20/6/08

Las crónicas estelares - 1


5 de Septiembre de 3887

Sé que no viviré más de unos pocos ciclos más. El informe que el Especialista humano me ha entregado esta mañana no puede ser más claro. Quisiera creer que la A8UIM se ha equivocado en el análisis de mi estado vital pero sé que el sistema sólo ha cometido tres fallos en los últimos 900 años, tras realizar mas de sesenta billones de estudios. E, incluso en esos casos, el error cometido no llegó a los tres años.

El Especialista humano se ha mostrado compungido cuando me lo ha comunicado. Esto es una de las pocas cosas que permanecen en el tiempo. Como aficionado a la Historia antigua que soy, he leido muchas crónicas en las que se relataba como los entonces llamados médicos sentían que su estómago se encogía y su ánimo flaqueaba cuando debían comunicar la noticia de una muerte cercana. Hoy , la vida humana alcanza con normalidad los 280 años, muchos mas que los que disfrutaban aquellos pobres desgraciados de hace diez siglos y el dolor ha desaparecido de nuestra vida. No obstante, sigue existiendo ese respeto, ese miedo ancestral a la muerte. Seguimos sin saber más de lo que ocurre al traspasar el umbral del final de la vida que lo que sabían no solo nuestros antepasados del milenio anterior sino los primitivos primates que nos permitieron evolucionar hasta lo que somos.

Esta mañana, cuando la pantalla del comunicador se ha apagado, he sentido más sorpresa que miedo. No esperaba este resultado de mi estado vital. Apenas tengo 221 años y, para ser sincero, esperaba poder vivir unos cuantos años mas. Sin embargo, la A8UIM ha detectado esa alteración en mi hígado que parece irrecuperable. Cuando cumplí los 164 años mi hígado original fue reconstruido y, por no se qué limitaciones técnicas, no puede ser modificado nuevamente. He preguntado si las cápsulas nanométricas que se encargan de reparar nuestros órganos no pueden hacerlo una segunda vez pero me han indicado que el problema es tan minúsculo que necesitaríamos cápsulas dos órdenes de magnitud menor para poder tratarlo. Odio pensar que muero simplemente por una cuestión de tiempo. Seguramente si esto me estuviese ocurriendo dentro de 300 años, esas cápsulas picométricas ya existirían y bastaría una visita al Centro de la Vida para resolverlo.

Continuará...