19/6/13

Le dio pena el tipo






Le dio pena el tipo. Una de esas lástimas profundas que le inundan a uno cuando se observa un hombre caído, una vida frustrada o desperdiciada en objetivos dispersos y sueños rotos. Esos ojos mate, hundidos en algún pasado, aburridos. Sí, le daba pena del mismo modo que llama a la compasión el ver a un mendigo en la calle que aunque sonría se le ve en los ojos su pesadumbre; o como se compadece uno de cuando la hinchada sale de la cancha tras una derrota de seis a uno frente al rival de toda la vida; o como cuando vas a un hospital, quizá a acompañar a un amigo, y se te cae el alma al suelo al ver tanta desdicha. Así le daba pena aquel hombre, una piedad sorda pero lejana, ajena. Estaba convencido de que él se lo habría buscado. Ya se sabe, lo habitual, no habría sido capaz de reponerse de una mujer inaccesible, de un trabajo perdido, de demasiados tragos de ron en el bar de la cuarta avenida. Tampoco podía hacer mucho más. Le daba lástima, sin más. Seguramente tendría un día duro el tipo aquel que tenía frente a él.
Se dio cuenta que el tiempo volaba, apretó el botón de la máquina de afeitar y dejó de mirarse al espejo.