22/9/17

Heaven's Vault




Heaven's Vault, de Inkle Studios,  es un juego narrativo, una novela gráfica con elementos de juego e interactivos, muy bien desarrollada y cuidadosamente dibujada. Narra la historia de Aliya Elasara, una arqueóloga que explora el pasado de Nebula y a la que acompaña su robot Six. Combina imágenes planas con simulaciones 3D.  Utiliza el lenguaje Ink especializado en generar narrativas.

Para más información, puede consultarse este enlace. Su página de Facebook puede verse en este otro enlace.










 

20/9/17

Esculturas en libros





El artista Yuto Yamaguchi crea auténticas maravillas con libros viejos, recortando cada página con mucha paciencia y precisión de modo que, al pasar las hojas, se observan motivos, textos y figuras extraordinarias. Auténticas esculturas en papel, conseguidas a base de apilar capas que, además, muestran un comportamiento dinámico y cambiante cuando se mueven las páginas.

Aquí, en este enlace, la página de Instagram del artista.






18/9/17

Circle, Infinity





Circle, Infinity, del colectivo artístico japonés teamLab, es una instalación interactiva de realidad virtual en la cual el usuario, portando unas gafas 3D, puede escribir en el espacio caligrafías inventadas y deambular por entre ellas. Muchas de las "letras" creadas en el vídeo promocional recuerdan a la caligrafía compleja de la película Arrival.





16/9/17

Tú y la física cuántica






Siempre sentí que era un milagro que quisieras estar conmigo, más aún que me amaras. Por intuición, sabía en lo más íntimo de mí que era una casualidad, el azar haciendo que me tocara la lotería, una chispa efímera de suerte brillante en el mar anodino de la vida. 

Ahora, sé que esa intuición es una verdad académica, que todo fue pura fortuna y que, también inexorablemente, tuvo que acabar porque las leyes de la naturaleza así lo estipulan. Para esto está la ciencia, para desengañarnos, para ponernos en nuestro sitio. Como esos ingenuos inventores que, de tanto en cuanto, muestran al mundo un mecanismo que tiene movimiento perpetuo. Engañan a unos cuantos durante unas pocas semanas y se engañan a sí mismos hasta que la segunda ley de la Termodinámica les cae encima aplastando sus sueños y deteniendo el cachivache que creían inmortal. Las leyes del mundo son como las romanas, Sed dura, sed Lex. Y punto pelota. No hay manera de saltarse lo que el universo ha parido.

En el último siglo, la física ha progresado una barbaridad, hasta el punto de que hoy los científicos piensan que han dado con un modelo de cómo está construido el cosmos, un arquetipo al que por algo denominan estándar, y que explica desde las infinitas e invisibles colisiones entre átomos hasta por qué los elefantes se abanican con sus orejas, pasando por el tornasol de los amaneceres o el aroma de un café caliente. Sale un experto, a poder ser con cabellera larga, bien peinada pero casual, y adorna la explicación con millones de fórmulas y enrevesadas cábalas sobre el álgebra de Lie. Y uno se queda con la boca abierta, sin pensar siquiera que eso va con él, sin percatarse de que, a pesar de que todo suena a arameo y está más allá de la comprensión del mortal medio, la física cuántica le va a aplastar un día, más pronto que tarde; que el dichoso modelo estándar le va dar una bofetada que ni Manny Pacquiao de mala leche sobre el cuadrilátero del Madison Square Garden.  

Según la física cuántica de hoy en día todo el universo está construido sobre dos cositas de nada. Por un lado, el continente, el espacio-tiempo, el saco dentro del cual todo lo demás ocurre. Por otro lado, campos cuánticos, el contenido, que ocupan cada pequeño lugar del contenedor. Y no hay más. Vamos, como cuando uno va a su Banco para firmar la hipoteca y le piden un seguro de continente y contenido. Dios debe haberse hecho uno con Asuritas Inc para el espacio-tiempo y los campos, no sea que algún diablo le estropee su obra. 

Los que tenemos poca idea de esto pensaremos que ni harto de grifa podemos creerlo, que hay muchas más cosas; que hay jazmines y abejas que liban, montañas de cumbres nevadas y océanos de olas encrespadas, nubes caprichosas y bergantines a vela, amores y pupilas que anhelan, buenas personas y malnacidos, luceros en la noche y sinfonías de Mahler, tú y yo. Pues no, queridos, todo esto sale del espacio-tiempo que todo lo contiene y de los dichosos campos cuánticos que forman todo lo demás.

Todo lo que vemos y sentimos está hecho de átomos. Y estos, a su vez, de partículas más pequeñas – los electrones, los quarks-, bien juntitos por otras partículas que los unen- los bosones, los gluones, les llaman- y hasta la luz está compuesta de cositas que llamamos fotones. ¡Amigo!, llegamos al quid ahora. Todas esas partículas no existen en realidad. En verdad, son todas ellas vibraciones y excitaciones de los campos cuánticos. 

¿Que usted cree ver un átomo con veinte electrones? Error. Son sólo veinte temblores del campo electrónico. ¿Que usted cree ver una estrella titilando? Pues no, son trillones de excitaciones del campo fotónico. ¿Qué siente que le cae un pedrusco en la cocorota? Son bosones que dan masa a lo que le cae. Y así hasta el aburrimiento. Sólo campos cuánticos. 

Y son esos jodidos los que han hecho que te vayas, que me dejes aquí, más perdido que Robinson en medio del océano.

Yo creía verte, acariciarte, gozar con tu cuerpo, sentir con tu mirada, aprender con tu charla pero, en realidad, era todo una ilusión. No existe nada de esto. Sólo campos vibrando, un Parkinson cósmico.

Un cuerpo humano tiene, de media, unos 7 elevado a la 27 átomos, o sea un siete seguido de 27 ceros. Tela marinera de cantidad, un número inabarcable para todos nosotros. Y, claro, cada átomo – hidrógeno, carbono, calcio, nitrógeno, oxígeno, fósforo y demás zarandajas- tiene dentro un montón de electrones, quarks, gluones y bosones… vamos que, lo que se dice partículas, rondarán los 10 elevado a 40, un 1 con cuarenta ceros detrás, diez mil sextillones. ¡Para flipar en colores, vamos! Y ya acabamos de explicar que esos
10.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 elementos son otras tantas vibraciones de unos pocos campos cuánticos.

Entonces, ¿cómo coño podíamos querernos más tiempo? ¿cómo diantres podíamos luchar contra semejante destino? ¿Cómo pude ser tan imbécil al pensar que era para siempre?

Imagínate.

Tus diez mil sextillones de vibraciones vagaban por el espacio-tiempo sin ton ni son. Y mis 10.000 sextillones surcaban ese mismo continente sin tener ni idea de qué deparaba el futuro. Y, de pronto, los dos enormes globos de oleaje cuántico se juntan, chocan entre sí; lo improbable se hace realidad, dos nubes que tremolan y se entremezclan para formar una sola que vibra casi al unísono, como los estorninos cuando vuelan. ¡Plofff!  Surge una chispa divina, como un conejo que sale de una chistera, una bola casi infinita de oscilaciones armónicas y coordinadas, como cuando un dedo húmedo circunda el borde de un vaso o las cuerdas de un arpa bien temperada entran en resonancia. Entonces, las trepidaciones aleatorias de los campos cuánticos bailan cercanas y juntas, se tornan amor, juego, deseo, darlo todo, quererlo todo, mis ojos cimbreándose en los tuyos.

Entendiendo esto, resulta evidente todo lo demás. ¿Quién, en su sano juicio, puede esperar que 20.000 sextillones de vibraciones se mantengan oscilando en resonancia, juntas, ensambladas por el azar, jugando entre ellas, más allá de un corto tiempo, siempre exageradamente breve? Nadie. Es como esperar que las pompas de jabón se queden flotando en el cielo de la tarde, que el viento deje de fluir o que las olas del mar se detengan. Es una quimera que sólo los hombres – más ondulaciones inermes que se creen inteligentes y son sólo escalofríos de la naturaleza- sueñan. 

Los campos cuánticos son muy suyos y, enseguida, se desplazan, cambian su frecuencia, se desorientan y se degradan en otros temblores que nada tienen que ver con los anteriores. Y, en ese momento, que siempre ocurre muy pronto, demasiado pronto, tus excitaciones se marchan por donde vinieron, las mías se quedan solas en este espacio-tiempo que resulta más árido que nunca, frío y amenazador.

Me pregunto por dónde andarán ahora tus oscilaciones, si se habrán cruzado con otras. Tengo celos de que otras excitaciones te hayan hecho resonar mejor que las mías, que se hayan entrelazado con más armonía, con más potencia, que pervivan en el tiempo más que lo que las nuestras lo hicieron. Es tan inmenso el espacio-tiempo y son tan egoístas los campos cuánticos que nos obligaron a separarnos, y eso duele. Pero duele mucho más saber que la probabilidad de que nuestros 20.000 sextillones de ondas se vuelvan a entreverar, en un preciso lugar del espacio-tiempo, es casi cero. Qué tristeza.

Un amigo me ha dicho que no desespere, que la física cuántica también habla del gato de Schrödinger, ese que puede estar a la vez vivo y muerto, de la incertidumbre en todo lo que ocurre, de que a veces las vibraciones de los campos cuánticos hacen dos cosas simultáneamente, para fastidiar más que nada. 

Quién sabe. Quizá nuestro afecto esté muerto y vivo a la vez. ¡Qué sé yo! 

Odio la física cuántica.






15/9/17

Papo & Yo





Papo & Yo, es un juego narrativo para la PlayStation, dirigido por Vander Caballero, y otras plataformas. Si bien, sigo creyendo que los juegos no son literatura digital por cuanto que en ellos lo que importa son las reglas, el finalizar el juego y obtener el objetivo sin que el texto o la historia tengan mucha importancia (si se mantienen las reglas y mecánica pero se cambia la historia, no hay variación ninguna en su uso), este juego tiene algunas características que lo hacen interesante como el que se muestran relaciones humanas entre los personajes (bien sea Quico, el protagonista, sus familiares o los monstruos que imagina) a base de algunos textos, algunas voces e imágenes. Asimismo, la trama es mucho más cercana al ser humano y la literatura por cuanto que, en definitiva, trata de como una persona vive su niñez y adolescencia, con su mezcla de realidad y fantasía, de sueños y decepciones. Tiene una interesante banda sonora. 


Existe en 6 idiomas.


 Puede comprarse en Amazon.






Evento "El autor en el nuevo mundo de la edición"



Como ya se anunció en su momento en Biblumliteraria, se celebra hoy en Bilbao, concretamente en el centro Azkuna-La Alhóndiga, el evento "El autor en el nuevo mundo de la edición" correspondiente al año 2017, en el transcurso del cual se pasará revista a la situación actual del audiolibro, la autopublicación, el futuro del libro en papel o cómo afecta la digitalidad a las ferias del libro, entre otros temas.


Para más información puede accederse a este enlace.



14/9/17

Conjunto de poemas hipertextuales





Mary Anne Breeze presenta un conjunto de varios poemas hipertextuales contenidos en una sola web, poemas que juegan con gráficos, control del tiempo y cierta interactividad al poder saltar entre pantallas jugando con los enlaces que contienen las palabras. no obstante, algunos enlaces ya no están activos. 

Puede leerse desde este lugar.



13/9/17

The relief of impact




The relief of impact, de Ghoulnoise, es un juego hipertextual que narra una historia inquietante en la que la parálisis durante el sueño juega un importante rol.

Sobre una pantalla que se asemeja a un televisor en donde aparece el ruido espurio de las interferencias, se van presentando fragmentos de la historia que mediante palabras enlazadas o elecciones entre opciones van dando paso a sucesivos párrafos.
El decorado es minimalista, siendo el texto lo que realmente importa. 

Puede leerse desde este enlace. Puede donarse una ayuda desde aquí.


12/9/17

Smooth Second Bast



Smooth Second Bast@rd es un poema interactivo sobre pantalla táctil que habla sobre la procedencia y las raíces. A medida que el lector/usuario interacciona con los gráficos y las palabras, estas van creando frases que, tras un momento, se rompen y, con unas u otras velocidades, pierden las palabras que toman propio movimiento.

Puede descargarse desde la App Store.




11/9/17

E-reader que resiste el agua





El Kobo Aura H2O edition 2, es un lector electrónico de libros cuya particularidad principal es que resiste el agua. Además, dispone de un sensor que adapta la iluminación sobre la pantalla en función de la luz ambiental tanto en intensidad como en color, de modo que la adecua a la hora.

Su estanquidad cumple el nivel IPX8 lo que da para aguantar una hora a dos metros de profundidad. No creo que nadie lea mientras bucea pero, al menos, servirá para que no se estropee con las salpicaduras si leemos cerca de una piscina llena de niños o se nos cae un refresco sobre él. 

La resolución de pantalla táctil es de 265 ppp y el tamaño de la misma es de 6.8". La tecnología es de tinta electrónica. La memoria es de 8gigas. Puede leer formatos EPUB, EPUB3, PDF, MOBI, JPEG, GIF, PNG, BMP, TIFF, TXT, HTML, RTF, CBZ, yCBR. Dispone de conexión Wifi y micro USB.

Más información en este enlace.


10/9/17

Yarn



Yarn es una aplicación para teléfonos móviles y tabletas Android que genera historias cortas simulando una conversación entre personas. Una chat fiction.

Cada historia, así, se desarrolla mediante mensajes espaciados en el tiempo como si uno fuera un voyeur que puede leer el whatsapp de otras personas. Hay relatos breves de todo tipo, unos decentes, otros muy malos, algunos buenos. 

Para descargar la aplicación y subscribirse a Yarn puede usarse este enlace.


8/9/17

El escritor de novela negra





Si bien sus novelas no habían alcanzado nunca unas ventas notables, José Manuel Armendáriz había logrado publicar antes de cumplir los cuarenta años cuatro  obras que le habían permitido,  aunque con estrecheces,  vivir dignamente. Luego, su editor se cansó de llamarle y de pedirle que le diera algún manuscrito, extrañado por el silencio del escritor. Porque escribir, escribía. Y mucho, casi frenéticamente.

A sus cincuenta  y cuatro años, José Manuel vivía aún con su madre, Flora, una mujer especialmente trabajadora y simpática, ya con casi ochenta años, a la que le hubiera gustado que José Manuel fuese contable, como lo había sido su padre, pero que, con el tiempo, había llegado a apoyar las artísticas ambiciones de su hijo. Durante muchos años había trabajado de administrativa en el Ayuntamiento y había sido muy aficionada al cine, hasta que los achaques comenzaron a dejarla en casa. Por mucho que el amor de madre cegara su objetividad, hacía años que se había dado cuenta que Armendáriz no publicaba, que estaba cada día más delgado y demacrado y que fumaba dos paquetes al día. 

- ¿Qué te pasa, hijo? – le preguntaba cada vez que coincidían en la cena.
- Nada, nada… que la musa me ha abandonado, que no encuentro un tema interesante para escribir una buena novela - le mentía. Luego, la abrazaba y la dejaba contenta.

Él dormía poco. Por el día, aprovechaba para pasar la mañana en la cafetería “Luna nueva”, donde frente a un café eterno y un croissant que apenas probaba, se dedicaba a leer los periódicos que prestaba el establecimiento, de esos que vienen atados a un palo para que no se los lleven los clientes. Gracias a que Paco, el dueño, tenía amistad con él desde niño porque, si no, nadie podía permitir la ocupación de una mesa durante horas con tan poco gasto. 

Era a partir de media tarde cuando se encerraba en su habitación y comenzaba a escribir.  Porque escribir, escribía. Y mucho, casi frenéticamente. En el mueble de la pared se amontonaban miles de hojas mecanografiadas en un orden que él sólo conocía, en lo que parecía ser una larga novela. Pasaba las horas frente al teclado , tomando café y fumando, hasta que el sueño le vencía, casi ya de amanecida. Unas pocas horas en la cama, en las que siempre tenía pesadillas, y volvía a comenzar su rutina con la visita a la “Luna nueva”.

Aquel martes, su madre escuchó el timbre a eso de las cinco. Abrió y se encontró frente a ella a un hombre canoso, entrado en kilos, de cara bonachona y tez demasiado sonrojada para cosa buena.

- Buenas tardes, ¿qué desea? – preguntó la mujer.
- Buenas tardes. Venía a ver a José Manuel. Deduzco que usted es su madre. Encantado, señora – respondió el otro, con modales educados.
- No sé si… - balbuceó ella.
- Perdone, no me he presentado. Soy Anselmo Herrarte, de la Editorial Herrarte. Hace años publicamos varios libros de su hijo.
- ¿Y qué desea?
- Hablar con él sobre un proyecto que deseamos poner en marcha. Negocios.
- Veré si quiere recibirle. Siéntese, por favor.
- Muchísimas gracias. Espero.

Al final del pasillo, Flora golpeó la puerta del cuarto de José Manuel y no espero a recibir respuesta. Entró sin más. Como siempre, lo encontró enfrascado en la escritura, bajo el monótono click click de cada letra impresa y con un cenicero rebosante de colillas a su derecha.

- Tienes visita, hijo. – le anunció, y él pareció no reaccionar, de modo que insistió - Tienes visita.
- ¿Visita? ¿yo? – se volvió hacia su madre.
- Un tal Anselmo, no sé qué. Editor de tus libros, al parecer.
- ¿Anselmo, aquí? – preguntó José Manuel al tanto que se levantaba.
- Sí, así ha dicho que se llama. Parece buena persona.
- No quiero verle – volvió a sentarse.
- ¿Cómo que no quieres verle? Dice que quiere que escribas para ellos y tú necesitas que te publiquen. Bastante disgusto me diste con no ser contable para ser escritor, así que si tú quisiste serlo, ahora tienes que publicar.

José Manuel se sorprendió de la actitud decidida de su madre. Pensaba que con carantoñas y mentirijillas la tenía engañada, pero era evidente que no.

- No sé qué decirle.
- Aún no sabes qué quiere pedirte. Venga, sal y habla con él.

Sumiso, se levantó y mientras su madre le arreglaba el cuello de la camisa, se dirigió al salón.

- Yo te espero en la cocina, para que estéis tranquilos- dijo ella.

Un rato más tarde, escuchó voces y un portazo. Se apresuró a la sala y vio que José Manuel daba vueltas sin ton ni son, visiblemente enojado. Por la ventana, vio al señor Herrarte entrar en su coche con cara de malhumor.

- ¿Qué ha pasado?  - preguntó ella.

José Manuel se dejó caer en el sillón y lloró. Lloró como su madre no le había visto hacerlo ni de niño. Se sentó junto a él y le abrazó. Él, apoyó su cabeza en el hombro de ella y continuó sollozando. Flora supo que no era el momento de preguntar, sino de consolar. Pero también supo que había acabado el tiempo de fingir y de averiguar qué le ocurría a su hijo.

Dejó pasar un mes. José Manuel había recobrado la rutina y parecía calmado. Había tenido unos días muy malos tras la visita del editor pero, luego, todo había regresado a la normalidad. De Herrarte no sabía nada. Era una tarde tranquila y habían cenado pescado al horno y un postre de chocolate. Se lo preguntó de sopetón:

- Hijo, dime qué te pasa. Ya no aguanto más. No soy boba aunque tú creas que sí. Dime qué te está sucediendo. Son años ya. – le dijo mirándole muy fijamente a los ojos y tomando su mano entre las suyas.

José Manuel no se esperaba aquello y no reaccionó. Se quedó callado, esperando que el tiempo borrara la pregunta, que su madre se olvidara de todo, que llegase un aire que arrastrara el momento tan incómodo.

- No vamos a dormir hasta que me lo cuentes.
- No hay nada que contar. Estoy bien- repuso él.
- Y una mierda, José Ramón – él la vio determinada a saber la verdad, algo  inusual en Flora, es más, en cualquier anciana de la edad de su madre. 
- Sólo que me ha abandonado la inspiración.

Escribes más que nunca, más que nunca. ¿Crees que no veo cómo lo haces? ¿Crees que se me ha olvidado leer? Tengo el hígado fastidiado y el corazón cualquier día me falla, pero la cabeza, gracias a Dios, la tengo bien. Que no es poco, mira cómo están todas mis amigas. Así que aquí vamos a estar hasta que me lo cuentes.

Pasó una hora hasta que él se decidió a contárselo. Flora no se movió de allí, pegada a él, agarrándole la mano todo el tiempo y mirándole, sin decir nada con los labios pero hablándole con el tacto, y la vista y el afecto.

- Estoy amenazado – dijo, por fin, con voz muy queda, el escritor.
- ¿Amenazado? – ella alzó la voz, alarmada.
- Sí.
- ¿Por quién? ¿Por ese Herrarte? ¡Será hijo de mala madre! – la mujer se levantó y comenzó a dar vueltas.
- No, no, no…. Qué va… Herrarte es un bonachón y le debo mucho. No sé cómo me aguanta todavía. 
- Entonces, ¿quién?
- Por un personaje.

Flora se sentó, desconcertada. Quizá sí le pesaban los años, quizá sí tenía su mente cansada aunque ella pensara que estaba estupendamente. No le entendía.

- ¿Un personaje ¿ ¿Qué quieres decir?
- Un personaje de mi última novela.

Ella le abrazó, sin entenderle, y él supo que le debía una explicación, contarle por lo que llevaba pasando ya muchos años.

- ¿De verdad quieres que te lo explique?
- Para eso estamos. No voy a morirme sin saber qué le pasa a mi hijo, ¿no?

Pasaron unos minutos. Afuera, había comenzado a llover. Un ligero sirimiri que hacía que los automóviles crearan una especie de suave silbido en sus recorridos por la calle. 

- Ya sabes que Herrarte me publicó cuatro novelas hace más de diez años. No es que fueran el éxito del año pero se vendieron bien e, incluso, de una se lanzó una segunda edición. 
- Me acuerdo. Me sentí muy orgullosa de tu éxito – apretó  su mano aún más.
- Creo que había cumplido los cuarenta y uno cuando Herrarte me propuso escribir una quinta novela. Por aquel entonces, estaba de moda la novela negra, ya sabes, esas historias de maleantes y policías, así que decidimos que escribiría una de un policía de barrio que se ve envuelto en ciertos casos de corrupción industrial. Un par de asesinatos para comenzar y, luego, a descubrir quién es el asesino.
- ¿Como Agatha Christie? – preguntó ella.
- Más o menos. El caso es que comencé con la novela y no iba mal. Creé un caso  en que una empresa robaba una patente de otra y, para cubrir el robo, ordenaba un par de asesinatos de directivos. Ahí es donde entraba el comisario Briscos, que había imaginado para la ocasión.
- Qué triste todo- dijo la madre.- Tendrías que escribir de cosas alegres.
- Sigo. Llevaba ya escritos varios capítulos y llegó un momento en que la historia me pedía matar a uno de los malos, un director de la empresa infractora. Así, podía liar más la manta, hacer que el lector se sorprendiera y tener tema para doscientas páginas más. Ya sabes que una novela tiene que ser gorda.
- Claro, para pagar veinte euros, la cosa va a peso.
- Esta es mi madre – José Manuel, sonrió. Él no lo hubiera expresado mejor.- Así, que pensado y escrito. Lo recuerdo bien. Era una noche de invierno, nevaba fuera y tú ya estabas acostada. Había descrito en dos o tres páginas el escenario, un callejón oscuro cerca del puerto, una farola solitaria, unos camiones llenos de pertrechos para descargar y una taberna muy a lo lejos. Onésimo, que así  se llamaba el directivo de mi invención, se había citado con su cómplice en la taberna y caminaba a lo largo de la solitaria calle. Era el momento de cargármelo, de que apareciera el asesino y le pegara los dos tiros.
- Qué lúgubre eres, hijo. Nunca me gustaron  las películas de muertos. Bueno, las del oeste, sí, aunque también mataban a muchos. Pero era otra cosa, cara a cara, con “Gari Cúper” tan majo… tu padre le tenía celos…
- Entonces, de repente, se abrió la ventana. Pensé que era una corriente de aire y me levanté a cerrarla pero me costó mucho, extrañamente porque no hacía viento y los copos de nieve caían lentos y verticales. Al fin, lo logré, pero me quedé muerto de miedo cuando, al voltearme, vi una figura frente a mí. Cómo había entrado, no lo sé. Quién era, no lo sabía. Qué quería, menos.
- Déjate de cuentos, hijo. Estamos hablando en serio – protestó Flora.
- Hablo en serio. Sé que es difícil de creer, que pensaras que estoy loco pero te cuento la verdad, al menos lo que yo creí ver. Déjame seguir.
- Me asustas, hijo- se le ensombreció el rostro pero le dejó continuar.
- ¿Quién es usted? , grité al espectro – que no parecía fantasma alguno, al contrario estaba bien alimentado y bien vestido-, y él me contestó, con educación, que su nombre era Onésimo Sánchez, o sea justo el nombre que yo había dado a mi personaje. Pensé por un instante que era una broma pero el tipo se sentó al tiempo que sacaba un revólver del bolsillo de su abrigo. Mi miedo, como podrás imaginarte, era inmenso.
- Estás bromeando, ¿verdad hijo?
- En absoluto. Me hizo sentar y, con calma y sin alzar la voz en ningún momento, me explicó que era él, el personaje creado por mí, que aunque los escritores no lo sepamos, todos los personajes toman vida en una realidad paralela, en un mundo al costado del nuestro, que todo ser imaginado vive de algún modo.
- Deja de decir tonterías. No me tomes el pelo – Flora veía delirar a su hijo.
- ¿Ves por qué no te lo he contado antes? Sabía que me tomarías por loco. Y quizá lo esté, no lo sé. Pero juro que le vi y hablé con él. Déjame seguir. Me dijo que, como cualquier otro personaje, él también vivía y que, sabiendo de mi interés en asesinarlo aquella misma noche en mi novela, había traspasado las fronteras entre nuestros mundos para impedírmelo. Sí, me indicó, la gran mayoría de los caracteres se acomodan a lo que el escritor indique, a lo que decida sobre sus vidas y haciendas. Pero no todos. Y él era uno de los rebeldes. Al fin y al cabo, me miró con soberbia, la culpa  era mía porque era yo, y solamente yo, quién le había creado con esa fuerza de voluntad y esa determinación por ganar y sobrevivir, con esa avaricia desmedida que ahora provocaba que en absoluto estuviera dispuesto a ser asesinado en un callejón del puerto. Por el contrario, quería seguir viviendo y enriqueciéndose, de modo que me conminaba a seguir escribiendo la novela ininterrumpidamente, convirtiéndole a él en el protagonista principal, haciendo que sus empresas fuesen cada vez más poderosas y previendo una segunda saga donde él acabaría siendo presidente del país. 
- Creo que debemos visitar a un médico, cariño – ella lo abrazó como si aún fuera un chico pequeño.
- Ya lo hice, ya lo hice. Varias veces. Estoy perfectamente y los escáneres cerebrales muestran que no tengo daño alguno. Los psiquiatras no se explican lo que ellos llaman alucinaciones porque yo, tras tantos años, créeme, he llegado a convencerme de que existen los mundos paralelos, que Onésimo es real y que ese monstruo que yo he engendrado es invencible.
- Pues mátalo. Ponte ahora mismo a la máquina y haz que le peguen un tiro. Si tú lo creas, tú lo descreas.
- Él ya había pensado en eso. Aquella noche, me explicó, me amenazó más bien, que en caso de no seguir sus instrucciones una fatalidad horrible me sucedería. Me reí, me mostré incrédulo de que un fantasma pudiera hacerme daño pero un par de disparos de su revólver contra la lámpara, que se quebró en mil pedazos, me demostraron que de algún modo los mundos pueden interactuar entre sí. Me aseguró que era consciente de que podría matarle en cualquier página y para que esto no sucediera había pagado a otro personaje de una novela de un escritor al que yo jamás conocería, que habitaba en otro lejano país, para que si a él le pasaba algo, es decir si yo hacía que le sucediera cualquier desgracia, vendría a cobrarse su venganza.
- ¡Ay, hijo!
- Así que, tras dudas y visitas a neurólogos, tras nuevas visitas de Onésimo y sufrir pequeños accidentes anunciados por él que se cumplían puntualmente, decidí doblegarme. Claro, no podía contar esto a mi editor, me tomaría por loco. Menos aún a ti. Tampoco podía publicar la nueva historia con ese malnacido, porque lo es aunque sea  yo soy quién le he dado a luz, con ese desalmado. Así que llevo años escribiendo páginas y páginas que almaceno en el armario, dando largas y escondiéndome de Herrarte, perdiendo todas mis amistades y haciéndote la vida imposible a ti que eres lo que más quiero. Mientras, Onésimo, en el texto, es cada vez más poderoso y adinerado. Todo le sale bien. No puedo escribir lo contrario porque me visita periódicamente para asegurarse que mi espanto permanece intacto.
- Yo sí que te quiero a ti- le besó- Pero lo que me cuentas no es verdad, José Manuel. Estaré vieja, pero no chocha. Son fabulaciones, desvaríos.  – evitó pronunciar la palabra locuras. - No sé, quizá debido a la tensión, a querer escribir una buena novela. Iremos al médico, ¿de acuerdo?
- ¡Que no!, ¡Que ya he ido muchas veces! ¡Que lo que te cuento es verdad! – se alteró mucho, se levantó y golpeó con fuerza la pared- ¿Ves? Tú tampoco me crees, tú tampoco.

Flora supo que era el momento de darle un respiro. Fue a la cocina y preparó dos tés. Los bebieron frente a frente, sonriéndose, sin volver a hablar. Al menos, sabía lo que le atormentaba a su hijo del alma. No tenía la menor idea de cómo ayudarle. Si no fuera tan vieja, pensaba, tendría más recursos. Preguntaría en el Centro de Día si alguien conocía a un buen psicólogo o quizá a la doctora Cabrera, su médico de cabecera, con la que mantenía una buena amistad. Le ayudaría, ayudaría a José Manuel, pero no sería ni fácil no rápido.

No pudo hacerlo. Seis meses después, el corazón de Flora llegó a su último latido. Fue rápido. Un dolor en el pecho, una ambulancia y unas pocas horas en la UCI. José Manuel estuvo a su lado y se despidió de ella con todo el amor de su corazón. Recordaba las últimas palabras de su madre.

- Cuídate, hijo. Cárgate a ese cabrón. – le había dicho justo antes de expirar.

Aquella frase había resonado en la mente de José Manuel durante dos días en los que no había dormido ni había comido. Era imposible que Flora supiera nada pero la intuición de una madre es poderosa. Si había mundos paralelos y personajes odiosos, por qué descartar que ella lo supiera sin saberlo, intuitivamente.

Llegó a casa y puso música de jazz en el estéreo. Dejó la puerta abierta en su habitación y con parsimonia introdujo la hoja en la máquina de escribir. Sonreía. Sonreía con satisfacción, con enorme satisfacción.

- Se acabó lo que se daba, cabrón – murmuró para sí.

Fue en ese instante cuando se le apareció el personaje, como si fuera consciente de lo que iba a ocurrir.

- No lo hagas – dijo. Pero, ahora, en absoluto era el tipo orgulloso, poderoso y engreído del que José Manuel hubiera hablado a su madre. No era el vencedor que describían los textos de la novela nunca acabada.
- Sabes que sí lo haré – José Manuel era ahora el hombre que retaba, el fuerte. Y se reía.
- Sólo buscaba sobrevivir, sólo eso. Como todos – gimoteó  Onésimo.
- Mala suerte, imbécil – respondió José Manuel sin ninguna compasión - , qué lástima que exista esa ley que dice que los personajes no pueden hacer mal a su escritor porque entonces no los hubiera creado, porque si me matases no podría haberte creado y tendríamos una paradoja en el tiempo, ¿no te parece? 
- Pero sabes que era un farol, que yo nunca hubiera tocado un pelo de tu madre. Sólo quería asustarte. - el personaje sudaba copiosamente.
- Tan farol como lo que yo voy a escribir ahora mismo. Púdrete.

Lo hizo rápido. Un par de párrafos para decorar la ambientación; el final de un callejón oscuro que daba a la dársena, para recordar dónde había comenzado todo; breve glosa del tipo contratado para hacer el trabajo;  y un par de disparos en el corazón, certeros y con silenciador. Onésimo caía muerto y su asesino - su justiciero, pensó José Manuel-,  lo empujó a patadas al borde del malecón. Cayó a plomo, y se hundió en dos palabras.




7/9/17

Hours of the Night




Hours of the Night, de M. Coverley y S.Strickland, es un vídeo poema experimental que crea una atmósfera muy melancólica e intimista mediante la utilización de sonidos de barco, textos que van apareciendo poco a poco e imágenes. El control del tiempo al que el vídeo obliga ayuda a mantener un escenario calmo, nostálgico.

Hay varios enlaces posibles dependiendo del tipo de dispositivo.





5/9/17

Depling 2017




Entre los próximos días 18 y 20 de este mes, se celebra en Pisa, Italia, la cuarta edición de DEPLING. Las anteriores tuvieron lugar en Barcelona (2011), Praga (2013) y Uppsala (2015). Está organizado por la Universidad de Pisa y el  Institute for Computational Linguistics “A. Zampolli”.

Depling es un evento dedicado al estudio de la computación del lenguaje, especialmente a la gramática valencial o de dependencias. Los temas que se abordarán serán, por ejemplo:

- Gramática valencial. 
- Análisis sintáctico computerizado, Parsers, generación automática de texto y gestión de corpi.
- Semátnica computerizada. 
- Morfología de dependencias.

La página de la conferencias se localiza en este enlace.



3/9/17

The Mythologies of Landforms and Little Girls




The Mythologies of Landforms and Little Girls, de J. R. Carpenter es un relato hipertextual e hipermedia que combina textos, hipertextos, imágenes y mapas aunando explicaciones geológicas sobre Nueva Escocia y recuerdos personales. Con pocos recursos y elementos muy esquemáticos, casi naif, Carpenter obtiene un buen resultado, un trabajo que se lee con interés y agrado y que está bien diseñado.

Recuerda al trabajo  ...and by islands I mean, del mismo autor.

Puede leerse desde este enlace.





1/9/17

The Monkey Shakespeare Simulator




Se ha hablado ya varias veces en Biblumliteraria de la posibilidad de crear texto mediante la fuerza bruta, es decir combinando letras hasta que, por azar, salga un texto complejo. El concepto estadístico fue popularizado a principios del siglo XX por Emile Borel al imaginar un enorme ejército de monos pulsando teclas en máquinas de escribir hasta dar con una copia exacta de una obra de Shakespeare.

Si bien, en teoría es posible, la probabilidad de que esto ocurra es tan baja que haría falta el tiempo de muchos universos completos para lograrlo. La demostración de esta dificultad se explica en este enlace, donde también se cuenta cómo la prueba real con monos se hizo, resultando que no escribieron ni siquiera una palabra y utilizaron los ordenadores como retrete.

Entre los años 2003 y 2005, Nick Hoggard creó un proyecto - The Monkey Shakespeare Simulator - que combinaba letras a alta velocidad en una red de ordenadores para ver si aparecía un texto del escritor inglés. No era pura fuerza bruta porque comparar cada combinación de letras con todas las obras de Shakespeare llevaba más tiempo que el generar los textos, por muy rápidos que fuesen los dispositivos. Pero era una buena aproximación.

Tras dos años de funcionamiento y unas 10 elevado a la 50 combinaciones probadas, apareció finalmente una frase de Shakespeare, concretamente los 24 primeros caracteres de la segunda parte de  su Enrique IV

Rumour:  open your ears

Otro programa similar de Dan Oliver había conseguido en el año 2004 la frase "Valentine: Cease to Idor" que aparece en "Los dos hidalgos de Verona".

The Monkey Shakespeare Simulator no está ya disponible on-line pero algo de él puede verse acudiendo a The Wayback machine que almacena "restos" de páginas webs de antaño. Si el enlace no lleva al archivo, llámese esta dirección: 

http://user.tninet.se/~ecf599g/aardasnails/java/Monkey/webpages/index.html 

desde The Wayback machine
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