Los LLMs no sustituirán, a corto plazo, a los escritores humanos en literatura de ficción, al menos para obtener niveles similares de calidad, emoción e interés. Pero sí pueden ser de gran ayuda en el fomento de la creatividad propia del escritor.
No se trata de que el LLM escriba solo, que empiece y termine una obra, como no se trata de que un procesador de textos escriba solo sin teclear, o que un Photoshop dibuje solo. Al igual que en estas aplicaciones, se trata de que los LLMs ayuden, faciliten o mejoren el trabajo humano. En definitiva es una herramienta más, pero tratándose de modelos de lenguaje parece evidente que se apliquen, precisamente, a mejorar la creación literaria.
Por ejemplo, podemos usarlos para que nos den ideas potenciales de historias a partir de las cuáles podamos escribir nosotros mismos mejores y mayores desarrollos. O para que nos propongan alternativas a párrafos que hayamos creado y no nos satisfagan. Estas propuestas no son para copiarlas sin más, sino para encontrar en ellas nuevas chispas creativas que nos permitan cambiar nuestros textos.
En todas estas tareas, es importante la pregunta que hacemos al sistema, el prompt que introducimos.
Aquí, algunos experimentos:
1.- Propongo a Grok un prompt deliberadamente sencillo y abierto:
Proponme 5 ideas de novela literaria (no comercial ni de género puro) ambientadas en [país/ciudad]. Cada idea debe incluir: conflicto central, dilema moral del protagonista y una imagen simbólica recurrente.
2.- Grok me responde con estas 5 ideas, también muy poco desarrolladas, casi esquemáticas, pero quizá suficientes para comenzar a pensar sobre ellas y desarrollar nosotros mismos una buena historia:
Idea 1: Ambientada en Madrid, España
Conflicto central: Un arquitecto restaurador descubre durante la renovación de un edificio histórico en el barrio de Malasaña que su abuelo fue un colaborador franquista, lo que desencadena una crisis de identidad familiar y personal en medio de las tensiones políticas contemporáneas de la ciudad.
Dilema moral del protagonista: Decidir si exponer públicamente el pasado de su abuelo para contribuir a la memoria histórica colectiva, arriesgando el ostracismo de su familia, o silenciarlo para proteger el legado emocional de sus seres queridos.
Imagen simbólica recurrente: Las grietas en las fachadas antiguas de los edificios, que simbolizan las fracturas invisibles en la historia personal y nacional, apareciendo en momentos de introspección y revelación.
Idea 2: Ambientada en Barcelona, España
Conflicto central: Una bibliotecaria en la Sagrada Familia se ve envuelta en un debate ético sobre la preservación de manuscritos antiguos robados durante la Guerra Civil, mientras lidia con la gentrificación que amenaza su comunidad local.
Dilema moral del protagonista: Elegir entre devolver los manuscritos a sus legítimos herederos, lo que podría destruir su carrera y el museo donde trabaja, o mantenerlos en exhibición para educar al público sobre el pasado traumático de Cataluña.
Imagen simbólica recurrente: Las espirales inacabadas de la Sagrada Familia, representando la eternidad inconclusa de la culpa y la redención, que surgen en sueños y visiones del personaje.
Idea 3: Ambientada en Sevilla, España
Conflicto central: Un jardinero en los Reales Alcázares enfrenta la destrucción progresiva de los jardines por el cambio climático y el turismo masivo, mientras su hija emigra en busca de oportunidades, dejando atrás una tradición familiar.
Dilema moral del protagonista: Optar por sabotear sutilmente proyectos turísticos para salvar el ecosistema local, violando su lealtad a la ciudad que le da sustento, o aceptar el progreso económico a costa de su herencia cultural y ambiental.
Imagen simbólica recurrente: Las naranjas caídas y podridas en el suelo, evocando la decadencia de la belleza efímera y la amargura de las decisiones inevitables, presentes en escenas de soledad.
Idea 4: Ambientada en Bilbao, España
Conflicto central: Una curadora de arte en el Guggenheim lidia con la autenticidad de una obra maestra vasca que resulta ser una falsificación, en un contexto de resurgimiento del nacionalismo y la crisis económica post-pandemia.
Dilema moral del protagonista: Revelar la falsificación, lo que destruiría la reputación del museo y afectaría a artistas locales emergentes, o encubrirla para mantener la ilusión de orgullo cultural en una región en transición.
Imagen simbólica recurrente: El titanio ondulante del edificio Guggenheim bajo la lluvia, simbolizando la fluidez engañosa de la verdad y la identidad, reflejado en momentos de duda interna.
Idea 5: Ambientada en Valencia, España
Conflicto central: Un pescador en la Albufera se confronta con la contaminación industrial que arruina su medio de vida, mientras su comunidad se divide entre la tradición agrícola y la expansión urbana moderna.
Dilema moral del protagonista: Denunciar a la empresa contaminante, propiedad de un amigo de la infancia, arriesgando la ruina económica de su pueblo, o ignorarlo para preservar las relaciones personales en un entorno cada vez más fragmentado.
Imagen simbólica recurrente: Las redes de pesca rotas flotando en el agua, que representan las conexiones humanas desgarradas y la fragilidad de la supervivencia, apareciendo en reflexiones nocturnas.
3,. Vamos a perfeccionar nuestro prompt. En vez del sencillo introducido en el punto 1, vamos ahora a preguntar lo siguiente:
Proponme una idea de novela literaria y las primeras 1000 palabras (no comercial ni de género puro) ambientada en el Madrid de 1955. El protagonista es Mauricio, un joven de 26 años que llega a la capital desde un pequeño pueblo de Asturias. Proviene de una familia muy modesta. Su padre es albañil y su madre cuida de sus cuatro hermanos. Mauricio acaba de acabar su servicio militar, que lo ha pasado en Lugo, y está decidido a hacerse un hueco en la vida y ayudar a su familia. Está medio enamoriscado de Salomé, una muchacha dos años menor que él que ha quedado en el pueblo sin saber qué él la desea. Quiere ganar dinero rápido, volver como un triunfador y establecer un negocio en Oviedo. Pero estas prisas por salir de su modestia, este ansia de triunfar le pondrán, ingenuamente, en contacto con compañías no recomendables.
Con esta idea conflicto central, indica el conflicto central, el dilema moral del protagonista y una imagen simbólica recurrente. Además, describe la reflexión interna de este personaje en un momento de crisis.
Como te indico, dime la idea para una novela literaria basada en esta premisa y escribe las 1000 primeras palabras de esa novela, cuando Mauricio va en el tren camino de Madrid. No expliques el contexto directamente; deja que se deduzca por sus pensamientos.
4.- Y esta es la respuesta de Grok:
Idea de novela literaria: "El humo de los raíles"
Ambientada en el Madrid de 1955, en plena posguerra tardía bajo el régimen franquista, cuando la capital atrae a miles de jóvenes del campo en busca de fortuna, pero la ciudad ofrece más sombras que oportunidades reales. El protagonista, Mauricio, de 26 años, llega desde un pueblo asturiano tras el servicio militar en Lugo. Procede de una familia humilde —padre albañil, madre cuidando cuatro hermanos—, y sueña con ganar dinero rápido para regresar triunfador, casarse con Salomé (la muchacha del pueblo que ignora sus sentimientos) y montar un pequeño negocio en Oviedo. Su ansia de ascenso social lo impulsa a aceptar trabajos dudosos que lo acercan a compañías turbias en el submundo madrileño de estraperlo, contrabando y favores políticos.
Conflicto central: Mauricio se ve atrapado en una red de favores y delitos menores en la construcción y el mercado negro de Madrid, donde las prisas por enriquecerse rápido lo llevan a comprometerse con un grupo que trafica materiales racionados y falsifica documentos para obras públicas. El conflicto culmina cuando debe elegir entre delatar a sus nuevos "protectores" (salvando su conciencia pero arriesgando su vida y la de su familia) o profundizar en el engranaje criminal para enviar dinero a casa y acercarse a su sueño de regreso triunfal.
Dilema moral del protagonista: ¿Priorizar la lealtad a su familia y al pueblo (incluida Salomé, que representa la pureza perdida) manteniendo la integridad moral, aunque eso signifique volver derrotado y pobre, o abrazar la corrupción como único camino realista para "salir adelante" en una España donde la honestidad parece un lujo que nadie puede permitirse?
Imagen simbólica recurrente: El humo negro y denso de las locomotoras de vapor que lo envuelve en el viaje y reaparece en las chimeneas industriales de Madrid, en los cigarrillos compartidos en bares oscuros y en las nubes de carbón de las obras. Simboliza el progreso ambiguo —la promesa de avance que asfixia, la ambición que contamina el aire y el alma—, y evoca la imposibilidad de escapar del pasado rural sin mancharse.
Reflexión interna en un momento de crisis (imaginada en mitad de la novela, cuando Mauricio se da cuenta de que ha cruzado una línea irreversible):
Sentado en un banco de la glorieta de Bilbao al anochecer, con el humo de un cigarrillo barato quemándole los dedos, Mauricio piensa: "Todo esto empezó con un billete de tren y una promesa que me hice a mí mismo en el vagón: no volveré con las manos vacías. Pero ahora miro mis manos y veo manchas que no se quitan con agua. Salomé me esperará con los ojos limpios, como siempre, y yo llegaré oliendo a carbón y a mentiras. ¿Qué le diré? ¿Que el dinero viene de donde no debe venir? ¿Que para darle una casa en Oviedo he tenido que vender un pedazo de lo que era? El humo entra por la nariz y sale igual, pero yo ya no soy el mismo. Si confieso, me hundo; si callo, me pierdo. Y el tren de vuelta no espera a nadie."
Primeras 1000 palabras aproximadas (el viaje en tren hacia Madrid, 1955)
El tren traqueteaba como si llevara prisa por dejar atrás las montañas. Mauricio se había sentado junto a la ventanilla, el cuerpo encajonado entre el respaldo duro y un hombre mayor que dormía con la boca abierta, un hilo de baba colgando como una cuerda floja. Fuera, los picos de Asturias se difuminaban en una niebla gris que parecía no querer soltarlos. Había subido en Oviedo al atardecer, con el petate al hombro y los ahorros cosidos en el forro interior de la chaqueta: doscientas pesetas que su madre le había dado apretando los labios, sin decir nada más que "cuídate, hijo". El billete le había costado casi todo lo que traía del cuartel en Lugo; el resto era para llegar y empezar.
El vagón olía a carbón húmedo, a tabaco rancio y a sudor de cuerpos que llevaban horas sin moverse. Alguien había abierto una lata de sardinas en conserva y el olor se pegaba a la garganta. Mauricio miró su reflejo en el cristal empañado: veintiséis años, la cara todavía marcada por el sol del pueblo y el frío de los cuarteles. Se pasó la mano por la barba de tres días. Pensó en Salomé. La había visto por última vez en la romería de San Roque, bailando con otro, riendo con esa risa que le hacía un nudo en el estómago. No le había dicho nada. ¿Para qué? Ella seguía allí, ayudando en la casa de sus padres, esperando a que la vida decidiera por ella. Él quería decidir por los dos. Volver con dinero suficiente para comprarle un anillo, para abrir una tiendecita en Oviedo, para que no tuviera que lavarle la ropa a nadie más. Pero primero Madrid. Madrid era la puerta. Todos lo decían: si aguantas un año, sales adelante.
El tren entró en un túnel y la oscuridad lo envolvió entero. Solo se oía el hierro contra el hierro, un latido mecánico que le recordaba el corazón cuando corría detrás de las vacas en el prado. Encendió un cigarrillo con cerillas que temblaban un poco. El humo se mezcló con el vapor que entraba por las rendijas. Pensó en su padre, albañil de sol a sol, las manos como piedras agrietadas. "No seas tonto, quédate aquí", le había dicho la última noche. Pero Mauricio no podía quedarse. Ver a sus hermanos menores con los zapatos rotos, a su madre cocinando con leña mojada, le quemaba por dentro. Quería mandarles dinero, cartas con billetes dentro, fotos donde saliera con traje y corbata. Quería que dijeran: "Mauricio lo consiguió".
Cuando salió del túnel, la luz era ya mortecina. Los pueblos pasaban como sombras: casas bajas, chimeneas humeantes, algún perro ladrando al tren. En una estación pequeña, un grupo de mujeres con cestas subió hablando en voz baja. Llevaban pañuelos negros y miradas cansadas. Una se sentó enfrente, sacó un bocadillo envuelto en papel de periódico y lo partió con cuidado. Mauricio apartó la vista. No había comido desde la mañana. Tenía hambre, pero el nudo en el estómago era más grande que el hambre.
Se durmió un rato, o eso creyó. Soñó con el pueblo: el río helado, Salomé lavando ropa en la orilla, su pelo cayéndole sobre la cara. Él se acercaba, pero el agua subía, lo arrastraba. Despertó con un sobresalto. El hombre mayor roncaba todavía. El tren aminoraba. Anunciaron León. Allí cambiaban de máquina, decían. Bajó a estirar las piernas en el andén. El frío le cortó la cara. Compró un café aguado en un puesto y un panecillo que sabía a cartón. Miró a los otros viajeros: hombres como él, maletas atadas con cuerdas, ojos que buscaban algo en la distancia. Todos iban a Madrid. Todos querían lo mismo.
Volvió al vagón. La noche se había cerrado del todo. Las luces de las estaciones eran tenues, como velas a punto de apagarse. Pensó en Lugo, en el cuartel: las marchas bajo la lluvia, las noches sin dormir, el olor a lana mojada y a miedo. Había salido de allí con una cartilla militar limpia y la cabeza llena de planes. Ahora solo quedaba el traqueteo y la promesa que se había hecho: no volver con las manos vacías. No volver para que lo miraran con lástima.
El tren aceleró de nuevo. El humo entraba por la ventanilla entreabierta, negro y espeso. Mauricio cerró los ojos. Imaginó la llegada: la estación de Atocha grande como una catedral, la gente corriendo, los taxis pitando, las luces de la Gran Vía. Imaginó un trabajo en una obra, el sueldo a fin de mes, las cartas a casa. Imaginó a Salomé abriendo el sobre, sonriendo. Pero en el fondo sabía que nada era tan sencillo. Madrid no era el pueblo. Madrid tenía sus propias reglas, sus propios humos.
Y el tren seguía, imparable, hacia el sur, hacia la capital que lo esperaba con los brazos abiertos y los bolsillos cerrados.
Está claro que mejorando y detallando mejor el prompt de la pregunta, la respuesta es también más elaborada y de mayor calidad. No se trataría, en este momento, de copiar este texto sin más, sino de masticarlo en nuestra mente para, a partir de esta semilla, disparar nuestra propia creatividad. Al menos, mucho más que suficiente para romper el trauma del papel en blanco al que todo escritor se enfrenta.