17/11/14

II Encuentro sobre Literatura y Ciencia





Mañana y pasado mañana se celebra en San Sebastián el II Encuentro sobre Literatura y Ciencia. Constará de talleres de trabajo por la mañana y conferencias públicas por la tarde. Los primeros se celebrarán, de 9 a 2,  en la sede del Centro de Física de Materiales y las segundas, de 6 a 9,  en la sala de Kutxa en la calle Andía.
 
Ponentes de los talleres son Jorge Wagensberg, de la Universidad de Barcelona; Ricardo Díez, del CSIC; Gustavo Schwartz, del CSIC; Amelia Gamoneda, de la Universidad de Salamanca; Itziar Laka, de la UPV; Emmanuel Lizcano, de la UNED; Clara Martín, de Ikerbasque; Rodrigo Quian, de la Universidad de Leicester; José M. Sánchez de la Autónoma de Madrid; y Jorge Volpi de la Universidad de Salamanca.
 
Por su parte, en las conferencias, tituladas como "Mestizajes", serán los mismos antes citados los que ofrecerán las ponencias de acuerdo a este programa.
 
Los talleres serán retransmitidos en directo.
 
 
 

CHESS






CHESS es el acrónimo de Cultural Heritage Experiences through Socio-personal interactions and Storytelling, un proyecto europeo, cofinanciado por la Comisión Europea, que pretende crear una aplicación de uso sencillo que permita generar historias a partir de fotografías, vídeos y experiencias creando historias interactivas. El objetivo inicial y principal es utilizar el sistema en museos y lugares culturales en los que el visitante podrá "superponer" realidad virtual y crear recorridos dirigidos por una historia que  haga la visita más interesante.

El proyecto es ambicioso porque intenta combinar en un todo integrado métodos de interaccion, realidad virtual, digital storytelling, diseño de módulos narrativos, etc.
 
Un vídeo explicativo:






 

16/11/14

Digital Literary Studies





El próximo mes de mayo del año 2015 se celebrará la Conferencia internacional titulada Digital Literary Studies, en la Universidad de Coimbra, concretamente los días 14 y 15 de dicho mes de mayo.
 
En este momento, se abre el plazo para enviar propuestas que serán después evaluadas por el comité técnico del evento para ser admitidas o no.
 
Los temas que, durante esta edición, se van a tratar son:
 
* Análisis literarios computacional (data mining, lectura a distancia, tratamiento de corpora, visualización de textos)
* Filología digital
* Generación automática de texto
* Textos cinéticos
* Enseñanza de la literatura en el entorno digital
 
 entre otros.
 
Para enviar propuestas, hay más información en este enlace. Hay plazo hasta finales de Enero-2015.


14/11/14

El cajero automático





La sucursal del banco que guarda mis pocos ahorros ocupa la esquina entre la Avenida Lucientes y la calle de Santa Marta, enfrente de mi casa. Es un edificio modernista, de seis plantas, cuatro de las cuales pertenecen a la institución. La jerarquía de la empresa se refleja en la organización. Arriba, tras varios controles de seguridad y un guardia de metro noventa con porra y esposas en el cinturón, están los despachos del Presidente y de los consejeros. Debajo los directores operativos departamentales como el siempre huraño director financiero y la más huraña- y temida- directora de personal. En el primer piso, empleados de diversa índole y el director de sucursal, un tipo que no me cae nada simpático. En la planta baja, la que da a la calle, las oficinas abiertas al público con una entrada doblemente encerrable por persianas para que, durante la noche, alguien pueda sacar dinero de los dos cajeros automáticos que la entidad pone a disposición de los clientes sin que pueda siquiera acercarse a las oficinas interiores.
No acudo mucho al banco pero hace cuatro semanas, un sábado, me encontré con que apenas tenía dinero en la billetera, de modo que decidí acercarme al cajero para sacar doscientos euros. Era ya un poco tarde, quizás las tres de la tarde y, a esa hora, por supuesto, todo estaba cerrado a cal y canto excepto la sala de expendedores automáticos.
Mientras introducía la tarjeta en la ranura me fijé en él.  En la repisa de uno de los cajeros había un vaso de plástico con una nota manuscrita y algunas monedas. La nota decía:
“Estoy desempleado y no tengo hogar. Este cajero me sirve para pasar la noche. Por favor, déjenme una ayuda y Dios se lo pagará”.
Lo curioso es que había monedas. Bastantes. En este mundo lleno de mangantes y sinvergüenzas, las personas que acudían a extraer dinero habían tenido la honestidad de no tomar lo que había en el vasito y, por el contrario, donar algo para el desconocido de la notita. O, quizá, todo fuera debido a que dos cámaras enormes colgadas del techo vigilaban hasta la respiración de los que entrábamos en el cubículo. Quién sabe si aquel dinero permanecería allí si aquellos ojos mecánicos no estuvieran observando.
Conté los billetes que el aparato me entregó y, antes de irme, releí la nota. Salí y aproveché para tomarme un café con un pastelito en la cafetería de enfrente, justo bajo el balcón de mi apartamento.
Por algún motivo, aquel vasito había despertado mi curiosidad. ¿Quién sería el alma que lo había puesto allá? ¿Lo haría cada día? ¿Desde cuándo? Deduje que sólo se atrevería a hacerlo durante los fines de semana porque en los laborables la mucha afluencia de público haría a buen seguro desaparecer la limosna en menos que canta un gallo. Durante el sábado y el domingo uno tiene que entrar en el local casi en exclusiva, sin que pueda despistarse entre la multitud que deambula por el banco, las cámaras graban en directo tu careto y debe dar reparo, de ser uno un potencial ladrón, o sea lo que somos todos, hurtar las monedas ante la vista del segurata fija en uno mismo.
Fue un impulso. No tenía nada que hacer y decidí espiar los movimientos del cajero y averiguar quién era el pobre desgraciado que dormía en aquel lugar. Lo tenía fácil, el banco cae justo enfrente de mi casa. Subí a mi apartamento, cerré los visillos dejando sólo una rendija apropiada, me senté con comodidad y tomé mis prismáticos. Me sentía en parte un imbécil, y en parte el inspector Poirot.
No pasaba mucha cosa, todo hay que decirlo. Era otoño, hacía frío y amenazaba lluvia. Eso había hecho que la gente se quedara en casa. Hacia las cinco, una señora entró en la sucursal. A través de la cristalera pude distinguir con mis catalejos lo que hacía. Sacó trescientos euros y puede incluso ver el código que marcó en el teclado. Lo cierto es que es más fácil robar de lo que se piensa. Cuando estaba tomando el recibo, abrió su monedero y echó unas monedas en el vasito, lo que me agradó. El menesteroso desconocido podría, por lo menos, comer un bocata caliente esta noche.
Tres cuartos de hora más tarde, entró una pareja. Mediana edad, discretamente vestidos, él con un paraguas grande en la mano y ella con un abrigo pasado de moda. La señora fue la que se encargó de usar la tarjeta mientras el caballero leía la nota del vasito y lo tomaba varias veces. Estuve convencido, en la distancia, de que tuvo la tentación de llevárselo pero ella terminó en ese momento de recoger el dinero y tiró de su brazo, quitándole la idea de un plumazo.
Otros dos hombres, jóvenes esta vez, pasaron por el cajero antes de las siete y ambos apenas prestaron atención al vaso. Uno, en un descuido, estuvo a punto de hacerlo caer y, al percatarse, volvió a colocarlo en el lugar. Ninguno de ambos dejó limosna.
No sé qué ocurrió de ocho y media a nueva y media porque el sopor y la calefacción me hicieron dar una cabezadita. Al despertar, no obstante, dirigí los prismáticos hacia la estantería y comprobé, con gozo, que el vasito seguía allá. Afortunadamente, la luz del banco permanecía siempre encendida de modo que no tenía problemas de visión. Era ya noche cerrada y supe que hacía frío cuando vi que la gente caminaba deprisa con el cuello del gabán levantado para cubrirse mejor el cuello y las orejas. Mi hombre debía estar a punto de llegar. O mujer.
Me lo imaginaba con un carrito y unos cartones. Suponía que entraría cuando ya sería tarde, extendería su cama maltrecha en una esquina y apoyaría sus pocas pertenencias contra la pared, justo donde había pegado un gran cartel de propaganda que prometía el regalo de doce copas de cristal de Orense si uno mantenía un saldo medio de cinco mil euros, sin duda un gran negocio… para el banco. Pensándolo mejor, supuse que el individuo que yacía por las noches en aquel cajero, tomaría primero las monedas del vasito e iría a comprarse algo de cena, quizá la única comida del día. Se duerme mejor con el estómago lleno. Me pregunté por la seguridad del pobre desgraciado. Dormir en el suelo, en una “habitación” en la que entra cada cierto tiempo un desconocido, sospechar en cada mirada una llamada a la policía o una patada o un navajazo, debe ser aterrador.
En la siguiente media hora entraron dos mujeres. Una de ellas cogió el vaso, volcó las monedas sobre su mano y las contó. Finalmente, volvió a depositarlas en el recipiente, no sé si porque le pareció poca cantidad para arriesgarse o porque su conciencia le dictó hacerlo.
A las diez, fui un rato a la cocina para prepararme un sándwich y, cuando regresé, la situación era la misma. El vaso seguía en su lugar.
No había contado con que el mendigo se acostara tan tarde pero, pensándolo bien, imaginé que reducía el riesgo de ser expulsado o de que alguien llamara a la policía si permanecía cuanto menos tiempo mejor en lo que era una propiedad privada. Supuse que era un canje de "sostenibilidad del hostal” –por así llamarlo- a cambio de pocas horas de sueño O quizá, justo aquel día, había recibido mayores limosnas y podía haberse pagado una pensión.
Divagué sobre el tipo. ¿Qué le habría conducido a esa situación? ¿Sería una desamparado de los de siempre? ¿Drogadicto, quizá? ¿O, por el contrario, uno de los muchos afectados por la crisis que, un día, de repente, se queda sin empleo y el banco- quizá este mismo- le embarga la casa? ¿Aparecería sólo o llevaría un niño? Se me revolvía el estómago de pensarlo. Yo allá, espiando y haciendo el gilipollas, mientras una criatura pasaba frío y hambre en la sucursal. Quizá debiera preparar unos bocadillos y bajárselos. Invitarlos a mi casa sobrepasaba mi capacidad de empatía y humanidad.
Dieron las doce. Lo cierto es que me caía de sueño pero la curiosidad podía más. Después de tantas horas vigilando el local, no iba ahora a ceder. Al cabo, al día siguiente era domingo y podría dormir tranquilo una vez que viera quién era mi misterioso invitado. Pasó un policía que miró de reojo el perímetro del banco. Más tarde, casi a la una, dos jóvenes de la alta sociedad si juzgamos por sus ropas de marca, entraron. No podía oír sus comentarios pero por los gestos estaba claro que se reían del vaso y del que lo había escrito allá. El caso es que, tras el cachondeo, dejaron unas monedas. El vasito, a lo que atisbaba a ver, estaba casi lleno. Imaginé que habría ya cerca de cincuenta euros. ¿Quién sería el individuo al que esperaba entre las sombras de mi salón?
Me quedé dormido y me desperté sobresaltado. Miré el reloj y eran las cuatro. Mierda, pensé. Estaba seguro que ya era tarde y que el tipo habría entrado y estaría ya dormido. Tomé los prismáticos, convencido de que ahora sólo vería un bulto en el suelo, y me llevé una sorpresa cuando observé que el vaso seguía en su lugar, más lleno que antes, sin rastro de ninguna persona. Extraño.
Me tomé un café. No estaba dispuesto a perderme la resolución del asunto. Aquel desconocido era pobre y trasnochador, pensé.
A las cinco, una sombra se acercó desde el otro extremo de la calle Santa Marta. Mis nervios se tensaron. Algo en mi interior me decía que era el hombre. En la oscuridad de la noche no podía distinguir todavía detalle alguno. Debía esperar a que se acercara a la luz del banco para poder ver al individuo. Caminaba decidido, sin temor. No llevaba ningún carrito ni ninguna bolsa, ni cartones ni mantas. Así pues, debía ser más pobre de lo que imaginaba. No tenía nada el pobre desgraciado.
Por fin, llegó junto a la cristalera y se detuvo ante la puerta. Dudé entonces de que fuera él. En realidad, el hombre vestía un abrigo negro que parecía de los buenos, llevaba guantes y una bufanda que me pareció de marca. Chasqueé la lengua con frustración. Debía ser uno más que buscaba sacar dinero del cajero, alguno que se habría quedado sin pasta en el casino o en los bares de copas que cierran tarde.

Ajusté el prismático y enfoqué a su cara. No puede evitar mi sorpresa. Era Elías Manjente, el director de la sucursal. Le conocía bien porque tuve una disputa con él a raíz de un crédito que no me concedió el muy capullo. Miré el reloj. Eran las cinco y cinco.
Manjente introdujo un código en el pequeño teclado de la entrada y, al instante, las lucecitas de las cámaras de seguridad se apagaron. Entró en la sucursal y fue directamente hacia el vaso. Sacó un sobre de su bolsillo. Tomó una a una las monedas y fue contándolas antes de introducirlas en el sobre. Luego, apuntó algo en una libreta y tecleó otra clave, esta vez en el cajero. Introdujo el sobre en él y pulsó otra tecla. Finalmente, volvió a activar las cámaras.
Noté claramente que sonreía cuando se giró para salir. Antes, colocó el vaso en posición y alisó la nota para que se viera bien.
Al salir, se frotó las manos enguantadas pero no me pareció que era por el frío sino de satisfacción.  Lo peor es que el café que me había tomado no iba a dejarme dormir.


12/11/14

Memorias de ti






Memorias de ti, de Félix Remírez (2014), es un poema digital programado en HTML5. Las estrofas (cuya versión estándar puede leerse aquí)  van apareciendo de manera fragmentada a medida que el lector mueve la barra de desplazamiento derecha. Es precisamente una metáfora de los recuerdos que surgen, vienen y van sin control, aparecen y se esfuman a medida que pasa el tiempo con el único punto común del amor sentido. Sentimientos surgidos en una noche en calma, en un puerto, con unas manos unidas, el sentimiento de lo pasado que no volverá y cuya atmósfera se evoca con las imágenes, los textos y el sonido.
 
La nueva versión en HTML5 funciona para PC en Edge y Chrome.

 
 
 

10/11/14

A global guide to the first world war



A global guide to the first world war es un documental interactivo producido por The Guardian y la British Academy en el que se combinan de manera efectiva y rica, videos, textos, sonidos, imágenes, mapas y entrevistas para lograr una visión completa de la primera Guerra Mundial. A lo largo de sus 7 capítulos, 10 especialistas de 10 países diferentes dan su punto de vista desde una perspectiva global. La interactividad es muy amplia y la información es interesante con películas poco vistas anteriormente.

Además, el documental puede disfrutarse en muchos idiomas: español, inglés, francés, alemán, italiano, árabe e hindi.

Puede accederse desde este enlace.

 

 
 






 



9/11/14

Insomnio






Durante un par de horas pensó que aquella sería una velada maravillosa, que se tomarían un par de gin tónics, que harían el amor y que luego se dormiría abrazado a ella. Lento de cintura, no lo vio venir. Será que la esperanza es lo último que se pierde.
-        Quiéreme menos- le dijo ella, desnuda bajo la sábana junto a él-, anda. A mí ya se me ha pasado todo. No te voy a mentir, sentí mucho pero fue por poco tiempo. Me pasa siempre así, no eres tú. Pero no puedo seguir con esto.
En estas circunstancias, el pobre tipo se derrumbó por dentro y mantuvo la frialdad por fuera. Poco más podía hacer. Es la actitud de los tiempos que corren. Uno se muestra comprensivo y conciliador mientras por dentro se caga en todos los reyes godos.
-        Nos veremos de tanto en cuánto, no te preocupes- ella le acarició la espalda-, podemos ir a un hotel de vez en cuando.
-        ¿Para charlar?, ¿para cenar?, ¿para acariciarte mientras vemos una película? ¿para cenar íntimamente con una  larga conversación?
-        Te puedo dar sexo, pero no me pidas más – le miró fríamente.
-        Ya.
-       Sabías que este momento llegaría. Seguiremos en contacto. Sólo que nos veremos menos, pero sigo siendo yo. No he cambiado. Seremos amigos. – le volvió a acariciar y le besó suavemente en los labios pero él los sintió helados.
-        ¿Despedida zen?- preguntó él.
-        Eres un tío estupendo, pero es lo que hay – ella se apretujó un poco más contra su espalda.
Fingió entereza y comprensión. Poco más podía hacer. Dijo alguna de esas frases preparadas que dicen los adultos y que significan justo lo contrario de lo que expresan.
-        Sí, lo entiendo, sobre todo quiero que seas feliz – dijo, mientras pensaba que todo era una auténtica mierda.
-        Sabía que lo entenderías- los ojos de ella tenían esas chispa de liberación que desespera al que la mira.
-        Venga, durmamos, seguro que mañana lo ves lógico, sabes que es lo más racional - ella apagó la luz y continuó acariciándole por unos minutos hasta que el vaivén de la mano cesó.
Durante la primera hora, dio cien vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. Luego, jugó a encontrar motivos en las pequeñas motas de luz que se filtraban por la persiana y se dibujaban en el techo. Más tarde, conectó los auriculares a la radio y comenzó a escuchar la primera emisora que sintonizó, con la esperanza de que el ronroneo de las voces le hiciera dormirse. El parte de la una de la madrugada le encontró llamándose a sí mismo gilipollas, exactamente el mayor gilipollas desde Ramsés III. Una locutora habló del último escándalo de corrupción y de la derrota del Elche. El parte de las dos le halló sollozando como una nenaza. Una locutora habló de la corrupción y de un golazo del Elche que, sin embargo, no había sido suficiente para empatar. Las señales horarias del parte de las tres le sorprendieron pensando en que le era imposible dejar de quererla, que ni podía imaginarse un futuro sin ella. Mencionaron que eran dieciocho millones de euros los malversados y describieron con detalle el juego de mediocampo del Elche. A las cuatro, justo después de que se levantara a orinar, el parte informativo le pilló mirándola entre las sombras de la noche, pensando que era hermosa y llamándose a sí mismo el mayor imbécil de la historia, sintiendo lo mismo que deben sentir las gotas de lluvia justo antes de estrellarse contra el cristal de una ventana. El último pitido que anunciaba el parte de las cinco, le encontró catalogando todos sus propios defectos porque, ya se sabe, en estos casos a uno le da por abrirse las heridas, culparse de todo y ensalzar a la diosa que se va. El Elche había perdido dos a uno. A las seis, el informativo le sumió en un dolor que sabía duraría una eternidad. El árbitro, el muy cabrón, había anulado un gol al Elche.
Se giró para verla de frente. Sintió una punzada profunda al ver su deseada silueta que quizá ya no disfrutaría más. Ella roncaba. Ligeramente, pero roncaba. No había parado de hacerlo en toda la noche. Se alegró de ello. Si hubiera estado tan despierta como él y compartido su desazón, quizá se hubiera llevado un disgusto sabiendo de la derrota del Elche.


7/11/14

Coloquio El Futuro del Libro y la Lectura




El próximo día 12, la  Universidad Nacional Autónoma de México, a través de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, el Instituto de Desarrollo Profesional para Libreros, A. C. (INDELI), el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. (ILLAC) y el grupo La Tertulia Editorial, organizan un coloquio sobre El Futuro del Libro y la Lectura. Tendrá lugar en la Casa Universitaria del Libro, Orizaba y Puebla, colonia Roma, México, Distrito Federal.
 
El programa es:
 
10:00 Apertura
Javier Martínez Ramírez (Director General de Publicaciones y Fomento Editorial).

10:15 Introducción al coloquio
Alejandro Zenker

10:30 Conferencia sobre el futuro de la lectura
Juan Domingo Argüelles
Presenta: Carlos Anaya Rosique

11:20 Pausa y Café

11:40 Mesa I El caos (primero fue la palabra)
Jesús Anaya Rosique
Alma Cázares Ruiz
Lourdes Epstein Cal y Mayor
Mauricio López Valdés
Modera: Carlos Anaya Rosique

13:40 Comida

16:00 Mesa II: Reordenando el hoy (entre realidad y utopía)
Arturo Ahmed Romero
Camilo Ayala Ochoa
Sofía de la Mora Campos
Xiluén Zenker de la Concha
Modera: Lourdes Epstein Cal y Mayor

18:00 Mesa III Vislumbrando el futuro (¿Muerte del libro? ¿El Apocalipsis?)
Carlos Anaya Rosique
César Augusto Pérez-Gamboa
Alejandro Ramírez Monroy
Alejandro Zenker

Modera: Arturo Ahmed Romero


6/11/14

10:01



10:01, de Lance Olson y Tim Guthrie, es un reato digital e hipertextual que puede ser navegado mediante un timeline o por los enlaces que se esconden tras las siluetas de los personajes. A medida que se va avanzando la historia, se muestran textos, imágenes, pequeños videos y existen enlaces a algunas webs exteriores, aunque algunos de estos enlaces están rotos.
 
Programado en Flash
 
 










5/11/14

Biblioteca virtual en el metro de Moscú





Desde hace aproximadamente un mes se está probando en el metro de Moscú un sistema de biblioteca virtual. De momento, está en pruebas en algunas de las estaciones más emblemáticas como las de Belorusskaya, Krasnye Vorota o Dinamo.
 
El sistema funciona en base a códigos QR mostrados en pósters que simulan librerías. Una vez que este código QR es leído por un dispositivo móvil ( IPhone, Ipad, Android o WinPhone), la obra seleccionada se descarga a dicho aparato. En el futuro los códigos QR estarán situados dentro de los mismos trenes. Paralelamente, un proyecto similar se está poniendo en marcha en 700 autobuses de la red de transporte público. Teniendo en cuanta que el metro es utilizado por unos 2500 millones de pasajeros al año, el potencial mercado de usuarios lectores es enorme.
 
De momento pueden descargarse un centenar de libros de la literatura clásica rusa con autores como Pushkin, Lermontov, Gogol, Chekhov y Bulgakov.
 
Parecida iniciativa es del metro de Bucarest en la que, asimismo mediante códigos QR, pueden leerse e-books en un proyecto patrocinado por Vodafone.
 
 

Nogales con berberechos





Mi relato Nogales con berberechos ha resultado finalista en la V edición del Certamen Literario de Cuentos Gastronómicos que organiza la Antigua Abacería de San Lorenzo, en Sevilla. En total, el jurado eligió nueve finalistas de entre un total de 63 obras presentadas.

La ganadora del certamen ha sido la gaditana María del Mar Braza con su relato “El sabor de los recuerdos", recayendo el segundo premio en el burgalés Jorge Saiz por su obra “De balde”.
 
Nogales con berberechos es una historia de amor adolescente surgido entre los fogones de una hacienda.