29/10/13

El smartphone





La tarde es tórrida y está sudando, parado en la fila del bus. El sol del trópico cae a plomo y él continúa batallando con su móvil. Flecha derecha dos veces, flecha arriba una, otra vez la de abajo… Es lo que tienen estos teléfonos nuevos que lo llevan todo, que uno se lía con tantas opciones. El autobús tiene ya retraso. Lo sabe porque hace rato que han sonado las campanas de Santa María, a dos manzanas, en la plaza. Este mensaje que le aparece le suena, recuerda su forma. Lo intenta a partir de aquí. Cree recordar lo que debe hacer. Dos veces la tecla de abajo, una vez a la derecha, otra vez abajo… Nada, no es esa opción, continúa sin acertar. A veces este cacharro le saca de quicio pero, en general, está contento con él. Los amigos le envidian y le gusta hablar por él cuando está rodeado de gente para demostrar que no es un cualquiera. Está enganchado a los vídeos y las fotos que le mandan. Sobre todo su amigo Narciso, que es una fiera en esto de mandar vídeos cachondos. Joder con el transporte, cada día está peor. La fila es cada vez más larga. El tipo que tiene detrás le mira mientras batalla con el aparato. Siente su mirada por encima del hombro. No le extraña que le observe, tiene un buen smarfon, le costó el jornal de dos meses porque estos teléfonos son molones pero carísimos también. A ver si acierta con la nueva opción. Dos veces a la derecha, una abajo, a la derecha… Algo le suenan estos signos. Tampoco, mala suerte. Le ha dado a los emoticonos y los dibujitos amarillos y azules saltan por la pantalla. Pero no quiere eso. Le da a la tecla roja pero sólo logra que aparezca un mensaje que no entiende. Tendrá que preguntar. Al tipo este que no le quita ojo, por ejemplo.
-        Perdón, ¿podría decirme qué pone aquí?- le muestra la pantallita
-        Pulse asterisco para continuar- contesta el otro.
-        Gracias- le dice. Ahora ya sabe qué tiene que hacer. Después de asterisco, dos veces a la flecha abajo y cuatro veces a la flecha izquierda.
-        ¿Ya? Con estas pantallas tan pequeñas se deja uno la vista, ¿verdad? – es simpático el tipo.
-        Sí, gracias, cada día más pequeñas y sin gafas…. - le contesta. Nunca le diría que lo que ocurre es que no sabe leer. Ahora sí, dos veces tecla abajo, tres a la derecha, una abajo, una a la derecha.