jueves 7 de julio de 2011

Definitions


Definitions de Jon Fried es una breve aplicación interactiva que puede encuadrarse dentro del micro-relato. El interface es espartano, sencillo, con un único combo-box en que se puede elegir una palabra determinada. Al clikar sobre ella, aparece una definición que es algo más que sólo eso. Es, en muchos casos, una micro-historia. Así, en la entrada, "padres":


Mama sits. And Papa sits.
So alike. Yet opposites.


miércoles 6 de julio de 2011

Grammar Girl

Grammar Girl de Chris Funkhouser & Amy Hufnagel es un video poema en el que se combinan versos leídos, textos escritos e imágenes. Con la utilización de elementos muy diversos (cepillos, brochas, aire soplado, etc.) se descubren o tapan ciertas palabras dotándolas de una importancia puntual que- como si se tratara de ondas que se interfieren entre ellas- realzan o minorizan significados. Se crea así una estructura sinérgica entre los diferentes elementos del poema. En inglés.

martes 5 de julio de 2011

Biblioteca digital para Ipad en Indonesia

Gramedia es una biblioteca virtual de libros digitalizados que los editores de Indonesia han puesto en funcionamiento recientemente. No diferenciándose mucho de las que en otros países existen para contenidos digitales en general, esta destaca particularmente porque sus recursos están especializados y seleccionados sólo para la plataforma Ipad.

Se trata de un portal sencillo, que no permite grandes sofisticaciones y que dispone de un inventario bastante reducido de momento. Los precios son sensiblemente más bajos que los libros en papel. La web en sí de poco nos sirve aquí, estando en indonesio y conteniendo libros en ese idioma, pero sí puede ser válida la idea.

Desde Itunes puede accederse
aquí.


El regocijo de tus regresos




No hicimos nada especial. Así que la razón de por qué esas horas permanecerán siempre en mí debe estar en el embrujo de tu mirada, sí, en esa expresión que pones cuando las noches se vuelven mágicas y que brota de vez en cuando para mi disfrute. La ciudad estaba casi dormida. Había poca gente por la calle. La noche era agradable, aunque un tanto fresca para ti. Te cubrí con mi chaqueta mientras nos servían el café con leche y el gin tonic que compartimos. El camarero nos escrutó atento. Encendiste un cigarrillo. Te aseguraste que el móvil estaba cerrado. Las olitas mansas se arrastraban perezosas hacia la arena, como si les costara salir del regazo del mar. Se escuchaba el rumor del océano a nuestras espaldas. Siempre ocurre que, cuando nos envuelve el conjuro del hechizo, el escenario ayuda. Algún duende juguetón que trenza lazos entre nosotros, vistiendo bonito el ambiente a nuestro derredor.

Las farolas amarillas dibujaban chiribitas en tu pelo. Aquí y allá, algunos restaurantes echaban la persiana hasta el día siguiente. Mejor así. Más íntima la noche que nos amparaba. Nos robamos caricias en la terraza del bar. Es curiosa la fuerza que un simple roce de nuestras manos tiene. Condensa el universo, mil páginas de texto, todo lo que quisiera decirte y no me sale. Me gusta cuando tus dedos crean música en mi piel. Eres una intérprete delicada, suave, como esos pianistas que parecen deslizar las manos sobre el teclado sin que parezca que pulsan las teclas. Mi piel es el piano- poco afinado y solitario, sin ti-; tus dedos son los que arrancan vibraciones de mi cuerpo que seguro que hasta pueden escucharse, ese sonido nítido y cristalino que me extasía.

Estabas hermosa, radiante, quizá porque aquella había sido una buena tarde. Me gusta cuando eres feliz, cuando crees en ti misma, cuando triunfas, cuando dejas que te venere, cuando permites que te sienta con los ojos, despacio, jugando a crear eternidades que luego el reloj arruina. Hablamos a ratos, callamos en otros, pero contigo el silencio tiene algo de musical también. Sobre todo, cuando pintas en tu cara esa sonrisa que – siempre te lo digo- sólo la muestras conmigo, cuando me haces alimentar la esperanza de que quizá estás enamorada. En esos momentos me gustaría regalarte la luna, la galaxia, un racimo de estrellas azules, pero comprendo de pronto que el mundo que creamos juntos, así, cuando nos acercamos el uno al otro en confidencias, es mucho más grande que todo el universo entero, que me basta con esa caricia que me das, con esa sonrisa que es sólo para mí, con esa mirada que es más profunda que cualquier escáner, con ese te quiero que me dices, para que me sienta un coloso. Luego, las cuadernas del navío común temblaron ligeramente, bajaste la vista y dijiste, en una súplica que no lo era, tímida pero firmemente:

- Soy así, no me asfixies, deja que me pierda de tanto en cuanto.

Seré feliz con tus intermitencias porque me traen repetidamente el regocijo de tus regresos.






lunes 4 de julio de 2011

Curso de verano Josep Pla i el món digital

La cátedra Josep Pla organiza para hoy, mañana y pasado, un curso de verano titulado Josep Pla i el Món Digital que se impartirá en la Fundación Josep Pla en Gerona. Entre las conferencias que se anuncian, se proponen algunas tan interesantes como Del dietari al bloc: el meu quadern gris, Del web 2.0 a la realitat augmentada, passant pel Twitter i la geolocalització ciutadana, La Ruta Josep Pla, un exemple de realitat augmentada, Literatura i món digital en l’ensenyament universitari o L'Obra Completa de Josep Pla: digitalització i impressió per encàrrec.



El accidente



Como tenía tiempo, decidió detenerse en la zona de descanso de la autopista para recargar combustible y para comer algo. Era un día caluroso, de esos de principios del estío con el sol del mediodía cayendo sin contemplaciones sobre los campos de la meseta. En las frondas de los árboles que rodeaban el área se amontonaban miles de pajarillos que piaban chillones hasta hacerse oír más que los motores de los automóviles que cruzaban a toda velocidad.

- 50 euros y el depósito sólo lleno en tres cuartos – pensó- a este paso, no vamos a poder viajar ni a la vuelta de la esquina.

Encontró un lugar bajo la tejavana, a la sombra. Precavido, dejó unas reducidas rendijas en las ventanillas para que el aire pudiera correr y la temperatura del interior no subiera demasiado. Tenía un buen coche. Un Volvo 790, gris metalizado, del que estaba muy orgulloso y al que cuidaba con mucho celo. Un coche seguro, que no consumía en exceso y que era cómodo para viajes largos. Cerró y subió al restaurante. Estaba bastante lleno. Un grupo de chicos americanos a los que un autobús esperaba en el aparcamiento. Todos en chancletas y ropa deportiva. Un par de profesores, ambos calvos y regordetes, intentaban que sus conversaciones no fueran especialmente ruidosas.

Pidió el menú del día. Unos canelones y una pechuga de pollo que la camarera le vistió con unas verduritas y un poco de puré de patata. Compró una botella de agua fría y tomó dos panecillos. Comió a gusto. Llevaba toda la mañana circulando y apenas había desayunado. Estaba hambriento y aquel almuerzo no estaba mal. Le prestaron un periódico que hojeó desganado y, hacia las tres, decidió reemprender la ruta. Bajó y, como había previsto, el coche no se había calentado mucho gracias a la corriente. Puso en marcha el aire acondicionado y arrancó.

Había comido demasiado. Lo notó enseguida cuando, entre el resol que penetraba por el parabrisas y la pesadez de estómago, comenzó a entrarle una modorra que hacía que se le cerraran los ojos. Pensó que sería momentáneo, que se le pasaría en un par de minutos y abrió la ventanilla para espabilarse pero una vaharada de calor penetró en el auto. Cerró y volvió a sentir que los ojos se le cerraban. En otros tiempos, cuando era joven, hubiera resistido el sueño y hubiese continuado la ruta pero hacía unos cuatro años casi colisionado contra la mediana por hacerlo y, desde entonces, sabía que era mejor detenerse, echar una cabezada de diez minutos y continuar fresco. Sentía que las ganas de dormir le vencían pero no encontraba una zona de descanso y en medio de la autopista no podía pararse. Disminuyó la velocidad y volvió a abrir la ventanilla. Puso la radio a todo volumen. ¿Dónde había un desvió para detenerse? Joder, qué sueño tenía. Era consciente del peligro y en un par de instantes notó que los ojos se le cerraban pero reaccionó. Por fin, un par de minutos después, un cartel anunció que a un kilómetro podía parar. Respiró aliviado. Medio minuto después aparcó bajo un cedro, echó el freno de mano, dejó el motor en marcha para que el aire siguiese funcionando y se durmió casi instantáneamente.

Despertó sobresaltado. Miró el reloj y constató que había debido dormir por casi veinte minutos. Se frotó los ojos y se reacomodó en al asiento. La luz del día había cambiado, ya no era tan plana, tan brillante, como si se estuviese nublando. No vio nubes pero pensó que pronto habría tormenta. Algo normal en la época por otro lado Estaba un poco aturdido, como cuando uno duerme pesadamente una siesta a destiempo.

Arrancó y enseguida volvió a tomar el control de la situación y aceleró hasta los 140 por hora. Sí, más que lo permitido pero sabía dónde estaban los radares fijos y permanecía atento a cualquier coche aparcado en la cuneta que pudiera ser uno móvil.

Un rato después, no más de veinte minutos, se quedó sorprendido. Un gran cartel azul señalaba que su destino estaba a cien kilómetros. ¿Ya? El restaurante de la autopista estaba a doscientos y en media hora no podía haber recorrido tanta distancia. Instintivamente, miró el cinemómetro. Quizá había pisado más de la cuenta sin darse cuenta. Pero no. Continuaba a ciento cuarenta y el control de velocidad mantenía correctamente el ritmo. Se extrañó. Cierto que había parado a dormir después de haber comido, quizá había recorrido muchas decenas de kilómetros hasta encontrar el aparcamiento de descanso. Pero no lo recordaba. Debía haber conducido tan despistadamente, o medio dormido, que había perdido la noción de la distancia. Curiosamente, su primer miedo no fue el que podía haber sufrido un accidente sino el que se hubiera saltado algún radar y le llegara un recibito por correo. Tendría que decir a su mujer que no recogiera ninguna carta certificada aunque había oído que eso ya no servía, que te las pasaban hasta por SMS.

Cualquiera que fuese la razón por la que se había despistado, lo cierto es que estaba mucho más cerca de lo que pensaba y se alegró porque llegaría pronto y podría darse un baño tranquilo antes de la reunión.

Pero la alegría se le truncó un minuto después. Un coche de la policía con las luces azules destellantes estaba parado un poco más allá y un agente hacía gestos con las manos para que el tráfico redujese su velocidad. Unos carteles anunciaban que más adelante, a unos tres kilómetros, había ocurrido un accidente. Enseguida llegó al final del atasco. Conectó los cuatro intermitentes para avisar a los de atrás y fue parando hasta quedar detrás de una enorme fila que, en lo que podía ver, se extendía varios kilómetros por delante de él por la autopista.

Todo el tiempo ganado, lo perdió en el atasco. Avanzaban unos metros y volvían a pararse. A veces, se cambió de carril porque ya se sabe que, en un atasco, siempre parece que es el otro carril el que va más rápido. Pero no era cierto. Una hora después, empezaba a cansarse y a preguntarse si llegaría a tiempo al meeting. Desde luego, el baño pausado y relajante estaba ya olvidado.

Casi media hora después, hubo de pasarse al carril de la derecha. El tipo de atrás le tocó la bocina pero no había más remedio. Al parecer, habían abierto un carril. Al fondo, podía ver luces rojas de ambulancias. Debía haber sido un accidente grave. Poco a poco, fue acercándose al lugar de los hechos. Unos cientos de metros antes vio piezas desperdigadas por los carriles que permanecían cortados. Seguramente el accidentado había perdido el control y se había deslizado a gran velocidad durante mucho espacio, chocando y posiblemente girando sobre sí mismo. Mala cosa. De hecho, ya podía ver el amasijo de hierros al fondo. Humeaban y los bomberos aún estaban trabajando en apagar alguna cosa. Parte del capó estaba tirado sobre la cuneta. Se le habría soltado en alguno de los choques previos. Sintió una sensación desagradable cuando se percató de que las piezas eran gris plateado como su propio automóvil. Y, aunque dado el estado de las piezas, no podría asegurarse, podría jurar que eran de un Volvo. Avanzaba muy despacio, en medio de la larga fila, y abrió la ventana para fijarse mejor. Sí, definitivamente, era un volvo y estaba convencido que del mismo modelo que su vehículo. Estas cosas siempre inquietan y se sintió nervioso. Él pensaba que esto sólo les ocurría a los coches pequeños. Le tocó volver a parar justo al lado de dos operarios que limpiaban la calzada y esparcían arena sobre los restos de aceite.

- Se ha dormido el tío. – comentaban entre ellos- Ha dado cien mil vueltas. La Guardia Civil ha ido ahora a avisar a su familia. Vaya marrón.

Sintió que se le nublaba la vista, que se dormía, que no podía mantener los ojos abiertos y que su coche comenzaba a girar. Pegó un volantazo pensando que cómo era posible que el coche pudiera moverse así circulando a la velocidad de una tortuga. Se vio en el aire, dando cabezazos contra las paredes y el techo, notó que la sangre se le escapaba del pecho, sintió un fuerte dolor en el estómago y atinó a observar cómo su coche iba a caer exactamente sobre los restos que los bomberos trataban de apagar. Recordó brevemente que estaba buscando una zona de descanso para echar una cabezada. Un segundo después, se fundió con aquellos desechos y un abismo negro lo engulló.




Ebook Expo Tokyo



Del próximo jueves día 7 al sábado 9, se celebrará en Tokio la 15ª Feria Ebook Expo que es el mayor evento de este tipo en el sector del libro electrónico. No sólo será el foro donde se muestren todos los nuevos dispositivos lectores sino que habrá una serie de interesantes conferencias en torno al e-book con ponentes de Sony, Google o la Feria del libro de Frankfurt entre otros . Paralelamente, se celebra la feria "Licensing Japan" que pretende ser un punto de encuentro para todos aquellos que pretendan vender u obtener derechos de autor en el país nipón. Dado el temor que previsiblemente pueden tener muchos visitantes debido a los recientes terremotos, la organización está haciendo un visible y notable esfuerzo por asegurar que la seguridad está garantizada.







domingo 3 de julio de 2011

La conjetura de Borges



La editorial Anaya ha publicado el libro de relatos La conjetura de Borges que recoge once cuentos, entre los que se encuentra uno escrito por mí titulado El Club MacLaurin. Todos los relatos incorporan, de un modo u otro, una mención a las matemáticas. Puede adquirise on-line aquí.









viernes 1 de julio de 2011

Nativos digitales... ma non troppo


Hace algunos días se hacía público el informe PISA- ERA 2009, o Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (el acrónimo proviene del inglés) que tiene por objeto evaluar hasta si alumnos europeos que están terminando sus estudios básicos han adquirido algunos las habilidades necesarias para leer, entender y comunicarse. PISA‐ERA 2009 abarca el área de lectura, en formato digital, y ha sido diseñado, con pruebas específicas, para investigar la competencia de los alumnos en tareas que requieren el acceso, comprensión, valoración e integración de textos digitales en una amplia gama de contextos y tareas de lectura

Este año se ha evaluado la capacidad en lectura digital, es decir sobre dispositivos electrónicos (en el pasado informe se estudió la capacidad lectora sobre papel). De los resultados, lo primero que puede deducirse es que, en general y en todos los países, no hay grandes diferencias entre las capacidades en papel y en pantalla. Los que leen y entienden bien sobre papel, lo hacen también sobre pantalla con pequeñas desviaciones estadística y un acuerdo en los datos más que significativo. Esto parece indicar que el soporte no es tan importante como parece en ninguno de los sentidos. Ni parece que nos hace estúpidos como algunos gurús afirman, ni tampoco nos abre nuevas expectativas de conocimiento ni nos pone en un nivel superior.

Por otro lado, los resultados para nuestro país no son muy buenos. La comprensión lectora de textos electrónicos en la red de los chicos de 15 años en España es baja en comparación con otros países. De los 19 países que han participado en el estudio, España ocupa la posición 14. El líder es Corea del Sur cuyos adolescentes alcanzan una puntuación de 568 (mientras que en la lectura impresa alcanzaron una puntuación de 539) mientras que los españoles sólo alcanzan 475 (habían alcanzado 480 en la lectura sobre papel) y la media del estudio es de 499 en lectura digital. Mejor que nosotros están países como Australia, Nueva Zelanda, Japón, Suecia o Francia. Por debajo, Polonia, Austria o Chile entre otros. Los responsables ministeriales achacan estos resultados a la menor implantación de ordenadores en las aulas pero, como se ve, no difiere mucho de la comprensión lectora en papel lo que viene a indicar que no es tanto un asunto de medios o de soportes sino de cultura y formación genéricas.

Preocupante es también el hecho de que el 23% de los alumnos tiene un nivel bajo de comprensión. El estudio clasifica en 5 niveles la habilidad en este campo (desde el 1 de comprensión nula o el 2 de aprobado justito, hasta el 5 que es una comprensión elevada y con criterio) y el 48% se encuentra en las franjas 1 y 2, un resultado ciertamente malo. También se ha detectado que la comprensión empeora con los textos discontinuos.



Como media, en todos los países, las chicas empeoran sus resultados en lectura digital si se comparan con el papel mientras que los chicos igualan los resultados.

Como señalaba antes, me parece que se trata mucho más de un problema de educación y habilidad lectora general que digital o no. Para más información puede accederse a
este enlace o en este otro.