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8/5/26

Los suicidas del fin del mundo

 

Los suicidas del fin del mundo (Tusquest, 2006), de Leila Guerriero, es una crónica periodística que puede considerarse una magnífica novela. La historia de una pequeña localidad, cuyos mejores tiempos, fruto de la extracción petrolera, ya quedaron atrás, y la tristeza de sus gentes, a medio camino entre el arraigo y la falta de oportunidades, que lleva a muchos a cometer suicidio.

Las ambiciones de hacer dinero rápido acarrean peligros devastadores cuando sus promesas de riqueza se desmoronan, dejando solo escombros donde antes prosperaba la ilusión. Este fenómeno marcó a Las Heras, un asentamiento que, previo a la irrupción de la industria petrolera en 1978, basaba su tranquila economía en el pastoreo y la venta de lana. 

Hasta allí se trasladó Leila Guerriero para documentar los sombríos eventos que componen su obra. Guerreiro se encuentra con una comunidad en retroceso social y sumida en una profunda desesperanza. El pueblo queda marginado de cualquier progreso social o económico, convirtiéndose en un depósito de afectos rotos. El imaginario colectivo, antes compartido, se ha fracturado en un conjunto de pedazos desunido donde la comunicación entre los sujetos se ha roto, dejando paso a una violencia seca y simplificada que la novela captura con precisión. En este escenario, las muertes por mano propia se convierten en el centro de una historia que parece hundirse en un vacío de sentido.  

La narración está basada en hecho reales. Entre 1997 y 2004, una incomprensible cadena de suicidios sacudió a esta localidad patagónica. Guerriero se instaló en el epicentro de los hechos en 2002, realizando un trabajo de campo de varios meses que dio como fruto este crudo testimonio. No faltaron impedimentos ya que muchas personas se negaron a hablar o inventaron razones que no existían.

Así pues, el libro se construye a partir de lo que sus habitantes cuentan a la periodista verbalmente; son sus voces, cargadas de  tragedia, las que dotan de volumen a la narración. El lenguaje aquí deja de ser un adorno para transformarse en un vehículo de incertidumbre. 

El texto es una joya del lenguaje sobrio. No sobran palabras. No faltan palabras. No se adorna, pero si hay sensibilidad antes situaciones tan terribles. No se remolonea, pero tampoco se escatima extenderse cuando es necesario. Se describe con precisión quirúrgica, sin miedo a las imágenes escabrosas y crudas de una vida desencantada, los hechos ocurridos. Nunca hay morbo, jamás sensacionalismo. Es una arquitectura de la memoria donde el minimalismo verbal potencia el horror de las situaciones. El núcleo de la obra son las voces de los familiares, de amigos de las víctimas o de suicidas que en el último momento desistieron. Lo que sucedió se reconstruye a través de esos diálogos, de la emoción de las conversaciones con una mesa de por medio. El lector debe unir los fragmentos que va leyendo hasta poder completar un cuadro completo y veraz. Nunca desaparece el interés y uno desea conocer más de lo acaecido en Las Heras.

Los testimonios están cargados de una intensidad verbal y una emoción cruda que convierte cada relato en un fragmento de la tragedia. Es a través de estos diálogos y reflexiones que el lector experimenta el dolor, la frustración y el desconcierto que envuelve a la comunidad que, en definitiva, no es sino la falta de futuro, lo que la autora llama "el síndrome de la valija", que hay que emigrar para cumplir las ilusiones. 

En paralelo, la autora argentina reconstruye el pasado del pueblo, de su ascenso y caída. La descripción de la naturaleza inhóspita, la dureza del trabajo en los campos petroleros y la súbita caída del negocio, por asuntos que ocurren en la otra punta del mundo pero que afectan radicalmente a la vida de sus habitantes, trazan un telón de fondo opresivo que parece justificar la cadena de desgracias que narra Guerreiro.

Y, además, todo ocurre ante la indiferencia del resto del país. El párrafo final es de una soledad profunda.


1/3/26

Syntax: A Cognitive Approach

 

Syntax: A Cognitive Approach (The MIT Press, 2025), res un ensayo sobre la lingüística cognitiva y el estudio de la estructura sintáctica del lenguaje humano. 

Edward A. F. Gibson, reconocido investigador del MIT, presenta en esta obra una perspectiva novedosa que desafía las explicaciones tradicionales al análisis sintáctico, proponiendo un marco teórico que integra procesos cognitivos, limitaciones de la memoria de trabajo y principios de eficiencia comunicativa.

La premisa central del libro sostiene que la sintaxis no puede comprenderse plenamente como un sistema abstracto de reglas formales aislado de las capacidades y limitaciones cognitivas humanas. Gibson argumenta que las estructuras sintácticas que encontramos en las lenguas naturales son el resultado de la interacción entre principios comunicativos, restricciones de procesamiento mental y mecanismos de aprendizaje. Esta perspectiva representa un alejamiento significativo de los enfoques generativistas tradicionales que dominaron la lingüística durante décadas.

Uno de los conceptos más influyentes desarrollados en el libro es la teoría de la dependencia a distancia (Dependency Locality Theory). Gibson propone que la dificultad de procesamiento de una estructura sintáctica está directamente relacionada con la distancia entre elementos que mantienen dependencias gramaticales. Cuando palabras que deben integrarse semánticamente están separadas por material lingüístico intermedio, el proceso sintáctico debe mantener activa información en la memoria, lo que genera costos cognitivos mensurables. Esta teoría ha sido validada por otros estudios experimentales de tiempo de lectura, movimientos oculares y neuroimagen, convirtiéndose en uno de los marcos más sólidos para predecir la dificultad relativa de diferentes construcciones sintácticas.

El autor dedica asimismo atención al análisis de construcciones particularmente complejas, como las oraciones de relativo center-embedded, que han fascinado a los lingüistas por su extrema dificultad de procesamiento. Gibson demuestra que estas estructuras, aunque gramaticalmente bien formadas, resultan prácticamente incomprensibles para un sistema automático debido a las demandas excesivas que imponen sobre la memoria de trabajo. Este fenómeno ilustra perfectamente la tesis central del libro: la sintaxis observable en el uso real del lenguaje está moldeada por las capacidades y limitaciones del aparato cognitivo humano.

Gibson examina cómo diferentes idiomas han desarrollado estrategias sintácticas diversas para optimizar el equilibrio entre expresividad comunicativa y facilidad de procesamiento. El análisis de lenguas con órdenes de palabras distintos (SOV, SVO, VSO) revela patrones sistemáticos que reflejan principios cognitivos universales, aunque manifestados de maneras culturalmente específicas. Esta perspectiva trasciende el debate tradicional entre relativismo y universalismo lingüístico, sugiriendo que las lenguas humanas varían dentro de un espacio de posibilidades delimitado por restricciones cognitivas comunes.

El libro también aborda la cuestión del aprendizaje sintáctico desde una perspectiva cognitiva. Gibson explora cómo los hablantes adquieren el conocimiento de las estructuras sintácticas de su lengua materna, argumentando que este proceso no requiere necesariamente de una gramática universal innata altamente específica, como proponen las teorías chomskianas. En cambio, sugiere que mecanismos generales de aprendizaje estadístico, combinados con sesgos cognitivos sobre estructuras probables, pueden explicar adecuadamente la adquisición sintáctica.

La metodología interdisciplinaria que caracteriza el trabajo de Gibson es particularmente valiosa. El autor integra evidencia procedente de la psicolingüística experimental, la neurociencia cognitiva, la lingüística computacional y el análisis de corpus. Los experimentos de lectura auto-paced, los estudios de eye-tracking y las investigaciones con neuroimagen funcional proporcionan validación empírica robusta a las predicciones teóricas.

Gibson también dedica atención a las implicaciones prácticas de su teoría. El procesado sintáctico automático mediante ordenadores, la lingüística computacional, la enseñanza de segundas lenguas y la evaluación de la legibilidad de textos son áreas que pueden beneficiarse de una comprensión más profunda de cómo el cerebro humano procesa estructuras sintácticas. El autor sugiere que los sistemas de inteligencia artificial para procesamiento del lenguaje natural podrían mejorar incorporando principios inspirados en el procesamiento cognitivo humano. 

Sin embargo, la obra no está exenta de limitaciones. La teoría de la dependencia a distancia, aunque poderosa, no captura completamente la complejidad del procesamiento sintáctico. Factores semánticos y contextuales juegan roles importantes que el modelo de Gibson quizá subestime.  



12/1/26

De las cosas pálidas

 

En De las cosas pálidas (La Bella Varsovia, 2025), Alberto Santamaría continúa una línea de trabajo muy definida dentro de su trayectoria: la poesía entendida como un espacio de pensamiento, pero también como una práctica situada, consciente de sus límites materiales, lingüísticos y perceptivos. No se trata de poesía que aspire a tratar grandes problemas, sino de uno que examina con atención aquello que suele quedar en segundo plano: lo borroso, lo incompleto, lo que apenas se sostiene en la mirada, lo nimio. Ahí se sitúa el territorio del libro, en espacios desplazados que no son solo geográficos, sino también emocionales y mentales: márgenes de la memoria, zonas opacas del afecto, lugares donde el amor o el recuerdo ya no son plenamente accesibles.

El poemario dialoga de manera constante con preguntas que rayan la filosofía: ¿hasta dónde puede llegar el lenguaje?, ¿qué implica mirar?, ¿qué se pierde cuando se intenta contar una experiencia? Estas cuestiones no aparecen formuladas de modo abstracto, sino encarnadas en escenas, objetos, gestos y reflexiones breves que se abren paso entre lo cotidiano y lo conceptual. La escritura avanza con cautela, consciente de que toda afirmación es provisional. 

De las cosas pálidas puede abordarse como un recorrido por lo imprevisto, una constelación dispersa sin jerarquías claras o incluso como una reunión de restos a los que nadie presta atención. Sobre ese fondo fragmentario insiste una idea que vuelve una y otra vez: la importancia de estar. No como consigna vacía, sino como aceptación de una presencia siempre inestable, ligada a un tiempo que se escapa mientras ocurre. El libro asume ese presente frágil como único lugar posible desde el que pensar y actuar, sin promesas de trascendencia ni refugios idealizados.

Santamaría construye una dicción reflexiva, irregular, a ratos entrecortada, que combina recogimiento y distancia crítica. La ironía, leve pero persistente, impide que el tono se cierre sobre sí mismo y lo mantiene abierto a la ambigüedad. Todo ello genera una atmósfera reconocible: los poemas parecen escritos desde un tiempo suspendido, ese momento indefinido en el que la actividad se detiene y solo queda observar. Como si la escena fuera siempre la misma: una tarde apagada en la periferia, cuando ya no ocurre nada y, precisamente por eso, todo puede ser pensado.

Uno de los logros del libro es la integración de una sensibilidad crítica hacia el mundo contemporáneo sin convertir el poema en un mitin La dimensión social y política está presente, pero no como consigna, sino como atmósfera: una conciencia de precariedad, de desgaste y de intemperie que afecta tanto a las relaciones como a los paisajes y a los lenguajes. Aun así, el tono no deriva hacia el sarcasmo ni hacia el cinismo: hay distancia, pero también una voluntad clara de permanecer. El poema se convierte así en un lugar desde el que habitar el mundo, aunque sea de manera frágil y temporal.

A lo largo del libro se despliega, además, una reflexión continua sobre los propios mecanismos de la experiencia estética. Aparecen textos que interrogan la forma en que vemos, cómo se construyen las imágenes, qué papel juega el soporte material del poema, cómo opera la imaginación o de qué modo el error puede abrir nuevas posibilidades expresivas. Todo ello conforma una suerte de teoría implícita del arte, no sistemática, pero sí persistente, que se va revelando a medida que el lector avanza.

La escritura es depurada, con versos breves y estrofas contenidas que favorecen la concentración y el silencio. A veces esos versos parecen fragmentos de una métrica mayor desarmada, pero su fuerza reside precisamente en esa condición: piezas autosuficientes, tensas, donde cada palabra carga con un peso específico. La sencillez aparente es fruto de una elaboración rigurosa. 


16/9/25

La muy catastrófica visita al zoo

 

La muy catastrófica visita al zoo, (Alfaguara, 2025), del suizo  Joël Dicker, es una novela muy divertida, casi infantil, que narra los sucesivos desastres que ocurren en la escuela con un grupo de niños que requieren atención especial. 

Cada catástrofe, narrada en muy pocas páginas, causa otro problema mayor, así de capítulo en capítulo, hasta el desenlace final.

Una novela amable, divertida, no exenta de mensajes morales en cada escena, Una historia blanca, bien escrita, que nunca ofende aunque diga verdades como puños, que muestra el abismo entre la pura lógica infantil y la de los adultos, entre lo que los seres humanos dicen y lo que hacen.

Se lee en un par de tardes y uno se sorprende con una sonrisa de complicidad en los labios con cada página de la novela. Protagonistas entrañables, sencillos, buenos, inocentes. 

Historias simples que siempre conllevan profundas reflexiones sobre la libertad, el amor, la justicia, la democracia, el sentido común y el respecto.



15/9/25

El italiano

 

El italiano (Alfaguara, 2021), de Arturo Pérez-Reverte, es una novela ambientada durante la II Guerra Mundial, en la bahía de Algeciras. Narra la historia de un buzo militar italiano, Teseo, encuadrado en un equipo de sabotaje de navíos aliados que hacen escala en Gibraltar y su historia de amor con una joven española, Elena, viuda y librera. 

Con el estilo propio de Pérez-Reverte, la novela tiene saltos en el tiempo entre lo que ocurría en la guerra y lo que sucede en la actualidad (años 80, en realidad). La trama mezcla la supuesta investigación que hace el narrador con la historia descrita según las informaciones que recibe. Un narrador que ha sido reportero de guerra, como el propio autor de la novela.

La primera mitad de la novela resulta demasiado lenta, mientras que desde ese momento hasta el final el ritmo es mucho más interesante, animando a la lectura en cada capítulo hasta llegar al resultado de la última misión. Parte de esta lentitud inicial está en el excesivo detalle técnico de los submarinos torpedo que manejan los marinos italianos. Está bien introducir términos técnicos y palabras inusuales pero, en este caso, es un tanto repetitivo ya que dichos torpedos humanos tampoco tenían tanto secreto técnico.

La novela está relatada con tiempos verbales distintos según el capítulo. Algunos en presente de indicativo (la historia narrada), otros en tiempo pasado (la investigación del narrador). De este modo, lo que sucedió hace décadas se nos presenta en presente, como si estuviera ocurriendo ante nuestros ojos, mientras que los hechos más recientes se narran en pasado, generando cierta distancia con ellos y relegándonos al papel de observadores. Algo que resulta literariamente interesante.

La labor de documentación de Pérez-Reverte es impecable y sitúa la historia en un realismo notable. 

Sin caer nunca en el tremendismo, el escritor narra perfectamente la tensión, el miedo, el valor y el horror de la tortura.

En las descripciones, hay un mayor énfasis en la vida cotidiana de la colonia británica en Gibraltar que la de los españoles en el resto de la bahía. A mi modo de ver, está mejor desarrollado el personaje de Teseo que el de Elena, no quedando claro en esta cuáles son sus motivaciones más íntimas para involucrarse en el espionaje.

Por momentos, la narración de la guerra es demasiado romántica, con códigos de honor entre enemigos que, en todas las guerras, no se respetan.

En los anexos, existen dos mapas muy bien realizados que ayudan a comprender la geografía de la escena que, a pesar de ser muy reducida, puede confundir al que no haya visitado la bahía.
 
 .
 


20/6/25

Lekeitio

 


Lekeitio (Ayuntamiento de Lekeitio, 2021), de Aitor Iturbe, es un ensayo sobre la historia de la villa vizcaína, desde 1884 a 1936.

Profusamente ilustrado con gráficos y fotografías de época, es altamente informativo, escrito con un estilo ágil e interesante para cualquier lector atento a la historia cotidiana, a la vida sencilla de los pueblos. Dispone de una importante documentación, gran cantidad de referencias y numerosos hechos sucedidos tanto en la villa como en la vida del país. 

La narración engarza hábilmente los grandes hechos con las pequeñas historias de calle y noticias entresacadas de la hemeroteca de la época.

Obviamente, la presencia del mar y los marinos resulta especialmente notable a lo largo de todo el ensayo.

Muy interesante. En euskera y castellano.





25/3/25

Cancelado

 


Cancelado (De Conatus, 2024), de Percival Everett es una novela algo experimental, compleja de leer, en la que el autor pretende criticar la industria editorial y la venta de la literatura con criterios de ventas y no de calidad. El original del escritor norteamericano se publicó en el 2001 con el título de Erasure (borrado). La traducción actual al español da pie a pensar en la cultura de la cancelación pero el libro nada tiene que ver con esto. Por el contrario, Erasure se refiere al "borrado" que un autor puede hacer al tergiversar o medio copiar otra obra u otro estilo.

Hay que decir que, a pesar de los 24 años transcurridos entre su publicación en inglés y la traducción actual al español, la novela ha aguantado bien el paso del tiempo y sus reflexiones son igual de válidas hoy en día. 

En el libro hay, en realidad, dos novelas internas. Una novela dentro de otra novela. Una, la que el escritor Thelonious Monk cuenta su vida, sus éxitos y fracasos, siendo un escritor con muy buenas críticas y muy pocas ventas que decide escribir una historia vulgar como las que venden millones de ejemplares.  La otra, precisamente, es esa novela que envía a su editorial para burlarse de todo. Sólo a mitad del libro nos percatamos que Thelonius es un escritor afroamericano culto, refinado. Él escribe desde su mundo real. Su editor le pide que escriba desde el estereotipo del negro marginado de un barrio pobre de cualquier ciudad norteamericana.

La dicotomía entre ambos relatos, el real del protagonista y "lo que vende,  es el motor del libro y da para buenos ratos de crítica, comedia y reflexión. Hay una importante sátira a la industria editorial, al muro del mercado que frena las opciones a cualquier obra que se salga del mainstream, a la falta de esfuerzo de marketing para vender buenas novelas que no sean comerciales. Y, en particular, reflexiona sobre cómo los medios de comunicación estadounidenses refuerzan los prejuicios, los tópicos y la estigmatización racial de los afroamericanos en aquel país.  De paso, critica los estamentos principales de nuestra sociedad, desde la familia a la política, el mundo laboral o la religión.

Thelonuis escribe con talento, pero su editor le dice que no hay mercado, que debe escribir sobre el mundo de los negros en guetos . Él nada tiene que ver con ese mundo, su vida no encaja con el ciudadano negro americano marginado. Él es de clase media-alta y sus textos no cubren no las expectativas de los blancos ni las de los negros. Las editoriales le dicen que no es suficientemente negro. ¿Qué debe hacer? Decide mentir, hacer la obra que espera el mercado. Triunfa, recibe críticas estupendas, quieren hacer una película con esa bazofia. 

Es notable el esfuerzo de la traductora, Marta Alcaraz, porque el original está lleno de argot ya de por sí difícil de trasladar a otro idioma, y más aun cuando el argot del español en España es diferente del argot en el español en México o en Argentina.




11/11/24

Hombres que son como lugares mal situados

 

  
Hombres que son como lugares mal situados (Homens que são como lugares mal situados, en el original) (Ediciones Sígueme, 2015), del poeta portugués Daniel Faria, es probablemente el poemario más destacado de este escritor que, desgraciadamente, murió muy joven, a los 28 años. Algunas de sus poesías están a la altura de otros grandes nombres de la poesía portuguesa en el siglo XX como Fernando Pessoa, Sophia de Mello Breyner Andresen o Eugénio de Andrade. 

En Hombres que son como lugares mal situados, Faria logra un equilibrio profundo entre la reflexión contemplativa y la fuerza de sus metáforas. Describe un universo espiritual, introspectivo, simbólico y meditativo, siempre inmerso en la religiosidad, posiblemente porque el propio autor fue monje. 

Es común la presencia de elementos bíblicos, salmos y símbolos religiosos, lo que refuerza el carácter místico de la obra. Así, por ejemplo, el misticismo de Faria se desboca en  "Una especie de ángel herido en la raíz", donde reflexiona sobre el lenguaje poético. 

Los poemas de este poemario son reflexiones sobre el paso del tiempo, la identidad, el dolor y la fe. La obra invita a los lectores a bucear en su propia condición humana y su conexión con lo divino, una llamada a la espiritualidad.

El libro está dividido en varias secciones que abordan distintos aspectos de la experiencia humana y espiritual:

- Pero me basta un cuadrado de sosiego, con poemas tan interesantes como  Las mujeres aspiran la casa hacia dentro de los pulmones u Hombres que son como proyectos de casas.

- Para encontrar el golpe en el sueño, que incluye imágenes oníricas y diálogos con personajes femeninos inmersos en la naturaleza.

- Si vas por el centro de ti mismo, con poemas que evocan personajes y paisajes bíblicos, siempre desde una perspectiva íntima.

- Una especie de ángel herido en la raíz, donde Faria diserta sobre el lenguaje poético como herramienta de búsqueda y ascensión espiritual.

- Para el instrumento difícil del silencio, que aborda la presencia de lo espiritual en la existencia para enfrentar los sinsabores de la existencia.

En total, casi 150 páginas de buena poesía.

El lenguaje de Faria combina una dicción sencilla y directa con imágenes cargadas de simbolismo, de metáforas poderosas. Su poesía está impregnada de un ritmo particular, monacal, de música gregoriana, logrando un equilibrio entre la contemplación y la expresión emocional. Las metáforas, a menudo sorprendentes, iluminan los pequeños detalles de la vida cotidiana con un sentido de lo sagrado.

En español, el libro ha sido traducido por el poeta Luis María Marina, quien ha logrado preservar la musicalidad y la profundidad del original portugués.  



2/11/24

Una historia particular

 

Una historia particular (Alfaguara, 2024), de Manuel Vicent, es una colección de recuerdos y anécdotas del escritor que, tomados en conjunto, crean un relato costumbrista y una especie de NO-DO literario en donde la historia de España ha de intuirse a través del filtro de instantes de la memoria, estampas efímeras, probablemente no realistas sino transformadas por los sentimientos, opiniones y valores de quién los relata. 

En todo el libro, existe una cierta nostalgia por el tiempo pasado ya que las páginas plasman muchas más escenas de la niñez, la juventud y la primera mitad de vida de Vicent, como si a partir del siglo XXI, cuando ya se ha traspasado la frontera de los sesenta, las cosas dejaran de interesar, de sorprender, de asombrar, de merecer atención. 

De hecho, el libro comienza hablando de la infancia y termina de igual manera, con un recuerdo tierno y lleno de añoranza de la misma. El caso es que se percibe una decepción clara sobre la sociedad y, sobre todo la política, a partir del año 2000.

No puede decirse que sea una biografía, aunque evidentemente tiene rasgos biográficos, porque no pretende describir hechos de manera aséptica, sino que se centra en las sensaciones, en la emotividad de lo vivido, siempre personal y subjetiva. 

El conjunto de descripciones y pormenores, sí constituye una narración de costumbres parcial de la sociedad española en la segunda mitad del siglo XX pero si he señalado que es una especie de NO-DO, en donde siempre todo parecía ser maravilloso en la España de la dictadura, es porque narra esa historia propia desde la óptica de un privilegiado durante esa época. Escritor de éxito y persona culta, viajado y leído, conocedor del mundo, su forma de ver la historia puede resultar ajena a gran parte de la población de nuestra edad que no alcanzábamos para tener coches, viajar a todo el mundo, conocer grandes restaurantes o asistir a los mejores conciertos. Es un un NO-DO de un progresista, pero NO-DO al fin.

El libro está escrito como una sucesión de breves capítulos, de 3 o 4 páginas cada uno, en donde se narran momentos particulares que se vinculan a acontecimientos históricos, visiones políticas o sociales, viajes, gustos artísticos del momento u obras musicales. Momentos que nos marcan, sin saber muy bien el porqué y que nos resultan imperecederos. Quizá hubiera bastado con relatarlos en su propio valor, en su propia esencia, en el significado íntimo para la persona. Desde este punto de vista, Vicent se excede al unir la pulcritud del sentimiento revivido, que bastaría por sí mismo, con cavilaciones intelectuales que provienen del hoy, no del ayer cuando ocurrieron y que, por tanto, retuercen la estampa de la memoria. Siendo más joven que Manuel Vicent, gran parte del libro me es cercano, con vivencias que me son conocidas y propias. Muchísimas de las instantáneas que relata las he sentido, las he sufrido, las he gozado y las he temido, y por ello estimo que el autor idealiza el común pasado. Hoy, 50 años después, todos hemos repensado lo que vivimos entonces y, sin quitarle nada de lo que significó en su momento, sí hemos podido matizar nuestras historias con sus luces y sombras. Aunque no nos lo parezca, y aunque mirando alrededor veamos podredumbre, rapiña, hipocresía y cinismo más intensos que nunca, ningún tiempo pasado fue mejor.

El estilo literario de Manuel Vicent es detallista, aportando pormenores que humanizan lo escrito, con un espléndido lenguaje y perfección en las formas. De gran riqueza son esos matices mínimos de personajes, acontecimientos y lugares, descritos con atención y sutileza. Quizá, cuando habla de sus perros, se alarga en demasía, aunque viene a decirnos que la amistad de esos animales es más pura que la de los hombres.

En conjunto, se lee muy a gusto.



 


28/10/24

Literatura y prácticas digitales. Una mirada interdisciplinar alrededor de la formación literaria

 


Literatura y prácticas digitales. Una mirada interdisciplinar alrededor de la formación literaria (Tirant Lo Blanch, 2024), editado por María Isabel Morales Sánchez, Paulo Costa y Ángela Balça, es un ensayo sobre la literatura contemporánea, especialmente aquella que se desarrolla en el ámbito digital. Igualmente, aborda reflexiones sobre la enseñanza de la literatura en nuestro tiempo. Recopila 16 artículos (más el preámbulo de Vicente Luis Mora) de diferentes autores para ofrecer una visión bastante global del panorama actual.

Con más de 400 páginas, su índice es:

Preámbulo

Escribir literatura en el siglo XXI (o 21)   

Vicente Luis Mora

Parte I

Alcance y dimensiones de la Educación Literaria. Una mirada general en su proyección cultural y social

Capítulo 1

Educación Literaria: reflexiones sobre la forma y el contenido del currículo en Portugal    

Paulo Costa

Ángela Balça

Capítulo 2

Los ecosistemas de lectura en el siglo XXI: “Corredores ecológicos” para una educación lecto-literaria  

Aitana Martos García

Mar Campos F.Fígares

Capítulo 3

Naturaleza, retos y expectativas de la formación literaria en el ámbito digital: competencias, herramientas y nuevos escenarios   

José Antonio Cordón García

María Muñoz Rico

Capítulo 4

Sobre una escritora olvidada: la obra infantil de Patrícia Joyce y sus posibles aportaciones a una Educación Literaria   

Sara Reis da Silva

Parte II

Literatura y dinámicas digitales. Nuevos escenarios en la formación literaria

Capítulo 5

Tiempo (s) de lectura literaria. Entre lo impreso y lo digital   

Ana María Machado

Capítulo 6

Herramientas digitales para la formación de lectores literarios   

Fernando Azevedo

Capítulo 7

Aproximaciones a la aplicación de la Inteligencia Artificial en la literatura digital  

Yolanda de Gregorio Robledo

Capítulo 8

Nuevos retos en la formación literaria: una propuesta de integración del Chat GPT en la enseñanza de teoría y crítica literarias   

Vanesa Ledesma Urruti

Capítulo 9

(Re)mediación, transmediación y materialidad: La gran historia de un pequeño trazo   

Ana Albuquerque Aguilar

Jaqueline Conte

Parte III

Interacciones alrededor de la identidad literaria y las prácticas digitales

Capítulo 10

Espacios para la configuración de la identidad literaria (creativa y lectora): calas en la literatura digital femenina escrita en español   

María Isabel Morales Sánchez

Capítulo 11

Fanfiction queer: espacios seguros de resignificación en el ámbito digital    

Mario de la Torre Espinosa

Juan Pedro Martín Villarreal

Capítulo 12

Identidad, creación literaria y soportes digitales. Reflexiones sobre prácticas de alumnos y profesores de una IES portuguesa   

Maria da Natividade Pires

Margarida Morgado

Luís Vicente Gómez García

Parte IV

La revisión del canon

Capítulo 13

Mnemosine, la biblioteca digital académica como canon alternativo para el estudio de la Edad de Plata (1868-1936)  

Dolores Romero López

Capítulo 14

(De)construyendo el canon literario digital: Escritoras en la red y redes de escritoras   

María Isabel Navas Ocaña

Capítulo 15

El conflicto del canon digital ante su doble obsolescencia   

Daniel Escandell Montiel

Capítulo 16

Nuevos espacios del canon: la trasposición al entorno digital del canon de premios literarios infantiles y juveniles españoles   

Raquel Gómez-Díaz

Araceli García-Rodríguez


Más información en este enlace.



18/8/24

Tren a Samarcanda

 

Tren a Samarcanda (Acantilado, 2024), de la escritora tártara Guzel Yájina, es una novela basada en hechos reales, no necesariamente ligados en la época, que se han juntado con detalle para crear una ficción realista. 

En la Unión Soviética que emerge de la revolución en 1923, y cuando aún luchan el ejército rojo y los soldados del zar, se prepara un convoy ferroviario que pretende evacuar a 500 pequeños niños desde Kazán hasta Samarcanda, donde en teoría la devastación de la guerra, el hambre y la miseria no les alcanzará. Unos 4000 km que han de recorrer en 6 semanas, bajo la tutela del comandante Dáyev, del Ejército Rojo, y la camarada Bélaya, una revolucionaria convencida y estricta en el cumplimiento de las normas.

Para documentar la novela, la autora ha estudiado cartas de familias, hemerotecas, diarios, informes oficiales del Partido, documentos de los orfanatos, etc. El horror no ha salido de la imaginación sino de la vida misma.

Yájima va de tragedia en tragedia, de dolor en dolor, de penuria en penuria. Las idea sociales, filosóficas, políticas se estrellan contra la dura realidad de esos niños y de lo que ven en el camino. Más no todos los personajes sufren por igual. Los adultos tienen problemas de conciencia, éticos, políticos. Los niños, desamparados en su indefensión, sólo piensan en comer, protegerse del frío y sobrevivir. La escritora discierne bien, en sus descripciones, ambas clases de sufrimiento, el más intelectual y el más existencial, pegado a la carne y al dolor físico.  En la novela se contrapone la humanidad y compasión humana del comandante contra la burocracia ciega y estricta de Bélaya.

Yájima no escatima descripciones detalladas de la miseria, del miedo, del pavor y, así, el lector se sumerge en la asfixiante vida de un tren que nunca llega a su destino. Unas vías larguísimas que van quedando sembradas de tumbas de niños, lágrimas y terrores.

Tanto horror abruma, dificulta la lectura, porque no se ve un objetivo, un fin, una luz al final de un túnel. Es un catálogo infinito de brutalidad. Uno queda apesadumbrado y postrado ante tanta inhumanidad. 

Guzel Yájima escribe bien, muy bien, encontrando el tono y la forma literaria que aplasta al lector contra el dolor y la maldad. Sí, hay momentos de ternura pero nada compensa el dolor continuo de los 500 niños.

Tren a Samarcanda nos enfrenta a nuestra propia crueldad porque todos los personajes son gentes corrientes que, en determinadas circunstancias, crean el infierno "por un bien superior" que no se concreta jamás.




7/6/24

El gozo de escribir

 

El gozo de escribir (Editorial Sirio, 2016), de Natalie Goldberg, es un pequeño ensayo que anima a escribir y da algunas ideas o trucos para hacerlo y para afrontar la dificultad de enfrentarse a la página en blanco. 

Goldberg es una reputada escritora norteamericana que, también, ha impartido talleres de escritura.

Son una multitud capítulos muy cortitos, cada uno de los cuales enfatiza alguna característica importantes de una buena historia y de cómo lograr que surjan en nuestra cabeza. Escuchar, salir del confort, mirar el mundo en profundidad, hacer preguntas e intentar dar respuestas, estar alerta a los detalles, aprender vocabulario, escribir desde el sentimiento. En general, son todos ellos consejos válidos aunque en bastantes ocasiones hay una capa de filosofía zen, de coaching, que empalaga y espiritualiza demasiado los capítulos.

Sin duda, lo más importante, y que de una manera u otra aparece a lo largo de todo el libro, es que hay que escribir, escribir y escribir. El roce hace el cariño y escribiendo en todos los sitios y de todo, al final lograremos ser buenos escritores. No menos importante es leer, leer y leer lo que otros han escrito.

Goldberg evita en todo momento hablar de forma, de estructura de la novela, de estilos, no explica las formas narrativas ni si escribimos en primera, segunda o tercera persona, no nos dice cómo retratar mejor el carácter de un personaje... lo importante es plasmar en una hoja lo que vemos o sentimos y si lo que escribimos no encaja con un modelo estilístico, no pasa nada. Manda el fondo, no la forma. 

El título original es Writing down the bones, con ese sentido de que la buena historia parte del estómago, del corazón, de las emociones.




21/5/24

Si este no es mi hogar, no tengo un hogar

 

Si este no es mi hogar, no tengo un hogar (Seix Barral, 2024), de la escritora norteamericana Lorrie Moore, es una novela es una historia de amor pero narrada dentro de un extraño y fantasioso escenario de fantasmas.

Curiosamente, el título en español invierte el orden expresivo del título original en inglés y quizá lo varía en su significado. En efecto, en inglés la novela se titula I Am Homeless if This Is Not My Home donde se coloca el condicional al final de la frase, mientras que en español es al revés. Además, el original utiliza el término "Homeless", que tiene una connotación de falta real de vivienda, de desamparo, de pobreza,  que no tiene por qué darse en la palabra hogar. 

La historia de amor entre Finn y Lily se cuenta retrospectivamente, cuando Lily se ha suicidado y el hombre roba su cadáver, lo mete en el coche y lo lleva a su ciudad natal. En ese viaje, en la contraposición entre lo que realmente hay, un cuerpo en descomposición, y lo que ve el protagonista - su amor vivo, como un fantasma retornado al mundo - es donde se describe la relación amorosa de ambos y, sin caer nunca en lo empalagoso, mostrar que realmente fue el amor de sus vidas. Casi se trata de una roadmovie, una historia de carretera, pero contada de manera inusual.

Todo ello, acompañado de la visita a Max, hermano de Finn, que languidece en una unidad de cuidados paliativos y las turbulencias sociales por las que transita la sociedad norteamericana en las elecciones que gana Trump, así como el descubrimiento de un diario del siglo XIX, encontrado por Finn, que narra, a su vez, el amor entre dos personas y que transita paralelamente a la historia de Lily y Finn.

Moore escribe con detallismo, con una mirada cercana a las pequeñas cosas, con una adjetivación rica y con un humor inteligente. 

Es una buena novela, pero el escenario necrofílico parece un exceso arbitrario no necesario.


2/11/23

Enterrad las cadenas

 

Enterrad las cadenas (Península, 2006), del historiador Adam Hochschild es un ensayo sobre los comienzos del movimiento abolicionista de la esclavitud en Inglaterra, allá por 1787, cuando doce hombres comenzaron a informar a la sociedad, sacudir conciencias, distribuir pasquines, promover enseñas, apelar a los periódicos, y boicotear los productos que llegaban de las colonias esclavistas, particularmente el azúcar. Una lacra criminal por la que 25 millones de seres humanos fueron arrancados de sus tierras, de sus familias y de sus vidas para ser convertidos en esclavos, humillados y tratados peor que animales.

Es una obra que espanta por lo terrible de lo que se cuenta, del sufrimiento de millones de seres humanos, de la impiedad y maldad de los terratenientes y políticos, y del siempre infierno de la codicia del hombre. Pero, a su vez, es un libro que destila esperanza porque, frente a todos los poderes, a todos los intereses, a todo lo establecido, frente a las leyes injustas, aquellos pioneros lograron convencer rápidamente a millones de personas hasta que unas décadas después se abolió la esclavitud en Gran Bretaña, al menos en su forma más cruel, ya que la discriminación y el racismo perduran aún en nuestros días en todo el mundo.

Hochschild pone bajo los focos unos hechos poco conocidos pero realmente relevantes en el progreso moral humano, además de evitar el olvido de aquellos luchadores que obraron el milagro, como lo fueron John Newton, Granville Sharp y toda su familia, Olaudah Equiano, James Stephen, Joseph Woods,  Alexander Falconbridge, y Thomas Clarkson, entre otros héroes que permanecían en el anonimato. Como el autor nos cuenta, los comienzos fueron modestos, casi anodinos: una reunión en la tarde del 22 de mayo de 1787, cuando 12 hombres se juntaron en la imprenta del número 2 de George Yard para compartir su horror ante la esclavitud. Unos hombres que trabajaron durante decenas de años sin compensación alguna, si no fuese la satisfacción de su victoria. Cómo deberíamos aprender hoy en día de ellos. 

Hochschild pone de manifiesto, también, que muchos de aquellos hombres compartían su religión. Eran cuáqueros y no solamente dieron libertad a los esclavos, si es que los tenían o habían colaborado en su trata con anterioridad, sino que los compensaron económicamente, algo que resultaba una locura para el resto de la sociedad inglesa. Por otro lado, las estrategias que elaboraron para triunfar, siendo David frente a un gran Goliat, siguen siendo las que se han seguido usando hasta nuestros días. 

El análisis histórico de Hochschild es riguroso y termina en 1807 cuando las dos Cámaras del Parlamento británico aprobaron un proyecto de ley que abolía la trata de esclavos. Sus colonias, para entonces, se habían declarado independientes y necesitaron una sangrienta guerra civil, más de 50 años después, para abolir la esclavitud en Norteamérica. En Brasil, se necesitaron también décadas y en Cuba sólo se abolió formalmente en 1886. 

No todo fueron victorias ya que la abolición fue formal pero se aprobaron duras leyes del trabajo que mantuvieron a millones en condiciones laborales infrahumanas sin llamarlas esclavitud (incluso en la metrópolí británica) y los propietarios de esclavos recibieron cuantiosas compensaciones y, en definitiva, la injusticia siguió. 

Y sigue. 





21/10/23

La tiranía del mérito

 

La tiranía del mérito (Debolsillo, 2020), de Michael Sandel, es un ensayo del filósofo norteamericano y profesor de Harvard, que pretende explicar el porqué del auge de los populismos autoritarios en las sociedades democráticas actuales. 

En efecto, en siglos pasados, los seres humanos se veían atrapados en una posición social desde el nacimiento por la estratificación de clases sociales en las que uno venía al mundo, las cuales se disfrutaban o se sufrían desde el momento del parto. En aquellos momentos, para la mayoría de la población, la culpa de la imposibilidad de progresar en la vida parecía clara: unas clases dirigentes que, sin tener que demostrar nada de nada, ni conocimiento, ni voluntad, ni sacrificio, tan sólo tener dinero y herencias, bloqueaban el ascenso social del resto. 

Poco a poco, el mundo logró romper estas barreras y permitió a una buena parte de la sociedad, al menos en occidente, poder mejorar su vida en base al esfuerzo y talento propios. Es aquí donde nace el sueño americano de que si persigues algo con fuerza, lo conseguirás. Algo que, sin embargo, es manifiestamente falso. Así, esta meritocracia ha generado una situación de desigualdad parecida en donde los méritos (muchas veces, arbitrarios) sustituyen a la nobleza. El resultado es el mismo: grupos ganadores y grupos perdedores. Los grupos ganadores se autoconvencen de que lo logrado se ha conseguido por sus méritos, llenos de soberbia y superioridad. Una creencia que no es cierta porque ese éxito depende mucho del tipo de familia, riqueza inicial de la misma, lugar de residencia, acceso a estudios superiores, etc. Aún peor, los grupos perdedores ya no pueden echar la culpa a causas ajenas a ellos, a una sociedad dictatorial, a los otros. Según la meritocracia imperante, la culpa del perdedor es del perdedor, alguien que no ha sabido formarse, trabajar o situarse mejor. Los perdedores, además de serlo, tienen el oprobio de sentirse poco talentosos, vagos o ineficaces. Al ser el último, se le añade la humillación.

Las clases trabajadoras han visto cómo sus presuntos libertadores se han convertido en una nueva casta que representa sólo a las clases universitarias con títulos que entienden como méritos y que se sienten superiores para poder indicar al resto qué hacer, señalarle sus problemas o decirle cómo deben vivir (una tesis que también manifestaba Picketty en Capital e Ideología). 

El grupo de perdedores vuelve su mirada, entonces, hacia los populismos que llaman a su autoestima, que les dicen que no son peores, que no es verdad que se hayan esforzado menos, que los meritorios llenos de títulos escolares no tienen por qué darles lecciones, que apelan "al pueblo de abajo" y critican a los universitarios, mientras que esos ganadores meritocráticos los miran con desdén y críticas.  Los populismos capitalizan el resentimiento de los que quedaron atrás porque les tratan de tú a tú y les recolocan en el foco social.

En definitiva, el ideal de la meritocracia no ha solucionado la desigualdad y promovido la justicia distributiva. Sólo ha cambiado los parámetros, pero sigue habiendo ganadores y perdedores.

En el primer capítulo, Sandel presenta la brecha que la meritocracia ha creado entre esos ganadores y esos perdedores, mostrando cómo no ha contribuido al avance moral social. En los capítulos 2 y 3, se analiza la evolución de la meritocracia desde sus conceptos idealistas originales hasta esta tiranía del mérito en que ha desembocado, algo a lo que no es ajeno el concepto protestante de que si alguien es exitoso es porque Dios así lo ha querido. 

El cuarto capítulo resulta importante en la obra porque Sandel estudia la veneración por los estudios y la casi relación biunívoca entre mérito y título universitario. Algo que, como corolario, hace que el encontrar sitio en una universidad de prestigio se haya convertido en algo muy poco ético y que, además, ha devenido en que los políticos defiendan que todo hay que dejarlo a los que más saben, que para ellos significa los que tengan los títulos apropiados. El aspecto moral, ético, humano, de la política desaparece, convirtiéndose esta en casi un algoritmo que determina lo qué hacer sin compasión o humanidad. Y esto es muy peligroso porque los más preparados no tienen por qué ser los más morales, y la política debe ser ante todo moral y ética.

El quinto estudia cómo se ve la meritocracia desde posiciones de mercado liberal o socialistas para llegar a la conclusión de que, ambas, generan desigualdad y no promueven la justicia. En el capítulo seis, hace un repaso crítico y mordaz del proceso de selección en las universidades norteamericanas pero, asimismo, pone de manifiesto la falacia de que alguien que se ha esforzado mucho en sus estudios y logra una plaza en una buena Facultad es gracias a su propio mérito. Al contrario, si ha podido estudiar más es porque ha caído, por nacimiento, en una familia que le ha fomentado el anhelo de saber, una familia que tenía suficientes recursos para permitirle estudiar, porque no ha necesitado trabajar, porque sus padres o sus amistades le han hecho favores y, "last but not least", porque la naturaleza le ha dotado de cierto talento intelectual que le ha negado a otro. Nada de esto es mérito propio y percatándose de que buena parte del mérito no es propio, uno se descabalga de la soberbia. Además, este talento es puramente circunstancial. Una persona que tenga especial habilidad para analizar los ratios financieros de Wall Street tiene hoy muchos más méritos y talento que un pintor. Pero, en el Renacimiento, los talentos de ese pintor valían mucho más y, tras la caída del imperio romano, ser un buen agricultor era un mérito mucho más importante que ser analista financiero o funcionario de Hacienda.

A partir de aquí, el libro decae en las conclusiones porque siendo el análisis brillante, las propuestas de solución no pasan de un vago anhelo de justicia moral distributiva, de un "sed buenos y compasivos", un lograr la estima social a la par que la mejora económica, un mirar por el bien común. Más no señala cómo, ni profundiza en si es posible el cambio moral sin cambiar el modelo económico mundial, ni estudia cómo frenar la codicia humana, fuente de todos los males.

En cualquier caso, es un ensayo interesante que hace reflexionar sobre un asunto sustancial y que se lee fácilmente por cuanto que Sandel usa una prosa directa y cercana, llena de ejemplos.











22/9/23

Nada se opone a la noche

 

Nada se opone a la noche (Anagrama, 2012), de Delphine de Vigan, es una crónica familiar en el París de clase media de los años 50 y 60 del siglo pasado. Tras el suicidio de la madre de la narradora, esta se propone saber los porqués de esta decisión y, para ello, entrevista a sus tíos, revisa cartas y documentos, escucha cintas antiguas de grabación, vídeos de la infancia, ve fotografías, proceso a través del cual se nos despliega una historia familiar completa.

De tintes autobiográficos, De Vigan es honesta en la narración sin ocultar nada ni sobrecargarlo, simplemente relatando de manera veraz y directa lo que recuerda y lo que va hallando en su recorrido detectivesco. Una narración que comienza sólo del deseo de comprender pero que, poco a poco, se adentra en angustiosos recuerdos y en reflexiones mucho más profundas sobre la vida de la familia y la propia. Empieza necesitando saber y escribir, termina dudando de que haya debido hacerlo en vez de dejar las sombras ocultas en la noche. En ciertos momentos hay metaliteratura porque la escritora debate con ella misma sobre la necesidad de escribir sobre la realidad y las dificultades que entraña el proceso creativo.

Es una prosa clara, directa, dura por lo que narra, pero De Vigan no recurre a la intriga o giros noveleros de ficción. La vida, en sí misma, es suficiente.

Tratando asuntos tan espinosos como el dolor, el suicidio, la locura, el sufrimiento o el delirio, destaca porque el ritmo es dinámico, vivo, huyendo en todo momento de la tragedia vital.

En ocasiones, describe de manera excelente, con detallismo racionalista, como, por ejemplo, el descubrimiento del cadáver de su madre, para lo que echa mano de una prosa elaborada y rica.







7/8/23

Arboleda

 


Arboleda ( Editorial Periférica, 2021); de Esther Kinsky es una novela sobre el duelo, sobre la ausencia del ser querido que ha muerto. Escrita con una posa exquisita y descriptiva que huye, en todo momento, de lo morboso y el tremendismo y que simplemente nos hace sentir el duelo por vía de reconocer la belleza de la vida sin la persona amada. 

Kinsky nos introduce en su viaje a Italia, posterior a la muerte de su esposo y en las primeras 140 páginas sólo describe lo que ve, los paisajes, la atmósfera, los detalles, los sonidos de la naturaleza, la alegría, la tristeza, un pájaro que escucha pero no puede ver, el cielo, las plantas, las nubes curiosas, la sensación de la brisa, los olivares, la actividad cotidiana de la vida, la gente y las costumbres que había previsto visitar junto a su cónyuge, planes que la muerte ha truncado. El dolor, el golpe, la deja sin voz para decir nada, tan sólo queda describir la vida que es tan distinta sin el ausente. No se dice nada del muerto, del dolor, pero está siempre ahí, en la vida misma. Es un reencontrar el mundo desde el dolor de la ausencia.

Un estado de postración del que sale, súbitamente, cuando viendo unas garzas, recuerda que su compañero le había enseñado a nombrarlas en inglés. Y, en ese momento, la vida que se ha ido comienza a hilarse con la que debe renacer, no desde el olvido sino justamente desde el recuerdo perenne.

Excelente novela, prosa rica y sugerente, melancólica en los detalles, realista hasta parecer mágica.






17/7/23

Napoleón jamás subió Gazteluondo

 

Napoleón jamás subió Gazteluondo (Editorial Intxorta 1937 Kultur Elkartea, 2020), de José Ángel Barrutiabengoa, es un ensayo breve pero muy bien documentado sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en Mondragón y alrededores durante la invasión napoleónica. Se trata de una síntesis de toda la documentación recopilada hace tres décadas por un grupo de investigadores, entre los que se encontraba el propio Barrutiabengoa, fruto de la beca José Letona de 1990.  El libro se imprimió en plena pandemia y su presentación hubo de retrasarse hasta este año.

El título se refiere a una empinada cuesta de la villa por la que pasaba el camino real y que tuvo que modificarse, tirando casas y abriendo una nueva puerta en las murallas, para que las caballerías pudieran recorrer la vía con mayor facilidad.

Las vicisitudes comienzan en 1807 cuando Napoleón comienza su estrategia de invadir España de manera sigilosa, trasladando miles de tropas con sus armas a la Península, destituyendo a la monarquía hispánica y colocando en el trono al hermano del Emperador, José.

El libro está trufado de jugosas anécdotas pero, sobre todo, se centra en las penurias económicas que el valle del Alto Deba debió soportar por parte de los ocupantes franceses y las autoridades propias. Ya antes del comienzo de las hostilidades declaradas, fruto del levantamiento de Madrid del 2 de mayo, Mondragón y los pueblos colindantes se ven obligados a alojar, mantener y soportar logísticamente a divisiones francesas, miles de caballos y notables afrancesados de toda índole. Hay que resaltar que, en la época, Mondragón tenía poco más de 2000 habitantes, por lo que la carga a soportar por cada ciudadano era enorme. En 1807, los ayuntamientos pecan de una ingenuidad notable que les hace cumplir con las instrucciones que llegan de San Sebastián y Madrid, pensando que van a ser retribuidos por los trabajos y suministros. Pagos que llegan en cantidades siempre muy insuficientes y que cargan a la población con todo tipo de impuestos, requisitorias o robos. Mondragón era ciudad de paso formal y destino de heridos, con lo que el esfuerzo a soportar era inmenso.

Ciertamente, hubo también hechos de armas en la lucha de los franceses contra los guerrilleros, especialmente las emboscadas a las columnas galas en el alto de Arlabán, pero Mondragón no sufrió estragos militares como prueba el que la mortalidad no aumentó significativamente (Barrutiabengoa aporta las estadísticas al respecto). Lo que sí fue asfixiante fue la pobreza a la que se sometió a la población para aportar recursos alimenticios y dinerarios al ejército francés con demandas incluso alocadas (400 bueyes para tirar de cañones e impedimenta, que no existían).

El autor ofrece también un claro análisis de las trifulcas entre los ayuntamientos de cada villa, cómo unos aportan y otros se escaquean lo más posible, las tiranteces entre pueblos, la difícil posición de los ediles, personajes que cambian de bando según convenga,  actas de las sesiones municipales que se destruyen para evitar que se sepa la actuación de unos u otros y, en definitiva, pinta un fresco de la vida cotidiana y sus miserias en medio de la invasión.

El ensayo contiene numerosos datos de detalle, en lo que se refiere a la comida que se debía dar a la tropa, los salarios, los gastos, los precios. 

Asimismo, es interesante señalar la descripción de la desbandada tras la batalla de Vitoria. Columnas de carruajes huyendo hacia Francia que, en general, fueron apresadas. El libro indica que en tales vehículos se encontraron escondidos cinco millones y medio de duros que, al cambio actual, supondrían unos 100 millones de dólares. ¡Solamente, en lo que se llevaban los que huían!.

El libro se completa con una breve explicación de qué les pasó a los principales personajes de la guerra. Como el autor señala, de los verdaderos héroes, los ciudadanos que soportaron los agravios y los robos, poco se sabe.


23/6/23

El fondo del puerto

 


El fondo del puerto (Anagrama, 2023), de Joseph Mitchell, es una recopilación de relatos que Mitchell publicó en New Yorker durante las décadas del 40 y 50 del siglo pasado. 

Son seis historias relacionadas, todas ellas, con los muelles del Nueva York de la postguerra, relatos llenos de detallismo y realismo sin que eso sea óbice para que existan, asimismo, el misterio y la magia. Como representante del relato americano, Mitchell se recrea en los pequeños detalles, en las descripciones precisas de lo cotidiano, de cada rincón del lugar o de cada reacción humana de los personajes. Uno llega a sentir los aromas de salitre y el sudor de los marineros, escuchar las bocinas de los vapores y los gritos de las tabernas. 

Descripciones extensas que nunca aburren ni resultan recargadas. Al contrario, aportan esencia a la narración. No son invenciones arbitrarias del escritor ya que Mitchell conocía profundamente los muelles de la ciudad y a las gentes que pululaban por ellos. Así, no es de extrañar que todo parezca tan cercano, tan real, tan honesto. Una prosa metódica y precisa al servicio siempre de la historia, de sumergir al lector en el paisaje como si ciertamente hubiese viajado al lugar y al preciso momento que se narra, como si estuviese sentado en la misma mesa en que conversan los personajes.

Si bien, el de Carolina del Norte demuestra un enciclopédico conocimiento sobre lo que cuenta (la cría de ostras, los viveros de mejillones, las especies de peces que faenan los barcos, la historia de los inmigrantes de la ciudad, las artes de pesca o las plagas de las dársenas), los relatos nunca son costumbristas sino centrados en las personas y sus relaciones.

Se trata de relatos pero pueden considerarse también magníficos reportajes que deberían enseñarse en las escuelas de periodismo.

Excelentes relatos. Una brillante muestra de literatura.








12/5/23

Sabias

 

Sabias (geoPlaneta, 2022), de Antonio Villarreal es un ensayo basado en una serie de entrevistas a científicas españolas de muy alto nivel que sirve, simultáneamente, para glosar el talento de esas mujeres y para mostrar los desafíos más punteros a los que la ciencia se enfrenta en el siglo XXI.

En concreto, son 9 las "sabias" entrevistadas: Irene Valenzuela explica su trabajo en teoría de cuerdas. Eva Villaver habla sobre las técnicas de astrofísica para encontrar planetas. Alba Bossoms muestra los avances en el descifrado del  ADN antiguo. Alba Cervera conversa sobre la computación cuántica. Elena García Armada nos enseña los muy interesantes avances en la creación  exoesqueletos para niños. Cristina Romera analiza el impacto de los microplásticos en el mar. Gloria Calderón explica la reproducción asistida. María Vallet se centra en la medicina de recuperación de las caderas. Finalmente, Ángela Nieto profundiza en la lucha para acabar con el cáncer.

Se trata de un libro muy interesante, de casi 200 páginas, que anima a trabajar en ciencia y tecnología, a esforzarse en conocer, a colaborar en el progreso de la humanidad. Siendo algunas de ellas, además, jóvenes mujeres, el libro muestra cómo la juventud no es esa masa nihilista y egocéntrica que a veces presentan las redes sociales. Al contrario, es una juventud llena de talento, valores y ganas de esforzarse.

Me ha parecido particularmente interesante el capítulo dedicado a la física de cuerdas, explicado por Valenzuela.