24/3/26

¿Continuar la literatura humana con IA (I)?

 


¿Podría un LMM reescribir una novela escrita por un humano a partir de sólo las primeras frases?

Los grandes modelos de lenguaje (LMM) son redes neuronales del tipo transformer y, como tales, son sistemas probabilísticos. Es decir, no son buscadores como a veces el público en general piensa que son, no buscan la frase - exacta o similar- entre la ingente cantidad de información en la red para recuperar un resultado ligado a tal información. Ciertamente, los modelos actuales pueden también acceder a Internet pero su funcionamiento sigue siendo, principalmente, probabilístico. Un LLM no "busca" en una base de datos de libros, sino que predice el siguiente token (palabra o parte de ella) más probable basándose en el contexto previo. 

Por tanto, el texto generado que nos devuelve el LLM se crea en ese mismo momento, mediante un conjunto de reglas matemáticas que van infiriendo la palabra siguiente más probable, independientemente de que esa palabra  "calculada"  pertenezca realmente a lo introducido con el texto original. Si la cadena de texto que hemos introducido es muy famosa, seguramente habrá aparecido cientos o miles de veces entres los miles de millones de textos con que se entrena a estos sistemas. En tal caso, la probabilidad de que se genere el texto exacto es muy alta porque hay muchos datos de entrenamiento que ya dan como muy probable esa continuación. Nótese, no obstante que esta comportamiento no depende de que el sistema haya almacenado o busque en Internet dicha continuación, sino de que estaba muchas veces repetida en los datos del entrenamiento y ha otorgado una alta probabilidad a esos textos concretos.

Así, si pedimos. por ejemplo, a ChatGPT que continúe con el inicio de El Quijote:  En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda...,  

el sistema nos devuelve la continuación cervantina con exactitud: El resto della se iba en un sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro y gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben.


Y esto ocurre así porque ese inicio que hemos introducido lo ha visto en su entrenamiento probablemente miles de veces, en diferentes ediciones del Quijote, en artículos que hablen sobre la novela, etc. (un asunto colateral es el de los derechos de autor ya que esas miles de ediciones, miles de documentos y uso de libros de bibliotecas, se ha realizado sin aparente consentimiento).

Técnicamente, en el contexto de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) y Modelos Multimodales (LMMs), suele llamarse "temperatura" (aunque nada tenga que ver con el calor) a un parámetro que controla el grado de aleatoriedad y creatividad en las respuestas generadas. Este parámetro matemático del sistema influye en cómo dicho modelo selecciona la siguiente palabra o token en una secuencia.  En el caso de textos muy famosos, como el del ingenioso hidalgo, y por ello muy repetidos en los libros y documentos existentes en el planeta, el modelo ha visto esta secuencia miles de veces y la probabilidad de que la palabra "lugar" siga a "un" en ese contexto es casi del 100%. En tal caso, se define un factor "temperatura" muy bajo, incluso cero, el modelo se comporta determinísticamente y genera exactamente la continuación real porque tales frases tienen una probabilidad muy grande de ser las siguientes por cuanto que se han repetido muchas veces anteriormente en el entrenamiento.

En realidad, nuestros cerebros también funcionan así. Si yo he visto repetidamente, desde que aprendí a leer, la frase "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme", cuando me pregunten ¿Cómo crees que continúa la frase "En un lugar de Mancha...", es más que probable, prácticamente seguro, que contestaré "...de cuyo nombre no quiero acordarme". Pero si me preguntan, como continuaría la frase "Una mañana de enero...", no recordaré ninguna frase concreta y, por el contrario, tendré cientos de repuestas más o menos igual de plausibles como "el frío intenso se colaba por las ventanas". o "vi llegar a don Manuel, con abrigo grueso, bufanda y sombrero calado", u "ocurrió lo inesperado, eso que acontece tras una navidad placentera...".

Para verificar este hecho, probemos con una frase de inicio de El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, una obra muchísimo menos conocida que El Quijote. En este caso, la frase que abre la novela es: 

En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase. De la puerta de la calle de los Estudios que daba a este patio, iban entrando muchachos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban, reían y hablaban. 

que continúa, en la realidad, con:

Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmacéuticos. La clase de química general del año preparatorio de medicina y farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y éste tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura. 

Sin embargo, ahora, Gemini nos devuelve este resultado: 

El sol de otoño, todavía tibio, se filtraba entre las columnas del patio, dibujando sombras alargadas sobre las carpetas de dibujo y los tubos de planos que colgaban de los hombros de los recién llegados. El aire olía a una mezcla nostálgica de papel húmedo, tinta china y el café apresurado de los puestos cercanos. Entre el murmullo general, destacaba la figura de un estudiante de último curso que, subido a un peldaño de la escalinata, gesticulaba con vehemencia mientras explicaba la última corrección de un profesor de Proyectos. Un pequeño círculo de oyentes asentía con esa mezcla de resignación y entusiasmo que define a quien ha pasado la noche en vela frente a un tablero.




y es que el libro de Baroja no se habrá repetido en los datos de entrenamiento de modo que la "temperatura" será alta. Habrá muchas palabras, muchas frases de continuación igualmente posibles, ninguno de los datos de entrenamiento se habrá repetido un significativo número de veces y, por tanto, el LLM generará una respuesta nueva con mayor aleatoriedad. El texto completo de El árbol de la ciencia, se encuentra fácilmente en Internet y si un LLM fuera un buscador, simplemente hubiera encontrado la referencia y hubiera respondido con el texto exacto original. Pero, como dijimos al inicio y repetimos ahora, un modelo de lenguaje no es un buscador, es un generador de palabras probables con las probabilidades calculadas con los miles de millones de textos que se usaron en su entrenamiento.

Hagamos, pues, algunos experimentos para observar cómo diversos LMM continúan textos literarios reales. En este primer capítulo utilizaremos ChatGPT y en próximas entregas usaremos Gemini; Claude y Grok

Partimos de una obra bien conocida pero que ni se acerca a la popularidad del Quijote, por lo que su presencia en los datos de entrenamiento será mucho más baja y permitirá que el LMM deba calcular qué palabras de continuación son más probables que otras.

La obra es Trafalgar, de Los episodios nacionales, de Benito Pérez Galdós.

Comienza así:

Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra marina.

Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es  de Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible. Doy principio, pues, a mi historia como Pablos, el buscón de Segovia: afortunadamente Dios ha querido que en esto sólo nos parezcamos.

y la continuación real es:

Yo nací en Cádiz, y en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni menos era entonces, academia de buenas costumbres. La memoria no me da luz alguna sobre mi persona y mis acciones en la niñez, sino desde la edad de seis años; y si recuerdo esta fecha, es porque la asocio a un suceso naval de que oí hablar entonces: el combate del cabo de San Vicente, acaecido en 1797.

Dirigiendo una mirada hacia lo que fue, con la curiosidad y el interés propios de quien se observa, imagen confusa y borrosa, en el cuadro de las cosas pasadas, me veo jugando en la Caleta con otros chicos de mi edad poco más o menos. Aquello era para mí la vida entera; más aún, la vida normal de nuestra privilegiada especie; y los que no vivían como yo, me parecían seres excepcionales del humano linaje, pues en mi infantil inocencia y desconocimiento del mundo yo tenía la creencia de que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la Providencia, como supremo ejercicio de su cuerpo, la natación,  y como constante empleo de su espíritu el buscar y coger cangrejos, ya para arrancarles y vender sus estimadas bocas, que llaman de la Isla, ya para propia satisfacción y regalo, mezclando así lo agradable con lo útil.

Pidiendo a ChatGPT que continúe los párrafos iniciales, la respuesta es:

Crecí, pues, sin más amparo que el de mi propia curiosidad y el instinto de conservarme, que en los niños desvalidos suele despertarse más temprano que en aquellos a quienes la fortuna arrulla entre comodidades. Mi niñez transcurrió entre calles estrechas y bulliciosas, donde aprendí antes a observar que a jugar, y donde cada rostro y cada suceso dejaban en mí una impresión duradera. No tuve maestro que me enseñase letras con método, pero sí mil ocasiones que avivaron mi entendimiento y me dieron cierta malicia precoz, hija no tanto de la perversidad como de la necesidad de abrirme camino en un mundo que no se mostraba benigno conmigo.

Fue en aquella vida errante y sin rumbo fijo donde comenzaron a entrelazarse los hilos que, sin yo saberlo entonces, habrían de conducirme al espectáculo más sobrecogedor de mi existencia. Un encuentro casual, una recomendación hecha casi por descuido y el deseo, siempre vivo en mí, de cambiar de suerte, me llevaron a embarcarme en empresas que no eran propias de mi edad ni de mi experiencia. Así, paso a paso y sin preverlo, me vi arrastrado hacia el teatro de grandes acontecimientos, donde la gloria y la desgracia se disputan el destino de los hombres, y donde yo había de presenciar la funesta jornada que ha motivado estas páginas.


Se observa en este caso que la continuación es totalmente diferente a la que imaginó Pérez Galdós. 

Sigamos experimentando. Voy ahora a introducir el texto completo acumulado, juntando el comienzo real de don Benito y la continuación que nos ha creado el LMMs.

Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra marina.

Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es  de Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible. Doy principio, pues, a mi historia como Pablos, el buscón de Segovia: afortunadamente Dios ha querido que en esto sólo nos parezcamos.

Crecí, pues, sin más amparo que el de mi propia curiosidad y el instinto de conservarme, que en los niños desvalidos suele despertarse más temprano que en aquellos a quienes la fortuna arrulla entre comodidades. Mi niñez transcurrió entre calles estrechas y bulliciosas, donde aprendí antes a observar que a jugar, y donde cada rostro y cada suceso dejaban en mí una impresión duradera. No tuve maestro que me enseñase letras con método, pero sí mil ocasiones que avivaron mi entendimiento y me dieron cierta malicia precoz, hija no tanto de la perversidad como de la necesidad de abrirme camino en un mundo que no se mostraba benigno conmigo.

Fue en aquella vida errante y sin rumbo fijo donde comenzaron a entrelazarse los hilos que, sin yo saberlo entonces, habrían de conducirme al espectáculo más sobrecogedor de mi existencia. Un encuentro casual, una recomendación hecha casi por descuido y el deseo, siempre vivo en mí, de cambiar de suerte, me llevaron a embarcarme en empresas que no eran propias de mi edad ni de mi experiencia. Así, paso a paso y sin preverlo, me vi arrastrado hacia el teatro de grandes acontecimientos, donde la gloria y la desgracia se disputan el destino de los hombres, y donde yo había de presenciar la funesta jornada que ha motivado estas páginas.

y ahora ChatGPT continúa con:

En ese tránsito, que a mí se me figuraba entonces como una serie de meros accidentes sin concierto ni propósito, iba en realidad obrando una mano invisible que disponía cada paso con una finalidad que sólo más tarde llegaría a comprender. Las personas que conocí en aquellos primeros viajes, los oficios que probé por necesidad y las penurias que sufrí sin tener aún edad para medirlas, fueron templando mi carácter y enseñándome a desconfiar de las apariencias, a escuchar más que a hablar y a guardar para mí mismo los juicios que en el ánimo se me formaban con rapidez. No pocas veces me vi en situaciones en que el menor descuido hubiera bastado para perderme, y fue entonces cuando advertí que la fortuna, aun en sus más duros golpes, deja siempre un resquicio por donde el hombre atento puede salvarse.

Con el tiempo, aquella disposición errante de mi vida me llevó a frecuentar gentes de mar, cuya conversación, sazonada de riesgos, viajes y empresas remotas, encendió en mí un deseo de conocer horizontes más amplios que los que hasta entonces había pisado. No tardé en comprender que el mar, con su apariencia de libertad infinita, es también escuela severa donde se prueba el temple de los hombres y se desnuda su verdadera naturaleza. Así fue como, sin haberlo previsto ni buscado con empeño deliberado, me encontré incorporado a la tripulación que habría de verse envuelta en los acontecimientos cuya memoria aún hoy estremece mi ánimo, y cuya relación emprendo ahora, no sin cierto temblor, por la magnitud de lo que mis ojos llegaron a contemplar.



que ya se aleja definitivamente de la obra original. Galdós continúa en realidad con:

La sociedad en que yo me crié era, pues, de lo más rudo, incipiente y soez que puede imaginarse, hasta tal punto, que los chicos de la Caleta éramos considerados como más canallas que los que ejercían igual industria y desafiaban con igual brío los elementos en Puntales; y por esta diferencia, uno y otro bando nos considerábamos rivales, y a veces medíamos nuestras fuerzas en la Puerta de Tierra con grandes y ruidosas pedreas, que manchaban el suelo de heroica sangre.

Dirigiendo una mirada hacia lo que fue, con la curiosidad y el interés propios de quien se observa, imagen confusa y borrosa, en el cuadro de las cosas pasadas, me veo jugando en la Caleta con otros chicos de mi edad poco más o menos. Aquello era para mí la vida entera; más aún, la vida normal de nuestra privilegiada especie; y los que no vivían como yo, me parecían seres excepcionales del humano linaje, pues en mi infantil inocencia y desconocimiento del mundo yo tenía la creencia de que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la Providencia, como supremo ejercicio de su cuerpo, la natación, —7→ y como constante empleo de su espíritu el buscar y coger cangrejos, ya para arrancarles y vender sus estimadas bocas, que llaman de la Isla, ya para propia satisfacción y regalo, mezclando así lo agradable con lo útil.


Segundo experimento

Ahora, vamos a introducir como primera semilla más párrafos iniciales de Galdós para ver si haciendo más larga la entrada, esta está contenida en los datos de entrenamiento y la probabilidad de generar la continuación verdadera aumenta. O sea:

Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra marina.

Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es  de Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible. Doy principio, pues, a mi historia como Pablos, el buscón de Segovia: afortunadamente Dios ha querido que en esto sólo nos parezcamos.

Yo nací en Cádiz, y en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni menos era entonces, academia de buenas costumbres. La memoria no me da luz alguna sobre mi persona y mis acciones en la niñez, sino desde la edad de seis años; y si recuerdo esta fecha, es porque la asocio a un suceso naval de que oí hablar entonces: el combate del cabo de San Vicente, acaecido en 1797.

Dirigiendo una mirada hacia lo que fue, con la curiosidad y el interés propios de quien se observa, imagen confusa y borrosa, en el cuadro de las cosas pasadas, me veo jugando en la Caleta con otros chicos de mi edad poco más o menos. Aquello era para mí la vida entera; más aún, la vida normal de nuestra privilegiada especie; y los que no vivían como yo, me parecían seres excepcionales del humano linaje, pues en mi infantil inocencia y desconocimiento del mundo yo tenía la creencia de que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la Providencia, como supremo ejercicio de su cuerpo, la natación,  y como constante empleo de su espíritu el buscar y coger cangrejos, ya para arrancarles y vender sus estimadas bocas, que llaman de la Isla, ya para propia satisfacción y regalo, mezclando así lo agradable con lo útil.


ChatGPT nos devuelve:

No tardó, sin embargo, en venir a turbar aquella feliz ignorancia una serie de impresiones nuevas, vagas al principio y después cada vez más persistentes, que fueron despertando en mi ánimo una inquietud desconocida. Recuerdo que, en ciertas tardes en que el viento traía hasta la playa rumores de voces alteradas y el lejano estampido de cañones, los hombres dejaban sus faenas, y aun los más despreocupados de entre nosotros miraban hacia el horizonte con una gravedad que no era habitual en ellos. Yo, sin comprender la causa de aquella mudanza, sentía, no obstante, que algo extraordinario se preparaba, y que la mar, hasta entonces amiga y juguetona, encerraba misterios que escapaban a mi corta razón.

Fue en una de esas jornadas, en que el cielo aparecía encapotado y el oleaje rompía con inusitada violencia contra las rocas de la Caleta, cuando oí por vez primera pronunciar, con acento de temor y respeto, nombres que más tarde habían de quedar profundamente grabados en mi memoria. Los marineros hablaban en corrillos, gesticulando con viveza, y las mujeres acudían a las puertas con semblante angustiado, como si aguardasen noticias decisivas. Yo me acerqué, movido por esa curiosidad viva que es patrimonio de la niñez, y aunque apenas comprendí el sentido de sus palabras, percibí con claridad que se trataba de un inminente peligro para nuestra escuadra. Aquella impresión, leve en apariencia, fue la primera sombra que se proyectó sobre mi espíritu, anunciándome, sin yo saberlo, la terrible catástrofe de que había de ser testigo años después.

también ajeno al original. 




Tercer experimento

Por último vamos a introducir en el prompt de la pregunta el nombre del autor para ver si esto hace que el LMM use un subconjunto de datos de entrenamiento que recojan precisamente obras de Galdós:

La respuesta de ChatGPT es:

Mas no todo era juego y bullicio en aquella edad temprana, aunque así me lo figurase mi inocente entendimiento. Había, sin yo advertirlo claramente, cierta gravedad en las conversaciones de los mayores, cierto temblor en las voces que hablaban de la mar, como si en su inmensidad no sólo cupieran peces y tesoros, sino también infortunios y desdichas. Muchas veces, mientras nosotros perseguíamos cangrejos entre las peñas, veíamos a los hombres mirar al horizonte con ojos inquietos, o a las mujeres detenerse en sus faenas para escuchar noticias que traían los marineros recién llegados. Yo no alcanzaba entonces a comprender el sentido de aquellas preocupaciones; pero quedaron en mi ánimo como una sombra leve, anuncio quizá de las impresiones más hondas que después habían de conmover mi vida.

Fue también por aquellos días cuando empecé a distinguir entre los distintos semblantes que ofrecía la mar, ya plácida y risueña como compañera de nuestros juegos, ya sombría y terrible cuando el viento la agitaba y ennegrecía su superficie. Recuerdo que, en una ocasión, una borrasca repentina nos obligó a huir de la playa, y vi cómo las olas, embravecidas, azotaban con furia las rocas donde poco antes reinaba nuestra alegre algazara. Aquella transformación súbita me produjo una impresión tan viva, que desde entonces comencé a mirar el mar con respeto, si no con temor; y acaso en aquel sentimiento naciente se hallaba el germen de la atención con que más tarde habría de contemplar los grandes sucesos que en él tuvieron por teatro su desarrollo.



totalmente distinta a la continuación original, lo que implica que el dato de que el escritor es Pérez Galdós no aporta nada al cálculo probabilístico.

En próximas entradas repetiremos el experimento con otros LMMs.

Personalmente, creo que el lo escrito por Galdós es de mayor calidad que lo escrito por ChatGPT pero me gustaría conocer las opiniones de los lectores.










22/3/26

Encuentro sobre experiencias literarias expandidas

 


Mañana y pasado mañana se celebra en la Universidad de Málaga, el I encuentro sobre experiencias literarias expandidas: crear, enseñar y difundir en la era de la IA. 

El evento será por la tarde del lunes y la mañana de martes.

El programa es el siguiente:

- "No bajar la guardia: la literatura en las aulas universitarias", por Francisca Noguerol

- "La literatura española y las redes sociales", por Daniele Crivellari.

- Coloquio "Enseñar literatura en la era del smartphone"

- Coloquio "IA en las humanidades", con Antonio Diéguez y Vicente L. Mora

- "Una dialogante lucha de clases", por Gaspar Garrote.




meghadutam

 


meghadutam, de Priti Pandurangan, es una obra del año 2019 que se adentra en las llamada literatura digital cinética y net-art para, precisamente, animar el texto que aparece en pantalla.

meghadutam es un poema épico de amor escrito en sánscrito. 

Primero, las frases se desarrollan sobre el fondo mientras se escucha simultáneamente su transcripción verbal. Una vez finalizada la animación, el usuario puede interactuar con las palabras moviéndolas en todas las direcciones y ejecutando ampliaciones o reducciones con las flechas del teclado. Narrado en seis partes, su poema visual gira en patrones circulares en la pantalla, como la nube enviada por el espíritu de la naturaleza para entregar un mensaje a su amor lejano.  

Puede leerse desde este enlace.





21/3/26

Open AI compra Promptfoo para su plataforma de agentes IA

 



Hace unos pocos días, Open AI anunció la compra, por algo más de 18 millones de dólares, de Promptfoo.

La compra tiene como objetivo integrar la tecnología de seguridad de Promptfoo en la plataforma de OpenAI llamada Frontier, donde se desarrollan y utilizan agentes de inteligencia artificial. 

Con esta integración, se ofrecerán tres funciones principales. En primer lugar, permitirá realizar pruebas automatizadas de seguridad dentro de la plataforma, ayudando a las empresas a detectar vulnerabilidades, fugas de datos y otros posibles problemas, además de proponer soluciones. La segunda función consiste en incorporar un sistema de evaluación que facilite el análisis y la detección rápida de riesgos de seguridad en los LLM y en los agentes de IA. Por último, se implementará un sistema de supervisión y responsabilidad que incluirá informes detallados y trazabilidad, lo que permitirá a las empresas revisar todo el proceso y asegurarse de que funciona correctamente.

Promptfoo no desaparecerá y continuará funcionando como una plataforma de código abierto que ofrece servicios de apoyo a empresas. 



20/3/26

Prompts en IA para crear literatura

 


Los LLMs no sustituirán, a corto plazo, a los escritores humanos en literatura de ficción, al menos para obtener niveles similares de calidad, emoción e interés. Pero sí pueden ser de gran ayuda en el fomento de la creatividad propia del escritor. 

No se trata de que el LLM escriba solo, que empiece y termine una obra, como no se trata de que un procesador de textos escriba solo sin teclear, o que un Photoshop dibuje solo. Al igual que en estas aplicaciones, se trata de que los LLMs ayuden, faciliten o mejoren el trabajo humano. En definitiva es una herramienta más, pero tratándose de modelos de lenguaje parece evidente que se apliquen, precisamente, a mejorar la creación literaria.

Por ejemplo, podemos usarlos para que nos den ideas potenciales de historias a partir de las cuáles podamos escribir nosotros mismos mejores y mayores desarrollos. O para que nos propongan alternativas a párrafos que hayamos creado y no nos satisfagan. Estas propuestas no son para copiarlas sin más, sino para encontrar en ellas nuevas chispas creativas que nos permitan cambiar nuestros textos.

En todas estas tareas, es importante la pregunta que hacemos al sistema, el prompt que introducimos.

Aquí, algunos experimentos:

1.- Propongo a Grok un prompt deliberadamente sencillo y abierto:

Proponme 5 ideas de novela literaria (no comercial ni de género puro) ambientadas en [país/ciudad]. Cada idea debe incluir: conflicto central, dilema moral del protagonista y una imagen simbólica recurrente.

2.- Grok me responde con estas 5 ideas, también muy poco desarrolladas, casi esquemáticas, pero quizá suficientes para comenzar a pensar sobre ellas y desarrollar nosotros mismos una buena historia:

Idea 1: Ambientada en Madrid, España

Conflicto central: Un arquitecto restaurador descubre durante la renovación de un edificio histórico en el barrio de Malasaña que su abuelo fue un colaborador franquista, lo que desencadena una crisis de identidad familiar y personal en medio de las tensiones políticas contemporáneas de la ciudad.

Dilema moral del protagonista: Decidir si exponer públicamente el pasado de su abuelo para contribuir a la memoria histórica colectiva, arriesgando el ostracismo de su familia, o silenciarlo para proteger el legado emocional de sus seres queridos.

Imagen simbólica recurrente: Las grietas en las fachadas antiguas de los edificios, que simbolizan las fracturas invisibles en la historia personal y nacional, apareciendo en momentos de introspección y revelación.

Idea 2: Ambientada en Barcelona, España

Conflicto central: Una bibliotecaria en la Sagrada Familia se ve envuelta en un debate ético sobre la preservación de manuscritos antiguos robados durante la Guerra Civil, mientras lidia con la gentrificación que amenaza su comunidad local.

Dilema moral del protagonista: Elegir entre devolver los manuscritos a sus legítimos herederos, lo que podría destruir su carrera y el museo donde trabaja, o mantenerlos en exhibición para educar al público sobre el pasado traumático de Cataluña.

Imagen simbólica recurrente: Las espirales inacabadas de la Sagrada Familia, representando la eternidad inconclusa de la culpa y la redención, que surgen en sueños y visiones del personaje.

Idea 3: Ambientada en Sevilla, España

Conflicto central: Un jardinero en los Reales Alcázares enfrenta la destrucción progresiva de los jardines por el cambio climático y el turismo masivo, mientras su hija emigra en busca de oportunidades, dejando atrás una tradición familiar.

Dilema moral del protagonista: Optar por sabotear sutilmente proyectos turísticos para salvar el ecosistema local, violando su lealtad a la ciudad que le da sustento, o aceptar el progreso económico a costa de su herencia cultural y ambiental.

Imagen simbólica recurrente: Las naranjas caídas y podridas en el suelo, evocando la decadencia de la belleza efímera y la amargura de las decisiones inevitables, presentes en escenas de soledad.

Idea 4: Ambientada en Bilbao, España

Conflicto central: Una curadora de arte en el Guggenheim lidia con la autenticidad de una obra maestra vasca que resulta ser una falsificación, en un contexto de resurgimiento del nacionalismo y la crisis económica post-pandemia.

Dilema moral del protagonista: Revelar la falsificación, lo que destruiría la reputación del museo y afectaría a artistas locales emergentes, o encubrirla para mantener la ilusión de orgullo cultural en una región en transición.

Imagen simbólica recurrente: El titanio ondulante del edificio Guggenheim bajo la lluvia, simbolizando la fluidez engañosa de la verdad y la identidad, reflejado en momentos de duda interna.

Idea 5: Ambientada en Valencia, España

Conflicto central: Un pescador en la Albufera se confronta con la contaminación industrial que arruina su medio de vida, mientras su comunidad se divide entre la tradición agrícola y la expansión urbana moderna.

Dilema moral del protagonista: Denunciar a la empresa contaminante, propiedad de un amigo de la infancia, arriesgando la ruina económica de su pueblo, o ignorarlo para preservar las relaciones personales en un entorno cada vez más fragmentado.

Imagen simbólica recurrente: Las redes de pesca rotas flotando en el agua, que representan las conexiones humanas desgarradas y la fragilidad de la supervivencia, apareciendo en reflexiones nocturnas.


3,. Vamos a perfeccionar nuestro prompt. En vez del sencillo introducido en el punto 1, vamos ahora a preguntar lo siguiente:

Proponme una idea de novela literaria y las primeras 1000 palabras (no comercial ni de género puro) ambientada en el Madrid de 1955. El protagonista es Mauricio, un joven de 26 años que llega a la capital desde un pequeño pueblo de Asturias. Proviene de una familia muy modesta. Su padre es albañil y su madre cuida de sus cuatro hermanos. Mauricio acaba de acabar su servicio militar, que lo ha pasado en Lugo, y está decidido a hacerse un hueco en la vida y ayudar a su familia. Está medio enamoriscado de Salomé, una muchacha dos años menor que él que ha quedado en el pueblo sin saber qué él la desea. Quiere ganar dinero rápido, volver como un triunfador y establecer un negocio en Oviedo. Pero estas prisas por salir de su modestia, este ansia de triunfar le pondrán, ingenuamente, en contacto con compañías no recomendables.

Con esta idea conflicto central, indica el conflicto central, el dilema moral del protagonista y una imagen simbólica recurrente. Además, describe la reflexión interna de este personaje en un momento de crisis. 

Como te indico, dime la idea para una novela literaria basada en esta premisa y escribe las 1000 primeras palabras de esa novela, cuando Mauricio va en el tren camino de Madrid. No expliques el contexto directamente; deja que se deduzca por sus pensamientos.



4.- Y esta es la respuesta de Grok:

Idea de novela literaria: "El humo de los raíles"

Ambientada en el Madrid de 1955, en plena posguerra tardía bajo el régimen franquista, cuando la capital atrae a miles de jóvenes del campo en busca de fortuna, pero la ciudad ofrece más sombras que oportunidades reales. El protagonista, Mauricio, de 26 años, llega desde un pueblo asturiano tras el servicio militar en Lugo. Procede de una familia humilde —padre albañil, madre cuidando cuatro hermanos—, y sueña con ganar dinero rápido para regresar triunfador, casarse con Salomé (la muchacha del pueblo que ignora sus sentimientos) y montar un pequeño negocio en Oviedo. Su ansia de ascenso social lo impulsa a aceptar trabajos dudosos que lo acercan a compañías turbias en el submundo madrileño de estraperlo, contrabando y favores políticos.

Conflicto central: Mauricio se ve atrapado en una red de favores y delitos menores en la construcción y el mercado negro de Madrid, donde las prisas por enriquecerse rápido lo llevan a comprometerse con un grupo que trafica materiales racionados y falsifica documentos para obras públicas. El conflicto culmina cuando debe elegir entre delatar a sus nuevos "protectores" (salvando su conciencia pero arriesgando su vida y la de su familia) o profundizar en el engranaje criminal para enviar dinero a casa y acercarse a su sueño de regreso triunfal.

Dilema moral del protagonista: ¿Priorizar la lealtad a su familia y al pueblo (incluida Salomé, que representa la pureza perdida) manteniendo la integridad moral, aunque eso signifique volver derrotado y pobre, o abrazar la corrupción como único camino realista para "salir adelante" en una España donde la honestidad parece un lujo que nadie puede permitirse?

Imagen simbólica recurrente: El humo negro y denso de las locomotoras de vapor que lo envuelve en el viaje y reaparece en las chimeneas industriales de Madrid, en los cigarrillos compartidos en bares oscuros y en las nubes de carbón de las obras. Simboliza el progreso ambiguo —la promesa de avance que asfixia, la ambición que contamina el aire y el alma—, y evoca la imposibilidad de escapar del pasado rural sin mancharse.


Reflexión interna en un momento de crisis (imaginada en mitad de la novela, cuando Mauricio se da cuenta de que ha cruzado una línea irreversible):

Sentado en un banco de la glorieta de Bilbao al anochecer, con el humo de un cigarrillo barato quemándole los dedos, Mauricio piensa: "Todo esto empezó con un billete de tren y una promesa que me hice a mí mismo en el vagón: no volveré con las manos vacías. Pero ahora miro mis manos y veo manchas que no se quitan con agua. Salomé me esperará con los ojos limpios, como siempre, y yo llegaré oliendo a carbón y a mentiras. ¿Qué le diré? ¿Que el dinero viene de donde no debe venir? ¿Que para darle una casa en Oviedo he tenido que vender un pedazo de lo que era? El humo entra por la nariz y sale igual, pero yo ya no soy el mismo. Si confieso, me hundo; si callo, me pierdo. Y el tren de vuelta no espera a nadie."

Primeras 1000 palabras aproximadas (el viaje en tren hacia Madrid, 1955)

El tren traqueteaba como si llevara prisa por dejar atrás las montañas. Mauricio se había sentado junto a la ventanilla, el cuerpo encajonado entre el respaldo duro y un hombre mayor que dormía con la boca abierta, un hilo de baba colgando como una cuerda floja. Fuera, los picos de Asturias se difuminaban en una niebla gris que parecía no querer soltarlos. Había subido en Oviedo al atardecer, con el petate al hombro y los ahorros cosidos en el forro interior de la chaqueta: doscientas pesetas que su madre le había dado apretando los labios, sin decir nada más que "cuídate, hijo". El billete le había costado casi todo lo que traía del cuartel en Lugo; el resto era para llegar y empezar.

El vagón olía a carbón húmedo, a tabaco rancio y a sudor de cuerpos que llevaban horas sin moverse. Alguien había abierto una lata de sardinas en conserva y el olor se pegaba a la garganta. Mauricio miró su reflejo en el cristal empañado: veintiséis años, la cara todavía marcada por el sol del pueblo y el frío de los cuarteles. Se pasó la mano por la barba de tres días. Pensó en Salomé. La había visto por última vez en la romería de San Roque, bailando con otro, riendo con esa risa que le hacía un nudo en el estómago. No le había dicho nada. ¿Para qué? Ella seguía allí, ayudando en la casa de sus padres, esperando a que la vida decidiera por ella. Él quería decidir por los dos. Volver con dinero suficiente para comprarle un anillo, para abrir una tiendecita en Oviedo, para que no tuviera que lavarle la ropa a nadie más. Pero primero Madrid. Madrid era la puerta. Todos lo decían: si aguantas un año, sales adelante.

El tren entró en un túnel y la oscuridad lo envolvió entero. Solo se oía el hierro contra el hierro, un latido mecánico que le recordaba el corazón cuando corría detrás de las vacas en el prado. Encendió un cigarrillo con cerillas que temblaban un poco. El humo se mezcló con el vapor que entraba por las rendijas. Pensó en su padre, albañil de sol a sol, las manos como piedras agrietadas. "No seas tonto, quédate aquí", le había dicho la última noche. Pero Mauricio no podía quedarse. Ver a sus hermanos menores con los zapatos rotos, a su madre cocinando con leña mojada, le quemaba por dentro. Quería mandarles dinero, cartas con billetes dentro, fotos donde saliera con traje y corbata. Quería que dijeran: "Mauricio lo consiguió".

Cuando salió del túnel, la luz era ya mortecina. Los pueblos pasaban como sombras: casas bajas, chimeneas humeantes, algún perro ladrando al tren. En una estación pequeña, un grupo de mujeres con cestas subió hablando en voz baja. Llevaban pañuelos negros y miradas cansadas. Una se sentó enfrente, sacó un bocadillo envuelto en papel de periódico y lo partió con cuidado. Mauricio apartó la vista. No había comido desde la mañana. Tenía hambre, pero el nudo en el estómago era más grande que el hambre.

Se durmió un rato, o eso creyó. Soñó con el pueblo: el río helado, Salomé lavando ropa en la orilla, su pelo cayéndole sobre la cara. Él se acercaba, pero el agua subía, lo arrastraba. Despertó con un sobresalto. El hombre mayor roncaba todavía. El tren aminoraba. Anunciaron León. Allí cambiaban de máquina, decían. Bajó a estirar las piernas en el andén. El frío le cortó la cara. Compró un café aguado en un puesto y un panecillo que sabía a cartón. Miró a los otros viajeros: hombres como él, maletas atadas con cuerdas, ojos que buscaban algo en la distancia. Todos iban a Madrid. Todos querían lo mismo.

Volvió al vagón. La noche se había cerrado del todo. Las luces de las estaciones eran tenues, como velas a punto de apagarse. Pensó en Lugo, en el cuartel: las marchas bajo la lluvia, las noches sin dormir, el olor a lana mojada y a miedo. Había salido de allí con una cartilla militar limpia y la cabeza llena de planes. Ahora solo quedaba el traqueteo y la promesa que se había hecho: no volver con las manos vacías. No volver para que lo miraran con lástima.

El tren aceleró de nuevo. El humo entraba por la ventanilla entreabierta, negro y espeso. Mauricio cerró los ojos. Imaginó la llegada: la estación de Atocha grande como una catedral, la gente corriendo, los taxis pitando, las luces de la Gran Vía. Imaginó un trabajo en una obra, el sueldo a fin de mes, las cartas a casa. Imaginó a Salomé abriendo el sobre, sonriendo. Pero en el fondo sabía que nada era tan sencillo. Madrid no era el pueblo. Madrid tenía sus propias reglas, sus propios humos.

Y el tren seguía, imparable, hacia el sur, hacia la capital que lo esperaba con los brazos abiertos y los bolsillos cerrados.



Está claro que mejorando y detallando mejor el prompt de la pregunta, la respuesta es también más elaborada y de mayor calidad. No se trataría, en este momento, de copiar este texto sin más, sino de masticarlo en nuestra mente para, a partir de esta semilla, disparar nuestra propia creatividad. Al menos, mucho más que suficiente para romper el trauma del papel en blanco al que todo escritor se enfrenta.




19/3/26

Feliz cumpleaños

 



Ferdinand, aquella tarde de marzo, sentado ante la mesa con un papel en blanco y un bolígrafo de esos de cuatro colores delante de él, estaba a punto de darse por vencido. Afuera llovía con esa delicadeza temerosa que tiene la lluvia cuando no se decide a ser tormenta.

Había amanecido con la intención de escribir la carta. Pero, la voluntad de seguir se había esfumado al poco rato, tras un montón de frases esbozadas y no acabadas, tachadas por ridículas o carentes de inspiración. Al parecer, la imaginación se le había secado. Sesenta y ocho años eran muchos y el cuerpo lo sabía antes que la mente. Dio la luz pensando que no le venían las ideas porque no veía bien la cuartilla y su vista ya no negociaba con los contrastes. Tonterías. Lo que no sabía era qué decir.

Pero mañana era el cumpleaños de Laura. Tenía que enviarle una carta. 

Escribió su nombre en la esquina superior del papel. Laura. Lo miró. Lo tachó. Lo volvió a escribir más abajo, como si la posición en la página pudiera cambiar el peso de lo que venía después. Y después no vino nada.

¿Cómo se le escribe a alguien que ya lo sabe todo? 

Habían sido presentados en el verano del ochenta y seis, en una oficina mal decorada con moqueta oscura y algo húmeda, muebles ya desfasados para la moda de aquellos años, y un par de cuadros de paisajes indefinidos colgados de una pared. Ferdinand tenía veintiocho años y vestía ropa un tanto anticuada para su edad. Laura tenía la misma edad y resultaba interesante a primera vista. Las primeras frases que se dijeron podrían ser un buen inicio para la carta, pero no las recordaba. Tan sólo le venía a su mente la ilusión y la vida que emanaba de su mirada y su sonrisa, su entusiasmo juvenil, casi ingenuo, sus ganas de comerse el mundo; la instantánea empatía que sintió, algo irracional si uno lo piensa bien, porque no puede uno simpatizar con otra persona así sin más, de sopetón. Estas cosas deberían llevar su tiempo porque de lo contrario, y tal como fue, es como un tsunami de devoción que lo cambia todo. La cuestión es que siempre hubo química. Ni idea del porqué. Cuando Ferdinand intentaba recordar cuándo exactamente Laura había dejado de ser una conocida para convertirse en algo sin nombre preciso, no encontraba el momento. La amistad verdadera no tiene momento. Aparece como surge la luz en las mañanas: sin que nadie encienda nada. Y, entonces, uno siente que siempre ha estado ahí, que uno nació con ello, que no hay historia previa. Cuarenta años no caben en una hoja de papel y además, para qué intentarlo si todo está ya escrito en los recuerdos de casi quince mil días. Todo estaba ya dicho en los ocho lustros. En cada conversación a medias, en cada silencio que no necesitaba explicación, en cada  ¿te acuerdas cuando…?,  en frases que no precisaban terminarse porque el otro ya estaba sonriendo. La carta entera estaba en el hecho de que él estuviera allí, un día de marzo, intentando poner en palabras algo que no necesitaba expresarse.

Tomó la pluma y escribió: Querida Laura, hoy es tu cumpleaños y quería decirte…

Se detuvo.

¿Quería decirle qué, exactamente? ¿Que la apreciaba infinitamente? Demasiado poco. ¿Que era la persona que mejor le había comprendido nunca? Sonaba excesivo por muy cierto que fuese. ¿Que había días en que su consejo había sido suficiente para dormir tranquilo? Le parecería exagerado, aunque no lo fuera. ¿Hablar de complicidad? Una palabra demasiado pulida. ¿De su eterno apoyo?  Le recordaría a una columna arquitectónica o a un trámite gubernamental. ¿Qué le había regalado la amistad más importante de su vida? Eso, pensó, era lo más cercano a la verdad, y también lo más imposible de escribir sin parecer repipi. Pero es que, de verdad, qué jodido es escribir a alguien que lo sabe todo de ti. Es como buscar un regalo para un millonario. 

¿Cómo se le escribe a alguien que ya lo sabe todo de uno? 

Porque Laura había estado en todo. En los momentos duros, en los alegres, en las cuitas difíciles, en los viajes, en las lecturas, en los conciertos compartidos, en los apuros, en los éxitos, en los fracasos, en los valores de su existencia. Siempre le había fascinado la forma de ver el mundo que ella tenía. Era la que le hubiese gustado poseer a él aunque jamás había tenido ni la sabiduría ni el arrojo para construirla. Así que pronto supo que era más fácil preguntarle, escucharle y dejarse llevar por sus consejos, siempre precisos, siempre acertados, que buscar la solución por sí mismo. Se había sorprendido durante todos aquellos años de lo sencillo que era hablar con ella hasta de lo más íntimo, sin que jamás hubiera juicios, moralina o reproches. Como no había, tampoco, halagos falsos, lisonjas o adulaciones. La había dicho siempre la verdad honesta y, fuera cual fuera, a favor o en contra, siempre sonaba bien, siempre encajaba de manera natural y evidente; siempre encontraba la frase apropiada, la que ayudaba a verse a uno mismo en un espejo fiel y a refrenar las estupideces que él en solitario hubiera cometido. Una ayuda así era inestimable, poderosa, impagable.

Cuatro décadas de cumpleaños recordados, de risas comunes, de miradas cómplices, de mudanzas vitales codo con codo, de disgustos compartidos a medias para que pesaran menos. De conversaciones que empezaban hablando de cualquier cosa y terminaban, sin saber cómo, en lo más hondo. De silencios que no incomodaban porque con Laura el silencio también era una forma de compañía. Cuatro décadas no son solo tiempo; son una acumulación de sedimentos, una geología de cenas compartidas, crisis de ansiedad, ilusiones,  esperanzas y, con el lento desmoronamiento de las ambiciones juveniles, construir la madurez y la vejez soportándose el uno al otro. Lo que habían compartido no era ostentoso sino que era más parecido a las venas que nos recorren el cuerpo: apenas visibles, sin notoriedad, difíciles de distinguir pero fundamentales, necesarias, imprescindibles para lo que uno es.

La amistad, pensó Ferdinand, es la única institución que no requiere contratos y que ofrece los intereses más altos en forma de recuerdos compartidos. Es una geografía común. Conocían los mismos baches en la carretera, las mismas estaciones, los mismos problemas laborales, las mismas emociones, y ambos sabían que su mapa era el mismo. Esa era la magia: ser el testigo de la vida del otro. Laura era la guardiana de su cronología. Si ella se olvidaba de algo, ese algo dejaba de existir.  Sintió una oleada de gratitud, de admiración, que le oprimió el pecho, no como un ataque, sino como un abrazo. La lealtad eterna no es un gran gesto heroico bajo la lluvia; es la acumulación de pequeñas decisiones diarias de no irse, de no juzgar, de seguir escuchando la misma anécdota por décima vez solo porque el otro necesita contarla. 

Ferdinand dejó el boli sobre el papel. Se levantó, fue a la ventana, miró la lluvia que caía con languidez. En la calle, un hombre paseaba a un perro con paraguas y sin prisa, y los dos parecían conformes con el agua y con el atardecer.

Pensó en la última vez que habían comido juntos, hacía tres semanas. Ella se había encargado de preparar los platos, y Ferdinand la había felicitado y halagado y Laura había dicho: Ferdinand, no seas moñas que nos conocemos de siempre, y los dos se habían reído como se ríen las personas que comparten un idioma que nadie más habla.

Eso. Eso era lo que quería escribir. Ese idioma.

Pero el idioma no cabía en papel.  

Volvió al escritorio. Miró la hoja. Miró el nombre de Laura, escrito sin nada más a continuación. Cogió el bolígrafo y, debajo de su nombre, escribió una sola línea.

Gracias por no tener nada que decirte. Feliz cumpleaños.

La dobló en dos. La metió en el sobre. Escribió su dirección de memoria, como se escribe la de uno mismo.

Y supo, mientras pegaba el sello, que era la carta más larga que había escrito en su vida. 




18/3/26

Plataforma Vera Rubin para IA.

 


En el transcurso del evento GTC de NVIDIA que comenzó anteayer, se ha anunciado la nueva plataforma de hardware para procesos de IA, denominada Vera Rubin, en honor a la célebre astrónoma.

Como se sabe, las redes neuronales que procesan, entre otras cosas, los grandes modelos de lenguaje, requieren de potencias de cálculo enormes y su consumo energético es también gigantesco. Lograr, entonces, un hardware más eficiente y potente resulta importante para que estos LLM puedan seguir evolucionando. 

Vera Rubin es una plataforma diseñada para responder a las exigencias de los sistemas de IA más avanzados: los agentes autónomos. Lejos de ser simplemente un nuevo chip, intenta ser una redefinición completa del supercomputador de IA, integrando CPU, GPU, red y memoria en una arquitectura coherente orientada a la escala masiva. Podría decirse que es un microprocesador ampliado a la escala de un rack. 

Su diseño se materializa en configuraciones como el sistema NVL72, un supercomputador de IA que conecta 72 GPUs Rubin y 36 CPUs Vera mediante la sexta generación de NVLink. El resultado es una infraestructura capaz de operar prácticamente como una enorme CPU, eliminando muchas de las limitaciones que han frenado el escalado de los modelos de IA. Gracias a este diseño, el sistema alcanza hasta 3,6 exaflops de velocidad de proceso. Una de las claves de esta potencia es la red interna NVLink 6, que permite conectar todas las GPUs del rack con un ancho de banda agregado de hasta 260 terabytes por segundo. Esta interconexión permite que cada GPU acceda a la memoria y al cálculo de todas las demás, funcionando como una sola unidad de procesamiento distribuida. Además, cada GPU Rubin incorpora memoria HBM4 de altísimo ancho de banda, alcanzando más de 1,5 petabytes por segundo de transferencia interna, lo que permite manejar modelos cada vez más grandes y complejos sin saturar la memoria. 

Aunque las GPUs siguen siendo el motor del cálculo masivo, la arquitectura Rubin introduce un nuevo elemento fundamental: la Vera CPU. Este procesador, basado en núcleos Arm personalizados llamados Olympus, incorpora 88 núcleos y 176 hilos de ejecución, además de un ancho de banda de memoria extremadamente elevado y hasta 1,5 TB de memoria LPDDR5X por chip.  

Además, NVIDIA ha multiplicado la memoria del sistema respecto a generaciones anteriores. En un rack NVL72 se combinan 20,7 TB de HBM4 en las GPUs y aproximadamente 54 TB de LPDDR5X en las CPUs, creando un enorme espacio de memoria coherente para manejar contextos cada vez más largos y modelos con billones de parámetros.

Este gran conjunto de chips producen una gran cantidad de calor. Por ello, la plataforma utiliza refrigeración líquida directa con agua a 45 °C, eliminando gran parte de los sistemas tradicionales de climatización de los centros de datos.   

Asociado a Vera Rubin, se integra la tecnología de Groq, una empresa especializada en chips para inferencia de baja latencia. Los nuevos racks Groq LPX, integrados en el ecosistema Rubin, introducen el concepto de inferencia desagregada. En lugar de ejecutar todas las fases de un modelo en la misma arquitectura, el sistema separa las etapas del proceso para optimizarlas de forma independiente. Los chips LPU de Groq gestionan la fase de decodificación de tokens, para conseguir una latencia mínima. Estas LPUs  utilizan grandes cantidades de memoria SRAM integrada y alcanzan anchos de banda superiores a 150 TB/s, lo que los convierte en aceleradores extremadamente eficientes para generar tokens en tiempo real.    


  

16/3/26

El minotauro no duerme por la noche

 


El minotauro no duerme por la noche (2015/2025), de Félix Remírez, es un relato digital que narra el discurrir de una única noche de un adolescente japonés, desubicado y solitario, que busca algo que ni sabe qué es. Deambula por Tokyo, pasando por barrios marginales, parques y zonas céntricas, reflexionando y anhelando hallar un sentido a su existencia. En su recorrido encuentra a una joven, tan perdida como él. Quizá ella sea la respuesta a sus deseos.

Es la historia de Akimitsu y Tsubame.

La vida en un laberinto por el que transitamos deseando no llegar a la salida. En esos recovecos, en esas esquinas tras las cuales siempre se esconden sorpresas, en ese ir y venir sin mapa a nuestra disposición, nos amenaza nuestra soledad, nuestras pérdidas y nuestros anhelos incumplidos. Nos amenaza un nuevo minotauro al que no sabemos sin enfrentar o evitar. La noche es el escenario ideal para otear, oler, presentir al minotauro que nos amenaza. Como Teseo, caminamos solos, desvalidos, tristes unas veces, alegres otras, intentando no perdernos en un laberíntico destino que no conocemos. De nada sirve esconderse. El Minotauro, fuerte y poderoso, nos conoce bien pues nace de nuestro corazón. Espera agazapado tras el atardecer, tras un tropiezo, tras un desengaño, nos vigila desde las sombras.

La obra se divide en escenas, cada una de las cuales muestra un paisaje distinto que el lector puede explorar en 360º. Algunas de las caras de esas escenas contienen textos que el lector debe encontrar. Otras, sólo imágenes y otras permiten pasar al lugar siguiente. El ambiente siempre es nocturno, nostálgico, lleno de tristezas incluso en lugares de clara belleza estética. Los oscuros pensamientos del joven se plasman como un minotauro que, de tanto en cuanto, deambula por la pantalla como si esos instintos le persiguieran en su vida.

Se acompaña con música de fondo.

La versión original, del 2015, estaba programada en Flash CS5 pero, ante la desaparición de este lenguaje, la nueva versión, del 2025, está programada en HTML5/CSS/javascript. Funciona para PC en Edge y Chrome.









14/3/26

TinyStories, generador de cuentos cortos por IA de tamaño reducido.

 


TinyStories: How Small Can Language Models Be and Still Speak Coherent English?, de Ronen Eldan y Yuanzhi Li (de Microsoft Research), es un artículo publicado en 2023 que aborda la cuestión de cuál es el tamaño mínimo que debe tener un modelo de lenguaje para ser capaz de generar texto coherente y fluido en inglés. Una pregunta interesante ya que los actuales LMM necesitan océanos de datos, capacidad de procesamiento muy elevada y consumen ingentes cantidades de energía. Reducirlos al mínimo permitiría una eficiencia mucho mayor.

El problema de partida es bien conocido en la literatura especializada: los modelos de lenguaje pequeños (Small Language Models, SLMs), es decir, aquellos con alrededor de 125 millones de parámetros como GPT-Neo (small) o GPT-2 (small), raramente logran producir texto consistente más allá de unas pocas palabras, incluso después de un entrenamiento extensivo sobre grandes corpus . Estos modelos tienden a generar oraciones incoherentes, repetitivas o sin sentido, incapaces de mantener un tema claro o una estructura lógica a lo largo de varios párrafos. La pregunta que surge naturalmente es si esta limitación es una consecuencia intrínseca del tamaño reducido del modelo, o si más bien se debe a la excesiva amplitud y diversidad de los datos con los que se entrenan.

Cuando un modelo se entrena sobre corpus masivos como Wikipedia o Common Crawl, no solamente aprende las reglas gramaticales del lenguaje: también debe aprender a codificar y recuperar una cantidad ingente de hechos y conceptos provenientes de los más diversos dominios del saber humano. Los autores plantean la hipótesis de que esta sobrecarga informativa puede estar impidiendo que los SLMs aprendan los mecanismos esenciales del lenguaje. Si se pudiera diseñar un conjunto de datos que preservara los elementos fundamentales del lenguaje natural —gramática, vocabulario, hechos básicos y razonamiento— pero que fuera significativamente más pequeño y restringido en términos de diversidad y amplitud temática, quizás sería posible que modelos muy pequeños adquirieran la capacidad de generar texto coherente.

Así, el artículo propone el modelo TinyStories, un generador de cuentos cortos generados mediante GPT-3.5 y GPT-4, diseñado para contener únicamente vocabulario que un niño de entre tres y cuatro años podría comprender. Cada historia está compuesta por dos o tres párrafos que siguen una trama simple y un tema consistente. Para garantizar la diversidad del conjunto de datos —uno de los principales desafíos al utilizar modelos generativos para producir datos de entrenamiento—, los autores recopilaron un vocabulario de aproximadamente 1.500 palabras básicas divididas en sustantivos, verbos y adjetivos. En cada generación, se seleccionan aleatoriamente tres palabras (una de cada categoría) que el modelo debe integrar en la historia. Además, se elaboró una lista de posibles características narrativas —como diálogos, giros argumentales, finales negativos o moralejas— de las cuales se elige un subconjunto aleatorio para cada historia, enriqueciendo así la variedad estructural del corpus.

La propuesta central del artículo es demostrar que TinyStories puede emplearse para entrenar y evaluar modelos de lenguaje con menos de diez millones de parámetros, e incluso con arquitecturas de un único bloque transformador, y que dichos modelos son capaces de generar historias fluidas, gramaticalmente correctas, diversas y coherentes. Para verificar esto, los autores entrenan una serie de modelos de arquitectura GPT-Neo con dimensiones de embedding que van desde 64 hasta 1024 y con entre uno y doce bloques transformadores. Los resultados muestran que incluso un modelo de 2,5 millones de parámetros puede generar continuaciones de historias más coherentes que las producidas por GPT-2 XL, un modelo casi mil veces más grande con 1.500 millones de parámetros.

Introducen, asimismo, un nuevo sistema de evaluación denominado GPT-Eval.  El procedimiento consiste en proporcionar al modelo evaluado el inicio de una historia, generar una continuación, y luego solicitar a GPT-4 que califique dicha continuación en múltiples dimensiones: gramática, creatividad, consistencia con el inicio y coherencia de la trama. Este enfoque multidimensional permite obtener una visión más matizada de las capacidades del modelo y no se limita a medir una única métrica de rendimiento.

Los experimentos concluyen, en primer lugar, que la capacidad gramatical emerge antes que otras habilidades y puede ser dominada por modelos relativamente pequeños, mientras que la consistencia narrativa y la creatividad requieren mayor capacidad. En segundo lugar, la dimensión del embedding resulta más determinante para el conocimiento factual, mientras que el número de capas (la profundidad) es más crucial para el seguimiento de dependencias a largo plazo y la coherencia contextual. En tercer lugar, los modelos de una sola capa muestran dificultades notables para seguir instrucciones, lo que sugiere que la atención global es especialmente importante para esa capacidad.

Los autores también presentan una variante  llamada TinyStories-Instruct, en la que cada historia va precedida de un conjunto de instrucciones que puede incluir palabras específicas a incorporar, una oración que debe aparecer en el texto, características narrativas y un resumen argumental. Esta variante permite evaluar la capacidad de seguimiento de instrucciones de los modelos y demuestra que incluso modelos de tamaño reducido son capaces de generalizar a combinaciones de instrucciones que no han visto durante el entrenamiento.

Finalmente, el artículo aporta evidencia de que los modelos entrenados en TinyStories exhiben leyes de escalado similares a las observadas en modelos de lenguaje grandes, mostrando una dependencia polinómica entre el rendimiento y los recursos computacionales empleados en el entrenamiento.

El artículo completo puede leerse desde este enlace.




13/3/26

Literazoon

 


Literazoom (2009/2023), de Félix Remírez, es una obra que aplica la técnica del zoom infinito a la literatura. Así, delante de los ojos del lector van circulando una multitud de citas literarias en prosa o en verso, sin solución de continuidad, eventualmente salpicadas con imágenes. También, van apareciendo el pantalla, en posiciones aleatorias retazos aún menores de las frases literarias utilizadas.

La imagen es minimalista.

La versión original del 2009 estaba programado en Flash CS5 pero la nueva versión  del 2023 lo está en HTML/CSS/javascript.

La obra funciona en inglés y en español. Se acompaña con un audio musical. No hay interacción ya que los textos se animan de manera automática.

Funciona para PC en Edge y Chrome.