jueves 7 de mayo de 2009

Interliteral

Ittakus informa que la organización del encuentro Interliteral 2009 continúa a buen ritmo. Se celebrará el 18 y 19 de Septiembre en Jaén. Además de la información ya publicada con anterioridad, ahora puede accederse a Interliteral en Facebook en http://www.facebook.com/events.php?ref=sb#/event.php?eid=144732025182

miércoles 6 de mayo de 2009

IV Premio Divulgamat



Mi relato “El matemático que contaba cadáveres” ha obtenido el 2º premio en el IV Concurso Divulgamat, concurso de relatos cortos RSME- Editorial ANAYA 2008, lo que agradezco muchísimo al jurado. El ganador ha sido Miguel Barreras con su cuento “EL CATÁLOGO DE TRENDAR B. LLESSUR”.

Divulgamat (http://divulgamat2.ehu.es/index.php) es un excelente portal de divulgación matemática creado por Raúl Ibáñez Torres de la Universidad del País Vasco.

XXI Encontre d'Escriptors: La literatura digital




Del 27 al 31 de octubre de este año, se celebrará en Valencia el XXI Encuentro de Escritores que versará sobre la literatura digital. Coordinado por la doctora Laura Borrás analizará las diversas posibilidades que la aplicación del ordenador ofrece a la creación literaria: poesia digital, narrativa hipertextual, ciberteatre, literatura col·lectiva, blocs, wikis. Tendrá lugar en el Centro de Cultura Contemporánea L’Octubre.

Puede hallarse más información en
http://www.octubre.cat/activ_fitxa.php?id_activitat=843

Anipoemas



Anipoemas (http://amuribe.tripod.com/anipoemas.html) de la argentina Ana María Uribe contiene una serie de pequeños poemas visuales, una especie de clips en donde unas breves palabras (a veces, una sola) toman movimiento y se acompañan con sonidos adecuados a dicha palabra o al título del poema animado. Textos brevísimos que no tienen apenas contenido literario y que, sin embargo, llaman la atención. Desgraciadamente, la autora falleció prematuramente en el 2004 y no pudo continuar su excelente carrera artística.

I-poetry 2009


El evento I-Poetry 2009 que se celebrará en Barcelona se va acercando. Ya está disponible el Programa que, aunque aún provisional, promete ser muy interesante (http://www.e-poetry2009.com/pdf/PROVISIONAL_PROGRAM.pdf ). El corazón del Simposium tendrá lugar los días 25 y 26 de Mayo. El encuentro es patrocinado por el Electronic Poetry Center de Buffalo (http://epc.buffalo.edu/ ).

E-Periódico


Amazon podría estar preparando el lanzamiento de un e-book de la serie Kindle un poco mayor que el estándar a fin de que permita leer periódicos con más facilidad. El New Yotk Times (http://www.nytimes.com/2009/05/04/technology/companies/04reader.html?_r=2&scp=2&sq=kindle&st=cse ) indica que tendría el tamaño de un A4 aproximadamente, aún mucho menor que un periódico convencional, especialmente si lo comparamos con los formatos norteamericanos. No está claro que los lectores, acostumbrados a saltar con la mirada entre cabeceras se acostumbren fácilmente a ver sólo una pequeña parte de la página en un instante determinado. Seguiría siendo en blanco y negro.

lunes 4 de mayo de 2009

Hoy


Y el tiempo, ahora, pasa tan lento que parece imposible que sea medido por los mismos relojes que lo hacían antes, cuando tú estabas y la vida era buena y llena de luz y fluía rápida. Cuando la primera imagen del amanecer era tu mirada y el primer aroma del día era el de tu piel de canela. Qué lento camina el mundo ahora. Que desesperantes son las horas sin poder verte. Qué larga es la añoranza. Dejaste un cosmos infinito de amor y de recuerdos y, ahora, es imposible siquiera intentar renovarlo con otros amores, con otros recuerdos, con otros besos. Te añoro, y hoy más que nunca. Te amo, y hoy más que nunca.

La escalera


La casa, en el número noventa y uno de la avenida justo detrás del tilo centenario, tiene una cancela que ya no encaja bien y cuyo gozne chirria las más de las veces. Al cruzar la puerta, a la izquierda, más allá de los buzones alineados en filas y columnas hay una escalera empinada de esas en que los escalones son todos distintos como si los años y los movimientos de los muros les hubieran dotado de personalidad. Al fondo, siempre sumido en la oscuridad a la que obliga la bombilla que el jefe del portal nunca cambia, hay un cuartucho donde se guardan las escobas y unos cuantos cachivaches que sirven para limpiar el corredor. En la primera planta hay un descansillo amplio, repleto de la luz que penetra a raudales por un ventanal dieciochesco que el arquitecto, caprichoso, plantó justo donde no debería estar. No hay ascensor y el inquilino debe forzosamente pasar junto a él. A veces, sobre todo por las mañanas, hay gorriones que se persiguen hasta que, agotados del juego, se detienen en el alfeizar y miran curiosos al que sube o al que baja. La vecina del quinto, que está bastante rara desde que – se cuenta- un novio alemán la abandonó sin darle explicaciones, riega unos tiestos de petunias a los que parece entregar todo el amor que el tudesco no quiso aceptar. El color siena de las paredes es como una pantalla de cine y refleja las nubes caprichosas en los días claros o el cielo encapotado en las jornadas de tormenta triste. A veces, la escalera parece llenarse de las almas de todos los inquilinos que habitaron la casa. Unos, como el anciano que vivió en el cuarto durante décadas, parecen no querer marchar definitivamente y se aferran a los recuerdos del edificio; otros, como la pareja joven que apenas duró un año en el segundo, siguen discutiendo entre las sombras; alguno, como yo mismo, sigo buscando dónde se quedó el amor perdido que me besaba junto al ventanal del rellano cuando nadie más subía o bajaba.

domingo 3 de mayo de 2009

Los 7 pecados capitales: la avaricia





Hugo tuvo conciencia de que no quería parecerse a sus padres cuando le empezó a salir un bigotillo rubio, al poco de cumplir los doce. Es decir, supo que no tenía intención alguna de morirse pobre. Y mucho menos de vivir siempre apurado como sus progenitores lo habían hecho toda su vida. Borró pronto la cantinela que siempre oía en casa, aquello de más vale honra sin barcos que barcos sin honra. Porque, cuando llegó a los veinte, vio los yates del puerto deportivo y lo de la honra le pareció un atontamiento del espíritu en el que él no caería nunca. Marchó de casa con veintidós y se plantó, con dos maletas y un hambre enorme de éxito, en la capital.

Pero una cosa son los anhelos y otra la realidad. Le habían colocado de pasante en un banco y con el sueldo le llegaba para comprarse trajes de moda – y es que había que empezar por ser elegante si pensaba llegar a algo en la vida- y pagar la buhardilla pero para poco más. Las cartas de su madre le decían que debía sentirse orgulloso. Tener un trabajo fijo y un salario seguro, siendo tan joven, colmaba las aspiraciones de la anciana. Le decía que buscara una chica, que el hombre no debe estar solo. Siempre finalizaba diciéndole que rezaba mucho por él.

Las plegarias de la madre debieron surtir su efecto porque un año después le surgió su oportunidad. Un negocio del Banco en Sudamérica. Buscaban a alguien que fuera para allá un par de años y nadie quería ir. Decían que era peligroso. Ya se sabe. Que si los cárteles, que si la inseguridad ciudadana. Tonterías, pensó él, y se apuntó. Sin muchas esperanzas de que fuese el elegido. Pero, por esas chiripas de la vida, le cogieron. Su salario aumentó sustancialmente y además, como tenía los gastos pagados, su nivel de vida escaló muchos enteros. Pronto aprendió a manejar las cuentas apropiadamente. Das un diez por ciento de propina al taxista y este escribe un cincuenta por ciento más en el recibo; una buena propina al camarero y la nota de la cena se duplica. Vamos que, al final de mes, se sacaba un buen pellizco limpio de impuestos. El trabajo era sencillo y tenía tiempo libre. Hugo era trabajador, de modo que aprovechó las horas muertas para buscarse más oportunidades. Que si representante de una empresa aquí, de otra allá, comisionista de esto o aquello. Para cuando pasaron los dos años, vivía más que holgadamente y su posición profesional se había consolidado. Tenía un deportivo rojo – porque un deportivo que no sea rojo no es digno de tal nombre-, era dueño de una bonita casa que se revalorizaba cada año, socio del club de tenis, tenía el atractivo de los veinticuatro años y, como siempre lo había hecho, seguía vistiendo las mejores marcas. Su cuenta corriente tenía más recursos que todo lo que sus padres habían ganado en toda su vida.

Le ofrecieron quedarse otros tres años – para lo cual volvieron a aumentarle la retribución- y aceptó encantado. En Navidad habló con sus padres. Le preguntaron si estaba contento de lo bien que le iba y le dijeron lo orgullosos que estaban de él. Les contestó que sí, que tenía todo lo que siempre había deseado pero, cuando colgó el auricular, una sombra de pesar pasó por su mente. Porque no era cierto que se sintiera satisfecho. Ciertamente, a poco que las cosas le fueran medianamente bien, tenía la vida más que resuelta pero él quería más. Para empezar le faltaba el barco. Quería uno como aquellos del puerto deportivo. Y, sobre todo, quería la fama, el reconocimiento.

Conoció a María Eugenia una mañana de verano en el club de tenis. Ella hacía esfuerzos por golpear la pelota con la raqueta pero, todo hay que decirlo, sin ningún éxito. Hugo se ofreció a enseñarle, continuaron cenando en el restaurante del malecón entre farolillos de colores y las canciones de una pianista negra y acabaron el día acostándose en el mejor hotel de la ciudad, en la suite de la novena planta, con un bouquet de rosas y champán frío.

El verano fue magnífico. Su cuenta bancaria seguía creciendo, sus expectativas en el Banco eran cada vez mejores y el cálido abrazo de María Eugenia le envolvía cada noche. Se habían mudado cerca del puerto, a una de las mejores urbanizaciones y se había hecho construir una piscina en su casa. A final de año pidió un aumento de sueldo pero se lo negaron. Dijeron que ya estaba muy bien pagado y que su ascenso había sido meteórico. Quizá era el momento de estabilizar su carrera y perfeccionar su trabajo. Tenía un brillante porvenir pero habría de aguantar unos años.

Los yates del puerto le atraían tanto que muchas noches se desembarazaba de los brazos de ella y se sentaba en la terraza mirando cómo se mecían. El que el Banco deseara que se estabilizara en su posición actual era un contratiempo y aquello le inquietaba.

Fue en una recepción de la embajada – nunca supo muy bien por qué le invitaron- cuando conoció a aquel fulano que luego resultó ser de la competencia. Dudó mucho antes de aceptar el encargo pero la recompensa era buena. Sí, cierto que había un riesgo de que le pillaran. Al fin y al cabo, pasar informaciones de balances de compañías con las que trabajaba su propio Banco, no era lo que esperaban de él. Pero podía manejarlo. Tomó alguna precaución pero finalmente se decidió. Tres meses más tarde sentía la brisa de la mañana en su rostro cuando a bordo del “Renacimiento”- así llamó al dos palos de quince metros- cruzó frente al faro de poniente. Se había comprado una gorra de esas de marino dieciochesco, azul con un ancla dorada.

Se casó en otoño. Una tarde, poco después de la cena, María Eugenia le había preguntado si era feliz. Le sonrió y le dijo que claro, que cómo no iba a serlo si tenía todo lo que siempre deseó. Ella dijo que estaba cansada y que iba a acostarse. Él se sentó en la butaca del salón, encendió un pitillo y tomó aquella revista de aviones. Allá aparecía retratado un jeque de impronunciable nombre con su nuevo jet privado, decorado con toda clase de detalles en su interior. La grifería de oro le pareció un detalle estupendo. Cuando llegó la primavera lo tenía decidido. No quería esperar años para tenerlo y aunque el contacto de la competencia le seguía dando algunos encargos, aquello no era suficiente.

María Eugenia supo que Hugo estaba caminando por terrenos de fango cuando descubrió una nota sobre un cargamento que debía descargarse en una rada remota. Primero lloró, luego golpeó los muebles con rabia y finalmente se decidió a preguntárselo. Discutieron agriamente y él prometió dejarlo.

- Tenemos todo lo que podemos desear en dos vidas, Hugo – le había dicho, sollozando- No nos lleves al infierno.

Unas semanas más tarde, una llamada que ella contestó le puso en aviso de que Hugo seguía en aquellos negocios.

- ¡O lo dejas o me marcho, Hugo! – le espetó altiva, firme, con los ojos rojos de llorar pero decididos.

Él mismo le pidió el taxi y le dijo que volviera si lo pensaba mejor. No miró por la ventana cuando ella marchó. Abrió la computadora y comprobó que el fabricante de los aviones le confirmaba el plazo de entrega de su nueva aeronave. Había un fichero adjunto con los nuevos modelos de turbojets, más avanzados y cómodos. Le gustaron.






Siete casas en Francia

Siete casas en Francia (Alfaguara, 2009) de Bernardo Atxaga es una narración centrada en el Congo belga colonial que retrata las miserias humanas a las que conducen la avaricia y el embrutecimiento. De una manera lejana comparte ideas con En el corazón de la tinieblas de Conrad. A medida que el relato va progresando, los hombres se van pervirtiendo más y más en un escenario inhumano que llama al salvajismo.

La prosa es rica – las selvas africanas invitan a ello- , irónica, absurda en ocasiones pero siempre elegante. También poética cuando, con la excusa de narrar lo que el personaje poeta piensa, Atxaga escribe versos. El escritor tiene la habilidad de pincelar el horror sin describirlo, sin regodearse en él. Sugiere, crea el escenario. La brutalidad y el racismo no se mencionan pero la elipsis voluntaria de los nativos sometidos y esclavizados los hace presentes; el desprecio al entorno es manifiesto sin mencionarlo; los crímenes no dejan de ser menos evidentes y horribles porque no se detallen; la envidia y la ambición desmedida lo envuelven todo aunque el lenguaje sea incluso divertido. Atxaga aborda esa doble moral humana que no se da sólo en el Congo sino en cualquier lugar. Así, el capitán viola a una virgen cada semana mientras escribe poemas elevados de amor y se comporta como un esposo ejemplar; así el tirador Chrysostome compagina su extremada religiosidad con su sangre fría para abatir esclavos o monos. Y todo es verosímil, fluye natural aunque sepamos que es imposible, se nos aparece racional aunque sea absurdo.

Sin embargo, la novela, desde mi punto de vista, decae a medida que avanza. Los acontecimientos que desatan la tragedia están un tanto forzados para que confluyan en ese desenlace previsible. De pronto, el ritmo narrativo se embarulla, se precipita y se amontona como si Atxaga quisiera acabar pronto la novela. En ese punto falta sosiego y sobran casualidades forzadas para que todo encaje. Es previsible, aceleradamente previsible. Y uno echa de menos la primera mitad del libro.

Burbin Nerbs


Burbin Nerbs (Media Live Contact, 2009) de Sergio López es un libro de poemas en papel pero basado en textos que usan el “lenguaje” artificial del juego Los Sims, llamado simlish. Este “idioma” tiene un vocabulario muy limitado y está basado de una mezcolanza de idiomas reales, entre ellos el checo, el italiano o el japonés. Burbin Nerbs significa “cristales rotos”. Si alguien quiere aprender esta jerga puede acceder a http://learn-simlish.piczo.com/?g=1&cr=5&pc=tr . En el blog http://versosalazar.wordpress.com/2009/03/08/mi-ward/ puede leerse uno de estos poemas:

Mi Ward
Ooo shanga day, awoba.
Mychuno, awasa poa.
Aah lassie. Kashooti.
O Mee Pooba?
Shoandish Geegway.
Mali?
Boobasnot, shorky Plavoo
.

Hay algunos fanáticos de los Sims pero no creo que se vendan muchos ejemplares, una vez descontados los propios fanáticos y los amigos.

Taroko Gorge


Taroko Gorge (http://nickm.com/poems/taroko_gorge.html ) - nombre derivado de un parque en Taiwan- de Nick Montfort es un generador de poemas que se basa en una rutina javascript que combina aleatoriamente una serie breve de verbos, adjetivos y sustantivos para crear versos ininterrumpidamente. La interface – con un color plano de fondo- es sosa y la calidad literaria con tan pocos mimbres es obviamente pobre.