30/12/15

Mi sublime milagro




Explicarte con palabras es imposible. Como mucho, uno atina a describir pequeños retazos del escenario, mínimos chispazos de sentimientos, de emociones, de asombros. Porque, quizá, lo que me produces es, sobre todo, asombro, un hechizante asombro que me rinde.

Llegué tarde. ¡Qué alegría reconocerte en la estación, esperándome! Cenamos, contándonos nuestras cuitas tras tantos días de ausencia. Estabas hermosa. Te abracé por la cintura al salir del restaurante mientras encendías un cigarrillo y me mirabas con esos ojitos que a veces me son tan tiernos y cariñosos. La noche nos esperaba para disfrutarla. ¿Recuerdas como las olas rompían contra las rocas y su sonido rítmico y persistente acunaba nuestros abrazos? El aire estaba colmado de aromas de salitre y mar.  Una miríada de luceros brillaban colgados de un cielo raso.  Más allá, faroles de pesqueros salpicaban el horizonte. El solsticio velaba tu sueño. Tu cuerpo compartía las mismas sábanas que el mío, nuestras piernas entrelazadas, tu cabello dibujando arabescos sobre la almohada.

Y, entonces, quebrando la calma, el embrujo de un rayo de luna que se cuela por el ventanal, suficiente para ver tu carita preciosa. En ese preciso instante me inunda un asombro hondo, trascendente, inmenso. Un arrobo ineludible y misterioso. Me seduce esa imagen tuya que no puede escribirse, que no puede explicarse, que sólo puede sentirse. Esa plenitud, esa chispa, ese relámpago, ese segundo fascinante en que comprendo lo que te amo y la gloria de poder hacerlo, ese momento cautivador, ese hehrstes Wunder wagneriano, el sublime milagro que de pronto descubre Sieglinde, el punto que todo lo cambia, que todo lo crea, que todo lo esclarece, esa erupción de pasión, de violines apremiados, de repentina revelación, la urgencia por apresar ese instante en mi corazón, el miedo a olvidarlo, cuatro compases que resumen el mundo. Es el asombro por la súbita consciencia de que tu amor me redime, cambia mi destino, torna el desencanto en salvación, afianza la esperanza en el futuro. 

Tú, mi hehrstes Wunder, mi sublime milagro, mi inexplicable emoción.