14/5/26

La Mare de Déu de l'Alba

 



Catorce de mayo. La luz no pide permiso,

entra igual que siempre, como si no hubiera nada.

Y, sin embargo, la mañana trae de improviso

tu nombre escrito en el azul de la madrugada.


No sé qué hace el tiempo con ciertas heridas viejas.

Las cubre, las mueve, las enseña a no doler.

Pero hay fechas que vuelven preñadas de sus quejas, 

            reclamando lo que entonces nunca llegó a ser.             


La Madre de Dios al Alba. Tañen las campanas

cada catorce de mayo, cada primavera. 

Sería tu santo. Nuestras bocas muy cercanas. 

Luego te abrazaría, solos en la ribera.


No es que te busque. Es que el día te invoca,

ajeno al desconsuelo que trae lo que pronuncia.

Dice alba y me llega a la garganta, a la boca,

ese silencio tuyo que la desgracia anuncia.


Alba. Cuatro letras. Alba, amor, amor eterno.

Qué injusto es Dios, ¡qué injusto!. Qué injusta es la vida.

Será un día triste sin tu beso suave, tierno,

recordando que faltas, que abierta está la herida.

 

La Madre de Dios lleva hoy tu nombre.

No es extraño que estés allá en el cielo.


Tengo ganas de verte.


Siempre.






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