26/7/14

Una metáfora cada minuto





Metaphor-a-Minute es una cuenta de Twitter en la que, mediante un programa automático (un bot) se publica una metáfora cada dos minutos (ya que, a pesar del nombre de la cuenta, hay restricciones en Twitter para publicar tan rápido sin que el sistema lo confunda con spam). 
 
Programado por Darius Kazemi, utiliza la técnica de moldes de modo que los huecos se rellenan con palabras tomadas de una base de datos. La estructura del molde es:
 
“(a/an) noun (is/considers/of) (a/an) noun: adjective (and / , not / , yet / but / , / , but not) adjective.”
 
El código del bot puede obtenerse en este enlace. Está programado en JavaScript. Una descripción más detallada del funcionamiento del programa puede leerse en esta entrada del blog del autor.



23/7/14

Welcome to Pine Point





Welcome to Pine Point es un excelente documental digital interactivo, con características transmedia, altas dosis creativas en lo narrativo, elegantemente presentado e interesante a todas luces para el lector.
 
Creado en el año 2012 por Michael Simons y Paul Shoebridge que coordinaron a un amplio grupo de artistas y programadores narra la historia de un pueblo minero en Canadá, Pine Points a través de la vivencias y recuerdos de sus habitantes, fragmentariamente, como si uno fuera descubriendo poco a poco el pasado al encontrar fotografías, escuchar charlas con sus ciudadanos, ver recortes de periódicos, observar vídeos o sumergirse en diarios y animaciones. Una obra compleja y amplia en tamaño, con gran cantidad de información que la hace más atractiva aún porque cada hilo lleva a otras historias nuevas. Una experiencia de inmersión en Pine Point que logra que lo conozcamos y lo disfrutemos. Una historia que se descubre como si de un trabajo arqueológico se tratara, por capas, siendo necesario desenterrar poco a poco lo que cada personaje o cada objeto que encontramos nos cuenta.
 
Programado en Flash, incluye texto, vídeo, fotografías, animaciones, música, sonidos, narraciones, entrevistas, y casi cualquier elemento multimedia imaginable. Fue producido en Vancouver bajo el patrocinio del National Film Board of Canada.
 
En el año 2011, ganó los Webby Awards.
 




















22/7/14

Nuevas ideas para usar e-ink




Se trabaja activamente en encontrar aplicaciones en las que pueda utilizarse con ventajas la tecnología de la tinta electrónica o e-ink. Dado que sus problemas de falta de color y lentitud de refresco las están relegando en el campo para el que originalmente se creó (los e-readers y la lectura), las firmas que construyen estos dispositivos están siempre interesadas en encontrar nuevas oportunidades.
 
Ahora, Adventure Paul propone una nueva idea que combina la funda que muchísima gente compra para su teléfono con la tinta electrónica. Así, esta funda tendría una segunda pantalla e-ink de bajo consumo que podría mostrar algunas de las aplicaciones del teléfono reservando la de color LCD para las aplicaciones que realmente lo precisan. De este modo, la funda servirá para ahorrar de manera muy significativa batería y para eliminar en parte el cansancio de la vista, amén de poder leer bajo luz intensa solar, algo que hoy en día en una auténtica odisea con los teléfonos que tenemos.
 
Más información sobre la idea en la propia web del autor.




21/7/14

2nd International Conference on Statistical Language and Speech Processing





Está abierto el plazo de inscripción para la segunda Conferencia internacional Conference on Statistical Language and Speech Processing que focaliza sus ponencias en el procesamiento computerizado del habla y el lenguaje. Tendrá lugar en Grenoble, Francia, entre los próximos días 14 y 16 de octubre. Materias como analizar el modelado del lenguaje natural, traducción automática, algoritmos para crear resúmenes de textos, extracción de textos, web mining, síntesis del habla, generación de lenguaje natural, etc, etc.
 
Para más información, puede accederse a este enlace.
 

20/7/14

Kindle Unlimited






Amazon ha puesto en funcionamiento esta semana el servicio de suscripción denominado Kindle Unlimited por el cual, mediante el pago de diez dólares al mes, se tiene acceso a la lectura de un gran fondo editorial compuesto por 600.000 libros y unos 5.000 audiolibros. Sobre todo, o casi todos, libros en inglés.
 
El nuevo sistema no se diferencia mucho de otros similares como Scribd u Oyster, incluso del programa Amazon Prime de la propia Amazon. Una importante limitación de la nueva oferta es que, debido a que Amazon no tiene acuerdos con las grandes editoriales, el suscriptor no podrá acceder a las novedades de Hachette, HarperCollins, Simon & Schuster, Macmillan, y Penguin Random House.
 
Los libros pueden leerse, obviamente, en los e-readers de Kindle y deberá usarse Kindle App para otros dispositivos.


17/7/14

Juegos virtuales






Herbert Wash se despertó suavemente como lo hacían todos los habitantes de Progreland. A la misma hora, las siete y veintitrés, la luz comenzó a incrementarse poco a poco. Desde la oscuridad total que era obligatoria para el buen descansar de la mayoría de la población a la claridad exacta, azulada y medida en un valor preciso de 32.000 luxes, mediaban treinta y siete minutos y doce segundos que era el valor temporal definido como óptimo por los científicos.

La holosala de noticias se activó automáticamente en cuanto los sensores de presencia detectaron su movimiento. Una mesa bellamente decorada surgió de la pared con un nutritivo y sabroso desayuno listo para ser degustado. Tenía hambre y se tomó su tiempo para alimentarse mientras los hologramas detallaban las novedades más importantes a lo largo del mundo. Luego, escuchó los videomensajes de Susan, su novia que estaba de viaje en una provincia lejana. Cuando hubo terminado, tomó una ducha seca y el robot de servicio le ayudó a vestirse. Tenía una reunión a las diez, de eso se acordaba pero no recordaba el resto de tareas que le esperaban en aquel caluroso día de verano.

Se acercó al panel de mandos y pidió verbalmente que se le mostraran las actividades de la jornada. Una vez que las escuchó, expulsó aire con rabia. Jugar, vaya mierda. Sí, sabía que participar en los holojuegos era muy popular y que la gente hacía cualquier cosa para ser elegido pero a él siempre le había parecido una pérdida de tiempo. No sólo inútil, sino peligroso. La realidad virtual puesta en juego era tan realista que los peligros eran ciertos, uno podía salir seriamente lesionado, sufrir heridas e, incluso, en algunos casos los participantes habían muerto en el transcurso de la acción.

En realidad, aquellos que decían estar interesados, los periodistas que redactaban noticias entusiastas sobre los holojuegos en revistas digitales especializadas y los nerdis de la tecnología, hablaban de oídas porque todo aquel que ya había participado prefería no comentar sobre ello una vez terminada la experiencia. Por lo que se rumoreaba, todo era demasiado intenso como para revivirlo. Se decía también que se hacía un pacto secreto para no arruinar la sorpresa a los nuevos participantes, para asegurarles que su experiencia sería tan brutal e imperecedera como la del resto de los participantes.
Estaba citado a las doce para iniciar el juego. Estaba decidido a declinar la invitación. Procuraría ser elegante, políticamente correcto, se inventaría alguna excusa, había otros muchos que jugarían encantados. Nunca había entendido ese morbo que impulsa a las personas a jugarse el físico en concursos y juegos idiotas tan sólo para demostrar que pueden hacerlo.

La reunión fue bien. Se desplazó hasta la sala en un aerotaxi de gravedad negativa y llegó justo a tiempo. Después, aprovechó para despejarse en la sala de naturaleza virtual. Eligió un paraje tranquilo, con un arroyuelo de agua fría, un sol benigno y un cielo lleno de trinos de pájaros, a la antigua usanza. Se tumbó en el sillón y disfrutó de la experiencia.

A las once y media, recordó que debía declinar la invitación a participar en el juego. Se acercó a una de las paredes y, tras decir dos palabras, parte de la misma clareó y se convirtió en monitor. Enseguida, apareció una mujer sonriente.

-        Buenos días, señor Wash, ¿está usted dispuesto a disfrutar con nosotros de un bonito juego?

-        Verá, le llamo por eso.

-        Sí, dígame. ¿Necesita más datos?

-        No, no, no es eso. Es que, verán, tengo otros asuntos de qué ocuparme y, aunque les agradezco que hayan pensado en mí, no voy a poder asistir.

-        Señor Wash – la voz ahora parecía más seria-, debe usted saber que es obligatorio comenzar el juego. Las autoridades piensan que es una forma de vencer la natural pereza a abordar actividades novedosas. No obstante, le informo que, una vez pasados diez minutos inmerso en el juego, usted podrá abandonarlo si es que una vez que conoce su interior, decide que le aburre o no le interesa. Sepa también que si decide abandonar el juego, no podrá comenzarlo de nuevo jamás.

-        Está bien, entraré por diez minutos, entonces – contestó Herbert, que no quería crear conflicto alguno. – y en lo de no poder volver a comenzar, estoy totalmente de acuerdo. No sabe qué feliz me hace el saberlo.

-        A las 12 en punto le recogeremos para trasladarle a la holosala Van Haygen.

A las doce y media, Herbert se hallaba dentro de una gigantesca cúpula, de dimensiones tan espectaculares que sus bordes se percibían sólo como un horizonte lejano como cuando uno mira al océano y el cénit no se distinguía bajo la luz que lo llenaba todo.

Un oficial sonriente le explicó que se trataba de pasar un buen rato, de jugar en comunidad, algo que beneficiaba a las salud de la sociedad pero que, en cualquier caso, era libre de abandonar la experiencia si lo deseaba una vez transcurridos diez minutos. Al parecer, con él jugarían otras diez o quince personas que estaban desperdigados en el enorme edificio, siendo aleccionados por algún otro oficial del mismo modo en que lo estaban haciendo con él.

-        ¿Alguna duda, señor Walsh? – preguntó el desconocido.

-        No, todo claro, gracias- contestó Herbert sin convicción. En realidad, apenas había prestado atención a la perorata del hombre ya que su intención era salirse de aquella pérdida de tiempo en cuanto transcurriera el tiempo mínimo obligatorio.

Una consola con un monitor se alzó desde el suelo frente a él.

-        Por favor, escuche los datos – indicó una voz metálica.

Miró la pantalla y esperó a que el holovideo se pudiera en marcha.

-        Se trata de un juego de búsqueda en el que tendrá que colaborar y competir con los otros participantes. Para hoy, hemos elegido una historia antigua de lo que hace muchos siglos llamaban novela negra. Usted tendrá el rol de un detective que ha de encontrar a un maniaco que está secuestrando muchachas. Los otros participantes tienen roles diferentes, unos le ayudarán y otros le pondrán impedimentos. Y, por supuesto, uno de ellos ejerce de secuestrador. Cuando esté preparado, indíqueselo al ordenador para comenzar. El tiempo mínimo de participación correrá a partir del momento en que usted dé la señal.

-        Lo que faltaba, historias de la edad de piedra – pensó para sí mismo, pero se consoló pensando que sólo eran diez minutos.

-        Por favor, indique que desea comenzar – insistió la voz computerizada.

-        Adelante- dijo Wash con cierta resignación

Al instante, apareció frente a él un hombre flaco, de elevada estatura, que vestía uniforme de la policía y portaba el arma reglamentaria de inmovilización por descarga neuronal.

-        ¿Qué tal, señor Wash? – le preguntó con familiaridad.

Las simulaciones eran tan perfectas en aquel año 7.903 que no pudo decir si se trataba de una persona real, de un robot humanoide o de un holograma realista. Como fuere, importaba poco porque debía aguantarse por diez minutos.

-        Buenos días – sintió la tentación de llevar su dedo y apretar contra el cuerpo que tenía delante para comprobar si era real, pero se contuvo.

-        El caso que tenemos delante es complicado. Llevamos ya algún tiempo detrás de ese criminal pero es demasiado listo, se nos escabulle, no podemos detectar dónde se esconde a pesar de toda nuestra tecnología. Lo cual significa que él debe conocer también a fondo nuestros dispositivos de detección. Debe tratarse de un ingeniero o de un neurotécnico. Alguien de quién es difícil sospechar.

-        ¿Y cree que yo lo encontraré? – preguntó Herbert en tono irónico.

-        Quién sabe, quién sabe. Usted va a estar muy motivado.

-        Debe ser un cacharro mecánico- pensó Herbert- porque si fuese un tipo real ya habría visto en mi expresión que me voy a largar en nada.

-        Lleva ya siete mujeres asesinadas – prosiguió la figura.

-        ¿Son muertes reales? Vamos, esto no es creíble. Es un juego, sólo eso.

-        Por supuesto que son reales- contestó el policía – pero eso ya no tiene remedio. Las jóvenes está muertas y poco podemos hacer. Lo que importa es el futuro.

-        Ya, y eso significa que….- miró la hora sobre la manga de su traje inteligente y vio que aún faltaban tres minutos para poder marcharse.

-        Significa que, ahora mismo, mientras hablamos, hay una nueva mujer en peligro. La secuestró ayer y, como en los casos anteriores, no sabemos dónde se encuentra. La mala noticia es que este proceder es exactamente igual a los anteriores y, si todo se repite, nuestra víctima aparecerá muerta esta misma noche. Es triste decirlo pero tenemos muy poco tiempo.

Miró nuevamente la hora y vio que ya había transcurrido el tiempo mínimo. Diez minutos. No esperó más.

-        Bueno, amigo mío, lo lamento mucho pero tendrán que seguir sin mí. Tengo una cita en otro lugar y, según tengo entendido, ya puedo largarme. – le sonrió al policía.

-        Así es, Señor Wash pero me decepciona. No le oculto que al quedarse correrá riesgos y la experiencia exigirá lo mejor de usted. Pero me decepciona al ver que es un cobarde.

-        Ya, ya, no se esfuerce- Herbert comenzó a desconectarse los sensores.

-        ¿No quiere ver la última imagen de la chica tomada por una cámara de seguridad?

-        No entiendo. Me voy, abandono el juego… no sé por qué habría de verlo, mejor busquen un sustituto que desee participar y romperse la crisma en esta estupidez.

-        Por favor- la voz del inspector tenía un tono de súplica que hizo detenerse a Herbert.

-        Bueno, supongo que son unos segundos. La veo y me marcho.

-        Sí, si usted así lo desea. Aunque sería una lástima y espero más de usted.

-        Mire, ya me estoy cansando. Venga, largue ese vídeo  para que pueda irme.

El policía hizo un gesto y un vídeo holográfico se mostró en medio del aire. A Herbert le temblaron las piernas, se le aceleró el pulso tanto que creyó que el corazón se le iba a salir y un sudor frío le cubrió la frente y las palmas de las manos. Frente a él, la imagen de una mujer angustiada pidiendo socorro al tiempo que un enmascarado la empujaba dentro de un aerodeslizador. Esa mujer era Susan.

-        ¡Qué broma es esta! – gritó una vez que se repuso del impacto inicial.

-        Me temo que no se trata de una broma, Sr. Wash. Efectivamente, su prometida ha sido secuestrada por el maniaco. Si le hemos elegido es porque estamos convencidos que su motivación para atrapar a esa bestia será mayor y que podrá darnos datos interesantes en la búsqueda ya que usted la conoce bien.

-        Me están tomando el pelo- falseó la sonrisa- esto es una broma pesada, esto es un juego. Todos lo saben, un juego virtual y voluntario.

-        Voluntario, sí. Usted puede marcharse si lo desea pero me temo que, haciéndolo, condenaría a su novia a una muerte segura.

-        No existe tal secuestro- Herbert intentaba permanecer calmado-. Susan está en Totendorf, en otro continente. He hablado con ella esta mañana.

-        Me temo que la videoconferencia de la mañana era una grabación falsa. O quizá el secuestrador obligó a la señora Tumart a decir lo que le dijo. Nuestros registros, de hecho, indican que no ha habido ninguna conferencia desde Totendorf a Progreland en las últimas cuarenta y ocho horas.

Herbert se abalanzó sobre el hombre, deseando que al llegar a él, su figura se desvaneciera, que los traspasara, que fuera un holograma o bien que sonara a metálico, que fuera un simple robot mecánico. Pero el choque fue carnal, real, y ambos cayeron al suelo. Aquel individuo sudaba como él, olía mal y en su rostro se reflejaba la sorpresa por el empujón.

-        ¿Se convence que soy real, Sr. Wash?- preguntó el policía al tiempo que se levantaba.

-        Usted será real pero todo esto es un juego. Susan está bien y se trata sólo de una broma pesada, muy inapropiada, una gamberrada en toda regla.

-        Puede pensarlo así pero nada más lejos de la realidad. Señor Wash, tenemos poco tiempo. Déjese de dudas y pongámonos a trabajar.

-        Me largo, eso es lo que voy a hacer. Me largo, salgo de aquí, llamo a Susan y me quito la incertidumbre de esta pesadilla- comenzó a caminar hacia la salida.

-        Puede hacerlo, lo sabe….- detuvo sus palabras por un momento- pero también conoce que si sale no puede volver a entrar.

-        ¡No quiero volver a entrar!- gritó Herbert muy enfadado- ¡No quiero volver a verles!

-        De acuerdo, pero imagínese por un momento…

-        No tengo nada que imaginar. Adiós.

-        … por un instante, imagine que cruza esa puerta y llama a Susan y esta no contesta. No contesta ni hoy ni mañana ni pasado mañana ni nunca. Usted no podrá volver a entrar. ¿Podrá vivir con esa carga el resto de su vida? ¿Podrá vivir sin haber intentado salvarla cuando pudo hacerlo?

-        Esto es un juego y Susan está en Totendorf.

-       ¿Está usted seguro, está usted seguro, Sr. Wash? ¿Absolutamente seguro?

Herbert Wash se detuvo y se sentó desconsolado en el suelo, ocultando su cara entre sus manos. Sabía que tenía que jugar.

 

 

 



16/7/14

Generador de patentes con un texto cualquiera






Este programa de Sam Lavigne es un divertido generador de documentos que toma un texto cualquiera, por muy variopinto que sea, y lo formatea como si de una patente se tratara. Así, genera los apartados usuales en las patentes: listado de imágenes, un resumen exponiendo la invención de que se trata, una descripción detallada de dicha "invención", etc. etc.
 
Por ejemplo, este Aparato y método para comprender, teóricamente, el histórico movimiento, un eufemismo para explicar El Manifiesto Comunista que pasa de ser un texto de política y economía a una cómica patente.
 
Los conceptos en que se basa la programación están explicados por el propio Lavigne en este enlace pero, simplificando mucho, puede decirse que se localizan frases y construcciones gramaticales típicas en las patentes para, después, buscar construcciones similares en el texto a tratar de modo que puedan emparejarse.
 
Así, - explica-, para generar el texto, busca una construcción típica en patentes que es - en inglés- [nombre] & [nombre] for [gerundio] [nombre o frase] lo que daría lugar a sentencias del tipo:
 
Device and Equipment for Reading Sport Newspapers
Apparatus for Washing Your Hands without water
Spatial based System for Calling Your Wife from Bora Bora
 
El programa busca construcciones del tipo [VBG] [*][NP] y le antepone dos sustantivos de entre una lista de conceptos típicos en patentes (method, apparatus, system, device, etc.) para crear el título final.
 
En español, el título de una patente suele tender a esta estructura:
 
[nombre] y [nombre/frase] de [frase] para [frase] y [frase], que origina frases del tipo:
 
Sistema y procedimiento de lectura para niños llorones y sin ganas de dormir
Método de evaluación para poder calentar el café si está nublado
Aparato y equipo auxiliar de establecimiento de prioridades para elegir entre café y té
 
Generar el resumen y el cuerpo de la patente resulta más complicado pero se basa en conceptos similares, esto es localizar en nuestro texto construcciones gramaticales equivalentes a las que se usan en la enrevesada terminología de las oficinas de patentes. En el enlace antes mencionado hay el suficiente detalle como para comprender el algoritmo con cierta exactitud.
 
 
 
 
 
 
 

15/7/14

Text Generator




 
Text Generator de Malevole es un sencillo generador de textos que funciona usando el método de patrones o moldes y combinando frases previamente almacenadas en memoria. Estas son mezcladas aleatoriamente por un subrutina en JavaScript. Dado que sólo contiene 15 frases a combinar, las repeticiones se detectan enseguida. La aplicación permite decidir cuántos párrafos deben generarse.
 
La técnica de moldes o patrones es una de las más sencillas para generar prosa o poesía electrónica automáticamente. Así, podemos ver este ejemplo para generar poemas o este otro realizado durante un máster de la universidad. Asimismo, este divertido programa genera reseñas de novelas que parecen todas escritas por Dan Brown.
 


14/7/14

Future of Text Symposium




Se anuncia la cuarta edición del simposio Future of Text que tendrá lugar el  próximo 6 de noviembre en las oficinas centrales de Google en Londres. Entre los ponentes figuran Dame Wendy Hall de la Universidad de Southampton, Tom Standage de The Economist, Pierre Lévy de la universidad de Otawa, Steven Connor de la Cambridge o el artista David Jablonowsky entre otros. Los trabajos se centraran en la evolución actual y futura del texto y de los soportes que lo contendrán.
 
Para más información puede visitarse este enlace.
 

13/7/14

Los correos electrónicos






Natalia se quedó un tanto sorprendida cuando Agustín la invitó a merendar chocolate con bollos en La Casa del Conde, la cafetería de moda en la ciudad. Las heridas no estaban del todo cerradas a pesar de los tres años transcurridos y, aunque hacía ya tiempo que no le quitaba el sueño, sintió cierta inquietud al recibir la llamada. No supo, o no quiso, decir que no, de modo que a las seis estaban ambos sentados en la terraza. La primavera acababa de empezar pero lo había hecho con fuerza. Los tilos se apresuraban a poblarse de hojas y los gorriones disfrutaban del cálido sol.
-        ¿Entonces, me harás el favor? – preguntó él.
-        No sé, me parece tan raro. No quiero meterme donde no me llaman – ella bajó la vista y jugueteó con la cucharilla en la taza ya vacía.
-        Es muy importante para mí. Sé que no estás obligada a ello pero no sé a quién más dirigirme. Al fin y al cabo, tú eres la persona que más cercana a mí ha estado nunca.
-        De poco sirvió- ahora, sí le miró a los ojos pero él no le sostuvo la mirada.
-        Lo sé, pero lo pasado, pasado está. Creía que, a pesar de todo, manteníamos una amistad.
-        Sí, eso siempre lo tendrás por mi parte.
-       Y no quiero abusar de tu amistad pero realmente lo necesito – dijo él.
A Natalia le vinieron a la mente fugaces memorias de los buenos tiempos. Se habían conocido en Gerona, en unas vacaciones, y se atrajeron casi desde el primer momento. No era sólo que Agustín le parecía muy atractivo sino que, además, tenía una conversación inteligente, era atento y seguro de sí mismo. Siempre le encantó, y aún le encantaba- le miró fijamente por unos segundos- ese aspecto de soñador perdido y desvalido. Tardó un año en percatarse de que no era ni soñador ni desvalido y que, en realidad, no estaba enamorado de ella como ella lo estaba de él. Sí, en el sexo funcionaban bien pero fuera de la cama tenían pocas aficiones comunes. Él, como le repetía, tenía otra vida, no quería dejar de ver a sus amigos, de hacer todo eso que siempre había deseado, de cumplir sus sueños. Para Natalia, el saber que ella no estaba en aquellos sueños, era un dolor que le carcomía. Aguantaron un año más, estirando el placer de la cama y el qué dirán hasta que lo dejaron de mutuo acuerdo, sin estridencias, porque ella se aseguró que Agustín nunca viese las lágrimas que vertió a solas por las noches. Lo había superado. O casi. Ya no le dolía en absoluto el haber roto con él pero todavía sentía que se había frustrado el poder amar. Ahora, se resistía a cualquier nueva relación y cualquier chico que se le acercaba cargaba con lo que le ocurrió con él. Era injusto para ellos y para ella, pero no lo podía evitar.
-        Serán sólo seis o siete meses- insistió él.
-        Eres retorcido, joder. ¿A quién se le ocurre pedir algo así?
-        ¿Por qué? - contestó él con un asombro tan infantil como increíble.
-        ¿Por qué? Me estás tomando el pelo, ¿no? Me pides que engañemos a tu novia y te quedas tan tranquilo. A veces, parece que estás chiflado de remate.
-        No es engañar. Al contrario, lo que quiero es que nos demos una posibilidad. Los últimos meses no han sido perfectos…
-        ¡Qué raro!- interrumpió Natalia.
-        … vale, vale… pero no puedo cambiar. A pesar de eso, creo que con Blanca tengo un futuro y quiero esforzarme en conseguirlo. Pero si ahora le digo que me voy un año a navegar, se irá todo a pique.
-        Nunca mejor dicho.
-       Exacto, nunca mejor dicho. Tú sabes que siempre me ha hecho mucha ilusión navegar. Era un sueño pero ahora puedo convertirlo en realidad.
Mientras comían los bollos de mantequilla con el chocolate, Agustín le había contado a Natalia el motivo de su petición. Tras su ruptura, de eso ya tres años antes, hacía ocho meses que salía con Blanca y le dijo que estaba enamorado de ella, al menos hasta donde él sabía enamorarse. Como siempre le había sucedido, su pareja le pedía más atención, más estar juntos, pero él necesitaba mantener su vida, disfrutar de sus aficiones y de su espacio. Ahora, por mediación de una carambola imprevista, tenía la oportunidad de efectuar un viaje alrededor del mundo en velero. Una goleta de dos palos, a la antigua usanza, subiéndose a los mástiles y navegando con ayuda de la brújula y el sextante. Era una aventura que no quería perderse, el cuerpo le pedía ir, estaba ilusionado, eufórico de poder surcar los océanos, de ver mundo. El único pero era que el viaje precisaría seis o siete meses, dependiendo de los temporales, las necesarias reparaciones en puertos o los avatares que pudieran suceder. Seis o siete meses casi aislado porque en la goleta no habría conexión por satélite para usar el correo electrónico ni estaría autorizado utilizar la radio para cuitas personales. Seis o siete meses en que debería dejar de lado, casi por completo, a Blanca. Estaba convencido de que ella no lo soportaría y que el marcharse así rompería la frágil relación.
-        Blanca no tiene por qué saber que estaré aislado. Si mantengo un contacto frecuente con ella, aunque sea por correo electrónico, al regresar volveremos a unirnos.
-        ¿Y si no vas? Si te importa tanto, no vayas.
-        Sería como encerrarme. No puedo, Natalia. No puedo y no quiero.
-        ¿Entonces, qué quieres? Ya eres mayorcito para tomar las decisiones correctas- le dijo, aunque en su interior dudaba que Agustín hubiera salido nunca de la adolescencia.
-        Sólo te pido que le mandes e-mails cada dos o tres días, que me suplantes, que finjas ser yo. Tú me conoces, sabes lo que diría y lo que no diría. Si no puede escribirle yo mismo, te ruego que me hagas el favor de escribir tú por mí.
-        Hablas en serio, ¿verdad?
-        Sí, por qué no. Si Blanca sabe que vamos a estar en contacto aunque sea por correo, aceptará mejor mi ausencia, entenderá que es un sueño que no puedo dejar de realizar, una oportunidad única.
-        Llévala contigo.
-        No way. Estrictamente hombres. Reglas del patrón. Nada que pueda desatar fricciones.
-        ¿Las mujeres crean fricciones?
-        No, las mujeres no. Pero las hormonas de los hombres compitiendo por ellas, sí.
-        No lo veo, Agustín. Es una farsa burda y fea. Sobre todo, para Blanca.
-        Nunca lo sabrá. Vale, es una mentira pero es una mentira piadosa, que tiene un buen fin.
-        Y lo de las flores. Ahí te has pasado mil pueblos.
-        Sí, eso también. Entiende que en los pocos amarres que hagamos en puerto, no voy a dejar a los colegas de la tripulación para ir a una floristería, sería el hazmerreir, amén de que no tengo ni puñetera idea de si donde recalemos habrá Interflora. Es otra pequeña mentira. Sólo te pido que cada mes, simulando que yo he llegado a algún puerto, le mandes un ramo con una notita. Pago yo, por supuesto.
-        ¡Hombre, sólo faltaría que tuviera que pagar yo! – exclamó ella.
-        Mira, esta es su foto- a Natalia le temblaron las manos al tomar el retrato de la que en el fondo consideraba su rival.
-        Es muy guapa.
-        ¿Verdad que sí? Quédate con la foto, así sabrás con quién te comunicas.
Días después, cuando se desvelaba, le daba vueltas a por qué acabó diciendo que sí a toda aquella locura. Quizá fue por los ojos soñadores que le pedían, como un perrito abandonado, que le ayudara. Quizá porque, aunque se negaba a admitirlo ni lo sentía, todavía quedaran pavesas de amor en su alma, quizá porque quería demostrarse a sí misma que no le guardaba rencor, quizá lo hacía para conocer a la mujer que parecía atraer a su ex. Fuera por lo que fuera, el hecho es que había cometido la insensatez de decir que sí.
Agustín le había dado una agenda de su previsible recorrido, avisándola de que era sólo aproximado ya que las etapas reales dependerían del capitán y de los océanos. Se aseguró que partían y no quiso saber las mentiras que Agustín le habría contado a Blanca.
Fue un lunes, dos días después, cuando le envió el primer correo electrónico a Blanca desde una cuenta gmail que Agustín había abierto y del que le dio las contraseñas. Fue una nota sencilla, diciendo que todo iba bien, que el mar estaba en calma y acabó con un te quiero que le costó escribir más que otra cosa.
Blanca no tardó en contestar deseándole que tuviera buen viaje, contándole lo que había hecho en el ministerio aquellos días, asegurándole que le añoraba y diciéndole que le quería a pesar de todas sus disputas, algo que por algún motivo que no supo discernir con claridad, conmovió a Natalia.
Las primeras semanas pasaron así, con correos más o menos circunstanciales y el consabido te quiero o te espero final. Natalia fue a la biblioteca y pidió en préstamo dos libros de memorias de marinos que leyó rápido para poder usar frases y palabras que sólo los navegantes usan. Aun sin entenderlas bien y sin preocuparse de comprobar su significado en el diccionario, llenó sus e-mails de pairos, de orzas, de peces pájaro, de estribores y babores, de amarras y baupreses, de amuras y foques, mesanas y sentinas.
Un mes después, cuando ya estimó que Agustín- del que no sabía nada- estaría arribando a las Antillas, encargó las flores.
Querida Blanca, cariño
Estoy en Barbuda, nombre que te hará recordar historias de piratas y amores desmesurados. Quiero que sepas que así te amo yo, con la locura del mar que estoy surcando, con la pasión de un pirata capaz de mover cielo y tierra por ti. Esta separación- que lo es menos por lo que nos escribimos- me hace ver cuánto te quiero y te necesito. Faltan todavía muchos meses de travesía, tenemos que bajar hasta Hornos y cruzar el Pacífico, rodear la India y Sudáfrica pero ya sé, lo sé ahora, que mi amor crece cada día.
Te quiero

Unas horas después se arrepintió de haber mandado esa nota con las rosas pero ya era tarde. No sabía por qué lo había hecho, por qué se había pasado en el lenguaje, excesivamente poético, casi baboso, cursi, desde luego nada que tuviese que ver con la personalidad de Agustín. Estaba convencida de que había metido la pata hasta el fondo, de que Blanca se daría cuenta del engaño, de que aquellas palabras amaneradas no podían nunca haber salido de la pluma de él. Así que se quedó sorprendida cuando ella respondió con un tierno y precioso e-mail. Al menos, hermoso para ella porque para aquel hombre tan poco dado a la sensiblería podía resultar patético. Blanca le contaba de sus dudas durante los pasados meses, de su lucha interior entre el amor que sentía por él, un inusitado e injustificado amor que sospechaba no podría acabar bien, y la realidad de sus acciones; de sus miedos, de sus esperanzas, de la ilusión enorme que le había producido el recibir las rosas y el sobre que las acompañaba. Que él se hubiera acordado de ella en las Antillas, que hubiera sacado tiempo para buscar una floristería internacional, le había llenado de alegría y de dulzura. Acababa con veinte te quieros.
Natalia se quedó mirando la pantalla del laptop durante un buen rato, leyendo y releyendo las frases que Blanca había escrito desde lo más hondo de su corazón. Sabía que había ido demasiado lejos, que estaba engañando a aquella mujer, que le estaba dando expectativas que nunca llegarían a buen fin, que no era eso lo que Agustín quería ni a lo que se había comprometido.
Y, a pesar de ello, a pesar de la clara conciencia de estar cometiendo un error, se sentó al teclado y escribió una bella carta de amor, quizá las palabras que siempre quiso decirle a Agustín y que nunca se atrevió. O puede que fuera un arrebato de aficionada a escritora de novela romántica, o el anhelo de decir todo lo remilgado que un hombre no entendería pero que ella sabía que otra mujer sí podría hacerlo. Escribió tres páginas sabiendo que todo lo que decía era impensable en Agustín, que aquella necesidad de afecto, de amor, de compartir piel y entrelazar piernas, de caricias y besos de mariposa, hablaban de sus propias necesidades, no las de él.
Clareaba cuando le dio a Enviar. Clareaba también cuando, en la madrugada siguiente, Blanca contestó con otro adjunto, un “doc” aún más extenso donde  abría su corazón, donde se congratulaba del viaje que le estaba permitiendo conocer al auténtico Agustín, que le estaba enamorando como nunca pudo pensar enamorarse.
Las semanas que siguieron parecieron un sueño en el que Natalia no sabía distinguir bien entre la realidad y la ficción. Se había metido tanto en su papel que ya no sólo buscaba cumplir con el encargo al que se había comprometido sino que estaba creando, de la nada, como un dios que toma aire y modela una criatura, un nuevo Agustín, el hombre del que le hubiera gustado enamorarse, con las formas y sentimientos que ella hubiera querido encontrar en él. Y Blanca, desde el otro lado de la red, contestaba con pasión, con anhelo, con deseo, contándole sus más profundos pensamientos. Tanto que, para finales de julio, casi cuatro meses después, ambas se conocían plenamente aunque Blanca no supiera que Agustín no la conocía. No sólo se conocían en sus más íntimas ideas, se gustaban. Compartían tantas cosas, un modelo del mundo, la misma forma de amar y sentir, las mismas esperanzas y anhelos, que sus correos parecían surgir de una misma mente.
Entre tanto, los ramos de rosas con sus notas, habían llegado de Sao Paulo, de las islas Marquesas, de Baikiri y de Sumatra. Natalia relataba, simultáneamente, cómo era la travesía, inventaba tormentas que vencía con el titánico esfuerzo de Agustín y el resto de los marineros, imaginaba delfines saltando ante la proa de la goleta y describió con precisión un encuentro nocturno con una ballena dormida, algo que había leído en un blog sobre regatas a vela. Le hablaba de muchas noches sin dormir, tumbado en cubierta, mirando un cielo tan estrellado que no podía imaginarse y de cómo, en cada lucero, veía los ojos de Blanca, le contaba lo que ella siempre hubiera querido escuchar de él. Natalia miraba de tanto en cuanto la fotografía de la otra mujer y buscaba algún rasgo, algún detalle que luego le escribía que añoraba. Y Blanca, entusiasmada con el hecho de que, tras tantos meses, aún la recordara con tanta precisión, respondía con el corazón henchido de cariño.
Algunas noches se alteraba cuando Blanca le contaba a Agustín, explícitamente, lo que le deseaba, lo que le haría, cómo esperaba encontrarse pronto en una cama junto a él para no salir nunca. Y Natalia contestaba con el mismo apasionamiento, con el mismo deseo, con la respuesta, más emocional que física, que nunca tuvo de Agustín, con palabras que nunca creyó que podría escribir, con una excitación que luego calmaba en solitario, intentando ver por la ventana de su ático las mismas estrellas que él estaría viendo en Ceilán, incluso sabiendo que era del todo imposible.
Justamente el último día de septiembre, Natalia estaba sentada en la sala, con una copa de vino en la mesa y el periódico del día en las manos, cuando sonó el teléfono.
-       ¡Hola! Soy Agustín, he regresado – la voz era inconfundible.
-        ¡Vaya!- contestó ella, sin salir de su sorpresa- ¿Ha ido todo bien?
-        Ha sido maravilloso, maravilloso. El viaje de mi vida. Y todo gracias a ti, sin ti no podría haberme embarcado.
-        Me alegro mucho.
-        Acabo de llamar a Blanca. No sé qué le has escrito pero sea lo que sea, ha resultado. Me ha dicho que le he enviado los correos más bonitos del mundo. Millones de gracias.
-        Se ha hecho lo que se ha podido- contestó Natalia que sentía cómo se le encogía el estómago.
-        Eres una gran amiga. Te debo una y muy grande. Muy grande. Dame unos días pero nos tenemos que ver. Nada de meriendas esta vez, te invito a comer en Giulanos
-        Te han pagado bien- se rio-. En ese sitio te cobran treinta euros sólo por saludarte.
-        Lo mereces. Nos vemos.
De pronto, Natalia se sintió sola, muy sola. Aquella locura de los correos electrónicos, de los ramos de rosas, se había convertido en parte de su vida, le había permitido expresarse, imaginar cómo sería ser amada de veras, como poder amar del todo siendo correspondida, escribir y recibir palabras tiernas, sentir sin sentir, anhelar, soñar.
Pero se había terminado. Una locura que terminaba en locura. Nunca debió comenzar y ahora pensaba que nunca debía terminar.
Era ya noche cerrada. Apenas quedaban algunas ventanas encendidas en el telón de fondo de las oscuras fachadas, apenas iluminadas por las farolas del parque. La ciudad dormía. Ella debía hacerlo también pero estaba desvelada.
Se sentó frente al ordenador y abrió el correo, sabiendo que ya no debía enviar nada más, que de hacerlo daría al traste con todo el acuerdo con Agustín. No escribiría más, no inventaría más un Agustín que no existía. No recibiría nuevos mails de Blanca que, ahora, podría decirle lo que sentía a aquel hombre a la cara.
Sonó un cling. Un correo entrante. Miró sorprendida y vio que era de Blanca. Se extrañó que enviara un correo a Agustín, ahora que este había regresado. Probablemente, era alguno de esos e-mails que de tanto en cuanto llegan con retraso por problemas con la red. Pulsó la tecla enter y el texto del e-mail se mostró en pantalla.
Hola, Natalia.
Ahora que Agustín regresa, ya no hay que fingir más. Me ha llamado hace un rato para decirme que está de vuelta. He estado a punto de mandarle a la mierda pero no era el momento. Tiempo habrá. ¿De veras pensabas que podías engañarme? Empezamos con esto de lo más soso, ¿recuerdas? Pero pronto, por lo que sea, comenzamos a contamos tantas cosas. Ahora, te conozco bien. Tú me conoces bien. Me encantas y espero encantarte. Él me había hablado de ti, siempre bien. Lo que yo no sabía era que eras una mujer tan maravillosa. He fingido todos estos meses para recibir tus correos, para poder hablarte, para que me hablaras, para soñar cada noche. Y, ahora, cuando él me ha llamado, he sentido pavor de no poder continuar con nuestros correos, con nuestras confidencias, con esto que siento y me da tanto temor. Me ha dado tanto miedo el perderte que aquí me tienes escribiendo este correo que no sé a dónde me conducirá.
Con amor, Blanca.

Natalia sonrió, acarició tontamente la pantalla con sus dedos y escribió su respuesta.