5/1/26

Generación de poemas

 



AI Poem Generator es un generador de versos que redacta un poema sobre un tema que introduce el usuario al principio.

Con una misma petición puede generar hasta tres poemas diferentes. 

Utiliza ChatGpt.

Puede usarse desde este enlace.

Por ejemplo, introduciendo este prompt  "sobre la alegría de ver nacer  aun hijo. En español", el resultado es:

En la sala llena de luz,
un susurro, un suave arrullo,
un latido que ya se siente,
la vida despierta en un murmullo.

Pequeñas manos recién llegadas,
un rostro que brilla como el sol,
los ojos que miran con inocencia,
un amor que crece en el corazón.

La alegría estalla como flores,
cada risa, un canto de estrella,
los días nuevos traen promesas,
en cada paso, la vida se sella.

El mundo se viste de colores,
los sueños despiertan en su andar,
cada pequeño gesto es un regalo,
un viaje eterno por comenzar.

En la ternura de un abrazo,
se siente el eco de un hogar,
la alegría de ver nacer,
un hijo es un mágico despertar.


Si el prompt es más largo, más elaborado, el resultado es también más trabajado. Por ejemplo, pidiendo "Redacta un soneto que trate sobre el recuerdo de la niñez, que es gozoso pero también melancólico y amargo por el recuerdo de los que se han ido. Utiliza un estilo de prosa contemporáneo, con escasa adjetivación e ideas bien concretadas. En español.", obtenemos:

En el rincón del alba risueña,
donde el sol despertaba sueños,
las risas bailaban en el aire,
voces de amigos, ecos sin dueño.

Corremos tras las sombras al río,
el reflejo de un tiempo lejano,
las manos entrelazadas en juego,
con cada paso, un instante humano.

Pero en la brisa se cuela el silencio,
sombra de aquellos que ya no están,
sus risas se ahogan en el recuerdo,
como hojas secas que el viento va.

Y en esa mezcla de luz y dolor,
la niñez vive, aunque se marchó.

Si eliminamos la restricción de que sea un soneto, pero con la misma petición, tenemos:

En el jardín de la infancia
las risas eran ecos,
puentes de colores
que cruzaban el tiempo.
El sol se filtraba a través de las hojas,
las sombras cortaban el aire,
y mis pies descalzos
buscaban la brisa tibia.

Construía castillos en la arena,
habitaciones de aire,
donde todo era posible,
donde el viento me hablaba.
Las tardes se estiraban,
pintando el cielo de anaranjado
mientras las estrellas comenzaban
a dudar de su propio brillo.

Recuerdo el chasquido de las puertas,
el aroma de la tierra húmeda,
y aquellas risas compartidas,
añoradas y presentes
aún en el silencio,
susurros que se escapan
entre las páginas del tiempo.

Pero hay sombras que acarician
el corazón en su vuelo,
caras que se desvanecen
como el humo de un recuerdo.
Una risa que falta
en cada reencuentro,
una mirada que perdí
entre la niebla de los años.

Siempre hay una grieta,
un resquicio que duele,
una canción que se ahoga
con la ausencia que pesa,
cuando la niñez se vuelve nostalgia,
y cada rincón guarda un eco,
una promesa de lo que fue,
un susurro de lo que se perdió.

Camino entre estos vestigios,
con el corazón dividido,
entre la luz del juego
y la sombra del adiós.
Y en cada paso hacia adelante,
cargamos con el peso
de los que se fueron,
de los que aún viven en nosotros,
desdibujados pero intensos,
como un atardecer que promete,
aunque no vuelva a ser igual.

Así, en este laberinto de memorias,
donde el gozo se entrelaza con el dolor,
camino con la esperanza
de que el recuerdo no se apague,
de que en cada reencuentro
se encienda una luz,
un abrazo infinito
que atraviese la distancia,
y que la niñez,
aunque lejana,
siga siendo hogar.




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