20/10/25

Poesie Elettroniche


 

Poesie Elettroniche, de Fabrizio Venerandi, es un lector de EPUB3 que muestra  versos poéticos. Está dividido en cuatro secciones, cada una compuesta por diez poemas. 

La primera sección, Poemas Ocultos, permite al lector descubrir palabras o frases ocultas al tocar o hacer clic sobre ellas. Cada vez que aparece una parte del texto, otra se oscurece, de modo que nunca es posible leer el poema completo de una sola vez. 

La segunda sección, Poemas Temporales, está formada por composiciones que “florecen” durante la noche —como el jazmín nocturno—. Durante el día  se muestra sólo un solo verso pero por la noche florece, revelando nuevas estrofas y versos.

En la tercera parte, Poemas Iridiscentes, el lector puede descubrir un texto oculto al interactuar con las palabras, tocándolas o moviendo el cursor. 

En la sección Poemas Táctiles  se generan poemas ramificados al tocar una palabra madre de la que surgen otras palabras que el lector puede mover y reorganizar.

Puede utilizarse desde este enlace.






19/10/25

News Planet

 


News Planet es un interesante agregador gráfico de noticias publicadas en todo el mundo. Muestra el planeta en pseudo 3D y el usuario puede girar el globo y hacer zoom sobre cualquier zona para ver las ciudades que disponen de noticias.

Haciendo click en cualquiera de los puntos se abre una ventana lateral con las noticias seleccionadas del día sobre aquella ciudad, no necesariamente en periódicos del país correspondiente sino en medios de cualquier lugar.

Puede verse en este enlace.






14/10/25

Proliferación de artículos escritos con IA

 


En un reciente estudio publicado por la firma Graphite, se constata que la proliferación de artículos realizados con grandes modelos de lenguaje (LLM) es enorme en este momento. 

Mientras que en el año 2020, el 95% de los artículos publicados habían sido escritos por seres humanos, en el 2025, esa proporción se ha reducido a solamente el 52%. Es decir, casi la mitad de lo publicado se ha redactado por algoritmos, sin creación o esfuerzo de los investigadores. Y eso que en este año, ha bajado algo ya que en 2024, los artículos generados por máquinas sobrepasaron el 50%.

Fue con el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, cuando comenzó la producción de artículos generados por inteligencia artificial  y, desde entonces, ha crecido de forma explosiva,

La razón de este hecho es evidente. El dinero. Mientras que el coste humano puede variar entre 20 y 100€, el coste de un texto escrito por un LMM apenas alcanza unos céntimos de euro. 

Así, desde la aparición de modelos de lenguaje avanzados como ChatGPT, Claude y Gemini, muchas empresas han visto en estas herramientas una oportunidad para reducir costos y acelerar la producción de contenido. En lugar de invertir grandes sumas en redactores humanos, las organizaciones comenzaron a utilizar IA para crear artículos optimizados para buscadores, redes sociales y campañas publicitarias. 

La bajada en este año puede deberse a que la ola de los LLM ha pasado y, ahora, comenzamos a ver los déficits y poca calidad de muchos de los textos detectado.

Para realizar el estudio se analizaron unos 65,000 de artículos que se validaron con programas de detección de textos automáticos (esto implica que no hay certeza total de que el estudio baraje buenos datos ya que los programas de detección de IA fallan muy a menudo). Los datos en bruto para este estudio puede verse aquí.

Paralelamente, se han publicado informaciones de que hasta un 54% del contenido de Linkedin está siendo actualmente producido por LLMs. 

Son resultados muy preocupantes. 

Primero, porque la veracidad y profundidad de esos artículos "automáticos" queda en entredicho. Ciertamente, con una validación y corrección exhaustiva por un humano, podrían servir pero esto está por ver que se haga. Y, además, genera una explosión de problemas cuando el nuevo conocimiento publicado de esta manera sirve para entrenar nuevos modelos. 

Si las redes neuronales se entrenan con contenido generado por otras inteligencias artificiales, la calidad se degrada como cuando se fotocopia una fotocopia. Las ideas originales desaparecen. Todo converge hacia una uniformidad carente de nuevas ideas. Es como una bola de nieve: la basura producida hoy por la IA se convierte en los datos de entrenamiento de mañana, generando resultados aún peores, que luego vuelven a alimentar el ciclo.




12/10/25

¿Es posible que la IA cree auténtica literatura?

 


En el artículo Crear literatura es más que escribir (o los problemas de que la inteligencia artificial no pasee, ni sienta ni padezca), de Vicente Luis Mora y publicado en el último número de @cuadernos_hispanoamericanos, se analiza si la literatura escrita por la inteligencia artificial puede tener el mismo nivel de calidad y creatividad que la de un ser humano. Como se da a entender en su título, las  máquinas no tienen sentidos, no sienten el viento, el frío, el dolor, no pasean cruzándose con amigos, mirando a los ojos a otras máquinas, sólo computan. En estas condiciones de ausencia total de interactividad, ¿puede una máquina crear literatura de calidad?

El autor argumenta que la inteligencia artificial no puede crear literatura genuina debido a limitaciones fundamentales. 

Primero, la IA carece de acceso al inconsciente humano, fuente primaria de la imaginación creativa, que no es extraíble ni transferible a programas informáticos. Si las máquinas desarrollaran creatividad propia, esta sería tan radicalmente diferente que no podríamos reconocerla con nuestros parámetros.

Segundo, la IA es incapaz de romper reglas creativamente. Funciona como un "zombi literario" que redacta pero no escribe, produciendo variaciones reconocibles sin establecer un centro filosófico propio que organice la información. Carece de la capacidad de negarse o divergir inesperadamente de lo programado.

Tercero, la falta de sintiencia y experiencia corporal limita profundamente su capacidad creativa. La IA no percibe el mundo físicamente, no camina, no observa detalles casuales que detonan la imaginación literaria. Su conocimiento es puramente referencial, basado en textos, sin comprender matices emocionales o sensoriales de experiencias humanas básicas.

Cuarto, carece de memoria falible. La memoria humana es imperfecta y creativa, genera realidades alternativas y asociaciones afectivas con palabras específicas. La IA recupera datos con exactitud electrónica, sin el error químico que bendice la imaginación humana ni las resonancias personales que activan al escribir.

Quinto, la ausencia de finitud y conciencia de mortalidad elimina el impulso humano fundamental de crear para trascender. La IA no sufre, no teme, no busca dejar testimonio.

Finalmente, argumenta que preferimos la literatura humana por razones afectivas: la lectura implica una conexión íntima con la sensibilidad de otro ser humano. Los estudios demuestran que al detectar autoría artificial, los lectores desconectan emocionalmente. 

La obra de IA pierde su aura por falta de resonancia humana auténtica.  

El artículo puede leerse en este enlace o en este otro.

9/10/25

El exceso de publicaciones pueden ralentizar la ciencia

 



En un artículo publicado hace 4 años, Johan Chu y James Evans, de la Northwestern University y la Universidad de Chicago, publicaron un "paper", titulado Slowed canonical progress in large fields of science, en el que se analizaba cómo la publicación masiva de publicaciones científicas y la explosión de citas que la digitalización permite pueden estar ralentizando el conocimiento científico.

A mi entender, este artículo es más relevante que nunca ahora mismo, cuando la IA permite "engordar" los artículos con cientos de citas o centrarse, para aumentar las posibilidades de ser publicado, en vías de investigación muy trilladas pero similares. La gran pregunta es: ¿este crecimiento cuantitativo realmente impulsa el progreso científico o lo está frenando?

En el "paper" se analizaron mil ochocientos millones de citas en más de 90 millones de artículos y 241 campos de investigación, lo que ofrece una visión estadística más que relevante.  La conclusión es que en las campos de la ciencia con más actividad investigadora, donde lógicamente se publican más "papers", las nuevas ideas destacan por su ausencia y los textos que no encajan en lo que podríamos denominar el "mainstream", tienen menos probabilidades de publicarse y ser tenidos en cuenta. Así, los artículos tienden a citar cada vez más a los mismos trabajos consagrados, en una constante repetición de ideas que dejan fuera lo que de verdad debiera ser la ciencia: la creación de nuevos conceptos. La originalidad queda postergada a la simple cantidad.

El sistema editorial científico "exige" que los autores citen todo lo existente en el campo, algo que manualmente es casi imposible de realizar y que con la ayuda de técnicas digitales es más sencillo, de ahí su masivo uso. Un uso repetitivo y dependiente de cómo esos buscadores digitales se hayan programado o entrenado. Los nuevos trabajos difícilmente logran la masa crítica de atención para desplazar ideas establecidas.

Igualmente, la valoración de los científicos y su carrera profesional en universidades, instituciones o centros de investigación se determina por el número de publicaciones que hayan realizado y no por la creación de conocimiento. Algo que resulta nocivo para el avance de la investigación. 

Los autores concluyen que este "diluvio" de publicaciones no dan como resultado nuevos hallazgos sin la "osificación del canon establecido".

Así, paradójicamente, cuanta más investigación se publica, menos ideas novedosas y disruptivas existen.  

El artículo completo puede leerse en este enlace.



8/10/25

Arte, literatura y deshumanización

 


Arte, Literatura y deshumanización es el título elegido de una serie de tertulias que tratarán sobre cómo la inteligencia artificial y el Big Data ejercen una gran influencia en la forma en cómo se crea y se consume el arte, sea en el cine, la literatura o las música mediante difusión cibernética y algoritmos digitales.  Y este ciclo de conferenciase se hace coincidir con el centésimo aniversario de la publicación del ensayo de José Ortega y Gasset La deshumanización del arte. 

Organizado por el Centro Andaluz de las Letras, este programa se desarrollará en Cádiz, Sevilla, Granada, Córdoba, Huelva y Málaga, los días 8, 9, 12 y 13 de octubre de 2025,  y está coordinado por Vicente Luis Mora y Juan Martín Prada. Los diálogos analizarán cómo en la narrativa contemporánea tienen gran influencia lo digital y la IA.

Las personas invitadas y los temas concretos de cada tertulia pueden verse en este enlace.



Humanités numériques, IA et recherche en Sciences Humaines et Sociales

 


Se ha publicado el sexto volumen de la revista marroquí Linguistique et Référentiels Interculturels titulado Humanités numériques, IA et recherche en Sciences Humaines et Sociales.

Esta revista está dedicada a  los estudios pertenecientes al ámbito de la lingüística en todas sus disciplinas, y se centra en los aspectos empíricos y teóricos de las investigaciones recientes e innovadoras sobre las lenguas y los lenguajes, sin olvidar la interculturalidad, la didáctica de las lenguas, la antropología, la sociología, la literatura, la traducción, entre otros.

El número está coordinado por Moulay Abdelaziz SABTI et Noureddine SAMLAK.

El índice de los artículos contenidos en esta entrega de la revista es:


* Editorial par My Abdelaziz SABTI et Noureddine SAMLAK

Moulay Abdelaziz SABTI; Noureddine SAMLAK

* LES HUMANITES NUMERIQUES : UN CONCEPT MITIGE

Hanaa AIT KAIKAI

* LES HUMANITES NUMERIQUES EN QUESTION : ENTRE MARCHANDISATION DU SAVOIR ET QUETE DE SENS

Mouna TAMAGOUNT

* ENSEIGNEMENT ET PENSEE CRITIQUE A L’ERE DU NUMERIQUE

Yassine HIROUAL

* REPENSER L’ENSEIGNEMENT A L’ERE DE L’IA : DEFIS ETHIQUES, OPPORTUNITES PEDAGOGIQUES ET CADRES D’INTEGRATION 

Touria BADOUI

* L'IMPACT DE L'INTELLIGENCE ARTIFICIELLE SUR LE DEVELOPPEMENT DES SOFT SKILLS DANS LES HUMANITES NUMERIQUES : ENJEUX ET OPPORTUNITES

Jaouad ELKHALLADI, Abdelaziz LAKHMOUR, Soufiane DAHBI

* HUMANITE NUMERIQUE A L’UNIVERSITE IBN TOFAÏL : ETUDE DE CAS DE SON INTEGRATION PROGRESSIVE DANS L’ENSEIGNEMENT SUPERIEUR MAROCAIN

Saâd SOUFIANI, Rachid ISEKSIOUI

* LES ENSEIGNANTS DU SUPÉRIEUR À L’ÈRE DE L’HYBRIDATION : DE LA PERCEPTION À LA PRATIQUE 

Houda TAHESSE, Mostafa BOUANANI, Kostanca CUKO

* USAGES DES TIC ET ACCOMPAGNEMENT PEDAGOGIQUE A L’UNIVERSITE MAROCAINE : CAS DU CYCLE DOCTORAL

Hassna BARAKATE

* ANALYSE DE LA MEDIATION TECHNOPEDAGOGIQUE D’UN COURS DE THERMODYNAMIQUE EN MODE HYBRIDE

Said MACHWATE, Achraf AHMINI, Rachid BENDAOUD, Khalid BERRADA

* POUR UNE COHERENCE INTEGREE DE LA PEDAGOGIE, DU CONTENU ET DE LA TECHNOLOGIE DANS LES PRATIQUES D’ENSEIGNEMENT DES « DIGITAL SKILLS » EN CONTEXTE UNIVERSITAIRE

Mohamed ELHARITI, Samira BEZZARI

* HUMANITES NUMERIQUES ET DIDACTIQUE DU FLE A L’UNIVERSITE MAROCAINE : DEFIS ET PERSPECTIVES 

Noura CHBANI; Noureddine SAMLAK

* VERS UNE APPROCHE NUMÉRIQUE DE LA COMPRÉHENSION ORALE EN CLASSE DE FRANÇAIS

Najia GHANDOUR

* LA PERSPECTIVE INTERCULTURELLE AUGMENTÉE PAR L’IA, EN CLASSE DE FRANÇAIS AU CYCLE SECONDAIRE

Hamid TAOUBANE; Noureddine SAMLAK

* LA LITTÉRATURE ET LE NUMÉRIQUE : UNE MUTATION MITIGÉE

Mounir AZEROUAL

* LEXICOMETRIE ET CORPUS DISCIPLINAIRE EN SCIENCES DU LANGAGE : METHODOLOGIE D’EXTRACTION DES SAVOIRS SPECIALISES 

Saad LAABICHI, Malika BAHMAD

* VERS UN CHOIX DE MODÈLE DE LANGAGE DE TYPE LLMS POUR LA GÉNÉRATION DE NOUVELLES EN ARABE : ANALYSE COMPARATIVE ET CRITÈRES DE SÉLECTION

Moulay Abdelaziz SABTI, Maria BOUNNIT

* IMPACT DES ALGORITHMES DE RECOMMANDATION SUR LES PERCEPTIONS CULTURELLES DANS L’ENVIRONNEMENT NUMERIQUE

Chouaib MASDAN, Ouafae BENZINA

* LA CONSTRUCTION DU FILTRE PHONOLOGIQUE : L’ELAGAGE SYNAPTIQUE

Laila KHATEF

* QUELLES SPÉCIFITÉS LEXICALES, GRAMMATICALES ET TEXTUELLES DU TECHNOLECTE DIÉTÉTIQUE ?

Salma ZAHID, Zohra TERRADA


 

El ISSN es 2658-9206.

Más información en este enlace.








7/10/25

Blackout Poetry Tool

 


Blackout Poetry Tool, de Jazer Chand , es un juego poético en el que se muestra un texto inicial y pueden elegirse palabras determinadas. Una vez seleccionadas, todo el resto del texto desaparece y obtenemos una frase que puede ser un verso poético dependiendo del acierto y gusto del lector o bien del azar.

Hay 5 maneras de seleccionar las palabras:

  • El lector elige motu propio todas las palabras
  • El ordenador elige las palabras
  • Ambos, lector y ordenador, eligen palabras
  • El ordenador sugiere qué palabras elegir pero la decisión es del usuario.
  • El ordenador selecciona palabras siguiendo una curva sinusoidal de arriba a abajo del texto.

El texto sobre el que se realiza la selección cambia con cada arranque.

Puede ejecutarse desde este enlace.






Incubateur de littérature numérique

 


Mañana, día 8, se celebra el webseminario Incubateur de littérature numérique que será transmitido entre las 12:00 y las 14:00 horas. Es preciso registrarse de antemano. El evento es gratuito. El impreso para registrase se encuentra en este enlace.

Este seminario, dedicado a la literatura digital , es el evento inaugural del grupo Incubadora de Literatura Digital (ILINU), organizado por TOPO (Montreal).

ILINU es un programa virtual de formación, creación y difusión que apoya a escritores, artistas y programadores de la Francofonía canadiense en sus exploraciones de las prácticas literarias digitales. 

Tras la presentación de los socios de ILINU, se realizará una mesa redonda sobre sus respectivas misiones y desafíos.  El encuentro también se abrirá con "Ten Strings on Digital Literature", una conversación entre Michel Lefebvre (TOPO), Paul Bossé (NB) y el escritor Daniel Canty (QC), en la que se plantearán diez preguntas esenciales sobre qué es (o no es) la literatura digital.

Los socios que presentarán sus temas son: 

  • Jessie Dumais, de la Federación Cultural Canadiense Francesa FCCF (ON)
  • Piedad Sáenz del Regroupement des éditeurs franco-canadiens REFC (ON)
  • Sawsan Borges da Moura del Centro Francófono de Artes Mediáticas de Toronto Le Labo (ON)
  • Ariane Savoie del Festival Frye (NB)
  • Bertrand Nayet de la Association des auteur-e-s du Manitoba français AAMF (MB)
  • Véronique Paradis de la Sociedad SAT para las Artes y la Tecnología (QC)
  • Sébastien Lord-Emard de la revista acadiana de creación literaria Ancrages (NB)


6/10/25

(DES)CONEXÃO

 


(DES)CONEXÃO [Des-conexión], del grupo portugués wr3ad1ngd1g1t5 (Ana Gago, Diogo Marques, João Santa Cruz), es un artefacto ciberpoético que analiza la forma en cómo cambia la percepción literaria mediante el uso de tecnologías digitales. En la elaboración de los elementos multimedia participa el artista Pedro Ferreira. Es una obra de 2018 que originalmente se presentaba como performance presencial. Posteriormente, se tradujo a un sitio web.

Comenzando por un círculo de opciones, el lector debe descubrir hasta 32 contenidos diferentes divididos en 12 en doce categorías y 4 colores distintos. Tiene banda sonora también. La interactividad con el usuario es amplia. Las componentes visuales son más importantes que las literarias.

La narración hace uso de alegorías alquímicas para poner en perspectiva dos experiencias aparentemente opuestas del tiempo —la de la piedra filosofal medieval y la de lo digital contemporáneo. Así, en la exploración, encontramos imágenes, textos, hipertextos, videos, animaciones, textos animados y enlaces a redes sociales. Se trata de un proyecto artístico colaborativo que combina interacciones físicas y virtuales, medios analógicos y digitales, principios míticos y científicos.

Está programado en HTML5 y JavaScript.

Puede accederse desde este enlace.










5/10/25

Débora

 


El calor en Barrineda, una villa pequeña del interior en una de esas provincias mesetarias de las que nadie se acuerda en las grandes urbes, era implacable. Las calles estaban polvorientas y las sombras eran escasas. El verano había llegado con una furia que parecía castigar a sus habitantes por pecados ancestrales que nadie conocía. El cura Federico, cuya estampa pertenecía más a siglos pasados que al actual, lo decía siempre con una voz que estaba entre la resignación y la amenaza bíblica: “Hemos de pagar por el pecado original. Hemos de hacerlo. Culpa de Adán y Eva”, repetía con inútil perseverancia, mientras que sus feligreses pensaban que la causa eran la escasez de lluvias y la casi desaparición del cercano bosque de San Esteban que el Gobierno, una administración lejana y casi desconocida, había decidido talar para exportar madera a otros países. 

En el barrio de San Vicente, de casas bajas y veredas agrietadas, el sol quemaba el asfalto y el aire acondicionado de las pocas familias que podían costearlo se apagaba cada dos por tres por los cortes de energía. Los ventiladores zumbaban inútilmente, y el malhumor se esparcía como un virus entre los vecinos. 

En una de esas casas, en la esquina de la calle Sarmiento, vivía Débora, una mujer de unos cuarenta y cinco años, fuerte pero cansada, con la piel curtida por el sol y años de criar en soledad a sus dos hijos.

Débora era la esposa de Hernán, un camionero que pasaba más tiempo en la ruta que en casa. Hernán era una figura casi mítica en el barrio: alto, carismático, con una risa que resonaba en las reuniones y una habilidad para contar historias que le hacían simpático. Hablaba varios idiomas, regalo de sus viajes con el camión a Polonia y Hungría, podría decirse que era un tipo con mundo. Pero, también era un hombre ausente. 

Sus viajes lo mantenían lejos meses enteros, y aunque siempre prometía volver y encontrar un empleo más estable, nunca cumplía. Conducía a lugares que Débora no podía imaginar. Cuando volvía, traía historias que sonaban a mentira. Luego se iba otra vez. Los vecinos murmuraban cosas, pero los vecinos siempre murmuraban y Débora había dejado de escuchar. Ella, se limitaba a esperarlo, como siempre, con una mezcla de cariño desvaído y resentimiento. Siendo honestos, ya no lo esperaba a él. Lo que echaba de menos era el amor que hubo antaño, si es que lo hubo. Muchas veces pensaba que daba igual quién le diera cariño, intimidad y complicidad. Si no fuese él tanto daría, porque Hernán era tan sólo una memoria antigua y vacía de significado. Los vecinos quizá pensaran que Hernán tenía otra vida en alguna otra ciudad, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta. Ella, en el fondo, lo sospechaba, pero no sabía si le importaba. ¿Era posible revertir los estragos del tiempo?

Ese verano, los cortes de luz eran más frecuentes que nunca. El aire acondicionado de la casa de Débora, un aparato portátil, viejo y ruidoso, que Hernán había comprado en una oferta hacía años, se apagaba cada vez que la red colapsaba. El calor se colaba por las ventanas, y los chicos, Lucas de diecisiete y Sofía de quince, se quejaban a todas horas. Débora intentaba mantener la calma, pero los nervios estaban a flor de piel. Cuando la corriente se cortaba, abría las ventanas de habitaciones opuestas y rezaba para que corriese algo de aire. El barrio entero parecía al borde de un estallido: los perros ladraban sin parar, los chicos jugaban en la calle hasta tarde, y las discusiones entre vecinos por el ruido o el espacio en la vereda eran cada vez más comunes. 

Una tarde, mientras Débora fregaba los platos en la cocina, con el sudor corriendo por su frente, Lucas entró corriendo desde la calle. “¡Mamá, papá está viniendo! Un compañero me dijo que lo vio bajar del camión en la gasolinera de Fontaneda”. Débora dejó caer el plato en el fregadero, y el agua salpicó su delantal. Su corazón dio un vuelco. ¿Hernán, de vuelta? No había avisado, como siempre. Pero esta vez, algo en el tono de Lucas la inquietó. Su expresión le delataba, así que preguntó intentando no parecer ansiosa. “¿Y qué más te dijeron?”, le interrogó al chico, secándose las manos. Lucas dudó, mirando al suelo. “Nada, solo que… viene con alguien”.

Débora no quiso preguntar más. En su interior, una tormenta comenzaba a formarse. Fue al patio trasero, donde el calor parecía aún más denso, y se sentó en una silla de plástico descolorida. Recordó los primeros años con Hernán, cuando él aún no era camionero y trabajaba en un taller mecánico. Eran felices entonces, o al menos eso creía ella. Pero los viajes comenzaron, y con ellos las promesas vacías. Débora había sacrificado mucho: su juventud, sus sueños de estudiar, todo por mantener la casa y criar a los chicos. Y ahora, ¿qué traía Hernán consigo?

Esa noche, cuando el sol ya se había escondido y el barrio estaba sumido en otro corte de luz, Hernán llegó. Bajó del camión con su mochila al hombro, su sonrisa de siempre y una joven a su lado. Era una mujer de unos veinticinco años, de mirada tímida y ropa sencilla. Había que reconocer que era hermosa, aunque quién no lo es en la juventud. Los vecinos, que espiaban desde las ventanas o fingían barrer la vereda, no perdían detalle. Débora, parada en la puerta de su casa, sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

“Hola, amor”, dijo Hernán, como si nada. “Te presento a Lisa. Es… una amiga. Necesita un lugar donde quedarse unos días. Ya sabes, como dice el padre Federico, la caridad es una virtud cristiana que debemos ejercer. Puede dormir unos cuantos días en el cuarto vacío, ¿no?”. La joven bajó la mirada, incómoda, mientras Débora apretaba los puños. No era la primera vez que Hernán llegaba con excusas extravagantes por su tardanza, pero esto era diferente. Había algo en la forma en que él la miraba, en cómo su mano rozaba el brazo de la chica, que hizo que Débora sintiera un nudo en el estómago.

Esa noche, la casa estaba en silencio, pero no en paz. Lucas y Sofía, la hija, se habían encerrado en sus cuartos, confundidos con su padre. Débora no podía dormir. El calor era insoportable, y el aparato de aire acondicionado, inútil sin electricidad, esperaba silencioso a que el servicio se restableciera. En la oscuridad, escuchó a Hernán hablar en voz baja con la joven en la cocina. No entendía las palabras, pero el tono era íntimo, demasiado íntimo. Por fin, escuchó pasos y Hernán entró en la habitación y se tumbó en la cama, quedando dormido casi al instante. Creyó escuchar que la joven cerraba la puerta de su alcoba. “Quizá esté sacando las cosas de quicio”, se dijo a sí misma, mientras oía el respirar pesado del hombre a su lado. “Quizá”, se repitió, pero el veneno de la sospecha ya estaba en su sangre y en su mente. 

Por la mañana, Hernán comunicó que tenía una entrega urgente pero que era un trayecto breve y estaría de regreso al atardecer. “Le he dicho a Lisa que me acompañe. Así no os molestará en casa y yo tendré compañía para charlar mientras conduzco. ¿No crees que es buena idea?”, dijo a Débora con una sonrisa que la mujer interpretó como una mueca de encubierto cinismo.

Cuando el camión se había ya alejado, dejando tras de sí una polvareda pesada y seca, Débora se levantó y fue al baño, donde guardaba una caja con recuerdos. Entre fotos viejas y cartas de Hernán, encontró algo que no había tocado en años: un frasquito con un perfume que él le había regalado en uno de sus viajes. Era un perfume caro, de una marca que ella nunca pudo pronunciar. Hernán le había dicho que lo usara para sentirse cerca de él cuando estuviera lejos. Pero ahora, ese frasco le quemaba en las manos. 

Débora no era ingenua. Sabía que ese perfume excitaba a Hernán. Había notado cómo sus ojos brillaban cuando lo olía, cómo lo asociaba con su cuerpo femenino. 

En un impulso tomó el frasco y vertió unas gotas en un pañuelo. Luego, sin que nadie la viera, fue al cuarto donde dormía la joven recién llegada y, con cuidado, lo dejó apoyado sobre la ropa de la chica. En unas horas, el aroma impregnaría sutilmente el vestido y los vaqueros que la joven había colocado en el cajón. Si Hernán quería jugar, ella también jugaría. Cuando le regaló esa esencia de flores le dijo que su olor le haría recordarla siempre. Era su perfume, el de ambos y de nadie más. Eso le dijo.

Hacia las siete, como su marido había asegurado al partir, sonaron dos bocinazos y el camión aparcó con una rueda subida a la acera. Hernán descendió con expresión feliz y Lisa bajó con expresión cansada. Se fueron todos pronto a dormir. La joven a su habitación, Hernán junto a ella. Ni siquiera se tocaron.

Al día siguiente, el calor no dio tregua. El barrio estaba más tenso que nunca, con los vecinos discutiendo por un transformador quemado que dejaba a medio Barrineda sin luz. Hernán, ajeno a todo, pasaba el día en el patio, charlando con la joven Lisa como si fueran viejos amigos. Débora los observaba desde la cocina, sintiendo cómo la rabia y los celos se mezclaban con el sudor que le corría por la espalda. Sus hijos podían ser adolescentes pero no eran idiotas. Sentían los cotilleos y las miradas furtivas de los vecinos, eran conscientes de que eran el qué dirán de todo San Vicente. Lucas, que no soportaba ver así a su padre, se fue a la casa de un amigo, mientras Sofía, la hija, le reprochaba a Débora en voz baja: “¿Por qué le dejas hacer esto, mamá? ¿Por qué no lo echas?”.

Débora no tenía respuesta. O sí, pero no quería admitirla. Quizá deseaba que Hernán regresara al hogar, a pesar de todo. Pero esa necesidad estaba teñida de dolor, de años de abandono, de promesas falsas. Y ahora, con esa chica en su casa, sentía que algo se había roto para siempre. Decidió hablar con Hernán. Lo encontró en el patio trasero, tomando una cerveza tibia bajo la sombra de un árbol raquítico. 

“¿Quién es ella, Hernán?”, preguntó sin rodeos. Él la miró, sorprendido, pero no perdió la calma. “Ya te dije, es una amiga. La conocí en un viaje, necesitaba ayuda. No es nada más”. Pero Débora no le creyó. Había algo en sus ojos, en la forma en que evitaba mirarla de frente, que confirmaba sus peores sospechas. La desfachatez de traer a una querida a su propia casa la torturaba.

Esa noche, antes de cenar, la luz volvió por un par de horas, y Débora propuso que todos cenaran juntos en el salón, aprovechando que el aire acondicionado funcionaba. En un aparte, sonriendo, con un tono de voz amigable y cercano, sugirió a la joven Lisa que se pusiera un vestido para celebrar el retorno de Hernán con un asado. Como si fuese una cena de gala, de esas que salen en las revistas de la peluquería, le dijo.

La chica, confiada, se lo puso y bajó al salón para cenar con el resto de la familia. Débora le sonrió pero su belleza, fresca y recién llegada a la vida, la consumió por dentro. Sí, olía a la colonia del pañuelo.  

Cuando Hernán entró y sintió el olor del perfume, su rostro cambió. Miró a Lisa, la joven, con una mezcla de sorpresa y deseo. Débora, desde la cocina, lo vio todo. Su plan estaba funcionando, pero no como esperaba. Hernán se acercó a la joven y le habló en voz baja. Débora no pudo escuchar, pero vio cómo él le tocaba el brazo, cómo sus ojos se iluminaban. El perfume, ese símbolo de su privado amor, ahora estaba en otra mujer. Hernán, en lugar de sentirse culpable o confundido, parecía más decidido que nunca. Esa noche, mientras Débora fingía dormir, escuchó a Hernán y a la joven salir de la casa. No volvieron.

Al día siguiente, el barrio despertó con una noticia que corrió como la pólvora: Hernán había decidido irse con la joven Lisa. No a otro viaje, sino para siempre. No se molestó en comunicarlo en casa pero lo anunció en el almacén del barrio, como si fuera una hazaña. Los vecinos, que ya no podían con el calor y los cortes de luz, no sabían si sentir lástima por Débora o indignarse con Hernán. Ella, en cambio, no dijo nada. Se quedó en su casa, con las persianas bajas, mientras Lucas y Sofía, la hija, intentaban consolarla.

El dolor de Débora no era por la traición, una traición de sobra anunciada que no había sorprendido a nadie. Era por sentirse idiota al pensar que aquel perfume les pertenecía a ellos; por su plan fallido; por creer que el hombre había elegido el perfume para ella; por la certeza de que, al contrario, Hernán se lo había regalado para recordar a otra mujer, no para sentirla a ella. Se sentía estúpida y rota. Pasó los días siguientes en un silencio que asustaba a sus hijos. El calor no ayudaba; el aire acondicionado seguía sin funcionar, las farolas permanecían apagadas por le noche, y el barrio entero parecía hervir de rabia contenida. 

Una semana después, llegó otra noticia. Hernán había tenido un accidente en la ruta. El camión que conducía se había salido del camino, y a él lo habían llevado a un hospital donde murió pocas horas después. Lisa estaba con él y había fallecido en el momento. Los vecinos, siempre ávidos de chismes, hablaban de una maldición, de un castigo divino. Débora no creía en esas cosas, pero no podía evitar sentir que ella había desatado algo terrible.

El verano siguió su curso, y los cortes de luz no cesaron. En casa de Débora, Lucas y Sofía se volvieron más cercanos a su madre, como si el dolor los hubiera unido. Ella, poco a poco, comenzó a salir al patio, a hablar con los vecinos, a reconstruir su vida. El calor seguía siendo insoportable, pero Débora aprendió a soportarlo, como había soportado todo lo demás. 

Comprendió que, en realidad, jamás añoró a Hernán, que no lo necesitó nunca. Lo que había añorado, lo que aún echaba de menos, era el sentirse querida. Por quien fuese. Lo que le era importante era la caricia, no la mano que la diera.

Quizá aún estaba a tiempo de encontrar esa mano que, incluso sin amarla, la acariciara con deseo.   

El verano terminó. Luego vino otro. Y otro más.