2/5/16

La legión perdida


La Legión perdida (Planeta, 2016), de Santiago Posteguillo, es la novela que cierra la trilogía del autor sobre el emperador romano Trajano. Más de mil páginas, en una trama que salta continua y ágilmente entre cuatro imperios (el parto, el romano, el chino y el kushan), dos épocas (el sigo  antes de Cristo y el siglo II de nuestra era), tres continentes, la historia documentada y las hipótesis no probadas, así como entre varias historias interrelacionadas. Posteguillo aprovecha muchos de los capítulos para describir  la vida y las costumbres de los cuatro reinos.

Capítulos muy cortos, muy dinámicos, casi escritos como crónica periodística, que informan sobre batallas, contubernios, amoríos, intrigas, ingeniería militar, corrupciones y confabulaciones políticas. Gran énfasis en los diálogos. Aunque los saltos temporales y narrativos son constantes, el lector queda enganchado rápidamente porque La Legión perdida se hace muy fácil de leer, por la vertiginosa acción y la novedad casi continua de cada página, al variar tanto los escenarios y las acciones. Posteguillo dosifica bien la terminación de cada capítulo para que deseemos saber qué ocurre después. Aunque la novela está bien documentada (la prueba de ello son los amplios apéndices finales), no pienso que sea el rigor histórico el objetivo de la misma. Para empezar, el hilo conductor, “la legión perdida”, la legión de Craso supuestamente hecha prisionera por los partos y llevada al este a luchar contra los chinos, es un elemento no probado y tampoco original pues ya se ha tratado en trabajos anteriores de una manera u otra, desde Manfredi hasta Ben Kane . Pero, realmente, esto no importa porque el lector no desea leer un ensayo histórico sino dejarse atrapar en una historia de aventuras de las de toda la vida, de ritmo trepidante. El autor hace su propia selección de héroes (Trajano, Quieto, Marcio,  …) y villanos (Adriano- en contra de la imagen literaria que Yourcenar nos había transmitido- , Osroes,..) en la más pura tradición de las aventuras clásicas, porque, además, los malos son malos de verdad.

Amena.