14/2/15

Ying y Yang






Hoy toca escribirte una carta pero he desistido de hacerlo. ¿Porque, qué te digo que no sepas ya? ¿Que te adoro? Ya lo sabes.  ¿Que te necesito? Es evidente. ¿Te digo que no me canso de verte y te recito esos versos que ya conoces, para que te rías de mis ñoñerías? No paro de repetírtelos.  ¿Que dependo de tu presencia? No hay duda de eso. Pertenecemos – como todo en el cosmos- a esa dualidad, al ying y el yang, a ese espejo que nos devuelve la imagen de quiénes somos.  Si todo en el universo necesita un complemento del que depende su propia existencia, tú eres el mío, tú creas lo que soy, lo que quiero ser, tú eres el motor de mi realidad. Somos opuestos pero a la vez complementarios y eso nos hace, si cabe, más fuertes cuando estamos juntos. Tú duplicas cada momento, cada sentimiento, cada anhelo.
Contigo, todo se desdobla, todo se completa. Porque cuando deseo tu cuerpo desnudo bajo el mío, lo que sobre todo necesito es  tu compañía en el camino de la vida. Cuando ansío de tus besos, a la vez, muero por ver esos mismos labios decirme palabras tiernas. Sufro cuando no me llamas y eso hace que cuando lo haces tu voz sea más fascinante que nunca. Te deseo a mi lado cada segundo y, empero, te quiero lejos para que el ansia por ti se mantenga fresca. Quiero ver tu hermosa carita cuando, después de hacerte el amor, quedas acostada mirándome a medio palmo de mis ojos pero, también,  disfrutar de esa expresión alegre que arranca en ti una guitarra o una fiesta con amigos cuando no piensas en mí. Anhelo estar a solas acariciándote las piernas mientras vemos una película pero, a su vez, deseo que estés lejos de mí pasándolo bien con tu gente. Quiero que te vayas para que, después, pueda saborear el beso del retorno. Tengo miedo a perderte y, no obstante, me gusta tenerlo para comprobar que no te he perdido. Suspiro porque me necesites pero amo el que defiendas tu libertad; me siento tan poquita cosa junto a ti que me asombra que, a la vez, al tenerte, crea ser el campeón de los paladines que ha conquistado a la más maravillosa dama del reino. Ansío que me cuentes cosas pero amo tus silencios mientras me miras. Adoro ese tiempo que se hace tan largo sin ti y tan corto contigo. Eres toda distinta a mí y, sin embargo, te acepto con plenitud en cada detalle de tu ser.
Tengo tanto que decirte y, sin embargo, no encuentro las palabras con que expresarlo. No te escribo y, a la vez, muero por escribirte. Sé que me llamarás sensiblero si te deseo Happy Valentines y, no obstante, estoy deseando que amanezca para decírtelo.  Así que, ¿qué te escribo? ¿el ying o el yang? ¿lo que quiero o lo que no quiero pero también quiero? ¡qué sé yo! Poco importa porque, al cabo, sólo emborrono cuartillas para que tú, la más maravillosa criatura, me mires y sonrías.