29/4/16

Central Control of Humans







Markius se acercó al mueble y abrió la cristalera de la derecha. Tomó dos copas y  la botella de bourbon. 

- ¿Un copa? Creo que nos hace falta- miró a su interlocutor, un hombre de mediana edad, rostro curtido por el sol y cabellos lacios.
- ¿Está seguro de que no nos han seguido?- preguntó el otro, mirando a uno y otro lado aun cuando sabía que nadie más había entrado en la estancia.
- En estos tiempos, uno nunca puede estar seguro de no estar siendo controlado, ya lo sabe. Pero, no creo que por el momento seamos objeto de estudio de la CCH. Aunque quizá lo seamos mañana si lo que imagino que vamos a tratar es cierto.
- Da lo mismo ya, no importa que nos escuchen. Yo ya soy presunto delincuente. – respondió Jales, el hombre que le escuchaba.- Y tras haberme traído a su casa, usted también.
- Sí- Markius sonrió con una mueca triste-, así que hablemos. - ¿Hielo?
- Sí, por favor.

Le sirvió la copa y se sentaron en el canapé azul que ocupaba el centro de la estancia. Un ventanal amplio daba al centro de la ciudad y, a lo lejos, podía verse la torre Hannah, la más alta de un skyline de por sí ya quebrado sobre el cielo. Sobre una mesita de cristal, al lado del sofá, había varios libros. En la esquina, un estéreo encendido con unos leds azules bailando sobre la botonera, aunque el volumen estaba tan bajo que apenas se escuchaba.

- ¿Saint Saëns?- preguntó Jules, el invitado.
- Veo que le gusta la música y que tiene buen oído. Sí, el adagio de su concierto para violín. ¿Le gusta?
- Mucho, sí. Aunque cada vez tengo menos tiempo para deleitarme con un buen concierto. Demasiado trabajo, ya sabe usted.
- A la salud de la CCH – Markius levantó su vaso.
- Prefiero brindar a la salud del diablo- contestó Jules.

CCH era el acrónimo de Central Control of Humans, un organismo planetario que las Naciones Unidas habían aprobado por unanimidad dos décadas antes, justo tras las pandemias que azotaron a todos los continentes. Cuando ya se pensaba que las pestes eran un mal histórico olvidado en lo más profundo de los tiempos, el mundo había debido soportar una dura prueba con dos infecciones víricas de gran peligro. Habían causado millones de muertos hasta que los científicos consiguieron sintetizar una vacuna eficaz. Amén de los avances que se realizaron en biotecnología y farmacología, la crisis mostró también cuán importante era controlar el estado de salud de la población y sus movimientos en casos de alarma infecciosa. Si se hubiera podido detectar a tiempo a todas las personas enfermas y se las hubiera contenido en lugares apartados, la diseminación de la pandemia hubiese sido mucho más moderada. Había consenso absoluto entre la comunidad científica al respecto. Era necesario disponer de información personalizada de cada ser humano, de sus enfermedades, sus carencias genéticas, su historia médica, para poder tomar las medidas adecuadas a tiempo. La asistencia sanitaria pasó de ser pública y gratuita en algunos países a ser obligatoria en todo el mundo. La ley obligaba a cada individuo a visitar el centro de salud cada tres meses donde nuevos aparatos especialmente diseñados verificaban todo lo verificable de cada cuerpo. Si se encontraba algún problema- leucocitos bajos, PSA alto, marcadores tumorales entre ciertos límites, flora intestinal descompensada, heces no consistentes, grasas acumuladas en más de un 1% de lo definido por la medicina, vista cansada, una caries o halitosis, hasta tres mil quinientos indicadores diferentes- la persona quedaba retenida en un hospital hasta su curación. Podría pensarse que todo el mundo estaba sano pero el ciclo de la vida era igualmente inexorable, de modo que cuando los algoritmos de la CCH determinaban que el caso estaba perdido, se ingresaba al paciente en un hospital de terminación- este era el término utilizado- para evitar contagios físicos o psíquicos (los doctores defendían que el contacto con enfermos debilitaba la salud propia en una especie de efecto anti placebo) y proveer los cuidados paliativos a que hubiera lugar. 

Si bien, al inicio hubo algunas voces en contra (algunos chiflados defendían el derecho a estar enfermo), la mayoría de la población aceptó de buen grado el control sanitario avanzado y la vigilancia de la CCH. 

- Le escucho- dijo Markius.
- ¿Lo publicará? – preguntó Jules.
- Si la información merece la pena, lo intentaré. Aunque dependo del director del periódico, ya lo sabe usted.
- Si le he llamado es porque tengo entendido que es usted un gran periodista.
- Me halaga pero no creo que lo sea. Simplemente, soy de la vieja escuela.

Markius había sido galardonado tres veces con el premio anual al mejor reportaje de investigación y había alcanzado un merecido prestigio en la profesión. Aunque, en ocasiones, había resultado molesto al poder, le dejaban trabajar porque, en el fondo, poco importaba lo que escribiera. 

- Usted sabe que la CCH es responsable del control sanitario en el mundo- comenzó Jules.
- Sí, es bien sabido. – contestó Markius.
- Y usted sabe también que, desde hace décadas, los gobiernos se han esforzado en controlar la seguridad pública. Estamos rodeados de cámaras, la ley impone que las comunicaciones informáticas se registren, las llamadas telefónicas pueden ser escuchadas, satélites capaces de fotografiar un viandante en medio de un parque, … en fin, nada nuevo desde hace mucho tiempo. Como sabe, el mundo se ha acostumbrado a ello; es más, damos de buen grado toda clase de información privada en la red mundial. Todo por la seguridad.
- Vaya al grano, por favor.
- A pesar de toda esta parafernalia electrónica, lo cierto es que siguen existiendo criminales, que sigue habiendo robos y secuestros, que las mafias tienen técnicos mejores que los del gobierno, capaces de programar contramedidas eficaces. 
- Tampoco esto es nuevo, Jules. 
- Lo sé, sólo quiero enmarcar mi información- contestó-, para que usted comprenda el asunto. El caso es que la vigilancia desde fuera- ralentizó las palabras- , déjeme que la denomine así, no es suficiente. El mundo se ha adaptado a las restricciones pero sigue siendo un sucio mundo.
- E imagino que será siempre así. – Markius sorbió un poco de bourbon.
- Esto va a cambiar. Definitivamente.
- ¿Y supongo que usted me va a decir cómo?
- Sí, exactamente.
- Le escucho.
- El secreto es vigilar desde dentro. Que los sensores estén en uno mismo. Así será del todo imposible escapar al control. Al menos, si uno está vivo.
- Tampoco es algo nuevo, pienso. Hace ya mucho tiempo que los gobiernos quisieron, y seguramente llevaron a cabo, implantar chips en los soldados, una especie de tatuaje sobre la piel, con los que podían saber dónde se hallaban en todo momento. Un gran avance para que los generales pudiesen mover sus efectivos de manera más eficaz.
- Así es, pero como sabe la idea de implantar un microcircuito a cada ser vivo resultó altamente criticada. Seriamos como los perros, con nuestro sensor colgando de la oreja, algo realmente repugnante para los seres humanos. – replicó Jules.
- Sí, la idea nunca fue a más.
- Imagine ahora que pueden implantarse sensores en todos nosotros sin que lo sepamos y sin que sean visibles. Es más, yo creo que lo que más nos molesta es que se note el circuito, el chip, más que llevarlo.
- Entiendo la idea. Pero me parece imposible que todo el mundo lleve un sensor. ¿Cómo hacerlo sin que se note?
- A través de la CCH- afirmó Jules.
- ¿La CCH? Ya nos controla demasiado. Pero cada tres meses y, al menos es lo que se dice oficialmente, sólo en lo referente a nuestra salud.
- Y así seguirá siendo- contestó Jules-, la CCH será sólo un mecanismo para implantar los sensores, no será el controlador.
- No entiendo … - Markius titubeó.
- Mediante los medicamentos– Jules le miró fijamente.
- ¿Medicinas?
- Medicinas, sí. Son obligatorias ahora – y tenga por seguro que yo estoy de acuerdo con que lo sean, nada tengo en contra de ellas, al contrario….
- ¡Ah! Creí que me iba a salir usted uno de esos imbéciles que niega su eficacia.
- No, no estoy loco. Pero el hecho es que el acto de tomar la medicación puede servir para otros fines.
- ¿Otros fines?
- Han convencido a la CCH para que en el mismo momento que los infantes toman su primera dosis de lo que sea, se les administre también unas gotitas de un líquido que se mostrará como un simple complemento del medicamento.
- ¿Y?
- Que esas gotitas contendrán nanosensores que serán absorbidos por los tejidos ya en los primeros meses de vida. Nanopartículas capaces de detectar la geoposición de uno mismo, de transmitir lo que se está diciendo o lo que se está escuchando, incluso nanocomplejos que se fijarán en la retina y que podrán enviar la señal lumínica que esta recibe. Se conocerá todo de todos en todo momento. Y nadie dirá nada porque nadie será consciente de que lleva dentro semejante arsenal de detectores. 
- Me parece que esto es ciencia ficción, Jules. Un buen relato para una revista de aventuras, pero nadie creerá semejante cuento.
- Un cuento que es cierto.
- ¿Y cómo podemos probar que es cierto?
- Le daré los documentos que obran en mi poder, sacados de la CCH.
- Robados querrá decir.
- Llámelo como quiera… pero esos documentos existen.
- Tendré que estudiarlos- por primera vez, Markius se sintió inquieto. Instintivamente, se levantó y corrió las cortinas del ventanal.
- No se preocupe más. Ya sabrán que estamos juntos, con cortina o sin ella- Jules sonrió nerviosamente. 
- Lo cierto es que no acabo de creerle. Y no puedo jugarme mi carrera por algo en lo que no creo.
- Su instinto periodístico le dice que es cierto.
- Mi instinto me dice que es una locura. ¿Nano emisores? ¿Nano cámaras? ¿nano antenas? ¿Ordenadores capaces de procesar en tiempo real yottabytes? La tecnología de la que me habla no existe.
- No está disponible a luz pública, diga mejor.
- Ciencia ficción. Un bulo conspirativo más. Seguro que se podrían contar muchas cosas de la CCH, cualquier gran organismo con demasiado poder se extralimita, pero lo que usted me cuenta va demasiado lejos.
- ¿Pero usted seguro que conoce los acuerdos de I+D entre la industria farmacéutica y los gobiernos? – dijo Jules.
- Sí, demasiado turbios en muchas ocasiones.
- No lo sabe usted bien, amigo mío. Y quizá haya escuchado los fondos millonarios que la industria militar dedica a la investigación médica. ¿No le encaja todo?
- Es difícil de creer. Y aún más difícil de convencer a alguien de que esto es verdad. Será sencillo desacreditarnos. Muy sencillo. Es más, parecerá que estamos en contra de la medicina, que somos unos de esos lunáticos que buscan la cura en el aire, comer acelgas y la vida natural.
- Hay ya millones que llevan dentro los nanosensores. Quizá usted mismo. ¿Ha tomado algún jarabe últimamente? 

Markius quedó callado y pensativo. Podía estudiar los papeles pero ya había decidido que era una empresa demasiado arriesgada. Mejor no entrometerse. Tampoco le quedaba tanto para la jubilación. Jules, estaba seguro de ello, estaría vigilado. 

- Lo siento, Jules. No le creo. Si quiere, echaré un vistazo a los documentos pero quiero serle sincero. No publicaré esta locura.
- Siento escuchar esto.
- Yo también. Es demasiado inverosímil. No deseo ofenderle pero me parece que usted ve conspiraciones que no existen, que no pueden existir.
- De nada servirá entonces que le deje la copia de la documentación. Seguiré buscando.
- Siga si lo desea pero mi consejo es que abandone este asunto. Creo que su imaginación y algunas casualidades fortuitas, algunos malentendidos con los papeles, le han llevado a concluir algo que es a todas luces una locura.
- Me voy. Siento haberle molestado. De nada sirve prolongar esta conversación.

Se sirvió otro vaso de licor y se acercó a la ventana. Abajo, doce pisos más abajo, vio cómo Jules salía a la avenida. Caminaba tranquilo con su portafolio bajo el brazo. Por un instante tuvo la tentación de llamarle para echar una ojeada a aquellas notas, pero se contuvo. Bebió el bourbon de un solo trago y volvió a mirar hacia la calle. Se dio cuenta, en ese momento, que dos hombres seguían a Jules.




27/4/16

ezPDF



ezPDF de la firma Unidocs Inc. es un visor de documentos PDF multimedia que permite ser usado en tabletas con la interactividad propia de estos dispositivos. Visualiza contenido activo que incluya animaciones, componentes multimedia, siempre manteniendo la posibilidad de usar nuestros dedos para interactuar con el documento. Una solución a las malas visualizaciones de los PDFs en pantallas reducidas.





25/4/16

Recurut



Recurut es un portal multimedia que recoge experiencias y vivencias sobre la emigración a través de los Pirineos durante el siglo XX. Un proyecto de investigación histórica, un ensayo multimedia,  que documenta el flujo migratorio a través de la cordillera en los años que van desde 1930 a 1970, primero como vía de escape de los republicanos tras la guerra civil española, tránsito de espías y huidos en la segunda guerra mundial y, finalmente, la emigración por motivos económicos que hoz que tantos españoles salieran de su país para ir a trabajar a Francia o Alemania. 

Muy bien diseñado y organizado, permite ver textos y audios con los comentarios de aquellos que fueron protagonistas, mapas con las rutas más utilizadas, ensayos sobre el contesto histórico de la época, etc. 

Puede accederse a Recurut desde este enlace.





24/4/16

¿Ha funcionado el chatbot Tay?




El sistema de generación automática de diálogos Tay desarrollado por Microsoft ha estado en las portadas de los periódicos durante las últimas semanas a causa de sus comentarios racistas y violentos. Tal fue su mal funcionamiento que a las pocas horas de ponerlo a disposición de la red, Microsoft lo retiró y pidió disculpas.

La conclusión de muchos ha sido que los algoritmos para dialogar en lenguaje natural están aún en precario y que los chatbots no son sino autómatas con muy pocas posibilidades  a pesar de que empiezan a ser muy usados en puntos informativos en aeropuertos, tiendas, estaciones o sistemas telefónicos. Más aún, dado que Microsoft había presentado a Tay como un avance en Inteligencia Artificial, se ha resentido la fe en que la IA puede crear algún día sistemas autónomos comparables a las personas y/o que pueda simularse el lenguaje natural.

Un chabot es un programa diseñado con reglas para detectar las construcción de algunos tipos de frases tipo para que, una vez detectadas, puedan ser contestadas por otras frases pre-programadas o construidas modificando ciertas palabras. Debe quedar claro que el programa no “entiende” lo que las palabras significan, sólo las usa y mueve como si de piezas de un Tetris se tratara, encajándolas. Para el chatbot, las palabras no tienen significado. Son objetos.

Lo ocurrido


Microsoft desarrolló el chatbot Tay, un algoritmo capaz de mantener diálogos aparentemente humanos, en lenguaje natural, con el objeto de charlar con adolescentes de 18 a 25 años. Según las informaciones de la compañía, el chatbot incorporaba técnicas de inteligencia artificial para que la generación de diálogos fuese más acertada y para que el sistema fuera aprendiendo de la interacción con los humanos, como si se tratara de un niño que, poco a poco, va ampliando su vocabulario y su visión del mundo. Una vez construido fue puesto en funcionamiento en Twitter para que los usuarios pudieran interaccionar y dialogar con el sistema. Nada mejor, pensaron, que una red social para interactuar mucho y rápidamente, es decir para aprender mucho y rápidamente.

Lo que ocurrió fue que, enseguida, las respuestas que Tay ofrecía eran falsas, ofensivas, racistas, sexistas y violentas. defendía a los nazis, odiaba a los negros y a los latinos, afirmaba que el Holocausto no había existido y se mostraba antifeminista. Tan sólo 16 horas después de su puesta en marcha, Microsoft hubo de retirar el chatbot, borrar los tuits ofensivos y pedir disculpas públicamente.  

Para entonces, ya se había desatado el escándalo en la red y muchas otras webs habían copiado los textos insultantes de Tay.

¿Cómo pudo suceder todo ello?

Rastreados los diálogos, parece claro que dos grupos de personas (auto denominados “4chan” y “8chan”, hackers o no) comprendieron rápidamente el algoritmo que yacía tras Tay y se dedicaron a suministrarle frases y diálogos malvados para que, efectivamente, aprendiera eso y sólo eso. Es decir, se dedicaron a “enseñarle” lo más perverso que se les ocurrió (no queda claro sin con fines malintencionados o simplemente para mostrar los fallos del programa).

Muchos comentaristas han enfatizado sobre el pobre desarrollo de la programación del chatbot pero muchos otros lo han hecho sobre el comportamiento humano y su tendencia a no colaborar, a deslizarse por las tinieblas. En general, se ha evaluado como un fracaso total a Tay y a la programación realizada por sus creadores.


¿Es realmente un fracaso?

En contra de la visión general, yo no lo veo así.

El chatbot ha realizado aquello para lo que se ha creado: reconocer frases y palabras de sus interlocutores, memorizarlas, y combinarlas para crear nuevas frases. Algo que no es distinto de lo que haría un niño humano. Imaginemos que a un niño, los adultos le dijeran siempre, desde su más tierna infancia, barbaridades, que la tierra es plana o que existen las hadas debajo del mar. Es seguro que las aprendería y que pensaría que esas ideas son las buenas. Ya Platón nos habló de ello. Al fin y al cabo, el adoctrinamiento es más viejo que el mundo, véanse si no los milagros que la población cree que hace su  líder en Corea del Norte. Basta repetir hasta la saciedad una mentira para que se convierta en verdad para muchos. Si Tay se hubiera encontrado con interlocutores bienintencionados, es probable que hubiera podido simular una conversación correcta. De hecho, Microsoft pretendía dar un paso más sobre otro de sus chatbots, Xiaolce, que funciona con cierto éxito en China. El problema es que en Occidente se ha topado con el lado oscuro de la fuerza. ¿Y por qué no ocurrió lo mismo en China, con Xiaolce? Posiblemente, porque los internautas chinos saben que hay una vigilancia humana estrecha en Internet y no han osado escribir barbaridades, no por miedo a Tay sino por miedo al censor humano que conoce su IP.

Por tanto, Tay ha funcionado “bien” en el sentido de que ha hecho justo lo que los programadores habían deseado. También, parece claro que al algoritmo era sencillo, más parecido a Eliza que a una red neuronal o a técnicas de inteligencia artificial, de modo que ha sido fácil para los atacantes encontrar los puntos débiles. Parece funcionar analizando el léxico de la frase y entremezclando secciones y palabras de entre las que tiene en su base de datos y las que le propone el interlocutor con sus preguntas.

Por ejemplo, supongamos una frase del tipo “Estoy harto de que se me quemen los canelones”. Puede programarse que cuando el sistema reconoce la cadena “estoy harto de que”, lo que viene después – sea lo que sea- puede añadirse a una pregunta del tipo: “¿Por qué estás harto de que”+ [lo que el demandante ha introducido], cambiando sólo los pronombres, quedando en este caso: “¿Por qué estás harto de que se te quemen los canelones?” o formar afirmaciones del tipo “Sí, a mí también me cansa que” + [lo que el demandante ha introducido], en este caso: “Sí, a mí también me cansa que se me quemen los canelones”. Pero funcionaría igual con “Estoy harto de que no pueda conducirse a 250 km/h en dirección contraria” o “Estoy harto de que no dejen asesinar a la gente en los parques”. El ordenador no distingue que una frase es razonable y otra es amoral. No puede saberlo.  

Es un juego de asociaciones entre patrones que se reconocen y reglas de creación de frases. Si, además, hay muchas personas que le preguntan lo mismo, puede almacenar la frase como algo habitual y normal, y preguntar “¿Tú también estás harto de que se te quemen los canelones?”. Parecerá que el algoritmo sabe de qué habla pero no lo sabe.

Cuando Tay hablaba de quemar a las feministas o a las personas de color, o ensalzaba el nazismo, no tenía el más remoto conocimiento de qué es el feminismo, el nazismo o una raza. No “sabe” de qué habla. El chatbot no comprende nada en absoluto, no imagina el concepto o la cosa en su memoria, no liga conceptos de ningún tipo. Tan sólo encaja palabras y frases dentro de moldes predeterminados por un humano que normalmente funcionan bien en una conversación. Del mismo modo, quién se haya sentido ofendido por una máquina no ha comprendido nada de la idiotez intrínseca de un algoritmo, otorgándole cualidades humanas que no le son propias. Para Tay, “feminismo” es simplemente un sustantivo singular perfectamente intercambiable por otro de similar característica, por ejemplo “vino”. Para el programa, la frase “no me gusta el feminismo” es igual a la de “no me gusta el vino”. No tiene la más remota idea de qué significan las frases, solo las construye para que gramaticalmente sean correctas. Y si un número suficiente de trolls le escriben que el Holocausto no existió, para Tay no ocurrió porque sólo sabe calcular que el 76% de los interlocutores han introducido esa frase y a partir de un cierto tanto por ciento, la da por cierta  y usable en el futuro. No puede pensar que le están mintiendo.

Queda entonces por analizar, qué deben contemplar los programadores a la hora de desarrollar chatbots. Parece claro que no sólo un parser que combine frases, que detecte palabras clave, que simule el habla natural de un joven. Deben también programar un “sentido común” y “un sentido crítico”, algo enormemente difícil.

Para un ordenador, la frase “las casas vuelan” es perfectamente posible. De hecho, es una frase gramaticalmente correcta. Un ser humano adulto se extrañaría al escucharla, no porque está mal construida sino porque el sentido común y la experiencia le dicen que eso no es cierto. Pero es muy posible que un niño pudiera creerla como cree en los Reyes Magos, en el trineo volador de Santa Claus o en las hadas. Es la acumulación de otras experiencias, de datos ajenos al lenguaje, la que hace que las frases acaben por ser no sólo correctas sintácticamente sino lógicas. Es la interrelación social, la historia, el conocimiento del entorno y los valores de una sociedad los que hacen que se puedan decir unas cosas y otras no. Todo esto no lo tiene Tay, es más es algo dificilísimo de programar, uno de los talones de Aquiles tradicionales de la Inteligencia Artificial. La IA, hoy por hoy, parece inteligente pero no es inteligente. En dominios muy restringidos, y usada con buena voluntad, puede dar buenos resultados (por ejemplo, diagnósticos médicos donde es de suponer que el médico desea encontrar una solución, no comprobar los fallos del equipo) pero ante un diálogo generalista, con cualquier interlocutor enfrente, queda muy lejos de poder lograrlo. Y así seguirá mientras nos sea imposible codificar el sentido común y el background de experiencias que hasta los más tiernos niños adquieren. Un sistema de lenguaje computacional sólo tiene acceso a frases mientras que un cerebro accede a muchos otros tipos de informaciones simultáneas: tacto, vista, emociones, gusto, ...

Ciertamente, los programadores de Microsoft podían haber previsto la situación y cercenado unos cuantos millares de barbaridades. No hay que ser un genio para programar que el algoritmo omita referencias a dictaduras, xenófobos, crueldades, machistas, drogas, etc. Podían haber previsto filtros de más alcance pero, de todos modos, es seguro que los hackers hubieran encontrado frases alternativas no detectables tan fácilmente con las que comprometer el limitado alcance del sistema.

Estamos lejos de crear un sistema capaz de entender y hablar el lenguaje natural, la gramática computacional aún no lo ha logrado,  pero Tay funcionó como lo habían programado. Los programadores no contaron con que el mundo es cruel y despiadado, pero eso es un asunto de la filosofía y la ética, no de la sintaxis.












23/4/16

Por San Jordi




Durante el día ha intentado no recordarla. Ni recordar el día que es, pero los puestos de rosas y los tenderetes de libros en la calle hacen imposible conseguirlo. Y, para ser honestos, es que él también desea recordar, deleitarse en aquellos días en que madrugaba muy pronto, muy pronto, para ser el primero en plantarse frente a la floristería del viejo Josep y pedirle que le envolviera la flor con el mayor esmero, cosa que el comerciante hacía sin dejar de mirarle para, cada año, preguntarle lo mismo:

- ¿Pero ya son muchos años, no? 

Y él respondía que sí, que muchos y que más que vendrían, cien quizá, o mil millones, que el amor de una vida es para eso, para el más acá y para el más allá, que mucho cuesta encontrarlo para luego no cuidarlo con mimo.

Ya no se levanta temprano. ¿Para qué? Para no angustiarse, trabaja fuera de horas, eligiendo las tareas más comprometidas, las más difíciles que ha ido dejando, a propósito, para hoy, para no pensar en otra cosa que no sea la labor. A veces, le cruza un instante que revive, su cara, su voz, y él maldice al cielo en silencio. 

El día acompaña. Son las ocho de la tarde y el ambiente es cálido. La luz vespertina se va apagando entre amarillos y naranjas, como se apaga una fogata sin maderos, como se marcha quien nunca se queja. Las farolas comienzan a alumbrarse y los pájaros vuelan a esconderse en los tilos de la avenida, los escaparates se iluminan y las parejas desfilan de la mano. Lo dicho, todo el orbe conspira contra él, que no desea recordar, que quiere dejar el pasado reposar en la memoria… o quizá, el cosmos trabaja a su favor, porque sí que quiere repensar lo que se fue, resentir lo que sucedió.

Cena ligero y se sirve una copita de cava, no porque le apetezca sino porque siempre lo hacía con ella. Prende la lámpara del salón y deja los visillos entreabiertos para que las sombras intermitentes de la calle dibujen figuritas en los cristales. Va a la biblioteca y toma los doce libros. Los lleva por turnos a la mesita redonda y adornada con un florero donde los deposita. Son doce, ni uno más ni uno menos. Doce, como los apóstoles. Se sienta en su sillón, en el que siempre lo hace. El de enfrente, está vacío. Lleva ya demasiados años vacío.

Sorbe un poco de cava y toma el primer libro. Va a ser una noche larga, llena de memorias. Se diría que lo presintió … por qué, si no, dedicar cada uno de ellos. Debería leer los doce volúmenes con la misma ilusión que en su día pero sabe que se le cerrarán los ojos, así que leerá primero las dedicatorias, lentamente, saboreando cada palabra, deleitándose en el trazo de cada letra manuscrita. En su día ni se daba cuenta pero, ahora, cuando ya es tarde, cómo le gusta el trazo de su caligrafía, las oes amplias y las aes rotundas. 

Se levanta y toma la rosa que ha comprado al salir del trabajo. Con su lazo, con su papel de celofán, con las gotas de la laca aún húmedas. La besa y la coloca en el sillón de enfrente, en el que permanece vacío.

- Dos por año, siempre dos por año – murmura para sí-, me dabas siempre en demasía, con tu generosidad siempre brotando a raudales, y yo lo apreciaba tan poco. 

Toma el primer libro y lo abre. Comienza a leer y con las primeras frases, no puede evitar levantar la vista. Mira hacia delante y ella está allí, oliendo su rosa, sonriéndole. Es curioso, el silencio le dice tantas cosas. 



22/4/16

Poextrónica



Mañana día 23 se celebra Poextrónica: pasado y presente de la literatura digital, dentro del marco de la Feria del libro de Buenos Aires. Dirigido por Claudia Kozak, mostrará dos instalaciones de literatura digital: Desplazados de Juan León Sarmiento y  Oráculo Generativo. Del pulso a la letra  de Mario Guzmán-, realizadas con la ayuda de Philippe Bootz. 

Para más información, puede leerse este enlace.



21/4/16

El Aleph a dieta





El Aleph a dieta (hasta la ininteligibilidad), de Milton Läufer, es un trabajo digital que muestra en la práctica la disyuntiva de cuándo un texto deja de ser él mismo. Por ejemplo, si en Guerra y Paz cambiamos tres palabras, estaremos todos de acuerdo que el resultado sigue siendo Guerra y Paz. Si cambiamos, cuatro, también. ¿Cuándo la obra se ha modificado tanto como para pensar que ya no es ella misma? ¿Cuántos cambios son necesarios para que una obra pase a ser otra obra, quizá mejor, quizá peor? (del mismo modo que, en música, las variaciones pueden crear un trabajo absolutamente distinto y mucho mejor que el original. Escúchense las Variaciones Diabelli de Beethoven, por ejemplo). 

El autor, así, toma la borgiana "Aleph" y ejecuta un algoritmo que la va cambiando poco a poco. Queda a juicio del lector determinar cuándo deja de ser la misma obra.

Puede probarse en este enlace.






 

20/4/16

Literatura digital en la Universidad de Cádiz




Dentro del Máster de Estudios Hispánicos de la Universidad de Cádiz, este lunes y martes he tenido el placer de impartir dos clases sobre literatura digital en las que pudimos hacer un repaso de las vías experimentales existentes para desarrollar la escritura por ordenador, así como la dificultad que la literatura presenta en comparación con otras artes para aprovechar la digitalidad.

Los objetivos del máster son:

* Abrir una reflexión sobre la literatura actual que sintetice y refleje cómo se conforman los nuevos paradigmas de escritura, tanto en papel como en soporte electrónico atendiendo especialmente a las últimas tendencias de la narrativa.
* Profundizar en el conocimiento de un corpus –el literario- que, por su naturaleza, es un eje esencial del acervo cultural.
* Explorar los nuevos soportes y espacios que conforman el nuevo contexto comunicativo (Blogs, periódicos digitales…etc)
* Establecer un marco de contenidos que pueden conformar futuras líneas de investigación. 

Mi agradecimiento a la Doctora Isabel Morales por su acogida e interés.




Almacenamiento compacto en ADN



El límite de miniaturización de las memorias electrónicas basadas en semiconductores va llegando a su fin. Sin embargo, queda un medio que la propia naturaleza ha diseñado: el ADN. La capacidad de grabar a tamaño molecular información en una cadena de ADN eclipsa a cualquier sistema basado en el silicio o el germanio. Por algo, el ADN es el almacén a largo plazo de nuestra herencia genética. Ha habido experiencias, asimismo, usando genes completos

Dado que el ADN se compone de pares de bases que usan 4 nucleótidos diferentes (adenina, citosina, guanina y timina) puede pensarse perfectamente en registrar información codificada en base 4, o en binario usando como fundamento cada par de bases. Ya en el año 2010, se llegó a almacenar 700 terabytes de información en un gramo de ADN pero, hasta ahora, el problema era la recuperación posterior y repetitiva de esta información. Es lo que han conseguido investigadores de la Universidad de Washington, un método que permite grabar y recuperar información de manera segura, extrayendo partes concretas de la cadena sin tener leer cada vez la misma completamente. El sistema se basa en una especie de formateo de la cadena en sectores. 

Puede leerse en este enlace el artículo técnico de los científicos (en inglés).

Podemos imaginar todas las obras de la literatura universal recogidas en un diminuto recipiente de ADN. O todas las películas de la historia en una gota. 


  

Simulando la dislexia




¿Qué siente un disléxico al leer un libro? Es muy complicado entenderlo si uno no padece la enfermedad. 


Esta web simula lo que los disléxicos pueden sentir o ver, esa inestabilidad en el texto, la dificultad importante al leer y al comprender las frases. Aparte de lo curioso de la experiencia, aporta el valor de lograr ponerse en la piel del otro, la empatía hacia el problema y la voluntad de comprender y ayudar.


Puede accederse a esta web de simulación desde este enlace.


19/4/16

eBooks en Perú




El próximo jueves, día 21, se celebra el Centro Cultural Ricardo Palma, de Miraflores, Perú, el seminario ebooks en Perú.

El programa es:

9:00 – 9.15
Palabras de Virginia Vilchez, Directora de Librosperuanos.com
Palabras del representante de la Municipalidad de Miraflores

9.15 a 9.45
Conferencia 1: El libro electrónico, nuevo modelo de negocio del sector editorial peruano
A cargo de Silvano Gozzer, socio fundador de consultora Anatomía de red y representante de la distribuidora de libros electrónicos Bookwire en el Perú.

9:45 a 10:15
Conferencia 2: La autopublicación  de libros electrónicos
A cargo de Eugenia Mont Farfán, socia y directora editorial de Saxo/Yo Publico

10:15 a 10:45
Conferencia 3: Interrogantes en torno a la publicación, compra, venta y distribución de e-books
A cargo de cargo de Daniel Hurtado, creador y actual director de PeruBookstore.com y PerueBooks.com,  tienda peruana de libros digitales.

10:45 a 11:15
Conferencia 4: La importancia de los e-books para los escritores
Conferencia a cargo de Fietta Farque, actual directora y  fundadora de la librería digital “Kiputeca” y de la editorial de libros digitales “PLibros” 

11:30 a 12:30
Panel: Presentación de experiencias en el Perú
IEP – Odín del Pozo, jefe del Fondo Editorial 
PUCP – Lizbeth Alvarado Campos, coordinadora de Marketing y Comunicaciones del Fondo Editorial PUCP 
Grupo Editorial Penguin Random House – Anahí Barrionuevo, directora literaria
LibrosPeruanos.com – Prisea Vilchez, editora 
CreaLibros.com – Daniel Hurtado, director

12:30 a 1:30 Debate y respuesta a preguntas de los asistentes