domingo 7 de junio de 2009

Los días en que no estás



Los días en que no estás, no sé por qué será, parecen más largos. No es únicamente tu presencia lo que falta. Parece como si te llevaras contigo todas esas pequeñas cosas que hacen alegre una mañana. O una tarde. O una noche. Sobre todo eso, una velada calma y cómplice, de conversaciones quedas y silencios largos. Te llevas el entorno y el hechizo, como si pudieses arrancar el color de un lienzo y quedara gris y monótono. No es de extrañar que prefieran marchar contigo a quedarse conmigo.

Cuando no estás, por ejemplo, puedo necesitar saber qué dirías sobre algún asunto que ha ocurrido y, cuando deseo preguntártelo, no estás. O me giro para verte por el placer de verte y, entonces, no hay dónde mirar y el mundo se me antoja triste. A veces, puedo desear oler tu perfume pero te lo has llevado en tu viaje. O buscar una excusa para acercarme y sentir tu magia intangible pero no hay lugar en el que hacerlo. En ocasiones, me enfrento a un problema y me gustaría cruzar mi mirada con la tuya para tomar aliento – sólo para eso- pero no estás y el problema se engrandece. Los días en que no estás presente, miro asiduamente el teléfono pero no suena. Me pregunto qué harás, pero es un ejercicio inútil de adivinación. Esas tardes estoy seguro de ser un idiota soñador.

Los días en que no estás, no sé por qué será, estoy inquieto. Temiendo que no me hayas añorado como yo te he extrañado a ti.


La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2009) de Stieg Larsson es la segunda parte de la trilogía Millenium que se inició con Los hombres que no amaban a las mujeres (http://biblumliteraria.blogspot.com/2009/04/los-hombres-que-amaban-las-mujeres.html).

Así como la primera parte destacaba por su trama inteligente, hábil y siempre interesante, esta segunda entrega es sensiblemente inferior. En principio, este libro pretende explicar muchos de los hechos del primero. Pero, sin embargo, en el primer tomo no echábamos de menos ninguna de estas explicaciones y en este segundo las explicaciones vuelven intrascendente la bien trenzada historia del primero.

Larsson parece tener que alargar la novela para completar 700 páginas como sea. Gran parte del inicio es un simple llenar hojas con personajes y situaciones que aportan muy poco al conjunto. ¿A qué viene el huracán inicial? La denuncia de la prostitución se convierte pronto en anecdótica. Incluso un personaje como la amiga china no acaba de tener un encaje en la historia (habrá que ver si tienen continuidad en la tercera entrega) a excepción de servir para salpicar la narración con escenas subidas de tono. En Los hombres que no amaban a las mujeres, el autor manejaba con notable destreza la intriga y el interés, con pistas no triviales y originales. Aquí, sin embargo, las pistas son muy manidas, obvias. Los hechos más importantes se nos cuentan varias veces dado que son varios los personajes que los relatan desde distintos puntos de vista. Y, sobre todo, esta segunda novela deja de lado el rigor y la verosimilitud de la primera para caer en un mar de portentos y personajes de telenovela: un mazinger malo, malo, tonto, tonto, insensible al dolor; una historieta de espías de la guerra fría; una Salander – que eclipsa ya totalmente al periodista Blomkvist- que pasa de ser una chica inteligente y asocial a ser una especie de superwoman invencible que incluso se salva tras ser enterrada viva; la crítica social deja paso a un enredo biográfico y de teleserie de Salander. Esta deja de ser un personaje entrañable, que despierta simpatía y admiración, para convertirse en una heroína sobrehumana e increíble.

Larsson tiene que llenar las 700 páginas y para ello echa mano con asiduidad de escenas sexuales que llaman al morbo del lector. En un momento de la novela, el autor critica a la prensa con la frase La combinación de una presunta asesina múltiple lesbiana con las sugerentes prácticas de sexo BDSM constituía, al parecer, un cóctel infalible para aumentar la tirada. Pues eso es exactamente lo que Larsson hace. Amén de algún comentario arrogante (la policía griega tortura, la sueca no).

A pesar de todo, es un libro que entretiene. La primera novela entretenía y hacía pensar. Esta sólo entretiene y, sobre todo en la segunda parte, lo hace muy correctamente.

Por cierto, ¿ya hay alguien de comportamiento convencional en Suecia?

Elección de la esposa de Abd-El-Malik

Elección de la esposa de Abd-El-Malik , del año 2000, (http://www.unav.es/digilab/proyectosenl/0001/final/esposas/) es un hipertexto realizado por Amaya Muruzábal como proyecto de fin de carrera de la asignatura Escritura no lineal de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Se trata de una adaptación sencilla de un cuento de Ángel Ganivet en el que el lector puede ir saltando de personaje en personaje a través de enlaces. El texto tiene la calidad del cuento inicial y el valor añadido de esta obra es que fragmenta la narración lineal en trozos que pueden ser leídos y unidos de muchas maneras de acuerdo a los enlaces que se elijan en cada momento. Aún así la destructuración es moderada con pocas opciones de enlace en cada paso, de modo que se mantiene el interés. Es una aplicación sencilla, con un interface plano.

viernes 5 de junio de 2009

Feria del libro de Madrid


Dentro de las sesiones de trabajo que vienen desarrollándose en la Feria del Libro de Madrid, hoy se clausuraron las jornadas sobre el libro digital. Ayer, en la mesa redonda moderada por Guillermo Altares, redactor jefe de Babelia, participaron Jesús Badenes, Ignacio Latasa, Luis Rodríguez y Toni Cantó. Para Badenes el libro digital acabará por implantarse pero se atrevió a afirmar que esto no ocurrirá a corto plazo. Quizá dentro de 20 años y aún así sin desplazar del todo al papel. Hoy en día, en los países más desarrollados y amantes de los gadgets como EEUU el libro digital no representa más del 0.6% de las ventas. Cantó indicó que su experiencia con el libro digital es muy positiva que su web de ventas de libros ha sido un éxito. Altares señaló que es absurdo intentar que el libro digital quede fuera de la Feria. Badenes indicó que, en cualquier caso, lo importante son los contenidos, no los soportes.

En la jornada de hoy día 5, moderada por Javier López Tazón, redactor jefe del suplemento Ariadna del diario El Mundo, han participado Lorenzo Silva, Pablo Odell, Javier Celata y Fernando Juárez. Odell se ha declarado ajeno a la polémica porque cree que los lectores eligirán uno u otro formato según su función y sus necesidades. Para Silva el libro es un soporte maduro y consolidado, cosa que no han conseguido el vinilo, la cinta de casette, el CD o incluso el DVD y por eso van desapareciendo con el tiempo. Respecto a los e-books manifestó que aún queda mucho camino especialmente en lo que respecta a la estandarización de criterios.

Para Celaya la gran aportación de los libros digitales será un mayor acceso a la cultura y al conocimiento y ha puesto como ejemplo a Amazon, que ofrece la posibilidad de que los lectores se recomienden títulos.

jueves 4 de junio de 2009

Papel vs. Pantalla


En una entrevista que publica El País (http://www.elpais.com/articulo/ultima/libro/papel/pervivira/durante/siglos/elpepiult/20090603elpepiult_2/Tes ), Eduardo Vilas - escritor y director del centro cultural Hotel Kafka (http://hotelkafka.com/ ) - afirma que “El libro perdurará durante siglos porque, entre otras cosas, el papel no envejece como soporte, a diferencia del resto, que ha de renovarse y adaptarse. Además, la gente, incluidos muchos jóvenes, mantiene una actitud afectiva con el libro como objeto que, por supuesto, no se da con un móvil o un ordenador”

El debate continúa aunque en mi opinión es un debate prematuro. La tecnología del libro digital está aún muy lejos de ser siquiera digno competidor. Lo estará, sin duda, pero faltan muchos años. En
http://biblumliteraria.blogspot.com/2009/02/e-paper.html y en http://biblumliteraria.blogspot.com/2008/10/e-plastic.html puede leerse acerca del estado de la técnica actual.

V Premio literario Ciutat de Vinaròs de Literatura digital.



El ayuntamiento de Vinaroz convoca el V Premio literario Ciutat de Vinaròs de Literatura digital. Estos premios quieren potenciar la creatividad de la literatura a través de las nuevas formas de escritura. Los premios se otorgarán a las mejores obras de creación literaria digital en las modalidades de Narrativa y de Poesía. También habrá una mención especial Vicent Ferrer Romero, para la mejor obra de literatura digital que utilice prioritariamente la lengua catalana. Las bases pueden verse en www.vinaros.es/documentos/673.doc .


miércoles 3 de junio de 2009

Murmuring insects

Murmuring insects
(http://www.poemsthatgo.com/gallery/fall2001/murmuring/launch.htm# ) de Otagaki Rengetsu & Ingrid Ankerson es una obra poética interesante que combina sonidos, voces y textos animados.

Son textos brevísimos, quizá de poco valor literario vistos aisladamente, pero que en el conjunto multimedia adquieren valor poético. Así “Tears like dew” (Lágrimas parecidas al rocío) es una frase quizá anodina pero que toma importancia en conjunción con el ojo triste que se visualiza y la conversión de la lágrima en luna. Un estilo artístico íntimo muy oriental.



Los 7 pecados capitales: la pereza



Teresa, en los cuarenta pero bien llevados, siempre había sido romántica. Compraba novelitas de esas que venden en el supermercado, de amores insólitos y amantes guapísimos, por menos de cinco euros. Era al mirar las naranjas y las berzas, la leche de soja – que, aunque odiaba su sabor, se esforzaba en tomar por aquello de que era sano- y el arroz, cuando sentía la necesidad de pasar por la estantería de los libros. No había muchos porque aquello era un súper de barrio pero siempre tenían un buen surtido de amoríos desdichados.

Por las tardes se tumbaba en el sillón del salón, envuelta en una bata vieja a la que tenía mucho cariño – regalo de una prima- y se enfrascaba en la lectura. Soñaba con que alguna vez llegara un príncipe como el de los relatos. Incluso, con que llegara un desvergonzado que sólo la quisiera por su dinero. Leía, pensaba, y por lo general acababa durmiéndose hasta que algún ruido de la calle la despertaba ya por la noche. Mejor así, pensaba, porque se saltaba la cena sin esfuerzo y eso ayudaba a su nunca bien controlada dieta.

No es que Teresa no conociera el amor. Había tenido un novio, diez años atrás, con el que la cosa fue bastante en serio. Pero era cansino. Aquello de estar pensando en él, en qué le gustaría, en cómo agradarle o en como fastidiarle (que, a veces, se lo merecía), el tener que quedar casi forzosamente al salir del trabajo. Aquello le cansaba. Después de unos meses no tuvo ánimo para continuar. Le pidió un tiempo para descansar. ¿Para descansar de nuestro amor?, preguntó él con cara de asombro. ¿Te canso?, dijo. En fin, que la cosa acabó mal y Teresa quedó sin fuerzas para volver a intentarlo. Recordaba que el día que él la telefoneó para decirle que deseaba cortar, ella suspiró, se tumbó en el sofá y se quedó dormida. Fue una de las noches en que mejor durmió. Qué tranquilidad, pensó.

Durante meses, sus amigas Pilar e Isabel le habían tentado para que saliera con ellas. Si no todas las tardes, al menos los jueves cuando iban a cenar a la marisquería del puerto deportivo que tenía la terraza más bonita de toda la ciudad. Luego, acababan en Tomeu’s, un pub donde había música en directo y se podía bailar en una pequeña pista alumbrada por luces giratorias de colores. Más de una vez estuvo tentada de acompañarlas. Las historias que Pilar contaba de un tal Andrés – no era posible que fuera tan bueno entre las sábanas- eran cautivadoras. No es que creyera en príncipes azules y mucho menos creía todo lo que Pilar contaba pero quizá asistiendo a aquellas veladas cayera un rayo de luz en su aburrida vida. Pero le costaba decidirse. Llegaba a su apartamento, se ponía cómoda, tomaba un libro, quizá una cerveza y se decía que más tarde las llamaría para quedar. Unas tardes se dormía. Otras, llegaba el momento y se angustiaba sólo de pensar que debería volver a vestirse, a maquillarse, a forzarse a estar divertida toda la noche. Se metía en la cama y seguía leyendo su libro. En las novelas, los galanes no precisaban de ese enorme esfuerzo. Venían, la tomaban a una tal como estuviese y le hacían el amor justo durante el tiempo que ella deseara, ni un minuto más ni un minuto menos.

Aquel día, sin embargo, Isabel se presentó en su casa y aseguró que no se iría de allá sin Teresa. Habló de algo de una fiesta en casa de alguien. No tuvo escapatoria. Se preparó y, una vez que se miró en el espejo, supo que lo había hecho muy bien.

Llegaron al lugar. Era en un restaurante que, aparentemente, se había cerrado para dar cobijo a los asistentes al evento. Un cumpleaños por lo que parecía. Los cincuenta de un tipo alto, de pelo canoso, sin gramo aparente de grasa y que olía a esas colonias que Teresa sabía estaban repletas de drogas que anulaban la voluntad de las mujeres. Tembló cuando él despreció su mano y en vez de dársela, la estrechó entre sus brazos y le dio dos besos en las mejillas. Como si fuera una amiga de toda la vida. Pablo, se llamaba. Encima, el muy canalla tenía unos ojos azules que parecían el Atlántico. Joder, pensó, ¿dónde habrá estado este hombre toda mi vida? Seguro que está casado felizmente o, cuando menos, casado seis veces infelizmente.

Estaban tomando un gin tonic, charlando de todo un poco, cuando él volvió a acercarse. Fue directo hacia ella.

- Teresa, ¿te gustaría bailar?

No supo bien cómo reaccionar. Las olas del mar de sus ojos la atraparon por unos segundos de tal modo que quedó como alelada. Si no hubiera sido por un codazo hábilmente propinado por Isabel en su cadera, podría haber estado en el limbo hasta que amaneciera.

- Sí, claro. Pero te aviso de que soy muy mala bailarina.
- Estoy seguro de que no es así – y el muy condenado le sonrió y la atrajo hacia sí.

Sus amigas la estarían buscando. Y los amigos de él le estarían buscando a él. Habían hablado mucho y resultó que no era sólo hermoso. Era inteligente y romántico. Una joya, pensó. Algo que si no te pasa no crees que pueda existir. Incluso llegó a mirar por si veía cámaras ocultas de esas que luego te sacan en la televisión para que todo el mundo vea lo mema que es una. Pero no había nada. Todo era real, increíblemente real.

La besó en la playa, junto a las rocas del espigón del norte. Hacía calor y el rumor de la marea baja sonaba rítmicamente. Ella respondió al beso pensando que, después de todo, las novelas del súper podían no ser tan fantasiosas. El beso fue largo, de esos en que los labios parecen saborear cada milímetro de la boca del otro. Teresa no acababa de creérselo pero lo disfrutaba. Estaba a punto de abrirle la blusa cuando una voz de hombre gritó desde atrás:

- ¡Pablo! ¡Ven aquí!, es tu fiesta y ahora tienes que soplar en el pastel – por la modulación de la voz y la sinusoide del caminar, estaba claro que los tres tipos que llegaban no se marcharían sin Pablo.
- Joder- murmuró él- lo siento tanto, Teresa. Pero estos pelmas no me van a dejar en paz. ¿Me esperas, por favor?
- Claro- contestó ella con una sonrisa.

Se sentó y encendió un cigarrillo. Pasó bastante rato. Las hormonas se habían apaciguado y las voces de los convidados quedaban lejanas. De pronto, le entró sueño y se percató de que la arena era negra y pegajosa y que iba a arruinarle los zapatos. Tendría que limpiarlos más tarde y eso era una tarea que no le gustaba nada.

Repasó la noche. Pablo, sus ojos, sus besos, su encanto. Luego la buscaría o, si los otros borrachines no le dejaban, mañana la llamaría. Pensó que tendría que limpiar mejor su casa por si él se quedaba alguna noche. Y tendría que dedicar más tiempo al maquillaje. Quizá incluso renovar el vestuario. Sí, los zapatos debía cambiarlos decididamente. Y los pantalones también. Pablo era un hombre elegante. Eso saltaba a la vista. Ella debía estar a la altura. Pensó en la peluquería. Una vez al mes ya no bastaría. ¿Quizá cada dos semanas? Y debería recomponer su agenda para pasar tiempo con él. Recordó la pasada relación, cuando era más joven. Se llamarían cada mañana para darse los buenos días, cada noche para darse las buenas noches. Buff, pensó. Aquello sí que era agobiante. Y si fallabas una vez, el otro se preocupaba. ¿qué habrá pasado? ¿por qué no llama?

Mas eso era antes. Se tranquilizó. Eran ya maduros, sensatos. No tendrían esa relación adolescente y agobiante. Eran independientes. Se verían de vez en cuando, sin ligaduras. Se abrumó porque eso se le antojó aún peor. Sería un sin vivir. Una llamada- Hola, qué tal, ¿quedamos esta noche?- y dejar todos los planes y ponerse a correr. ¡Uff! De estar relajada leyendo en el sofá a meterse en la ducha, arreglarse y salir pitando. O, incluso, ordenar la alcoba y la cocina si es que iba a venir. Y hasta buscar un búcaro donde poner las flores porque este tipo de caballeros siempre viene con flores.

Su mente buscó lo bueno de una relación. El amor, el sexo, el despertarse entrelazados en la cama. Joder. De eso no se había dado cuenta aún. Despertarse juntos, con el pelo alborotado y las axilas sudadas. Tener que hacerle el desayuno, no porque él fuese un machista sino por cortesía.

Estaba agotada de pensar en todo lo que debería hacer. Estaba abierta al amor, sí, pero le asustaba el esfuerzo que el amor supone. Le diría a Isabel que no le diera su teléfono a Pablo.

Pidió un taxi y se marchó a casa. Durmió diez horas.