9/3/13

Dormir mal






Soy un tipo extraño que se mueve contracorriente. Hoy me lo ha dicho mi doctor cuando le he visitado.
 
-        ¿Así que usted se despierta frecuentemente por la noche?- me ha preguntado.
-        Así es- le he contestado lacónicamente.
-        Le recetaré unas píldoras para dormir. – me ha replicado mientras tomaba el bloc de recetas y se colocaba sus gafas con parsimonia- Se me toma una pastilla de Sominex con la cena y...
-      Pero yo no quiero dormir más ni de seguido.- le he interrumpido.
-       Usted me ha dicho que no duerme bien- me ha mirado confundido, apartando las gafas de sus ojos.
-        Sí, pero eso me gusta.
-        ¿Le gusta? – me ha mirado, pensando si desviarme a la consulta del psicólogo.
 
Entonces, le he tenido que explicar que duermo contigo, a tu lado, cobijado en la seda de tu piel y el rumor dulce de tu respiración tranquila. Le he tenido que explicar- con cierto rubor- que te amo ciegamente y que nuestra cama es, a mis ojos, el edén del que hablan los libros antiguos. Le he contado cómo por las noches me despierto frecuentemente, a propósito, sólo para darme cuenta de que estás junto a mí, para sentir y volver a sentir la percepción de tu cuerpo, siempre nueva, siempre renacida, la adorable impresión del roce con tu pie, del abrazo a tu cintura entre la duermevela; para poder dibujar un beso casi inconsciente en tu espalda desnuda; para vivir la sensación de que estoy exactamente en el centro del universo y que me  sobra el resto completo del cosmos. Son sólo segundos, espléndidos y fascinantes instantes, antes de volver a caer en el sueño deseando volver a despertar sólo para sentirte una vez más y otra y otra.
 
El médico ha fruncido el ceño y me ha hecho salir. Los locos de amor, me ha dicho, le hacemos perder el tiempo.