domingo 7 de marzo de 2010

Skinput: Leer en el propio cuerpo

Los análisis sobre cuál será la pantalla del futuro (OLCD, Mirasol, e-ink, etc) están en boca de todos pero todas las tecnologías estudiadas implican disponer de un medio físico electrónico.

Skinput es una idea que aborda el problema desde una perspectiva muy diferente. En vez de utilizar una pantalla de las características que fueran, esta tecnología utiliza el propio cuerpo para proyectar sobre la piel el texto que se desea leer, las imágenes que se desean ver y los botones que pueden activarse. La novedad no está en proyectar una imagen sobre la piel (que finalmente actúa como otra pantalla cualquiera) sino que la propia piel se comporta como un touch-panel de modo que tocando los botones proyectados sobre nosotros mismos, el sistema reacciona como si fuera un teclado, un ratón o una pantalla táctil.

Para lograr este efecto, el usuario debe colocarse un brazalete en el brazo (similar a los maguitos para medir la presión de la sangre) que proyecta la imagen y, a la vez, detecta los movimientos de los músculos determinando qué zona de la piel se ha tocado (los músculos se mueven de manera diferente según sea el área movida por el dedo). Nada de pantallas ni de teléfonos para leer nuestra novela preferida. La mano será suficiente.


sábado 6 de marzo de 2010

Añoranza


La añoranza es muy puñetera. Parece un sentimiento menor que puede combatirse fácilmente con un poco de entretenimiento y algo de conversación. Pero, no. Es mucho más sibilina de lo que uno puede imaginarse porque sabe como aliarse con el azar para hurgar en los anhelos más profundos.

Se trata de un día cualquiera, con sus líos de trabajo y sus urgencias anodinas, cuando de pronto, sin sospecharlo, me hace caminar justo enfrente de ese restaurante italiano de manteles de cuadros, luz tenue y velita encendida sobre una botella vacía de Montepulciano. Y, entonces, apareces. Estás en la mesa y me sonríes. Me miras. Me llamas, y recuerdo cómo me aferraba a tu mano mientras charlábamos entre bocado y bocado. Sacudo la cabeza y pienso que ha sido tan sólo una casualidad. Soy un ingenuo. La nostalgia no se rinde. Con su magia hechicera me conduce, sin que yo me aperciba, a esa calle donde está la tienda de moda que tanto te gustó. Y mi mirada se detiene en sus escaparates y en las escaleras que acceden al piso superior, las que subimos mientras te abrazaba por la cintura. Y vuelves a aparecer, observando las prendas y preguntándome si te quedarían bien. Y me oigo decir que me encantan si a ti te gustan, que cualquier cosa que te pongas te sentará como la seda en tu cuerpo de diosa.

Es puñetera la añoranza. Y malvada. Será por eso que hoy la ciudad estaba llena del aroma de tu perfume, que me pareció verte en el parque, que escuché tu voz en la alameda, que volteé la cabeza una docena de veces llamándote. Será por eso que hoy tu imagen paseaba entre las paredes del museo que visitamos juntos. ¿Lo recuerdas? ¿recuerdas el patio andaluz repleto de porcelanas, la luz coralina de las marinas, las petunias del jardín? Sí, sé que todos dirán que estoy chiflado, que no estabas allí, que no mirabas los lienzos de blancos brillantes, los puertos de colores y las olas de acuarela, que te encontrabas a cientos de kilómetros. Sí, sé que dirán que estoy loco. Y, ¿sabes?, están en los cierto. Loco por ti. Al cabo, me he arrepentido de llamar malvada a la nostalgia y le he dado las gracias porque te ha traído en volandas por entre las nubes de los recuerdos.