18/6/08

EL CONTROL DEL TIEMPO EN LA LITERATURA DIGITAL


El mayor potencial alternativo que ofrece la informática a la literatura es el control del tiempo. Cierto es que los textos convencionales, así como el cine, están llenos de recursos para alterar la secuencia lectora. Capítulos intercalados, flash backs, saltos de una página a otra distante en función de alguna decisión, etc. Pero no es menos cierto que, en papel, estos trucos están sujetos a la aprobación por parte del lector. Si este no colabora la idea original de la obra se pierde. El individuo, una vez tiene el libro en sus manos, tiene pleno poder para leerlo en el orden que desee. Baste recordar, por ejemplo, la habitual costumbre en muchas personas de leer primero el final de la novela.

Es verdad que los relatos por capítulos – por ejemplo, en un periódico diario- obligan a una secuencia determinada pero este método tiene problemas evidentes: la lectura se eterniza a lo largo de mucho tiempo; en cada ocasión se ofrece una parte fija y el lector sólo puede o leerla o no pero no puede elegir entre textos alternativos simultáneos.

Una novela digital leída a través de un ordenador, sin embargo, fuerza al lector a leerla en un orden determinado o a tener que realmente decidir si lee algo o lo deja pasar. Es una característica que realmente es novedosa en comparación con la literatura convencional. Algo que sólo (o casi) puede darse a través de la digitalidad.

Permite, por ejemplo:

- Ofrecer varias historias paralelas en función de la hora. El lector debe decididamente elegir entre una u otra. Podrá saber lo que le ocurre a un personaje determinado en ese momento pero, si esa es su decisión, no podrá leer lo que le ocurre a otro personaje. Es decir, nos ocurrirá como en la vida real en donde no poseemos el don de la ubiquidad. O estamos en un sitio o en otro. Y este efecto hace, asimismo, que la novela sea infinitamente variable. Cada vez que se relea, el camino será distinto. Cada lector leerá una novela distinta en función de que, en cada momento, elija seguir a uno u otro personaje. Podrá, quizá, saltar entre ellos pero lo que no leyó a las 5 de la tarde, no podrá leerlo a las 6 de la tarde.
Un ejemplo de este tipo de literatura digital es Una contemporánea tragedia de Caldesa (Félix Remírez, 2007) en donde hay 4 personajes que viven una noche en Valencia. El reloj va pasando y se podrá saber lo que le ocurre a uno u otro, quizá a dos cuando por casualidad se encuentran. Pero no podrá en una única lectura conocer toda la historia (en la imagen arriba, una pantalla del relato).

- Limitar el tiempo de lectura de modo que el lector deba esforzarse por abarcarlo todo o resignarse a que, en un momento dado, no podrá seguir leyendo y se quedará con la miel en los labios preguntándose cómo finalizaba la obra.

- Limitar el tiempo de lectura porque un hecho del argumento nos obliga a acabar antes. Por ejemplo, en la obra Zeit für die Bombe de Susanne Berkenheger, debemos encontrar una bomba antes de que explota. El tiempo está limitado no porque el autor quiere que leamos rápido sino porque la historia lo requiere. En la obra La hermandad de los escribanos de Félix Remírez, una secta contraria al libro digital se adueña de nuestro ordenador y tenemos un tiempo muy limitado para leer la trama histórica medieval y responder acertadamente a la hermandad o, si no, nuestro ordenador será formateado. Estamos obligados a correr porque la narración lo demanda.

Sin duda hay otras muchas posibilidades. Pero lo importante es que el control del tiempo sí es un factor distintivo de la literatura digital. Por supuesto, la historia debe ser atractiva. No puede tratarse de un juego de marcianitos donde haya que acabar con cien mil naves espaciales en un minuto. Estamos hablando de literatura y lo fundamental es que se trate de buena literatura, de una buena historia, que nos atraiga y esté bien contada. Pero, asumiendo esto, el control del tiempo abre expectativas muy interesantes.