17/10/10

Reconstruirte




Las memorias de tu cuerpo, los momentos fugaces que se agolpan en mi mente, los retazos de tu voz o los estremecimientos que me producen tus caricias los conservo siempre en una cajita dentro de mi alma. Cuando no te tengo, cuando estás lejos, cuando la noche se hace larga porque la nostalgia de ti no me deja dormir, es cuando la busco. La abro despacio y veo allá todas esas vivencias, desordenadas. Entonces, las voy tomando una a una y te reconstruyo como si fueses un rompecabezas, con tu sonrisa infinitamente hermosa, tu mirada de embrujo, tu rostro delicado y ese relámpago impreciso que me provoca el tacto de tu piel. Trato de recomponerte con mucho detalle y no quedo satisfecho hasta que mi recuerdo es preciso. Por ejemplo, hoy me aseguré que la imagen de tu espalda fuese perfecta, que me devolviera el placer que siento cuando la beso a lo largo de esa onda misteriosa que desemboca en tu cuello deseado. Me esforcé en recordar el mohín de niña juguetona que me regalas cuando mordisqueo tus orejas y dejo suspiros leves sobre tu nuca. Ayer, fantaseé con tu voz. Cuesta recomponerla cuando no estás a mi lado. Tiene demasiados matices, demasiadas armonías recónditas y escondidas. Quizá por eso me hechiza siempre cuando me cuentas tantas cosas de ti porque a mí lo que de veras me gusta es saber de ti.

Todo está en la caja de mis recuerdos. Es mi cofre de los secretos íntimos, como cuando se tiene un arcón bien cerrado con llave donde se guarda una carta que nos hizo temblar, una foto sepia de un amor lejano, una prenda que tocara alguien que se fue para siempre o el rosebud de la niñez. En las noches que se hacen largas porque estás lejos, la abro y esparzo por el aire todas las piezas del rompecabezas. Las uno, las busco, las ordeno hasta que apareces viva y plena y la noche parece que se llena de estrellas. Hoy, es una de esas noches.