2/9/14

Radikal Karaoke




Radikal Karaoke, de Belén Gaché es un juego, un divertimento que "ayuda" a dar discursos. Para ello existen una serie de textos pre-generados (con temas tan alocados como "es tiempo de escuchar a los guacamayos") que se verbalizan sintéticamente y se mezclan con la voz del usuario y una buena dosis de reverberación. Asimismo, se combinan imágenes del sistema con la imagen que la webcam toma del supuesto disertador. Un karaoke para políticos y aficionados a dar lecciones. Y, del mismo modo, que normalmente un karaoke musical muestra lo mal que cantan los usuarios, este muestra lo difícil que es la oratoria.

Los discursos son generados por el ordenador utilizando la técnica de moldes, con estructuras semánticas fijas pero cambiando las frases de entre las disponibles en una base de datos. La programación es de Gustavo Romano.
 


31/8/14

Eligiendo la fuente para leer en pantalla




La claridad y facilidad de lectura de un texto depende de varios factores siendo el tipo de fuente uno de los más importantes. El tipo y tamaño de letra que mejor se adaptan a cada soporte no son siempre los mismos. No es lo mismo leer en papel que en pantalla. Cuando preparamos un texto para publicarlo (o auto publicarlo) para ser leído en formato digital, siempre es dudoso qué fuente elegir para que la legibilidad sea máxima, algo nada baladí cuando encima tenemos diversos formatos (Mobi, ePub, PDF) que no siempre se comportan de igual manera. Asimismo, el espaciado entre letras resulta también importante.
 
Fuentes tipográficas
 
Se entiende por fuente tipográfica un grupo completo de caracteres, números y signos, que comparten características comunes que diferencian y personalizan al grupo. Por ejemplo, en la siguiente imagen se ve un grupo de fuentes de las miles que existen:
 

Las fuentes tipográficas pueden tener un subconjunto de variaciones que forman una familia tipográfica. Estas variaciones pueden ser matices en cuanto a grosor, anchura, altura, etc. pero mantienen los rasgos fundamentales invariables. Hay que notar que los rasgos que definen una fuente tienden a magnificarse cuando se leen en pantalla (mucho más todavía si ampliamos la letra) de modo que hay que tener en cuenta que detalles de la letra que en papel pueden resultar elegantes o que ayudan a leer mejor, pueden convertirse en un estorbo al leer digitalmente.
 
Tradicionalmente, las fuentes se dividen en las siguientes categorías: Serif, Sans Serif, Manuscritas y Decorativas:
 

 
Las fuentes Serif se distinguen porque los trazos de las letras se rematan con un adorno.
 
 
Adorno que es más que algo estético porque sirve también para marcar una línea horizontal de seguimiento de lectura ya que los patines inferiores facilitan el que el ojo- sobre papel- siga con más sencillez la línea. En las fuentes Serif las letras con formas redondeadas (o, p, b, d,…) tienden a ser un poco más grandes para que su tamaño quede equilibrado con el resto. Son apropiadas para la lectura de textos con párrafos largos. Como ejemplos de fuentes serif podemos citar: Bodoni MT, Book Antiqua, Bookman Old Style, Courier, Courier New, Garamond, Georgia, Lucida Bright, MS Serif, Times o Times New Roman:
 




 
Las Fuentes Sans Serif, por el contrario, tienen trazos rectos, sin esos adornos finales. Se las conoce también como “de palo seco”. Son apropiadas para letras grandes, para textos cortos o para soportes algo borrosos (como las pantallas). Algunas fuentes "Sans" son las Arial, Chicago, Tahoma, Helvética, Verdana y Univers.
 




 
Las fuentes manuscritas, como su nombre indica, tienden a imitar la caligrafía escrita más barroca. Son fuentes que, al igual que en una escritura manual, presentan una legibilidad menor y que, por ello, se usan menos tanto en textos impresos como en digitales.


Como se ha citado,  cada fuente puede contener una familia de variaciones. Así, para la fuente Calibri:
 
 
 
 Qué fuente se adapta mejor a una pantalla digital?
 
No hay una respuesta definitiva porque el soporte digital puede ser muy variado. No es lo mismo el pequeño monitor de un teléfono que un gran cartel luminoso de un aeropuerto. En este último, una fuente decorativa puede tener mucho sentido. Nos centraremos en los dispositivos más normales para leer libros, es decir tabletas y ordenadores. La característica fundamental que debe ofrecer la fuente elegida es que facilite la lectura, que sea legible y que no canse al lector. Con esta premisa, las fuentes manuscritas quedan descartadas ya desde el inicio excepto que se reserven para títulos o pequeños párrafos que es preciso destacar.
 
Aunque hay factores ajenos a la fuente que también afectan significativamente a la legibilidad (interlineado, color, claridad del soporte, interletraje, espaciados, sangrías, pies y cabeceras de página, etc.) la fuente es el primer factor a considerar.
 
Tradicionalmente, para libros impresos extensos (novelas, periódicos, revistas) se ha elegido una tipografía Serif ya que, como se ha citado, facilita la lectura al ayudar al ojo a seguir una línea horizontal. La impresión en papel tiene una definición más alta que la de una pantalla por lo que estos remates quedan nítidos y definidos, perfectos para verse.  Sin embargo, en una pantalla las cosas cambian notablemente. Al tener menor definición (entiéndase que esta puede ser tan baja cono 70 dpi), presentar flickrr debido al refresco de pantalla y ser una visualización digital (píxeles) y no analógica, estos detalles quedan primero desdibujados y si se amplían (zoom) realmente deformados. Pasamos así de que unos elementos que aportaban legibilidad en papel se convierten en perniciosos a la hora de leer en el soporte digital. Claro está que en el futuro, con pantallas mucho mejores, esto puede cambiar.
 
 
 
 
Hoy por hoy, sin embargo, elegir una fuente Serif supone asumir que, en bastantes dispositivos, el texto tendrá dificultades de lectura. Puede ocurrir que sea leído en una estupenda pantalla  con resolución retina en cuyo caso se leerá estupendamente pero nunca hay que olvidar que ese mismo fichero puede ser descargado en un pequeño Smartphone. Hasta que no se avance en la estandarización de dispositivos, la prudencia debe prevalecer.
Las fuentes más usadas en impresión en papel son Baskerville, Bodoni, Bodoni, Century Old Style, Garamond y Times New Roman. En pantalla, por el contrario, son Arial, Calibri, Helvética, Lucida Sans, Trebuchet  o Verdana. Existe un problema adicional y es que las fuentes elegidas sólo se verán en el dispositivo de lectura si este las incorpora. Es decir, no sirve de nada elegir una fuente perfecta pero inusual porque al llegar el fichero al dispositivo receptor, este no podrá mostrar esa fuente y presentará el texto con una de su biblioteca. Las anteriormente citadas son de uso común y cabe pensar que todos los equipos disponen de ellas.

Este blog, por ejemplo, usa la fuente verdana, que es Sans.

En lo que respecta al tamaño, mientras que en un libro impreso suele estar entre 12 y 13, en la pantalla dependerá del tamaño de esta y de la ampliación elegida por el lector por lo que el concepto pierde su sentido. Importa más el que haya una variación de tamaños para resaltar los títulos o los encabezados o, simplemente, frases importantes. Esto, en la web, se realiza con los tags H1, H2, etc y en un e-book debe hacerse incrementando ligeramente el tamaño base de esas frases.

 

30/8/14

Los pinceles de los faros






Mi relato “Los pinceles de los faros” ha resultado finalista en el XIX Certamen literario “Santoña… la mar”. La entrega de premios tuvo lugar el pasado 29 de agosto en el Teatro Liceo de Santoña, con la presencia de la alcaldesa de la villa, Sra. Milagros Rozadilla, la concejala de Cultura, Sra. Felisa Bollaín, el director de la casa de cultura, Sr. Rafael Palacio, y los miembros del jurado. En esta edición se han presentado 282 trabajos.

El ganador del concurso ha sido José Ángel Corral Suárez, con el cuento "El viaje de Ganda".

"Los pinceles de los faros" es un relato de intriga y acción situado en el norte de Alemania durante la segunda guerra mundial.


 

29/8/14

Medianoche en Pekín


 
Medianoche en Pekín, (Editorial Plataforma, 2014), de Paul French es una novela a la vez policiaca e histórica, de serie negra, en la que relata el caso verídico del asesinato de una joven, Pamela Werner, en el Pekín de 1937. Un crimen horrendo y lleno de perversión que quedó sin resolver en su época y que, ahora, French reconstruye mediante un metódico trabajo documental que incluye tanto la infructuosa investigación policial de su tiempo como la privada que, posteriormente y durante años, el padre de la víctima, Edward Werner, antiguo cónsul británico, llevó a cabo. Con todo ello, Paul French es capaz de proponer una explicación verosímil y dar nombre a los asesinos. Una novela que es una reconstrucción, un reportaje, un “true case” en el que el escritor va colocando juntas todas las piezas del rompecabezas hasta dar con una solución razonable siempre aplicando la lógica.
 
Medianoche en Pekín es, sin embargo, mucho más que una novela sobre el crimen de la adolescente inglesa. Es también un relato de cómo era la capital china en la década de los treinta, con su barrios ricos conviviendo con lupanares, con las legaciones occidentales auto excluidas, con los rumores imparables, con una mezcolanza de culturas y una situación política al borde del abismo. Una narración sobre la que se ciernen los acontecimientos históricos extremos que venían desarrollándose desde que los japoneses pusieron sus ojos en el continente y que terminarían en una de las más brutales y sanguinarias guerras de todos los tiempos. Un relato en el que son los occidentales los personajes siniestros, orgullosos, abusivos con el poder y egocéntricos mientras la mayoría de la población china se limita a sobrevivir en el caos que les consume. Todos tienen algo que ocultar, tanto los individuos particulares como las instituciones más preocupadas por mantener el prestigio que por hallar la verdad.
 
Esta mezcla de una investigación policial, el politiqueo y la perversión, con la descripción del fin de una época colonial y el relato de hechos históricos que han conformado nuestro mundo actual hace que la lectura sea interesante y ágil. Aunque abundan los pasajes escabrosos (particularmente, la autopsia del cadáver puede resultar dura), French no cae en el tremendismo ni exagera el sentimentalismo. Prosa directa, sencilla, precisa en lo descriptivo y que no recurre a los tópicos para mantener la tensión.
 
 

Los primeros libros de la humanidad. El libro antes de la imprenta y el libro electrónico




Los primeros libros de la humanidad. El libro antes de la imprenta y el libro electrónico (Fórcola Ediciones, 2013), de Fernando Báez, es un interesante y completo ensayo sobre la historia del libro, y por elevación de la literatura y del conocimiento, antes de la invención de la imprenta. Al cabo, la humanidad ha hecho literatura y ha compilado su saber por milenios (en sus historias habladas, en sus leyendas, en su rezos), por medios orales o manuales sin necesidad de la imprenta- en sus pergaminos, sus papiros, en las tablillas de cera o arcilla, en las inscripciones en piedra, en las hojas de palma de Balí, en las rocas olmecas, en los códices del Medievo, en esos secretos santuarios de los escribas sumerios que cita el autor. Desde que el hombre descubrió la palabra, la necesidad de un soporte para contenerla ha sido fundamental.
 
Báez, tras un riguroso esfuerzo de estudio y documentación, nos cuenta el recorrido del libro a lo largo del tiempo, desde su origen inicial en Oriente hasta su arribo a Occidente donde daría el gran salto adelante al inventarse la imprenta mecánica. Son 5000 años de historia, una historia que es un orden de magnitud más larga que la del libro en papel impreso aun cuando la imprenta haya hecho avanzar, también en un orden de magnitud, la presencia del libro en la Humanidad. Báez ha analizado todas las fuentes de conocimiento al respecto: amplísima bibliografía, recopilación de opiniones de otros expertos, fuentes arqueológicas sobre las primeras escrituras con el propio autor visitando museos y lugares (cita viajes por España, Alemania, Holanda, Francia, Reino Unido, Jordania, México, Argentina, Brasil, Yemen, Irán, Siria, Líbano, Qatar, Indonesia, China, Japón, Kuwait, Egipto, Afganistán, Perú y Bolivia).
 
Es interesante observar cómo han variado no sólo los soportes de la escritura sino la valoración de los mismos, desde la deseada seda hasta el papel considerado en su día como producto de baja calidad, desde el barro poco duradero al pergamino. El que en un momento dado de la historia parecía el soporte definitivo ha sido siempre superado por uno mejor. Por tanto, pensar que el papel también quedarás atrás es más que razonable, estadísticamente muy probable. Pero los ciclos- la historia que nos relata Báez lo demuestra- son muy lentos. No esperemos cambios rápidos por mucho que el marketing tecnológico quiera programar la obsolescencia del papel y de cada dispositivo lector electrónico que aparece en el mercado. Asimismo, el nuevo soporte siempre ha sido mejor en de cara a su uso generalizado por el individuo lo que supone más portabilidad, más posibilidades, menor coste y más fácil uso. El soporte que nos depare el futuro también tendrá esas características (es decir, también es estadísticamente improbable que dispositivos que se calientan, cansan la vista, se quedan sin batería, son caros o no admiten color tengan mucho recorrido histórico).
 
Un ensayo que siendo riguroso es asimismo ameno y divulgativo ya que Báez domina una prosa clara y cercana, con recursos para interesar al lector en todo momento y eso que se trata de un trabajo extenso, de más de 600 páginas.
 
 

28/8/14

Fingerbend





Fingerbend, de Will Luers, es una historia digital interactiva que transcurre a lo largo de una jornada y cuyos hechos van apareciendo a ciertas horas a medida que el lector pasa las páginas de la aplicación. La interactividad, no obstante, se reduce a pasar dichas páginas y a poder hacer scroll en ventanas de texto. se combinan imágenes, vídeos, textos y animaciones. La información se presenta fragmentada y no es sencillo ligar los textos con las imágenes.
 
Está programado en HTML5. Está pensado para tabletas pero puede también verse en un PC usando las teclas de dirección.
 









 
 



27/8/14

Clippings



Clippings, de Pedro Valdeolmillos y Jason Nelson, es una historia digital programada en Flash que debe leerse como un conjunto de informaciones fragmentadas que se presentan en capas, unas sobre otras. Una narración que se explica con textos y con imágenes, en las que el lector debe interactuar ampliando las capas para poder leer los fragmentos de información. Una presentación estética cuidada e interesante. Al estar programado en Flash, sólo puede leerse en dispositivos que permitan ejecutarlo.







26/8/14

Shakespeare Machine





Shakespeare Machine es una presentación permanente en el Public Theatre de Nueva York. Una serie de marquesinas electrónicas están programadas para mostrar palabras y frases de las obras de Shakespeare en un espectáculo atractivo y muy dinámico. Fue inaugurado en el año 2012.
 
Se trata de un trabajo creado por Ben Rubin en colaboración con Mark Hansen y Michele Gorman.





25/8/14

Paratext in Digital Culture




Los próximos días 28 y 29 de este mes, es decir el jueves y viernes de esta misma semana, se celebra en la Universidad de Bergen, Noruega, el evento Paratext in Digital Culture: is Paratext becoming the Story?.
 
El paratexto, tal como lo desarrolló Gérard Genette, está evolucionando en el medio digital y debe analizarse su rol en la actualidad.
 
El programa incluye las siguientes disertaciones:

  • Nadine Desrochers, Université de Montréal, EBSI : "Thinking Paratextually: Making Meaning from Paradigm Shifts in the Age of Digital Culture" 
  • Amy Nottingham-Martin, Lawrence University, Appleton, WI, USA : "Reading between the lines: How paratexts shape readers’ interaction with a transmedia narrative"
 
  • Patricia Tomaszek, University of Bergen, :"In the Absence of the Publisher's Peritext"
 
  • Alois Pichler, WAB - Wittgenstein Archives in Bergen : "Paratext in Wittgenstein's Writings"
 
  • Amélie Zöllner-Weber, PhD, independent researcher, Mannheim, Germany : "Reading an Ontology as Paratext"
 
  • Daniel Apollon, University of Bergen: "Digital Paratext: Steps Towards New Technologies of the Intellect"
 
  • Jill Walker Rettberg, University of Bergen: "Book presentation: Seeing Ourselves  Through Technology: How We Use Selfies, Blogs and Wearable Devices to See and Shape Ourselves"
 
  • Kathi Inman Berens, USC, Annenberg School of Communication Fulbright Professor, Digital Culture UiB: "Cooking With Code: Montfort's "Taroko Gorge" and its Paratexts."  
  • Annika Rockenberger, ILOS, Universitetet i Oslo : "Video Game Framings”
 
  • Anna Nacher, Jagiellonian University, Poland, Institute of Audiovisual Culture "Mashup as paratextual practice: beyond digital objects (in the age of networked  media)


24/8/14

Uncontrollable Semantics





Uncontrollable Semantic, de Jason Nelson es un poema digital que es mucho más un ejercicio de programación visual que una obra literaria. Sobre palabras que aparecen en los cuatro puntos cardinales de la pantalla, la interacción con el movimiento del ratón produce formas, geometrías y cascadas de animaciones. Una experiencia muy basada en la clásica rutina mouse tráiler de JavaScript aunque este trabajo de Nelson esté programado en Flash y, por ello, los efectos sean más completos (pero muy lejos de lo que Flash permite). Los efectos son variados, una cincuentena, con sonido y diferente atmósfera pero todos comparten la estética plana y naif de las primeras versiones gráficas de los ordenadores. El usuario es más un pintor que un lector, el ´resultado es más un collage surrealista que un poema.
 





 




23/8/14

Días de playa






Kossi se levanta temprano y eso, en el verano de Huelva, es a las cinco de la mañana. No es que necesite despertar tan de mañana pero prefiere estar de los primeros en la fila. Además, tampoco le apetece dormir más. La chabola que comparte con otros siete compatriotas huele y la colchoneta que le hace de cama no es cómoda, así que los sueños se le revuelven y las memorias se le agolpan.
Mientras un sol bermellón se despereza sobre el horizonte de las marismas, Kossi se sienta en la orilla y escucha cómo los graznidos quedos de las gaviotas se entremezclan con la música de las olas que llegan hasta las rocas del acantilado. Se fuerza a comer algo, un trozo de pan con algo de aceite y alguna fruta. Sabe que el día será largo, que pasará sed y que deseará sentarse muchas veces. Sabe que le esperan doce o catorce horas de playa. Mientras saborea un pedazo de melón, piensa en su poblado del que ya se le han difuminado los detalles, los aromas, los sonidos y los rostros. De lo único que se acuerda bien es de la guerra, del día en que llegaron los soldados de Lamin King, uno de los muchos señores que mandan sobre su provincia. Cuando escuchó el traqueteo de las ametralladoras a apenas dos kilómetros de la aldea, supo qué debía hacer. Su madre también lo sabía y le dio su bendición con la mirada. Se trataba de huir o de ser reclutado por la fuerza en la guerrilla. Salió con lo puesto y fueron tres años de esfuerzo hasta que una barcaza, en la que el agua se colaba hasta los tobillos, lo dejó en un recóndito paraje de Europa. Tardó una semana en saber que estaba cerca de Matalascañas y otros quince días en conseguir dormir bajo techado.
Kossi se aleja unos pasos y orina junto a las rocas. Los otros hombres comienzan a salir de la cabaña. Al fondo, las luces de Punta Umbría ya se están apagando y el primer tráfico de la mañana comienza a rodar por las calles. Kossi se dirige al lugar que todos saben, la policía también, y nadie dice conocer. La tercera farola es la señal indistinguible que indica el inicio de la fila. Ser el primero no asegura nada. Cuando Karlos llegue elegirá a quién se le ponga en los mismísimos, pero siempre hay más opciones si se está delante. Nadie sabe quién es Karlos, con ka, pero le respetan. No es un tipo alto ni fuerte pero su rostro adusto, marcado por las viruelas y avejentado prematuramente, les dice que no se anda con bromas. Lleva una cadena de oro al cuello y eso debe ser porque tiene dinero. Y si no lo tiene, tanto da. Lo que tiene es un negocio y ofrece trabajo. Es lo que cuenta.
Para cuando llega la hora, las nueve, la fila es ya de cincuenta o sesenta jóvenes negros que se apoyan sobre el muro del almacén. Kossi es el segundo de la fila. Se le ha adelantado un hombre al que no conoce, posiblemente recién llegado porque tiene cara de pasar hambre. No hablan entre ellos. Ahora no es el momento de hacerlo. Están allí para competir por el trabajo y cualquier debilidad es peligrosa. Uno te puede contar de su familia en Sierra Leona o de algún hermano enfermo que precisa dinero, cualquier cosa que puede ser verdad o mentira, quién sabe. Y a uno le puede entrar la debilidad, la compasión y dejarle pasar el turno. No, eso no puede ser, mejor no charlar ahora, sólo esperar.
Karlos es puntual, se ve que es un hombre de negocios. Llega conduciendo su propia camioneta y aparca justo en la tercera farola. Baja y se quita sus costosas gafas de sol. Les mira un instante y, sin dejar pasar más tiempo, dice:
-        Hoy necesito veinte.
Un rumor se extiende por la fila. Todos hablan muy bajo y no se entiende lo que dicen pero se supone. Si hay faena para veinte, muchos volverán a las chabolas sin poder trabajar. Tendrán que esperar a tener mejor suerte otro día.
Karlos camina unos pasos a lo largo de la fila. Los africanos se han levantado al verle, permanecen firmes como si les estuvieran pasando revista, como si se hubieran alistado en un ejército que nadie conoce. Le miran con respeto, mostrando en sus ojos la necesidad de trabajo, tensando los músculos para que Karlos sepa que aguantarán bien el calor o sonriendo para demostrar que serán simpáticos a los bañistas.
Karlos no tiene tiempo ni ganas de caminar porque el día amenaza con ser muy caluroso y a esta hora los termómetros ya marcan veinticinco. Regresa al inicio de la línea y va señalando con su mano a los elegidos. Estos se alegran y se mueven para colocarse detrás de la camioneta. El resto se marcha sin mediar palabra, arrastrando las sandalias de plástico barato que protegen sus pies. Karlos abre las puertas del camión y toma la libreta para ir apuntando nombres y mercancías.
Kossi está feliz. Le ha tocado una nevera de refrescos. Sonríe. Eso está bien. Las coca colas y las cervezas se venden bien. Karlos les da el diez por ciento de lo que recaudan. Hoy quizá pueda sacarse veinte o treinta euros, una pequeña fortuna. Confía en que el sol apriete, que la playa se llene, que haga un calor sofocante, para que los bañistas necesiten beber.
Otros compañeros se sienten frustrados. Les han tocado los relojes, las láminas enmarcadas, los juguetes o los adornos africanos, algo que apenas se vende excepto que se den de bruces con algún americano que confunde Huelva con el Serenguetti o Cádiz con Calcuta. A él le tocó esa mercancía la semana pasada y sólo vendió un tambor de calabaza por tres euros que le reportó treinta céntimos. Y eso después de haber caminado por la playa desde las diez a las siete de la tarde, nueve horas quemándose las plantas de los pies en la arena ardiente, gritando la oferta, rompiéndose la garganta, sudando. Sonreír a cada bañista tumbado en las hamacas, decir “amigo” y “barato”, “bueno” y “mirar”, quedarse parado durante unos segundos delante de cada turista mirando a unas caras que siempre apartan la mirada. Luego, hay que decir “gracias”, tragarse la bilis, y seguir hasta la siguiente tumbona con la misma expresión sonriente. Así, hora tras hora, mientras el sol del sur cae implacable sobre la arena. Esos días son malos, son cuando dan ganas de regresar a África, de afrontar el riesgo de la guerra, cuando se arremolinan en la cabeza los recuerdos de la familia, los sufrimientos del viaje, los sueños destrozados. Pero hoy no es un día de esos. Hoy lleva la nevera y Kossi está feliz.
La caja pesa cerca de veinte kilos y la correa se clava en el hombro pero Kossi es fuerte y resiste. A las dos volverá Karlos para controlar cómo van las ventas, reponer la mercancía y rellenar, en su caso, la nevera con hielo fresco.
Comienza a caminar. La playa tiene cuatro kilómetros. Le lleva una hora recorrerla. En el día que le espera la recorrerá nueve o diez veces. Tendrá que estar al tanto cuando lleguen las patrullas de los municipales pidiendo los papeles de residencia. En esto, los compañeros se ayudan y se hacen señales cuando los uniformados aparecen a lo lejos. Pero tienen traidores, los vendedores nacionales que no les quieren compitiéndoles y que avisan a los guardias cuando se escapan con las mercaderías. Tampoco puede acercarse a los chiringuitos porque sus dueños los ven como competidores ilegales y telefonean a los municipales.
La correa le hiere el hombro pero está feliz. ¿Serán treinta euros hoy? Comienza a gritar su cantinela como le han enseñado y ha escuchado a otros.
-        Fría, la cervecita, el heladito, la agüitase esfuerza en acabarlo todo en “ita” mientras comienza a sudar.