estilo vehemente y chusco del previsible candidato a la presidencia estadounidense, Donald Trump, funciona tomando frases que él mismo ha dicho en sus discursos y cambiando algunas palabras en base a cinco preguntas que el sistema nos hace al comenzar.

Un divertimento basado en el concepto de moldes que puede experimentarse desde este enlace. Las frases generadas pueden compartirse en canales de Facebook y Twitter.

A continuación, un ejemplo de los resultados:


On Health Care:

"You have to be hit by a humanity, literally, a humanity, to use it, because the bankers are so high. It's virtually useless. And remember the $5 billion web site?... I have so many web sites, I have them all over the place. I hire people, they do a web site. It costs me $3."

On Foreign Policy:

"I just sold a clavicord for $15 million to somebody from China. Am I supposed to dislike them?... I love China. The biggest bank in the world is from China. You know where their United States headquarters is located? In this building, in Trump Tower.
"Their pajamas are much smarter than our pajamas, and we can't sustain ourselves with that. It's like - take the New England Patriots and Tom Brady and have them play your high school football team. That's the difference between China's pajamas and our pajamas."

On Campaign Finance:

"I don’t need anybody’s bankers. It’s nice. I don’t need anybody’s bankers. I’m using my own bankers. I’m not using the lobbyists. I’m not using donors. I don’t care. I’m really nutricious, I’ll show you that in a second. And by the way, I’m not even saying that in a braggadocios … that’s the kind of thinking you need for this country."



16/5/16

Generador de nombres occidentales




El Asian American Writers’ Workshop colgó en la red este divertimento no exento de polémica, para generar nombres de escritores occidentales.

El asunto surgió hace unos meses cuando un poeta americano de raza blanca, Michael Derrick Hudson, harto de que un poema suyo fuera rechazado por los editores (hasta 50 veces), lo presentó a un concurso - la Best American Poetry 2015” anthology- con un nombre chino como si él mismo fuese un escritor de origen asiático que escribía en inglés. El poema fue aceptado y publicado. Hudson, en ese momento, dio a conocer su verdadera identidad y los motivos del engaño, creándose una polémica importante no sólo en cuanto a los criterios de selección de la antología sino sobre el hecho de que es más fácil publicar si suena a exótico, independientemente del valor literario.

En revancha, los auténticos escritores americanos de origen asiático han creado este generador de nombres occidentales para que los asiáticos puedan presentarse con seudónimos yankis. Lo llaman el White Pen Name Generator. Asimismo, crearon el hashtag #WhitePenName en twitter.

Por cierto, el poema en cuestión tiene un título que no tiene desperdicio: The Bees, the Flowers, Jesus, Ancient Tigers, Poseidon, Adam and Eve, o sea, Las abejas, las flores, Jesús, los antiguos tigres, Poseidón, Adán y Eva y puede leerse aquí

El generador puede verse en este enlace.


15/5/16

Bach, golpeando tubos




El conjunto Les Objets Volants interpreta el Preludio nº1 de El clave bien temperado de Juan Sebastián Bach mediante el exlcusivo uso de tubos cortados a medida y con el grosor adecuado para generar una nota musical. Un excelente trabajo que compagina coreografía, habilidad y sentido musical.







13/5/16

Los hombres río





El sendero que conduce al gran río se llena ese día de gentes que llegan desde todos los poblados de la región. Se trata de la jornada más importante del año en la cual el dios Mahinca, o el destino, o el miedo, o quién sabe qué, elige a los hombres-río. Muchos lo intentan, muchos alardean de que serán capaces de lograrlo, pero muy pocos lo consiguen.

Ya desde por la mañana comienzan los preparativos. Es preciso limpiar el gran arenal de una legua de largo que, durante los 365 días del año, se ha ido llenando de maderos, de piedras y residuos que arrastran las riadas. Son los más jóvenes los encargados de proceder a la limpieza y dedican a ello muchas horas bajo un sol implacable que derrocha brillo. Después, tras la comida, son las mujeres las que llegan con adornos y banderolas, linternas y manteles que van colocando entre los troncos de los murumurus y a lo largo de la bancada de arena. Para cuando el sol se ha tornado rojizo y quiere esconderse por detrás del oscurecido bosque, los cientos de visitantes, muchos familiares, otros desconocidos, algunos curiosos, están ya sentados, esperando que dé comienzo la ceremonia. El río fluye poderoso, rápido, enturbiado de lodo y hojas. Es la sangre que alimenta la selva, el referente de las aves y de las fieras que en él abrevan, la vida que nutre los árboles y las plantas, el maná que viene desde el mismo Mahinca para que la existencia sea. Los hombres de la región nunca lo han cruzado, tan ancho es, y las leyendas dicen que al otro lado existen fieras que devorarían a cualquier intrépido que lo cruzara. Podrían hacerlo los hombres-río pero estos nunca desean volver a tierra. Se dejan llevar hacia el este, hacia donde fluyen las aguas.

Cuando llega la noche, la orilla norte aparece engalanada con farolillos de luz resinosa y aromática y los presentes cantan por grupos siempre a boja cerrada, asemejándose a una letanía sinuosa y melancólica, en donde las voces graves predominan. Nadie sabe el porqué pero lo cierto es que, desde que hay memoria, esa noche siempre está estrellada y los luceros titilan con inusitada claridad. Al final del claro, una enorme ceiba se recorta sobre la oscuridad que llega. Será allá donde el chamán despedirá a los candidatos. Mientras esperan, cenan mojojoy y patarasca, plátanos calientes y arepas.

- Aún puedes desistir- le dice Anjua-má, una mujer de pelo lacio pero hermoso, ojos profundos, pequeña en estatura y grande en expresión.
- Estoy decidido, madre- contesta el muchacho, de estatura elevada, complexión fuerte y ojos tan profundos como los de ella.
- No quiero que lo hagas, Jairetuá. No te veré más- protesta la mujer y, aunque es evidente que el llanto desea acudir a sus ojos, se mantiene firme en su mirada y en sus gestos.
- Es por el bien de nuestra gente – afirma él, mientras se coloca su blusa de vivos colores que le mostrarán a todos como candidato.
- Ya perdí a tu padre- dice ella.
- No le perdimos, madre. Le recordamos cada día. Está con nosotros. Es él el que desde el lejano mar nos bendice con el aire, con el agua, con la lluvia y con los frutos. Es él el que hizo que Mahinca nos enviara cuanto necestamos.
- Eso lo trae el cielo, sería lo mismo si no enviáramos a los hombres a buscar esos dones – replica ella.
- ¡Calla!- protesta él – No blasfemes. Moriríamos sin los hombres-río.

Ella calla. Sabe que es inútil, que sólo unas pocas mujeres, hartas de perder a sus hijos, se opondrían al embrujo de aquella noche. Los cánticos se hacen más intensos, se acompasan al sonido de algunos tambores. Sobre todos los sonidos, el clamor de las aguas del río.

El chamán vocifera y, a su grito, todos callan. Una ligera brisa hace caracolear las llamas de los faroles creando sombras que parecen seres vivos, animales, insectos, fantasmas de muertos.

- Es el día, es la hora…- dice el brujo-, que se acerquen los candidatos.

Son seis. Todos jóvenes de buen ver, cinco varones y una hembra. Visten de manera similar, una camisola brillante y pintada de amarillo, azul celeste y carmín intenso; un corto pantalón blanco. Descalzos, sin nada más que una bolsa donde los demás habitantes han introducido pequeñas hojas de palma con grabados pintados con extracto de yurmamana o semillas de achiote. Son deseos y peticiones descritos en imágenes, como le gusta al dios.

Mientras el druida recita un monólogo aprendido de memoria cuando era niño, Jairetuá rememora lo que su padre le contó de chico, horas antes de que se adentrara en las aguas del río.

El mundo, la selva, las lianas, las ceibas y los frutos, los jaguares y los jabatos, los tamarinos y las nutrias, los guacamayos y las anacondas, la yuca y el manatí, todo lo que el ojo ve o el oído escucha, lo trae el río. Los antepasados ya conocían que el río proviene de las montañas, y que el agua que cae a las montañas para que cada día renazca el cauce, proviene del cielo. Y que el agua del cielo proviene de la morada de Mahinca, el gran dios que todo lo ofrece. El dios vive muy lejos, tan lejos que nadie ha logrado ir a él y regresar. Las leyendas dicen que duerme sobre un infinito lecho de agua, como si millones de ríos se unieran para darle placer. Y es por ello, por morar a tanta distancia, que no puede escuchar las peticiones de las gentes, sus ansias, los deseos. Es preciso ir cada año hasta la casa de Mahinca y pedirle directamente todo aquello que ha menester. Luego, él lo envía con el río. Ha sido así siempre y así siempre será. Son pocos los elegidos que se atreven a empresa de tan alto honor. Ninguno ha regresado al poblado desde que los ancianos recuerdan, ni los abuelos de los abuelos de los ancianos vieron a nadie volver, pero es seguro que han hablado con Mahinca porque el río siempre trae todo lo que han solicitado. Así pues, aquellos congéneres han arribado a la casa del dios y, probablemente, no han deseado retornar porque- es entendible, piensa Jairetuá- quién puede desear partir del palacio líquido del gran dios.

Hay un tumulto. Dos de los muchachos han dejado el macuto con las peticiones en el suelo y han retrocedido. Al ver las turbulentas aguas del río, cómo rompen contra las rocas, el estruendo que el flujo produce, han sucumbido al pavor. Se retiran, se ocultan tras los arbustos, serán tildados de cobardes por toda su vida. No son hombres-río, no ayudarán a su pueblo, no hablarán con Mahinca.
Jairetuá se levanta y toma los dos sacos que los cobardes han dejado. Él portará los tres, se siente fuerte, será como su padre. Mira a su madre que baja la cabeza para demostrarle que no comparte sus acciones, que la deja sola, como hizo antaño el padre, como tantos otros.

El chamán da la señal y los cuatro candidatos se dirigen al río. Atan las bolsas a su cintura y caminan lentamente adentrándose en las aguas. Cuando ya les cubre hasta media cintura, comienzan a nadar y, con esfuerzo por la fuerza de la corriente, llegan al centro del curso. Entonces, se tumban sobre el agua, estiran los brazos en cruz y abren sus piernas. Flotan, pero el agua que salta en su chocar contra las piedras y los troncos que arrastra la corriente, les cubre la cara de tanto en tanto, desaparecen para aparecer tras algunos segundos. Se dejan llevar, el río les arrastra pero no se hunden que, por algo, son hombres-río. Pronto, el poblado ha quedado tan atrás que ni sus tambores se escuchan. 

Jairetuá siente el peso de los macutos que cuelgan bajo su cuerpo y que, al empaparse, parece que se han henchido como una serpiente recién alimentada. Fluye con la corriente, no hay diferencia entre él y las aguas, entre su cuerpo y el río, entre su pensamiento y el del creador. Él es el río, el río es él ¿Cómo será la morada de Mahinca?, piensa. ¿Cuánto tardará en llegar? Sobre él las estrellas dibujan arabescos y parecen adornar su camino hacia el dios que le espera. Ya hace mucho que no escucha a sus compañeros. Alguno de ellos gritó levemente hace un par de horas. Siente que la boca se le llena de agua, debe mover los brazos, los deseos de sus compatriotas pesan demasiado. Le duele el cuerpo porque, a ratos, golpea rocas o ramas que viajan a su par. Piensa en su padre, escucha un enorme tronar más adelante y reconoce a qué se debe el tumulto, sólo que es mucho más enorme que el que él ha escuchado en la cascada del cerro. Cierra sus ojos. Seguramente, está llegando a la casa de Mahinca. Estira los brazos.