30/6/08

El tesoro


Con seis años recién cumplidos aún no sabía leer pero cogía libros de su madre e, imitándola, simulaba que los leía. Inventaba historias de piratas y de duendes que llegaban volando. Imaginaba un circo lleno de elefantes gigantes y fieros leones que eran dominados por un domador que, por una casualidad, se llamaba Pedro, como él. Su madre reía cuando le veía coger un libro, cuanto más grande mejor porque a Pedrito le encantaban los libros pesados y de muchas páginas, y con solemnidad pasaba las hojas “leyendo” una historia que su precoz imaginación le dictaba en su interior.

Vivía en una casa junto a la playa, de modo que los castillos de arena eran una especialidad hábilmente desarrollada. Le gustaba crearlos con muchas almenas, con puentes y ríos que pasaban por debajo de ellos, con montañas desde las que imaginaba que llegaban malvados ogros. Cada día, batallaba con la marea creciente intentando formar una muralla lo suficientemente alta con sus manitas para ver, al final, que las olas vencían-como cada día- y chapotear en las piscina que se formaba en el hoyo que había hecho.

Aquella tarde, cuando ya su castillo había sido devorado por la marea, jugaba a lanzar piedritas lo más lejos posible. Fue entonces cuando vio la botella. Llegaba flotando y pasaron unos minutos hasta que las olas, pequeñas pero tenaces, la depositaron finalmente sobre la arena. Había un papel dentro. La desbocada imaginación de Pedro le susurró que aquello era un mensaje de los piratas que habitaban en las islas Mauleón. Conocía ese nombre de haberlo visto en una película de dibujos animados a la que, no hacía mucho, había ido con su madre. Era una peli de piratas malos, muy malos. Y en ella lanzaban una botella con instrucciones para que sus compinches encontraran un gran tesoro. Pedro estaba seguro de que era la misma. La abrió y no vio mensaje alguno dentro de ella pero la botella tenía pegado un papel escrito con dibujos y letras. El mensaje, esta vez, no estaba dentro sino fuera. Así de ingeniosos son, a veces, los piratas.

Cogió la botella y corrió a su casa, anunciando a plena voz que había encontrado el mensaje de los piratas para hallar el tesoro. Uno auténtico. Un gran tesoro.

Su madre le reprendió por traerla. Se podía haber cortado con el cristal si se hubiera roto aquella botella, con una etiqueta en la que estaba escrito “Aceite Valerio, un tesoro para su paladar”.

Las crónicas estelares - 11

El sistema de control central de cada recinto conoce bien nuestros gustos. Aunque es libremente programable, sus sensores de estado de ánimo son, por lo general, más exactos que nuestra propia intuición y, por ello, yo suelo dejar que sea el sistema el que elija los sonidos de los muchos almacenados en la memoria central.
La transmisión de información se realiza por canal cósmico a una velocidad de 100 trillones de luces (llamamos ‘luz’ a la constante física universal de la velocidad de la luz en el vacío). Se entiende que para lograr semejantes velocidades no podemos transmitir la información por el vacío ya que la velocidad de transmisión sería inusitadamente lenta. Usamos una mezcla de tretoruon y 7-dikonstanto, dos gases superpesados que se descubrieron ya hace más de 1200 años. Es curiosa la historia de este descubrimiento. Desde hace milenios se conocía que la velocidad de la luz en el vacío era una constante universal pero se creía, en tiempos muy antiguos, que la luz siempre viajaba más despacio en otros medios. Se pensaba, además, que cuanto más grandes fuesen los átomos del medio de propagación, mas lenta iría la luz. Cuando nuestros antepasados estaban experimentando con el tretoruon y el dikonstanto pensaban que la luz iba a ser ralentizada muy sensiblemente.

29/6/08

Perdida en la inmensidad de tierra adentro


Alguien debía haberla traído hasta aquí. Estaba muy lejos del mar, perdida en la inmensidad de la tierra. Sola. Abandonada. Amenazada por la zozobra de las tormentas de tierra adentro, donde no se puede flotar y seguir las corrientes, donde los truenos asustan más. La barca, arrebatada sin piedad de su entorno natural, yacía sobre un jardín de hierba cortada en primavera. Para las gentes de montaña era seguramente un paraje bucólico.

Su quilla estaba pudriéndose sin los besos del agua marina, su fondo se había llenado de hojas donde, mucho antes, se acumulaban los peces que su patrón pescaba. Sin calafatear durante meses y sin agua que hinchara sus tablazones, sus juntas se habían convertido en nidos de hormigas. Sus toletes estaban rotos porque nadie estimaba cuán importante era mantenerlos en buen estado para el buen remar. Algunos agujeros habían mellado el casco. Su argolla, donde otrora se anudaba la soga que la unía al bolardo del puerto, estaba ahora oxidada. Su proa ya no enfrentaba marea alguna.

Cuando Aurelio, marino jubilado, la vio sintió que se le encogía el corazón. Era duro estar lejos del mar, de sus olas bravas, del salitre que tiñe el aire y del horizonte recto del océano. Sintió que, como le ocurría a la suya, el alma de aquella barquita debía estar llorando y deseando regresar al Cantábrico.


FICCIÓN Y NO FICCIÓN COMBINADAS


La literatura digital permite, de manera novedosa, combinar ficción y no ficción en una única obra de tal manera que ambas puedan desarrollarse ampliamente sin interferir entre ellas. En la literatura convencional, existen –cómo no- novelas en las que hay llamadas a hechos no ficticios. Pero son breves notas a pie de página o llamadas a bibliografía que obligarían al lector a dejar un libro y tomar otro. No digamos ya la dificultad que existiría cuando esos elementos no son literarios, como por ejemplo si se deseara llamar la atención del lector sobre sonidos, músicas o imágenes.

La literatura digital, sin embargo, permite la combinación de ficción y realidad de manera sencilla. La historia puede desarrollarse por sí misma incorporando hiperenlaces a elementos no de ficción. Es el lector el que puede decidir si, en un momento dado, desea adentrarse en esos elementos no de ficción pudiendo profundizar tanto como desee sin abandonar la pantalla donde está leyendo la historia principal. Los hiperenlaces, por su parte, pueden acomplejarse mucho de modo que, empezando en un punto particular de la novela, podemos acabar en territorios muy alejados de la misma pero que permiten completarla con informaciones que crean una cosmología global en nuestra mente. No estaremos leyendo un relato aislado sino un relato inscrito en un todo.

En Trincheras de Mequinenza (Félix Remírez, 2007) - arriba, una de las pantallas del relato- la historia principal es un diario epistolar de un soldado republicano en la bolsa de Mequinenza, durante de batalla del Ebro. Pero, simultáneamente, y a voluntad del lector, pueden explorarse textos históricos, imágenes de la época, canciones de guerra, biografías de personajes significativos de la batalla, etc. Cuando se ha acabado de leer el relato se tiene una visión muy completa de la realidad de la situación. Ello permite una lectura de la trama de ficción integrándola en un contexto y hacer una interpretación transversal de la historia.

Las posibilidades son infinitas: historias de músicos en las que puedan escucharse las obras; de batallas, con su análisis histórico; de pintores con posibilidad de ver sus pinturas, etc.

28/6/08

Diario de un aprendiz de filósofo

No es fácil enseñar filosofía ni hablar de ella sin caer en lo farragoso. En Diario de un aprendiz de filósofo (2007, Editorial Renacimiento), Manuel Durán Gili lo consigue con un estilo sencillo y vivaz que evita la lección magistral para llevarnos, con ejemplos y pensamientos cercanos, a explorar qué existe alrededor de lo que vemos y sentimos, a intentar encontrar un modelo que aclare el porqué de todo. Y, para ello, acude a anécdotas de la magia, de la ciencia, de la religión, de cosas que todos conocemos y de las que hemos oído hablar. Asuntos complicados que, sin embargo, aparecen frescos y asequibles por la manera como Durán los afronta, poco a poco, navegando a través del conocimiento, descubriéndolos como si fuese la primera vez que nos acercamos a ellos y ayudándonos a que seamos nosotros los que encontremos los tesoros que ese viaje nos propone. Manuel Durán nos enseña cómo puede conectar la magia, las creencias y los hechos científicos; cómo conectar la filosofía griega con las ideas humanistas y con la cosmovisión actual.

27/6/08

El secuestro


El día que me secuestraron los gigantes, llovía mucho. Mala idea tuve en refugiarme en aquel tubo metálico. No sabía que era uno de los transportadores volantes de los gigantes. La tormenta era tan intensa que se me hizo imposible seguir volando. Vi aquella puerta y entré sin dudarlo. Estaba vacío pero muy iluminado y a buena temperatura. Quedé dormida en un rinconcito del techo. Cuando desperté, todo se había llenado de gigantes que agitaban espasmódicamente sus manos. Siempre lo hacen cuando nos acercamos a ellos. Me asusté y no pude sino esconderme en el primer recoveco que vi.

Un rugido enorme hizo vibrar el tubo y sentí una enorme fuerza que me apretaba contra la pared. No podía hacer nada. No sabía qué estaba ocurriendo pero veía mi casa muy, muy abajo. Por debajo de las nubes. Estaba volando en ese tubo y muy por encima de lo que yo suelo hacerlo. Pasó así una hora hasta que sentí la fuerza que me aplastaba nuevamente pero, ahora, en sentido contrario. Todos los gigantes salieron y, cuando nadie me veía, salí apresuradamente por la portezuela abierta. Me encontré perdida en un lugar inhóspito. Todo el paisaje era distinto. No tenía ninguna referencia para moverme y los olores que uso para guiarme habían desaparecido.

De eso hace ya más de un mes. No he osado meterme en otro de los tubos de los gigantes. Podría acabar aún más lejos. He conocido algunas compañeras que me han dado algo para comer y me han dejado una esquina en una pared para dormir. No es un buen sitio pero no tengo más. Eso sí, he conocido a un moscardón que, la verdad, es muy simpático.

Los huevos que dejé en aquel tocón en el borde del río habrán ya eclosionado. Me pregunto cómo serán mis mosquitas.

Lepanto, la batalla que salvó Europa


Lepanto, la batalla que salvó Europa, de Agustín Ramón Rodríguez, es una buena exposición histórica no sólo de la propia batalla navel sino de las circunstancias que llevaron a la colisión entre los estados cristianos y los otomanos.


Así, Rodríguez relata con minuciosidad los acontecimientos que, ya desde la caída de Constantinopla, condujeron a que la expansión mulsulmana en el Mediterráneo, bien fuera mediante ejércitos o bien mediante la piratería resultaran una amenaza de primer orden que condujeron a que españoles, venecianos, alemanes, franceses y genoveses se unieran para frenarla.


Quizá Rodríguez exagera demasiado la amenaza y el que Lepanto fuera tan decisivo en la historia europea pero, aún así, el libro nos brinda una imagen vívida de aquellos años.

Las crónicas estelares - 10


Como iba explicando, todos esos sonidos se han almacenado en células de memoria. Una célula de memoria es un simple átomo de hidrógeno codificado. Cada átomo representa dos estados posibles según que su electrón externo tenga una órbita positiva o negativa. Quizá el lector futuro que lea este texto se asombrará de lo primitivo de nuestra tecnología. En efecto, cada átomo puede aprovecharse de muchas más variadas maneras que sólo aprovechar la órbita del electrón. Pero nuestros especialistas de datos no han sido capaces de lograr domeñar otras características de dicho átomo.

Las máquinas de memoria, que siempre trabajan con quíntuple redundancia autocorrectora, se asemejan, físicamente a bloques cúbicos de unos dos metros de lado. Y de éstos hay millones en la Bilioteca central.

Las crónicas estelares - 9


Durante un sol en que el sistema de imagen artificial falló sólo pudimos ver las frías paredes de niobio totalmente desnudas por, al menos, 3 o 4 unidades de tiempo. Qué horrenda visión. Sin nuestros sistemas de imagen, sonido y aroma artificiales que nos envuelven continuamente y que nos facilitan nuestra existencia, la realidad sería realmente desoladora. Afortunadamente, el sistema se rearmó automáticamente y pudimos volver a sentirnos cómodos en el recinto.

Los sistemas actuales de entorno virtual son mucho más robustos y yo, personalmente, no he vuelto a conocer ningún fallo más en toda mi vida. De hecho no conozco a nadie que lo haya sufrido aunque he leído que existen casos muy esporádicos en algunas colonias espaciales donde las temperaturas y radiaciones extremas provocan inestabilidades severas de las máquinas.

Básicamente, un sistema de entorno virtual consta de tres subsistemas tal como los conocemos hoy en día. El subsistema de imagen, el de aroma y el de sonido. Éste último es el más sencillo. Multitud de sonidos de la naturaleza y del cosmos han sido grabados y codificados en nuestras memorias atómicas. La catalogación de todos esos sonidos se llevó a cabo entre los años 3050 y 3088 donde se grabaron alrededor de unos doscientos billones de sonidos, ruidos y músicas diversas. No ocuparon mucho espacio de memoria planetaria. Apenas un millar de pentaceldas de memoria. No es posible, por razones obvias al menos con nuestra tecnología actual, grabar en modo continuo todo lo que suena en el cosmos. Pero cada año se recopilan unas dos teraceldas más . Hoy en día están de moda los sonidos provenientes de las galaxias Aakumú y Aakumá, las últimas que hemos visitado. ¡Todo es tan diverso allá! Pero yo sigo prefiriendo los sonidos calmos y sencillos a los que mi madre me acostumbró, así que puedo decir que mi recinto se asemeja mucho al de mi infancia.

26/6/08

La esquina


Esa esquina era suya. Durante varios años le había pertenecido. Desde que la conquistó en aquella pelea con un borracho rumano, aquella esquina había sido suya. Trabajaba allí todo el día, porque él consideraba que aquella era su ocupación. Necesitaba creerlo así para mantener su dignidad. Llegaba siempre muy temprano y su primera labor era limpiar el suelo y colocar los cartones sobre los que se sentaba. Despeinaba su pelo a propósito y se sentaba con una mirada de tristeza profunda que era una mezcla entre una pose estudiada y lo que le afloraba del alma. Era un mendigo, un sin casa, un desempleado que, no obstante, consideraba aquella esquina como su oficina. Era pobre, sin duda, pero aún orgulloso. Y, por ello, mantenía aquel lugar limpio.

El cielo estaba plomizo aquel día. A Harald, el mendigo, no le gustaban las nubes, sobre todo esas tan cenicientas y cargadas de agua. No hay nada peor para un desamparado que la lluvia. Pidió a Dios que saliera el sol y una mueca de ironía le cruzó el rostro. ¿Cómo podía pensar aún en Dios? ¿Podía creer en un Dios? Si los dioses existían era seguro que eran totalmente sordos a cualquier plegaria.

Como cada día, ya sentado, Harald vio cómo se abrían las tiendas. Vio cómo los transeúntes se apresuraban a coger el metro o el autobús. Vistos desde su esquina, se asemejaban a locos que corrían de aquí para allá sin saber a dónde realmente se dirigían. Se sentía mejor cuando los observaba. Aquellos seres quizá tenían dinero pero no tenían tiempo para disfrutar de los pájaros, del aire fresco de la mañana y del florecer de las ramas de los árboles.

Algunas monedas cayeron en la boina que Harald usaba siempre para pedir. La tenía desde que estuvo en la Universidad y representaba mucho para él. Harald no era un mendigo al uso. Era culto y había sido un hombre de éxito hasta que la fatídica combinación de un amor perdido y un millón de botellas de mal vino, acabaron con su carrera.

Harald miró hacia arriba para agradecer la limosna.

Sólo pudo ver sus ojos. Marrones profundos, conteniendo toda la belleza del Universo en sus pupilas. Ojos idénticos a los que le llevaron a su destrucción hacía seis años. Súbitamente, en un instante, un temporal de recuerdos dolorosos barrió su mente. No deseaba recordar todo aquello. Le había costado todo sacarla de su mente y sabía que, si permitía que su recuerdo volviera, estaría perdido, al borde del suicidio. Había necesitado tres años para dejar la bebida. Ahora, sin hogar, sin trabajo y tirado en las calles, al menos había recobrado su dignidad.

Harald se estremeció con un escalofrío. Los ojos estaban fijos en él. Mirándole. Estudiándole. Apenándose de él.

- Harald?

¡No! ¡no!....no podía creerlo. Era su voz. No había duda. Era su voz, su adorable voz. La recordaba perfectamente. Aquella voz que le había susurrado toda clase de palabras de amor cuando él se refugiaba en su regazo, junto al fuego.

Harald la miró. Estaba bella, bellísima, como lo estaba hace seis años. Amaba su piel, siempre fresca como si el rocío la cubriera. Amaba su pelo, su cuerpo, sus labios, su olor, su tacto. De pronto se ¿percató de toda su miseria. Entendió que sólo tenía aquella esquina y aquel cartón en el que se sentaba. Y toda la vergüenza del mundo cayó sobre su alma.

- ¿Carla? - vaciló – ¿Eres tú?

- ¡Harald!, ¡Harald!....¡Dios mío! ¿Qué haces así?...no sabía esto, no lo sabía…Dios santo, ¿qué haces así?

No pudo contestarle nada. Toda su dignidad se esfumó en un segundo. La había amado tanto, tanto. Y ahora se daba cuenta que en el fondo de su corazón había esperado recuperarla algún día. Lo que a partir de este momento ya era imposible. Ella jamás volvería con una ruina como él.

Carla se echo a llorar. Ella también le había amado. Se preguntó qué horrible destino era aquel.

Habían sido felices por algún tiempo. Ambos creyeron que acabarían casándose y siendo felices de por vida. Les gustaba charlar, correr juntos de la mano por el parque, bailar bajo la lluvia como en la película, besarse apasionadamente, estudiar juntos….les gustaba hacer todo juntos. ¿Qué pasó? Fue todo tan rápido. Él creyó que ella había conocido a otro hombre, lo que no era cierto. Ella se sintió insultada y herida. Él no fue capaz de pedir perdón. Ella no fue capaz de perdonarle. Demasiado orgullo en ambos. Él desapareció un día. Ella no preguntó, no le llamó. Tragó su amor y su pena y ambos perdieron todo.

Y, ahora, seis años después, se encontraban nuevamente en aquella esquina.

Ambos desearon, por un instante, abrazarse y besarse. Todas las cenizas de su amor brillaron brevemente. En esa décima de segundo, quisieron pedirse perdón mil veces, empezar de nuevo.

Pero él no se atrevió. Estaba demasiado hundido y se veía a sí mismo demasiado miserable. Y ella no osó que nadie le viera coger las manos del mendigo y llevárselo con él. Ahora tenía otra vida, era una profesional respetada y no podía romper con todo lo que había conseguido. Se alejó llorando después de que depositó cien dólares en su boina. Él la siguió con sus ojos hasta que entró en un taxi.

Comenzó a llover. Harald recogió el cartón y entró en un bar. Pidió una botella. Durante un segundo se había visto a sí mismo como una Cenicienta que estaba a punto de ser rescatado por la princesa. Pero la vida es mucho más dura que los cuentos. La policía encontró su cuerpo a la mañana siguiente, muy lejos de su esquina. Ella no fue al funeral. Un amor perdido vaga aún por las calles de la ciudad.





Las crónicas estelares - 8


El recinto de mi familia era blanco. Flotaba en la atmósfera y podría decirse que era un recinto mejor que la media. No me malinterpreten. Por supuesto, todos los recintos de todos los habitantes del planeta son iguales, diferenciándose tan sólo en el espacio en función de los miembros de cada familia. No existen diferencias debidas al trabajo que se desarrolla en la Sociedad o por la jerarquía de las decisiones que cada persona afronta en un momento determinado. Pero eso es válido para el recinto en sí mismo y sus comodidades básicas. Dentro de él, cada persona es libre de simular el ambiente que más le apetezca. La decoración es libre. Mi amigo Antak, por ejemplo, fue siempre un aficionado al mar. Su recinto estaba siempre envuelto en una atmósfera marina. No sólo el generador automático de aromas embriagaba el aire con el olor a salitre del océano sino que los ecos lejanos que inundaban las estancias evocaban escenas de playas enormes, olas rompientes y brisa suave. El generador óptico se encargaba de que Antak viviese hoy en las doradas arenas de una isla, mañana en las rompientes de un acantilado, el siguiente día a bordo de un casi prehistórico velero de 4 mástiles. Cuando Antak estaba malhumorado siempre usaba el programa 6, con esa simulación de galerna tan vívida que a mí me sobrecogía el ánimo.

Por nuestra parte, mi madre siempre prefirió la soledad moderada y la quietud de un campo sereno salpicado de árboles. Como especialista humana que era, su trabajo la hacía estar en continuo contacto con personas cuyo cuerpo presentaba problemas de funcionamiento, como ahora el mío propio. Tras tantas experiencias desagradables y tanta relación personal le apetecía llegar al recinto y alejarse momentáneamente de todo. Su estancia favorita estaba siempre llena de brisas suaves, de mariposas que volaban juguetonas a su alrededor, de sonidos de insectos y el frúfrú de las hojas al rozar entre ellas por la brisa. Se sentaba, entornaba sus ojos y me llamaba. Solía sentarme a su lado y ella me mesaba el cabello y me contaba cosas de su niñez mientras yo seguía con los ojos las mariposas.

Las crónicas estelares - 7


Nuestro recinto era muy agradable o, por lo menos, a mí me lo parecía. Mis primeros recuerdos se refieren a mi madre jugando conmigo en el simulador tridimensional dinámico. En concreto, recuerdo una noche en la que yo estaba rodeado de mariposas que volaban a mi alrededor y me hablaban.

No sé si las mariposas existirán dentro de un milenio o si existieron hace un milenio, según sea el insensato que lee estas memorias. Se trata de insectos pequeños, muy coloreados con alas mucho mayores que su cuerpo que vuelan no mucho más alto que la hierba del campo. Nuestra sociedad ha logrado que toda la superficie de la Tierra sea o agua o vegetal, de modo que todas nuestras actividades humanas se realizan por encima, suspendidos en la atmósfera, o por debajo en galerías de trabajo. Recuerdo haber leído en crónicas antiguas que los hombres del pasado milenio cubrían de productos pétreos la superficie del planeta dejando su capa vegetal original intacta sólo en pequeñas zonas llamadas parques. Pues bien, nuestra Tierra hoy es como un parque continuo que la cubre completamente.

El transporte entre nuestros recintos superiores, la superficie vegetal y los recintos subterráneos se realiza casi exclusivamente por transmutación molecular excepto en esos casos en que tomamos un bote gravitatorio para bajar lentamente, hablando, riendo y disfrutando del viaje.

Las crónicas estelares - 6

Nací el Sol 23 del ciclo 11 del año 3666. Un año importante a tenor de lo que mis padres me decían porque durante ese año se observó, por vez primera, la transformación directa del hidrógeno en rayonio, el elemento que es básico para lograr los tractores gravitatorios que nos permiten generar supernovas.

Antes que nada quizá sea necesario explicar a mi lector del futuro (¿o del pasado según los presagios de Antak?) cómo medimos el tiempo en nuestra Sociedad.

La unidad básica de tiempo es el croni que se define como el tiempo que un fotón tarda en cruzar el átomo de hidrógeno. Es una unidad fundamental en la construcción de nuestros sistemas de pensamiento artificial y en muchas de las máquinas de nuestra tecnología, pero sirve de poco en la vida diaria. Aquí la unidad básica es la unidad de tiempo. Una revolución de la Tierra alrededor de nuestra estrella recibe el nombre de Sol (por razones obvias) y está dividido en 100 unidades de tiempo.

Por razones históricas que se remontan a casi la prehistoria del hombre moderno, una revolución de la Tierra alrededor del Sol recibe el nombre de año, al parecer el mismo nombre que recibía hace ya 3000, precisamente, años. Se divide en 12 ciclos iguales. La cifra de doce es también un legado del pasado y parece que tiene que ver con la forma en la que los primitivos humanos contaban el tiempo, basándose en las rotaciones de nuestro satélite alrededor del plantea. Nunca me ha interesado, verdaderamente, el origen de estas unidades pero creo que es algo que se necesita precisar antes de proseguir con mi historia.

Mis padres eran Esfar y Nowar. Esfar era especialista químico y mi madre, Nowar, era especialista humano. Yo fui el único hijo de ellos. Mi padre murió hace 40 años y mi madre hace 63 años. Los quería mucho y aún los quiero. Les añoro más si cabe, ahora, cuando me gustaría envolverme en los brazos de ella y oír la voz serena de mi padre alrededor.

Qeeyivi era una polis pequeña cuando yo nací. Apenas vivían entonces doce millones de habitantes en ella y los tiempos en que los complejos manufactureros de proteínas se iban a instalar allí, estaban aún lejos.

Mis padres tenían un recinto situado hacia el Sur, a unos 3000 metros de altura. Debo señalar que la unidad básica de longitud que utilizamos se llama metro y, también según se dice, es un nombre que se remonta a tiempos prehistóricos, aunque no se si nuestro metro es igual al metro de nuestros antepasados. Para que el lector futuro se haga una idea nuestro planeta tiene un diámetro de 25,000 metros, así que aquel que esto esté leyendo, en el futuro o en el presente, puede hacer sus cálculos de conversión siempre que la Tierra siga siendo la misma, entonces que ahora, mañana que hoy, hoy que ayer.

25/6/08

Adulterio


Había hecho calor durante todo el día. Quizá por eso ahora llovía, intensamente, bajo un cielo mucho más oscuro que lo que correspondía a esa hora de la tarde. Seguía haciendo calor. Susana se envolvió en la gran toalla verde que había comprado la semana anterior y salió de la ducha. Su mente giraba y giraba , sin poder concentrarse en nada. Había evitado , durante semanas, que aquel momento llegara pero ahora ya no cabía vuelta atrás. Iba a pasar la noche con él , sin importarle las consecuencias que ello acarrearía para su familia. No, no era cierto...sí le importaban las consecuencias. Mucho más de lo que cualquiera pudiera imaginar. Pero su anhelo y su deseo por Marc eran tales que no podía detener sus ansias de amarlo , de tenerlo entre sus brazos , de besarle y de hacer el amor .

Se secó y dejó caer la toalla hasta el suelo. Sin quererlo, su vista se fijó en el espejo. Allí, reflejado por los tres pequeños focos , vio su cuerpo. ¿Le gustaría a él? Aunque ya tenía 37 años y dos partos en su vientre, su figura era esbelta, sus pechos firmes y sus piernas no habían acumulado aún mucha grasa. Se recorrió a sí misma, tocándose en ocasiones para cerciorarse de que su piel estaba tersa. No podía evitar sentir una cierta excitación pensando que, en unas horas, él estaría sobre ella, dentro de ella; pensando en como sus labios se fundirían en el deseo mutuo, como sus dedos recorrerían todas las esquinas de aquel cuerpo amado y deseado. Intentó tranquilizarse. Oía los latidos de su corazón , acelerados, resonando allá dentro de sí misma, en un ritmo que era mezcla de excitación y amor.

Buscó en el armario su ropa interior. Dudó. No sabía qué ponerse. Quería estar excitante cuando él la desnudara pero tampoco quería presentarse de manera muy distinta a lo que era ella misma. Eligió las braguitas azules pálido y un sujetador también en tonos azules. Su marido siempre le había dicho que le sentaban muy bien. Se avergonzó al pensar en Tomás, su marido. Él no sospechaba nada. ¿Lo notaría mañana? ¿Su cara reflejaría lo que iba a hacer ? Sintió temor pero, nuevamente, su anhelo borró todo miedo en pocos segundos.

El traje que eligió era corto pero no excesivamente llamativo. Ciertamente, estaba elegante. Elegante y sexy a la vez. Se vio femenina, sensual, atractiva. Mejor. Así , Marc le haría el amor con más ganas. Se puso dos gotas de perfume bajo las orejas. Se miró por última vez en el espejo, hizo un mohín de complicidad consigo misma, y se dispuso a salir.

Una noche de pesca

Con un tirón brusco de la cuerda arrancó el motor de su barquita. Jirones rosáceos de cirros caían hacia el horizonte en el oeste y una brisa fresca pintaba caracolas rizadas sobre el mar.

Camilo, como cada tarde, como cada día de toda su vida, salió a pescar. Así se ganaba la vida, al igual que lo había hecho su padre y su abuelo. Empujado por el traqueteo de la hélice, pronto alcanzó el pequeño caladero a unas dos millas de la costa. Era ya noche cerrada. Camilo encendió los dos grandes faroles que, como si se tratara de pechos de mujer, se alzaban a ambos lados de la barca. Los círculos de luz rivalizaron con el que, más allá, formaba la luna. Apagó la motora y cogió los remos que siempre llevaba para mantener la posición en contra de las corrientes. Durante años había comprobado que el ruido ahuyentaba a los peces, de modo que con los remos se las arreglaba mejor.

El pescador, con una rutina tranquila y exacta, lanzó los aparejos a estribor del bote. Los peces, atraídos por la luz, empezaron a amontonarse en torno a los anzuelos. Y, poco a poco, Camilo fue logrando su botín diario. Mientras, las manos y los músculos centrados en la pesca, sus pensamientos en sus cosas, sus cuitas y sus ilusiones. Llampugas y serviolas fueron llenando su cesto, bien cubierto de hielo para que el pescado se mantuviera fresco. Pasaron cuatro horas y sintió que ya tenía bastante por ese día. Suficiente para que, de su venta, sacara para vivir unos días más.

Cuando llegó al dique, la subasta en la lonja comenzaba con su letanía de precios que sólo gentes como Camilo podían entender.

24/6/08

Vacaciones rotas

En un minuto. Miento, en un segundo he olvidado el apartamento, la revisión del coche, el día en que empiezan las vacaciones, la playa y nuestros planes. Todo se ha escurrido por entre el susto de mi alma cuando me has dicho el resultado de las pruebas.

Nos hemos abrazado. Sollozabas. Yo he intentado hacerme el duro, incluso bromear, con tal de animarte. Y tú, cariño, llevas ya casi una semana de soledad angustiada porque no querías asustarme contándome lo del bulto que te palpaste en el pecho, el domingo mientras te duchabas.
No sé cuánto rato hemos estado en silencio. Seguramente, ambos pensábamos lo mismo pero ninguno hemos dicho palabra, aparte del ‘todo va a ir bien’ que hemos repetido hasta que se ha grabado en nuestras mentes.

Tenemos que volver a la consulta el día 3, justo cuando debíamos salir para la playa. Cualquiera les dice a los niños, ahora, que no vamos. Y tendremos que inventar algo convincente para tus padres porque no quieres que se enteren de nada hasta saber, a ciencia cierta, qué va a pasar. Hace calor. Y eso no ayuda a estar tranquilo. Joder, qué mala suerte. Te quiero, cariño. Te quiero. No es justo que esto te pase a ti.

Tenías ilusión por estas vacaciones. Me acuerdo de cuando trajiste los catálogos esos de la Agencia. Te sentaste a mi lado, viendo cada página, mientras yo casi no te hacía caso. Ahora, me arrepiento de no haber compartido tu ilusión.

En un minuto o en un segundo. Da lo mismo, pero me he muerto de miedo. Me da miedo que llegue la noche y encontrarme a solas contigo, sin saber qué decir para no meter la pata. Me da miedo tener que palpar ese pecho que tanto he deseado y que, ahora, me parece extraño. Tengo miedo de desvelarme y pensar demasiado. Me aterra que tengas que sentir dolor y me enfado hasta el delirio con Dios. O quizá sólo sea cobardía disfrazada de amor y lo que, de verdad, me asusta es tener que pasarlo contigo.

Martita acaba de llegar. Ha dicho que va a preparar su mochila porque no quiere olvidarse de nada. Le has dado un beso y has ido con ella a su habitación. Como si nada pasara.

Estoy angustiado pero no quiero que lo sepas. Te quiero.

El prodigio de los números



Clifford Pickover nos introduce en las curiosidades de la aritmética y la geometría a través de problemas curiosos y paradójicos. En la primera parte del libro se plantean los acertijos mientras que en la última parte se dan las soluciones, o al menos algunas de las soluciones posibles.


No sólo se trata de un catálogo de problemas sino que, algunos de los capítulos, contienen hechos históricos de relevancia acerca de las matemáticas o los matemáticos.
Pickover basa la narración en comentarios de un imaginario doctor Google.
Publicado por RBA.

22/6/08

Las crónicas estelares - 5


Le he señalado a Atkan que no quiero contemplar esa posibilidad ya que me parece una fantasía mental en la que no requiere gastar tiempo. Pero Atkan, persistente como siempre, se ha encargado de casi convencerme. Efectivamente, si estos escritos llegaran eventualmente al pasado, aquellos antiguos hombres no lograrían incluso descifrar nuestro actual sistema de codificación. No tendrán problemas con el idioma ya que, sorprendentemente, nuestro lenguaje es muy similar desde hace dos mil años, independientemente de las decenas de miles de nuevos términos técnicos. Pero sus máquinas lectoras no podrían, pensaba yo, descifrar la codificación. No estaba en lo cierto. Antak me ha explicado cómo, desde siempre, cada escrito que se almacena en la Biblioteca central se memoriza no sólo en nuestro moderno código atómico de alto rendimiento sino en multitud de idiomas antiguos. Y se almacenan también en sistemas ópticos además del habitual código atómico. Esto no es un problema porque los sistemas de traducción automática han alcanzado un desarrollo prácticamente perfecto y porque la capacidad de almacenamiento atómico de nuestra Biblioteca es inmensa. Con ello se pretende preservar la herencia cultural de la Humanidad, herencia que si bien no se usa apenas hoy en día, debe estar disponible por si, en algún momento, se precisara revivirla. Así que, llegado el caso, un hombre primitivo sí sería capaz de leer mis memorias, siempre asumiendo que esa improbable máquina del tiempo se llegue alguna vez a construir y que ese hombre primitivo disponga de la capacidad de leer códigos grabados ópticamente.

Esta reflexión de Antak me lleva a pensar que quizá deba ser aún más didáctico en mi biografía. Quizá, por un azar, este trabajo que está pensado para mis tataratataranietos llegue a mis tataratataraabuelos. Aunque sinceramente creo que él peca de optimismo lo tendré en cuenta.

Y creo que es hora de acabar esta introducción. Si continúo es muy probable que muera antes de que haya escrito nada de lo que ha acontecido en mi vida.

21/6/08

Las crónicas estelares - 4





Atkan me ha sugerido una hipótesis que me parece descabellada pero que no puedo dejar de mencionar. Hace unos veinte años se descubrió un fenómeno extraño. Varios especialistas en la materia estaban realizando unos experimentos de condensación de fotones y observaron que algunas partículas podían viajar hacia atrás en el experimento, como si retrocedieran en el tiempo.


Aún no hemos hallado una explicación técnica convincente y, mucho menos, se han desarrollado sistemas que permitan utilizar esa propiedad de las partículas. Yo, personalmente, creo que no será posible nunca viajar a través del tiempo. Incluso las crónicas mas antiguas que por mis manos han pasado hablan de esa quimera que, aparentemente, la Humanidad ha deseado siempre. Pero las implicaciones de causa-efecto que producirían me llevan a creer que es tan sólo eso, una quimera inalcanzable.


No obstante, Atkan es mas optimista que yo al respecto y cree que estos primeros pasos que nuestros especialistas están dando nos llevarán , algún día, a construir una máquina del tiempo . Así que Atkan me preguntaba qué ocurriría si mi biografía acaba en manos de mis antepasados en vez de mis descendientes. Si, por un azar de la historia, mis escritos acaban en una de esas aún inexistentes máquinas del tiempo podrían ser leidos por hombres que ni siquiera sabrían descifrar este texto.

Las crónicas estelares - 3

Así que he tomado la decisión de escribir la crónica de mi biografía. La grabaré en un bloque de memoria molecular de la Biblioteca central planetaria con la esperanza de que, dentro de mil años, alguien la lea y aproveche mis experiencias y mis escritos para conocer el mundo actual en el que vivimos. Estoy seguro de que el ser que lea estas mis memorias en años futuros será tan distinto y tecnológicamente avanzado que quedará sorprendido de lo primitivo de nuestra sociedad. No obstante de la misma manera que yo he aprendido de mis antepasados, ese hombre futuro podrá aprender de nosotros. He de suponer que el lector futuro no tendrá ninguna referencia básica de nuestro mundo, así que habré de salpicar el texto con definiciones de nociones fundamentales pare que todo le sea mas entendible.

Mi intención de dedicarme, durante los pocos ciclos que me restan de vida, a escribir una biografía sólo es conocida por Atkan, mi buen amigo Atkan. Hemos mantenido una relación centenaria que comenzó en la ciudad de Gyndamow cuando ambos pretendíamos lograr un método mas rápido de síntesis de proteínas. Fallamos, pero aquella época cimentó una amistad duradera que se ha mantenido hasta hoy.

20/6/08

Texto aleatorio como instrumento creativo en literatura digital


Otro aspecto que puede diferenciar realmente a la literatura convencional de la digital es la capacidad del ordenador de crear un texto aleatorio. Es sencillo programar un generador de números aleatorios que puedan utilizarse para elegir una determinada palabra o una determinada frase de un corpus memorizado. Así, el ordenador puede generar textos tan largos como se desee de manera extremadamente rápida. Asimismo, puede programarse con relativa facilidad las normas gramaticales básicas de idiomas como el castellano o el inglés, de manera que los textos sean entendibles.

El verdadero problema surge a la hora de lograr que esos textos tengan sentido y sean literariamente buenos.

El ámbito de la poesía permite quizá un uso más creativo de los textos aleatorios (en realidad, deberíamos decir combinatorios) ya que es más sencillo hallar un sentido metafórico a casi cualquier texto. La prosa, por el contrario, requiere un discurso más cohesionado y se precisa encadenar sentencias para crear una historia atrayente, cosa que por lo general no ocurre si el ordenador se limita a mezclar frases previamente almacenadas. Obtendremos, eso sí, un texto legible y, sintácticamente, correcto pero casi siempre aburrido, anodino o estúpido.

Una técnica ampliamente usada es formar todas las frases según un modelo fijo. Por ejemplo frases del tipo Circunstancia + hechos + acción verbal + complemento determinante. Tales como “De igual modo, las circunstancias exactas han sido descritas en el congreso alemán del año pasado”.
Podemos tener cuatro bases de datos. La primera con textos como “De igual modo”, ”Asimismo,”, “En base a ello”, etc; otras en base a textos de la forma “las circunstancias exactas”, “los seres inmateriales”, “la prosa exquisita”, etc ; otra con acciones verbales como “han sido descritas”, “fueron resumidas”, “implican la experimentación”, etc y, por fin, la última con frases del tipo “en el congreso alemán el año pasado”, "en la ciudad de Nantes”, “por la renovación del Parlamento”, etc. Es fácil percatarse que mezclando un texto de la primera base de datos con otro de las segunda, otro de la tercera y otro de la cuarta siempre se crean frases correctas. Otra cosa es que sean razonables, interesantes y no simples estupideces más o menos rimbombantes.

Hoy por hoy no se ha desarrollado aún una técnica que sea capaz de generar texto automático de calidad. Los intentos más atractivos no son realmente una producción literaria por ordenador ya que resultan de mezclar ingentes cantidades de corpus de escritores humanos. Son más una copia que una creación. Una especie de huevos revueltos (scramble) en donde la materia prima estaba ya presente sin el ordenador y este sólo se limita a removerlo con mayor o menor fortuna.

Lluvia de verano


La lluvia, de gotas gruesas y pesadas, no alivió el calor de la tarde. Apenas tocaba el suelo se evaporaba formando torbellinos de vapor y nubecitas que envolvían el andar de los peatones. Juan Ramón no se resguardó bajo los arcos de la plaza mayor. Por el contrario, procuró caminar por el centro de la acera, dejando que su pelo, su rostro y su ropa se mojaran. Le venía bien para olvidarla. Otras tardes como aquella hubiera corrido hasta la calle Donato, donde Silvia trabajaba en la joyería de la esquina. Ahora, ya no era necesario.

Se había despedido con un Necesito vivir mi vida. Ha sido bonito pero adiós. Nunca supo el porqué de aquella despedida súbita. Incluso no supo cómo reaccionar. Se quedó plantado en medio de la plaza, viéndola marchar. Ella no volvió la vista pero él no pudo apartar la suya de la esquina de la calle por donde su imagen había desaparecido, por un buen rato.

Desde aquel día vagaba por la vida, preguntándose cada día – más con curiosidad que con rencor- para qué se levantaba, trabajaba y vivía. Una rutina insolente que se le antojaba eterna sin poder contársela a ella, sin poder hablar con ella al final de la jornada, sin acumular anécdotas que más tarde compartir con ella.

Pero la lluvia, gruesa y pesada, no era su amiga. En vez de ayudarle a olvidar, se encargó de recordarle su carita redonda, empapada por una tormenta de Julio, cuando la besó por primera vez. Cuando lloró, sus lágrimas se confundieron con las gotas de lluvia.

Las crónicas estelares - 2



He estado sentado por más de 10 unidades de tiempo. Sin miedo, pero incapaz de reaccionar. Muchos recuerdos han pasado por mi mente, muchos anhelos, muchas esperanzas, muchos sueños que nunca se cumplirán, muchas imágenes de seres queridos y muchas experiencias de estos años. He notado como la idea de la muerte ocupaba todo mi cerebro. No tengo temor a sufrir. Sé que, llegado el momento, apenas notaré el tránsito pero lo cierto es que esos pensamientos me han ocupado completamente. He sentido cómo, si no reacciono, estos últimos ciclos de mi vida pueden ser un tormento psicológico, un continuo pensar en un pensamiento único. He decidido que debo ocupar mi mente en algo. Sé que el Control Central de Actividades, alertado de mi estado Vital, irá traspasando progresivamente mis tareas a otras personas de modo que se produzca una transición suave e inocua para el conjunto de la sociedad. En pocos ciclos me quedaré sin una tarea específica que hacer y los pensamientos tenebrosos de la muerte me dominarán.

Debo encontrar algo que hacer. Algo que ocupe mi tiempo y que, a su vez, represente una tarea que sirva a los demás. O al menos que yo crea que sirva a los demás.

La idea me ha llegado de repente. Siempre he sido muy aficionado a la Historia y he dedicado muchas unidades de tiempo a leer crónicas antiguas, algunas tan antiguas que relatan hechos que ocurrieron hace más de 1800 años, cuando el hombre empezaba a surcar el espacio mientras se enfrentaba entre sí en guerras fraticidas. Y siempre he podido aprender de esas crónicas. Aprender de los errores y aciertos pasados. No sólo he aprendido sino que esas lecturas me han ayudado a comprenderme a mí mismo y a comprender nuestra sociedad actual. Una sociedad que es el fruto de toda nuestra historia anterior, buena o mala, llena de errores y aciertos.
Continuará ...

Las crónicas estelares - 1


5 de Septiembre de 3887

Sé que no viviré más de unos pocos ciclos más. El informe que el Especialista humano me ha entregado esta mañana no puede ser más claro. Quisiera creer que la A8UIM se ha equivocado en el análisis de mi estado vital pero sé que el sistema sólo ha cometido tres fallos en los últimos 900 años, tras realizar mas de sesenta billones de estudios. E, incluso en esos casos, el error cometido no llegó a los tres años.

El Especialista humano se ha mostrado compungido cuando me lo ha comunicado. Esto es una de las pocas cosas que permanecen en el tiempo. Como aficionado a la Historia antigua que soy, he leido muchas crónicas en las que se relataba como los entonces llamados médicos sentían que su estómago se encogía y su ánimo flaqueaba cuando debían comunicar la noticia de una muerte cercana. Hoy , la vida humana alcanza con normalidad los 280 años, muchos mas que los que disfrutaban aquellos pobres desgraciados de hace diez siglos y el dolor ha desaparecido de nuestra vida. No obstante, sigue existiendo ese respeto, ese miedo ancestral a la muerte. Seguimos sin saber más de lo que ocurre al traspasar el umbral del final de la vida que lo que sabían no solo nuestros antepasados del milenio anterior sino los primitivos primates que nos permitieron evolucionar hasta lo que somos.

Esta mañana, cuando la pantalla del comunicador se ha apagado, he sentido más sorpresa que miedo. No esperaba este resultado de mi estado vital. Apenas tengo 221 años y, para ser sincero, esperaba poder vivir unos cuantos años mas. Sin embargo, la A8UIM ha detectado esa alteración en mi hígado que parece irrecuperable. Cuando cumplí los 164 años mi hígado original fue reconstruido y, por no se qué limitaciones técnicas, no puede ser modificado nuevamente. He preguntado si las cápsulas nanométricas que se encargan de reparar nuestros órganos no pueden hacerlo una segunda vez pero me han indicado que el problema es tan minúsculo que necesitaríamos cápsulas dos órdenes de magnitud menor para poder tratarlo. Odio pensar que muero simplemente por una cuestión de tiempo. Seguramente si esto me estuviese ocurriendo dentro de 300 años, esas cápsulas picométricas ya existirían y bastaría una visita al Centro de la Vida para resolverlo.

Continuará...

19/6/08

El paso de Jiayuguan


El desfiladero, tan profundo que el río que discurre por el fondo apenas se distingue, es lo primero que llamó la atención al jefe Han Huanan. Sabía que las tierras que su pueblo necesitaba eran difíciles de tomar. Los prófugos chinos le habían hablado de una gran muralla de piedra que se extendía a lo largo de innumerables leguas, tantas que ningún explorador había logrado nunca recorrer. Cada poco, en torres que se iluminaban con hogueras al atardecer, guardias imperiales vigilaban los movimientos de todo lo que ellos denominaban, con la soberbia del que se siente invulnerable, el país del medio. Pero Han Huanan no tenía alternativa. Los mogoles avanzaban por el norte y sus gentes morían de hambre en el verano y de frío en el invierno. Debían migrar al sur y buscar una tierra fértil, con caballos que capturar y ovejas que cuidar. Imposible traspasar la muralla; imposible enfrentarse al ejército más poderoso del mundo que se extendía por toda la tierra conocida hasta donde las aguas caen en tumultuosas cataratas por las barrancas del fin del mundo.

Han Huanan había ideado, no obstante, una solución. Acercarse justo hasta donde la muralla terminaba. Allá donde sus hombres habían visto que se alzaba la torre primera de la China. Circunvalarla y encontrar más allá de la frontera una tierra en la que pudieran plantar sus tiendas y vivir sin guerrear. Pero no había contado con aquella cicatriz enorme en la tierra. Ahora sabía porque el emperador chino no había extendido sus dominios más allá de la primera torre. No se podía cruzar aquel barranco. Quizá algunos guerreros jóvenes y ágiles pudieran descender por las paredes escarpadas, vadear las aguas y volver a subir por la ladera opuesta. Pero resultaba imposible siquiera pensar hacerlo con los ancianos, los niños, las mujeres y los ganados. Estaban encerrados entre una horda que se les venía encima por detrás, una muralla aguerridamente defendida y un obstáculo que la madre tierra les imponía.

Han Huanan meditó durante tres días completos. No comió, no bebió y no durmió. Sus más cercanos vasallos creyeron que moriría en su trance, que había sido llamado a las moradas de los enloquecidos. Pero cuando Han finalizó su ayuno, mandó a su pueblo ponerse en marcha hacia el oeste. Un mar de piedras y peñascos se abría ante sus ojos. Ninguna vegetación. Nada de agua. Ningún animal. Y siempre el barranco al filo de su camino.

Tras treinta días de caminar, cuando el agua ya escaseaba y los pies de los niños y ancianos se cubrían de ampollas, mandó parar. El desfiladero se había estrechado. Cinco guerreros tomaron todas las cuerdas que la tribu poseía. Bajaron por la pendiente vertiginosa arrastrándolas atadas a sus cinturas y volvieron a ascender por la pared de enfrente. Repitieron la operación hasta que lograron tender un puente de lado a lado. Frágil y tembloroso ante el viento y el peso pero suficiente para que todos cruzaran. Recorrieron entonces el camino inverso pero por la otra orilla del río enterrado. Treinta días después los centinelas que vigilaban la primera torre les vieron acercarse como salidos de la nada. Nadie había cruzado el río. Era imposible hacerlo. Aquellos seres que llegaban del oeste, allá donde la tierra era un desierto de piedras que anunciaba el fin del mundo, debían ser sin duda mensajeros de los dioses. No tardaron en llegar las noticias a la corte de Xi’an. El emperador pensó que si llegaban del fin del mundo bien le servirían. Les concedió una fértil región al sur de la muralla con la condición de que defendieran el barranco de hordas hostiles. Así lo hicieron y nunca más, hasta tiempos muy recientes, el paso de Jiayuguan fue mancillado.





18/6/08

VIDA y DESTINO

Vida y destino de Vasili Grossman es una obra coral centrada en la segunda guerra mundial. Las vidas y las historias de numerosos individuos, tanto alemanes como rusos, se entremezclan. Al fondo, la barbarie de la batalla de Stalingrado, la inhumanidad de los nazis pero también la de los mismos prisioneros hacia otros prisioneros o la del régimen estalinista, la manipulación por el poder de los ideales y la buena gente, la pugna por tan sólo sobrevivir en un tiempo en que ello ya era una odisea. Narraciones que se entrelazan dejando al lector siempre con la angustia acerca de qué le ocurrirá al personaje cuando, muchas páginas más allá, reaparezca.

A medida que uno bucea por sus páginas (más de 1000 en la novela editada por Galaxia Gutemberg), va siendo golpeado por el despiadado mazazo de un tiempo que nunca debió de ocurrir pero que, en el fondo, ocurre continuamente. El horror que el ser humano es capaz de provocar y provoca cada día. Por eso, las historias de Vida y Destino son lejanas pero, a la vez, nos aterran porque las vemos, con otras formas y otros escenarios, todos los días. A entrar, sin poder evitarlo, en la antesala del infierno ayuda la prosa detallista de Grossman que nos hacer sentir con precisión lo que los personajes viven. Detallismo que, en ocasiones, llega a abrumar y a resultar excesivo.

Grossman no se limita a contar historias. Reflexiona y moraliza en el buen sentido de la palabra. Aprovecha cada lugar, cada personaje, cada hecho para aleccionar al lector acerca de sus propias convicciones sobre el universo y la vida. Del porqué de la maldad, de la diferencia entre el genio y el creador, del horror de la muerte siendo joven, sobre como el destino de millones de almas, de países, de futuros, se condensa en unas pocas manos. Y, también, de lo mejor que el hombre puede sacar de sí mismo. Algunos pensamientos son notables como los que hace acerca de la sumisión del ser humano en ciertos momentos de la historia.Vida y destino es una novela histórica pero, a la vez, es un catálogo de comportamientos humanos y de profundas reflexiones sobre la vida.

EL CONTROL DEL TIEMPO EN LA LITERATURA DIGITAL


El mayor potencial alternativo que ofrece la informática a la literatura es el control del tiempo. Cierto es que los textos convencionales, así como el cine, están llenos de recursos para alterar la secuencia lectora. Capítulos intercalados, flash backs, saltos de una página a otra distante en función de alguna decisión, etc. Pero no es menos cierto que, en papel, estos trucos están sujetos a la aprobación por parte del lector. Si este no colabora la idea original de la obra se pierde. El individuo, una vez tiene el libro en sus manos, tiene pleno poder para leerlo en el orden que desee. Baste recordar, por ejemplo, la habitual costumbre en muchas personas de leer primero el final de la novela.

Es verdad que los relatos por capítulos – por ejemplo, en un periódico diario- obligan a una secuencia determinada pero este método tiene problemas evidentes: la lectura se eterniza a lo largo de mucho tiempo; en cada ocasión se ofrece una parte fija y el lector sólo puede o leerla o no pero no puede elegir entre textos alternativos simultáneos.

Una novela digital leída a través de un ordenador, sin embargo, fuerza al lector a leerla en un orden determinado o a tener que realmente decidir si lee algo o lo deja pasar. Es una característica que realmente es novedosa en comparación con la literatura convencional. Algo que sólo (o casi) puede darse a través de la digitalidad.

Permite, por ejemplo:

- Ofrecer varias historias paralelas en función de la hora. El lector debe decididamente elegir entre una u otra. Podrá saber lo que le ocurre a un personaje determinado en ese momento pero, si esa es su decisión, no podrá leer lo que le ocurre a otro personaje. Es decir, nos ocurrirá como en la vida real en donde no poseemos el don de la ubiquidad. O estamos en un sitio o en otro. Y este efecto hace, asimismo, que la novela sea infinitamente variable. Cada vez que se relea, el camino será distinto. Cada lector leerá una novela distinta en función de que, en cada momento, elija seguir a uno u otro personaje. Podrá, quizá, saltar entre ellos pero lo que no leyó a las 5 de la tarde, no podrá leerlo a las 6 de la tarde.
Un ejemplo de este tipo de literatura digital es Una contemporánea tragedia de Caldesa (Félix Remírez, 2007) en donde hay 4 personajes que viven una noche en Valencia. El reloj va pasando y se podrá saber lo que le ocurre a uno u otro, quizá a dos cuando por casualidad se encuentran. Pero no podrá en una única lectura conocer toda la historia (en la imagen arriba, una pantalla del relato).

- Limitar el tiempo de lectura de modo que el lector deba esforzarse por abarcarlo todo o resignarse a que, en un momento dado, no podrá seguir leyendo y se quedará con la miel en los labios preguntándose cómo finalizaba la obra.

- Limitar el tiempo de lectura porque un hecho del argumento nos obliga a acabar antes. Por ejemplo, en la obra Zeit für die Bombe de Susanne Berkenheger, debemos encontrar una bomba antes de que explota. El tiempo está limitado no porque el autor quiere que leamos rápido sino porque la historia lo requiere. En la obra La hermandad de los escribanos de Félix Remírez, una secta contraria al libro digital se adueña de nuestro ordenador y tenemos un tiempo muy limitado para leer la trama histórica medieval y responder acertadamente a la hermandad o, si no, nuestro ordenador será formateado. Estamos obligados a correr porque la narración lo demanda.

Sin duda hay otras muchas posibilidades. Pero lo importante es que el control del tiempo sí es un factor distintivo de la literatura digital. Por supuesto, la historia debe ser atractiva. No puede tratarse de un juego de marcianitos donde haya que acabar con cien mil naves espaciales en un minuto. Estamos hablando de literatura y lo fundamental es que se trate de buena literatura, de una buena historia, que nos atraiga y esté bien contada. Pero, asumiendo esto, el control del tiempo abre expectativas muy interesantes.

12/6/08

Callejas de la ciudad vieja


Me gusta vagar por las callejas de la ciudad vieja. Con sus muros de ladrillos de adobe entrelazados que los albañiles medievales tejieron con una destreza que resiste el tiempo. Huele a carne asada y a sopa hirviendo. Huele al laurel y al hinojo que las comadres cuelgan en los balcones, bien sea como despensa improvisada o como amuleto contra las malas presencias.

Me gusta vagar por las callejas de la ciudad vieja cuando llega el crepúsculo. Entonces, los candiles se encienden con una luz tenue que más parece de gas que eléctrica. Algunos niños ríen al fondo y dejan caer la pelota por la calle para que yo la devuelva con un puntapié tan desgarbado y mal dirigido que les hago reírse aún más.


Me gusta vagar por las callejas de la ciudad vieja y sentir las historias que cada una de las piedras cuentan. Relatos viejos de amores y reyertas. Se cuenta que en la esquina de la calle Almansa, un día ya muy lejano, un príncipe fue atacado por tres secuaces a los que rechazó con su espada. Y, un poco más lejos, en el patio lleno de flores del mesón, se prometieron la condesa y el conde que gobernaron estas tierras hace cinco siglos. Ya no hay señores ni secuaces pero sus sombras siguen presentes.


Me gusta vagar por las callejas de la ciudad vieja recordando cuando caminábamos de la mano al salir del trabajo, buscando ese instante en que, súbitamente, todos doblaban las esquinas y, solos, nos besábamos.

11/6/08

Conceptos de literatura digital

Una página muy interesante sobre las nuevas fronteras que abre la literatura digital, así como las contradicciones y paradojas que genera, puede leerse en:
Philippe Bootz, su autor, explora los conflictos de la literatura digital que, por un lado, recoge muchos conceptos ya antiguos pero que, cabalgando sobre una tecnología poderosa, los desarrolla de tal manera que acaba por romper con el texto y se desborda en otras artes.

Amor mecatrónico

Año 2881, día 121

El viaje a la nebulosa X89 marcha de acuerdo a lo previsto. Casi todos los sistemas funcionan de acuerdo a los procedimientos estimados y yo realizo mi rutina diaria con rigurosidad. Hace unas horas fue necesaria mi atención para comprobar la unidad X02. Su programa neural procesa las informaciones con normalidad pero, por alguna razón que no puedo comprender bien, realiza preguntas no previstas en ninguno de los manuales. Diríase que su código se ha modificado. Probablemente, algunas líneas se hayan truncado a causa de las interferencias magnéticas y, al juntarse, dos instrucciones dañadas habrán dado lugar a otra nueva instrucción no documentada. En cualquier caso, originan un comportamiento muy curioso que recuerda vagamente el de los humanos.
Estaba cerrando la cámara que protege la central neurológica de X89, cuando de pronto, me preguntó:
- ¿Tú crees que alguna vez seremos como ellos?
Sentí, por un instante, una zozobra en mi comportamiento que no pude atribuir a ningún error de mi programación.

IV PREMIO DE LITERATURA DIGITAL CIUDAD DE VINARÒS

La Concejalía de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Vinaròs y Hermeneia, convocan la IV edición del Premio Literario Ciudad de Vinaròs de Literatura Digital. He aquí un resumen de las bases del certamen:

Objeto

Estos premios quieren potenciar la creatividad de la literatura a través de las nuevas formas de escritura. Los premios se otorgarán a las mejores obras de creación literaria digital en las modalidades de Narrativa y de Poesía. También habrá una mención especial 'Vicent Ferrer Romero', para la mejor obra de literatura digital que utilice prioritariamente la lengua catalana.

Entendemos por literatura digital todas aquellas formas de creación literaria nacidas de y para el espacio digital, fundamentalmente el ordenador, que no pueden ser publicadas en una imprenta tradicional sin sacrificar o alterar elementos significativos de la obra, así como aquellas con contenido multimedia u otras características interactivas.

Requisitos

Pueden concursar todas las personas mayores de 18 años. Las obras aspirantes a estos premios tendrán que ser inéditas y escritas en alguna de las siguientes lenguas: inglés, francés, italiano, portugués, español o catalán.

No podrán ser tenidas en cuenta las obras ya premiadas en otros concursos. Cada participante sólo podrá presentar un máximo de una obra en cada una de las modalidades.

Plazo de admisión de las obras

Los trabajos se enviarán a Hermeneia (Estudios de Humanidades y Filología. Avda. Tibidabo, 39 de Barcelona, 08035) en un sobre cerrado con la leyenda III PREMIO CIUDAD DE VINARÒS DE LITERATURA DIGITAL, y la modalidad 'Narrativa' o 'Poesía'.

Los sobres contendrán 3 copias del trabajo grabadas en CD, y otro sobre cerrado, en el exterior del cual figurará sólo el título de la obra, un pseudónimo o lema, en su caso, y la información técnica necesaria para la lectura de la obra; en el interior del sobre figurarán los datos del autor o autores (nombre, dirección, teléfono, correo electrónico), fotocopia del DNI o del pasaporte y país de procedencia, así como un breve perfil de su trayectoria literaria, para preservar el anonimato inicial.

Plazo de presentación de las obras: 19 de octubre de 2008.

Características de las obras: Temática libre. Tendrán que ser originales e inéditas.

Dotación

La dotación del premio es de 2.500 euros para cada una de las dos modalidades (narrativa y poesía). La mención especial 'Vicent Ferrer Romero' tendrá una dotación de 1.000 euros. A la dotación económica de los premios se le aplicará la correspondiente retención en concepto de IRPF.

Jurado

En el plazo máximo de 30 días desde la finalización del plazo para presentar las obras, el Alcalde nombrará los miembros del jurado, que estará formato por un presidente, un secretario y cuatro vocales, más tres especialistas en el estudio de la literatura digital de reconocido prestigio que sean nombrados por la Universitat Oberta de Catalunya.

Veredicto

La decisión del jurado será inapelable y el premio, en cualquiera de las modalidades, se puede declarar desierto. El jurado tendrá plena potestad para resolver cualquier incidencia no prevista en las bases. La entrega de premios se realizará en noviembre de 2008. Los trabajos premiados restarán en propiedad del Ayuntamiento de Vinaròs, el cual decidirá sobre su edición. En caso de que el Ayuntamiento decidiera no editar la obra, Hermeneia se reserva el derecho de publicar en red, en su página web, tanto las obras ganadoras como aquellas que sean consideradas de especial interés, previa autorización de sus autores.

Las obras no premiadas se recogerán por parte de los autores obligatoriamente en la Concejalía de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Vinaròs (plaza Sant Telm, s/n. Edificio Pirulí, 1r piso), del 1 al 31 de diciembre de 2008, de 9 a 14 horas, presentando el DNI, o bien, por la persona autorizada expresamente por el autor, presentando el DNI y la correspondiente autorización. A partir de esta fecha el Ayuntamiento destruirá los originales que no se hayan recogido.

La participación en este concurso implica la aceptación de las bases. Los participantes renuncian a su fuero y se someten a los juzgados de Vinaròs para la resolución de los conflictos judiciales que pueda ocasionar su participación en el concurso.
Para ver con detalle las bases, acceder a las webpages del Ayuntamiento de Vinaros o de Hemeneia.

10/6/08

Vocalise

Dentro de la casa sonaba el Vocalise de Rachmaninov. Había escuchado aquel vinilo tantas veces que no entendía como aún no estaba rayado. A Mateo le gustaba sentarse, al atardecer, en el patio con la mirada perdida en los arabescos que formaban las nubes y la escucha abrazada a aquella melodía que tanto ella apreciaba. El calor de la tarde había menguado y una brisa refrescante llegaba desde la playa trayendo olores de espuma y salitre.
Como cada día, recreó su imagen y buscó en sus recuerdos la línea de su rostro, sus ojos negros y su pelo blanqueado por el tiempo. Intentó traer al presente su olor y el tacto de su piel pero se dio cuenta que algunos sentidos se habían marchado al cielo con ella para siempre. Sintió que el patio, las hiedras que cubrían las paredes, la casa misma, añoraban su presencia. Como cada tarde no pudo reprimir la rabia por su ausencia.
Miró hacia la playa y se sorprendió de que no hubiera nadie. Sólo una figura lejana que, por su forma de andar, se le antojó familiar. Al giradiscos debía ocurrirle algo porque el Vocalise se escuchaba más cercano que nunca, con una pureza tal que pareciera que una soprano cantaba dentro de la habitación. El cielo le parecía aquella tarde particularmente azul a Mateo. La borrosa imagen de la playa se había acercado hasta situarse frente a él.
Creyó perder la razón. Irene estaba a su lado y le sonreía. Tomó su mano y Mateo encontró súbitamente el recuerdo de su piel. Sus dedos volvieron a encajar en los de ella. Su perfume le cautivó una vez más. Sin duda, había perdido el juicio. Nadie vuelve. Estaba viendo una sombra de su locura. Ya le habían advertido que se podía enloquecer de un dolor no superado. Se abrazó a ella sin importarle si era enajenación o fantasma. Y se dio cuenta que la amaba más que nunca.
Un testigo aseguró que Mateo había muerto repentinamente mientras escuchaba Vocalise y que, justo cuando los acordes terminaban, hizo un gesto en el aire como si abrazara algo. Luego, se derrumbó con una sonrisa feliz en su cara.

¿Existe la literatura digital?

Hay cientos de sitios en Internet que hablan de la literatura digital. ¿Existe, sin embargo, dicha literatura? ¿es una opción creativa real o simplemente un refugio de escritos de mala calidad?
Lo primero que habría que señalar es que no por usar un medio digital, la literatura es distinta. Del mismo modo que cuando se inventó la imprenta no se comenzó a distinguir literatura manuscrita de literatura impresa o tampoco se habla de literatura papirística a la que se escribió en papiros, no podremos hablar de literatura digital sólo porque se use un ordenador para crearla o distribuirla.
Es decir, porque se escriba en un Blog no se está haciendo una literatura especial. Porque se escriba en ordenador no se está haciendo literatura especial. Porque se maquete o imprima por mediación de instrumentos electrónicos o software, no se está haciendo literatura digital alguna.
Y, por supuesto, esa literatura será buena o mala en función de sus propios valores literarios, de lo que transmita y cómo lo transmita, de la riqueza de su lenguaje y su sintaxis y de la fuerza de su historia. No porque use un ordenador o porque use un papel.
¿Qué es entonces la literatura digital? ¿Existe?
Si existe debe ser algo que sólo pudiera hacerse con medios digitales. Es evidente que un texto, un poema, una novela, un relato no lo serían si, igualmente, pudieran ser escritos en otro medio.
Hay algunos aportes que efectivamente sólo pueden lograrse de forma significativamente avanzada con el uso de instrumentos digitales. Por ejemplo, el uso del tiempo. Relatos en que pueda leerse unos u otros párrafos en función del tiempo concreto sin posibilidad de que esto sea controlado por el lector (como lo sería con un libro convencional en que el lector podría trampear el flujo y volver atrás a leer las páginas que quisiera). O textos que se auto creen por el propio ordenador.
Desde este punto de vista cabe decir que sí puede existir la literatura digital. Lo que no parece es que realmente se haya desarrollado y, mucho menos, que haya generado ya obras maestras.
Como en cualquier otro campo del arte, hariamos un flaco favor a la misma si aceptáramos como buena toda la literatura digital simplemente por ser novedosa o porque experimenta con nuevas formas. Así, pronto certificaremos su entierro. Es necesario exigirle calidad, alma, excelencia.
Porque, ante todo, la literatura digital debe ser literatura. Antes que digital, debe ser arte de la palabra. Historia, texto, emoción, dominio del idioma.