10/12/12

Relato de misterio en Twitter




Twitter se presta a escribir relatos por entregas, sólo que la limitación de los 140 caracteres hace que las entregas sean muy breves y la saga se eternice pero a su vez permite una interactividad y una multivisión simultánea de diferentes puntos de vista. La brevedad permitida de cada mensaje no desanima a muchos autores, entre ellos Elliot Holt que de cara al pasado Twitter Fiction Festival creó una narración de intriga y misterio, un thriller que comienza con la caída al vacío desde una ventana de un hotel de una mujer de 44 años. Una historia contada desde tres perspectivas diferentes que dan retazos de inforación, evidencias, potenciales pistas para que el lector pueda crear su propio esquema de los sucedido.
 

9/12/12

Window





Window de Katharine Norman es un relato poético digital muy sugestivo realizado en homenaje al ya fallecido músico contemporáneo John Cage. Combina texto, fotografías y sonidos. Las imágenes han sido tomadas desde una misma ventana a lo largo de los doce meses del año, grabando a la vez los sonidos que se registraban desde ella. La posterior combinación artística de estos elementos consigue que el usuario (lector/espectador/oyente) se sumerja en la atmósfera y el espíritu de ese lugar con sus gentes, sus ruidos, su color, la vida que late en él. En este contexto se puede entender el homenaje a Cage cuya obra más famosa es 4'33", un trabajo en el que un pianista se sentaba frente al piano durante ese preciso lapso de tiempo sin tocar tecla alguna, resultando que el sonido ambiente, los cuchicheos, los ruidos constituían realmente la pieza musical.
 
En la obra de Norman, el lector puede elegir el mes. Tras hacerlo, aparecen fotografías de ese mes y el usuario puede entonces variar el tono de color de las mismas, desde una supuesta noche hasta un supuesto día.  Sobre las imágenes se superponen textos (en función de la hora de día, pueden leerse los textos o no), enlaces que muestran palabras  y manchas que pueden moverse libremente y con las cuales se controla el sonido, adaptándolo al propio gusto.
 
Un trabajo elegante, original y bello, no sólo en el resultado final sino en su programación (un código bien documentado, además).
 
 






6/12/12

Las flores de la guerra



La toma de Nanjin por el ejército imperial japonés en 1937 constituye uno de los episodios de más brutalidad, salvajismo e irracionalidad de la historia humana. Es precisamente en el marco de aquella orgía de sangre, destrucción y tortura en donde se inscribe la narración de Las flores de la guerra  (Alfaguara, 2012) de la escritora china Geling Yan. Un relato desgarrador, duro, especialmente porque uno es consciente de que lo que se narra es sólo un pálido reflejo de los acontecimientos reales.

Por un lado, Yan diserta sobre los dilemas morales extremos que surgen cuando el orden del mundo se derrumba, cuando la confusión ética emerge y en cómo lo que antes era horrendo puede dejar de serlo o viceversa en esos momentos en los que hay que decidir sobre la vida y la muerte como si se fuera un dios. Por otro, es la constatación de que en una guerra las mujeres suelen sufrir la mayor humillación. Todos sufren pero las mujeres, además, quedan humilladas. Y, tercero, que en situaciones límite, las personas sólo desean sobrevivir.

Geling Yan construye la historia de manera simple, sin bataholas expresivas, como corresponde a unos momentos históricos tan dramáticos, pero al acabar la novela el horror campa por sus anchas en el ambiente y no tanto por las escenas de atrocidades gratuitas, de bayonetas siempre preparadas, sino por la opresión, la incertidumbre y el miedo constante que se narran van creando.  Es, en cierta medida, una obra coral porque en el pequeño recinto de la misión cristiana la autora junta a niñas estudiantes, soldados chinos huidos, enfermos, prostitutas, curas, sirvientes y tropa japonesa en un caleidoscopio en el que, durante buena parte de la historia, sólo cuentan el miedo, el hambre, los recelos mutuos, los prejuicios y la supervivencia. Una situación en la que se forman grupos afines, otros se separan, aparecen odios, sentimientos, resquemores. Un escenario en el que conviven la degradación a la que llega el hombre que ha perdido la conciencia moral (y la autora no se priva de mostrar la monstruosidad de los japoneses a los que no otorga ni una frase agradable) y los actos de solidaridad y altruismo más elevados; en el que conviven los hombres que han perdido cualquier referente moral e intelectual (esa fila de soldados japoneses haciendo fila ordenadamente, fríamente, para violar a una niña) con seres humanos capaces de inmolarse por otros.

Acierta Yan al narrar escenas de rencillas pequeñas, la lucha por dos patatas, por un foulard, por un mejor lugar donde tumbarse en el suelo, estúpidas pero tan humanas, tan reales cuando lo que se busca es no morir por encima de lo que sea. Quizá, precisamente, la parte más débil de la narración es la sublimación – casi lírica- final en la que el grupo de prostitutas sacrifican su vida por las niñas. Un acto heroico, moral, emocionante, que da sentido al relato, pero improbable en la dura realidad, donde la desbandada y el sálvese el que pueda serían desgraciadamente la regla.

La novela se ha llevado al cine.



5/12/12

Alquiler de libros electrónicos



La editorial digital británica Bilbary ha anunciado que a final de año pondrá a disposición de sus lectores un servicio de alquiler de libros electrónicos. El lanzamiento se hará inicialmente sólo en el Reino Unido, Australia y Estados Unidos. La selección de libros comenzará con unos 40,000 para alcanzar los 100,000 en un futuro cercano. La empresa cobrará por cada libro que se alquile y el plazo será de 20 días. Los formatos que soportarán serán el PDF y el ePub (lo que deja fuera al Kindle).




4/12/12

Software para crear libros con realidad aumentada




La compañía Aumentaty ha desarrollado dos paquetes de software, denominados Aumentaty Author y Aumentaty Viewer que permiten crear de manera relativamente sencilla libros con realidad aumentada. Permiten enlazar, en un entorno visual, modelos tridimensionales con marcas o códigos de barras embebidos en un libro. Evidentemente, el primer pograma,  permite generar los contenidos (Aumentaty Author) mientras que el segundo es el visualizador de contenidos (Aumentaty Viewer). La cámara (vale cualquier webcam) graba las páginas del libro y el software reconoce las marcas que aparecen en él para superponer a la imagen real los modelos 3D almacenados en memoria en la posición y orientación adecuadas. Estos modelos pueden importarse en diversos fomatos ( .dae, .obj, .3ds y .fbx.).
 
El programa  que calcula, genera y visualiza la salida en pantalla tiene extensión .atm y debe ejecutarse antes de comenzar a pasar las hojas del libro frente a la cámara.
 
El proceso es sencillo:
 
-Importar los modelos 3D que vayan a aparecer en el libro a la biblioteca de modelos del programa.
-Asociar cada modelo a la marca deseada.
-Exportar la escena, creándose un archivo con la extensión .atx.
-Crear el documento de texto del libro, insertar las imágenes de los marcadores utilizados entre sus páginas e imprimirlo en papel.
-Arrancar el programa .atx creado.
-Pasar las páginas del libro impreso frente a la webcam.
-A medida que el software vaya detectando los marcadores, el modelo 3D asociado aparecerá sobre cada marca en la orientación deseada..
-Para distribuir el libro con Realidad Aumentada se debe compartir tanto el documento de texto (.pdf) como el archivo .atx.





Banquero




Maurice Heldume comenzó a trabajar en el banco cuando aún era un chiquillo, recién terminados unos básicos estudios administrativos –nunca tuvo recursos como para asistir a la universidad a pesar de que sus calificaciones siempre fueron buenas- y por influencia de un tío de su madre que vivía en París. En una visita rápida que hizo un verano a la granja de la familia en Aquitania observó que Maurice era un muchacho despierto, capaz de abrirse camino en la enmarañada organización del Banque Dubous, entonces una pequeña entidad que operaba al sur de la capital. Con una maleta que casi estallaba de ropa y embutidos, mucho miedo en el cuerpo y unos cien francos en el bolsillo abrazó a sus padres y a su hermano Jean, tomó el expreso nocturno y se aventuró al mundo de la gran ciudad.

No le había ido mal. Progresó hasta convertirse en jefe de sucursal, se adaptó pronto a la luz del Sena y al bullicio de  los bulevares y casó con una buena chica con la que fue feliz hasta que ella, víctima de un imprevisto ataque al corazón, se marchó al cielo dejándolo viudo con tan sólo cuarenta y ocho años. No habían tenido hijos, de modo que, a la muerte de Elsa, Maurice se dedicó plenamente a su trabajo. Era apreciado por sus jefes y por sus colaboradores, conocía el negocio y su labor le satisfacía.

Así fue hasta que el pequeño banco fue absorbido por una multinacional europea que, como siempre ocurre en estos casos, procedió a una restructuración inmediata con el fin- dijeron- de “conseguir la rentabilidad que nuestros accionistas merecen”. O dicho de otro modo, despidos y concreción de objetivos cada vez más ambiciosos. Los nuevos jefes mantuvieron a Maurice en su puesto y le manifestaron que los reportes que de él tenían eran plenamente satisfactorios. Por eso, le dijeron, esperaban de él lo mejor, que diera el cien por cien- esto le sonó a entrenador de fútbol arengando a sus delanteros- y le impusieron la venta de nuevos productos financieros tan sofisticados como incomprensibles.

-        Usted, Heldume, no intente entender estas opciones de inversión. Son tan avanzadas que sólo nuestros mejores expertos las comprenden plenamente. Ni siquiera yo mismo soy capaz de entenderlas- le dijo un día Mrs. Marquette, el director de zona-, pero tampoco es necesario que lo haga. Lo que realmente es importante, lo que constituye el core del negocio – pronunció la palabreja en un inglés afectado y ridículo- es que funcione como funcione deja beneficios en el banco. ¿Lo entiende usted? De lo que se trata es que aproveche la confianza que sus clientes tienen en usted para que les convenza que se trata de algo muy ventajoso para ellos. Que lo es, no lo dude usted, que lo es. También para nuestra entidad, claro está, pero sobre todo para ellos. Yo nunca le pediría que engañara a nadie.

Los clientes de Heldume eran, en su mayoría, gente del barrio, pequeños comerciantes, jubilados, que apreciaban su simpatía y su amabilidad, el que les aconsejara cómo obtener un uno por ciento más de interés de sus ahorros, jóvenes parejas que se embarcaban en una vida en común amarrados a una hipoteca o viudas que aspiraban a no perder sus ingresos. Maurice les había tratado siempre con cercanía, con amistad, proponiéndoles lo que para él mismo hubiera sido una buena idea, con los productos de ahorro o de inversión en los que él se sentía seguro, los que conocía, los que comprendía. Depósitos a plazo, algún que otro bono del tesoro, pequeñas inversiones en valores conservadores que nunca bajaban, recomendaciones de no tomar una hipoteca que le endeudara a uno para toda la vida, en fin lo que había aprendido desde que entró en el Dubous.

Pero ahora todo había cambiado. Cada propuesta, para empezar, era impronunciable. El francés había desaparecido del negocio y ahora todo se decía en inglés, a poder ser con siglas. Él entendía poco, sus clientes menos.

-        ¿Y esto me da un buen interés, Maurice?- le preguntó un día Madame Gelliert, una jubilada de sesenta y seis años cuyo marido había fallecido el verano anterior dejándole una decena de miles de euros en la cartilla.

-        Pues aquí indica que el 4%. Me parece un milagro en estos días pero si aquí lo pone es que el banco lo da. Ya sabe, madame Gelliert, ahora somos una multinacional poderosa.

Necesitó un año para darse cuenta que mentía. Poco a poco, estudiando en casa los folletos y navegando en Google hasta dejarse las pestañas, fue comprendiendo los productos que ofrecían y, sobre todo, entendió los riesgos que implicaban, las verdades a medio decir, lo que se ocultaba y lo que se exageraba. Algo en su interior- él siempre había sido honesto y se vanagloriaba de ello- le decía que todo aquello era inmoral. Una tarde, cuando el resto de empleados se habían ya marchado, se topó con el director de zona. Dudó por un instante pero, armándose de valor, le preguntó sobre aquellas propuestas de inversión, sobre lo que había leído, preguntó cómo el banco cubría aquellos riesgos desmedidos.

-        Maurirce, Maurice- el otro le agarró por el hombro en un gesto de amistad tan falso como inusual-, usted es un banquero, uno de toda la vida. Y la banca es comercio, algo de publicidad, se exageran los beneficios y se minoran los inconvenientes. Algo natural, como usted sabe. No se haga muchas preguntas, Heldume. Lo está haciendo bien, tiene una gran carrera profesional en nuestra empresa, usted ya me entiende.

El director de zona sonrió de manera mecánica y le hizo un ademán con el dedo como si le avisara de que no debía entrar en dónde no había sido llamado. Maurice Heldume se quedó de pie, en el mismo lugar en el que había tenido la conversación, sin casi pensar, entendiendo lo que le habían dicho sin decírselo.

Habían pasado ocho años desde aquello y Heldume se había transformado. Al poco de haberse encarado al director de zona pidió formación en informática – "para progresar más rápido en todas las opciones que esta nuestra empresa nos ofrece"-, dijo, y mejoró sus resultados en un quinientos por cien. Había entendido el mensaje y se aplicó a ello. Le nombraron empleado del año en dos ejercicios consecutivos y ascendió a vicepresidente regional. Ya no hablaba con sus clientes, ahora debatía con otros de su nivel, daba órdenes a sus secretaria y se codeaba con los miembros del Board- se había acostumbrado a decirlo en inglés, sonaba mucho más profesional. Un tiburón de las finanzas al que los headhunters codiciaban. Continuaba siendo un empleado severo y estricto, no dejaba su despacho antes de las siete y se aseguraba que todas las tareas diarias habían sido cumplimentadas. En cierto modo, era considerado un jefe obsesivo y riguroso, que amaba el detalle y que vigilaba personalmente cada pequeño aspecto de la rama de la organización que de él dependía. Se había hecho legendaria su imagen frente al ordenador, tecleando y tecleando, hallando datos que ningún otro lograba siquiera intuir. A ello había contribuido su formación reciente en informática a la cuál había dedicado tantísimas horas hasta convertirse en un experto.

-        Sabes más que mi sobrino Luc – le había dicho un día el jefe del departamento- que estudió en el MIT y que es responsable de desarrollo en la IBM.

 

Aquel día estaba cansado y los ojos le escocían de tanto mirar la pantalla de la computadora. Había cancelado todas las reuniones y ordenado a su secretaria que no dejara entrar a nadie. El día había llegado y quería estar absolutamente seguro de que no habría fallos, de lo cual estaba casi seguro porque cada hito se había cumplido a la perfección. Millares de pequeños pasos para llegar al objetivo, reflexionó, ese era el secreto. Ser insignificante para que nadie te detenga.

Revisó una vez más los códigos y ejecutó off-line el fichero batch que había escrito una semana antes. Vio cómo los nombres y las cifras desfilaban delante de sus ojos y comprobó que los números de cuenta eran los correctos y que las cantidades estaban bien escritas.



//TRANSACTION ORDER #3409AF453 MRS.BENTOI  400,000€ //SWITF AB67403<->895RT//

//TRANSACTION ORDER #6789ABB58 MR.JEUMONT  400,000€////SWITF AC57488//-//975PP//

//TRANSACTION ORDER #5200AFB71 MR.TREMONAND  400,000€////SWITF HY78113//-//909QT//

//TRANSACTION ORDER #7777HU482 MRS.DOLMANT  400,000€////SWITF IY69193//-//456KT//

//TRANSACTION ORDER #3119CC113 MRS.GELLIERT  400,000€////SWITF UN70173//-//805ST//

//TRANSACTION ORDER #3710TT222 MR.FALLET 400,000€////SWITF LJ16704//-//835MT//



Abrió la carta de su hermano que, ya hacía años, se había marchado a vivir a Suecia. Siempre había mantenido una cercana relación con él aunque no se habían visto durante años, casi desde que abandonó la casa de campo de su niñez. Pero el teléfono les había unido y con el correo electrónico les fue fácil organizarlo. Buscó entre las páginas:

-        Habrás ya reservado tu vuelo a Berna. Tu nombre quedará registrado y eso es lo que importa. Llamé al hotel para reservarte una habitación a la que nunca llegarás. Para el mundo estarás en Suiza. Te he dejado el coche alquilado en el parking del terminal 2. Será un largo viaje hasta Estocolmo y espero que no te pierdas. Nunca has sido muy ducho en conducir y menos en orientarte. Sigue las indicaciones del navegador. He calculado que precisarás unas diecisiete horas. Unas once hasta Copenhague y luego cruzas por el puente nuevo y estarás aquí en otras seis  horas. Es lo bueno de la Unión europea. Quizá tengas que mostrar tu carnet de identidad pero nadie va a meter tus datos en un ordenador. ¿Estás seguro de lo que haces?

Claro que lo estaba. Más seguro que nunca. El plan estaba bien ideado. Lo que menos le había costado, curiosamente, era llegar al círculo de confianza que permitía acceder a los ordenadores. Luego, todo había sido cosa de estudiar y estudiar. Aunque en el banco le consideraban un gurú de la informática, él sabía que en realidad se le podía denominar un hacker. Se sonrió al recordar lo ridículamente sencillo que había sido encontrar las claves principales. Uno podía pensar que los grandes potentados utilizan códigos sofisticados pero no es así. Son nombres de hijos, de amantes, fechas de cumpleaños. El resto había sido sencillo. Esas gentes no miran ni controlan lo que gastan. Muchas y pequeñas, insignificantes para su nivel de vida, transferencias a una cuenta en Suiza. A lo largo de seis años, día tras día, al principio con el miedo en el tuétano de ser descubierto, luego con la certeza de que nadie iba a buscar quinientos euros, que nadie iba a comprobar una cena en un restaurante sobre todo si era en los habituales del Board. Comprobó la cifra total. Cuarenta millones. Suficiente.

No los había olvidado. A ninguno de ellos. Ni a Madame Gelliert a la que embaucó con aquellas acciones que nunca debió tomar; ni a Monsieur Bercolant, que perdió en bolsa más de un veinte por ciento del valor de sus ahorros; menos aún a los Careland a los que el banco quitó la casa hacía ya dos años- comprobó que la transferencia para ellos era de quinientos mil euros-, ni a ninguno de sus viejos clientes, el tabernero Dupont, Mrs. Gascogt de la pastelería, la anciana Marie, el policía retirado Jeumont, el taxista Belmont, tantos y tantos. No los había olvidado. Ahora, quizá entenderían lo que había estado haciendo estos años. Bueno, quizá nunca lograran establecer la relación entre el adinerado y desconocido tío de Australia que les iba a dejar una herencia y el banquero de Aquitania al que seguramente ya habrían olvidado y dejado de maldecir.

Quemó la carta de su hermano y la echó al retrete. Revisó el billete de avión y llamó por teléfono desde el despacho para confirmar en el hotel que llegaría tarde. Le buscarían en Suiza. Comprobó el pasaporte falso que le permitiría vivir con su hermano. El avión salía en dos horas.

Tomó el maletín y pulsó ENTER en el ordenador. La pantalla se llenó de nombres, códigos y cantidades.
- Hasta mañana- saludó cortésmente al guarda de seguridad de la puerta.




3/12/12

Hogar






La definición de hogar en el diccionario es muy triste, no recoge lo que realmente es. Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición, etc.; Casa o domicilio; Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas.
No, no es esto. Quizá los académicos no lo sepan, no pueden saberlo todo, están con otras cosas, analizando la etimología de palabras como palingenesia, enquiridión o contumelia. Por eso dejan hogar tan abandonado. O quizá sea porque yo sólo, yo únicamente de entre todos los hombres de la tierra, puedo definir hogar con exactitud.
Hogar eres tú.
Hogar eres tú, sólo tú.
Hogar es compartir un bocadillo a medias, hogar es verte en camisón y zapatillas grandotas ocupando el espacio que me rodea, andando a mi alrededor enfrascada en ordenar unos neceseres que me resultan incomprensibles. Hogar es oír cómo me cuentas las cosas del día y escucharte embelesado lo que para otro serían detalles rutinarios sin importancia y que para mí, en tus labios, son aventuras maravillosas.
Hogar es verte disfrutar de una cerveza fría, que me digas que me quieres, verte peinar el pelo recién salida de la ducha. Es madrugar contigo, preparar el café y las tostadas a tu lado, oírte por teléfono, pensar en el regalo para tu cumpleaños.
Hogar es admirar la curva de tu cadera, de tus muslos, de tu espalda, de tu sonrisa, de tus manos delicadas. Hogar es dormirme acariciándote mientras, fuera, la lluvia repiquetea sobre la tejavana de cinc.


 

Reading the Wind





Reading the Wind es un vídeo realizado por David Johnston para la conferencia de la ELO celebrada este año en Junio en West Wirginia. En él, trata metafóricamente el futuro de la literatura digital con su fragmentación, su continua metamorfosis, su permanente estar en un laberinto, incluso con la incertidumbre de por dónde cursará su devenir futuro tan bien reflejado en ese inicial "I have no idea what to say". Técnicamente es un trabajo de cierta complejidad en el mapeado de formas llevado a cabo mediante programación combinada en 123D y Maya physical dynamics.
 
 


2/12/12

Very different animals





Very different animals de Frank Sherlock es un librito curioso, encuadernado en forma de acordeón en la parte trasera de un lienzo. La colección consta de 10 cuadros pintados por la artista norteamericana Nicole Donnelly. Se trata de una colección limitada que puede adquirirse en Fact-Smile.




El ginkgo






El parque estaba tan cambiado que apenas lo recordaba, así que ella tuvo que explicarle cada rincón, cada detalle, cada anécdota, trayendo a su memoria los recuerdos de una infancia y de una ciudad que hacía mucho había olvidado. La tarde, gris plomiza, ventosa y otoñal, iba apagándose entre los nubarrones que amenazaban lluvia. Las farolas, de luz azafrán y tibia, se habían encendido hacía rato y  jalonaban el sendero reflejando chiribitas iridiscentes en el pavés húmedo, mientras las hojas marchitas que a cientos lo cubrían jugaban a dibujar remolinos sobre la tierra. En el palacio, un grupo de jovencitas se contaban confidencias mientras vaciaban bolsas de pipas.  Más allá, una pareja empujaba un cochecito donde un pequeñín manoteaba un muñequito colgante. El pequeño estanque, con un surtidor en su centro, estaba ya oscuro y los pavos reales, ahora que eran sólo siluetas sin color recortadas contra el cielo opaco, habían subido con esforzados saltos hasta las ramas de un roble cercano. De tanto en cuanto, graznaban con un trompeteo grave y triste.
Él pensó que la vida sepulta recuerdos y momentos que otrora existieron hasta hacerlos invisibles, como si nunca hubieran ocurrido, y que es eso precisamente lo que a uno le envejece, el perder la emoción por las imágenes al azar que brinda el paisaje, el olvidar, el perder la vista del trayecto recorrido, porque sin pasado no hay futuro, sin origen no hay destino.
Se dejó enseñar, dejó que las explicaciones de ella le devolvieran a la vieja ciudad, a los juegos del recreo, a las meriendas de pan con chocolate y los juegos de guardias y ladrones entre los árboles. La miró con atención. La luz de las farolas, amarillenta y cálida, difusa como en un lienzo impresionista, se había conjurado para pintarle la cara de encanto y embrujo, de juventud hermosa, de ilusión por los detalles y el hechizo de la vida.
-        Mira, el ginkgo, el árbol sagrado de los chinos. ¿Sabes por qué es el árbol más viejo del mundo?- le preguntó ella con la expresión de quién va a descubrir uno de los enigmas del mundo.
-        No, ni idea- contestó él con honestidad porque ni siquiera sabía que era una especie antigua.
Ella tomó con delicadeza una hoja caída, dorada por la cercanía del invierno.
-        Mira, no tiene venas como las otras, es lisa. Cuando el ginkgo apareció en el mundo, aún la vida no había creado los ríos de savia que alimentan las especies más jóvenes.
Le tomó de la mano para enseñársela mejor y entonces él se percató del contraste entre la mano de ella, marcada por sus venas, viva, hermosa, tersa,  y la suya propia, rugosa por el tiempo, sin venas palpitantes, tan antigua como el ginkgo. Y sintió envidia de la savia juvenil de ella.

 

1/12/12

Typorganism





 
Typorganism de Gicheol Lee y otros colaboradores es un experimento de tipografía cinética basado en la web en la que se hace el símil de que la red es un universo de letras que se comportan como seres vivos que evolucionan y se recombinan para formar palabras y textos, ayudados por la interacción del usuario.
 
Se trata más de un trabajo visual que literario y está dividido en 7 partes. Así, en la sección "DNA", unos círculos de luz (que simulan los aminoácidos del ADN) se configuran en forma de letras cuando el usuario pulsa el teclado; en la sección "Weight", existe una metáfora del "peso" que una palabra puede tener en comparación con otra en función de la funte usada y el tamaño de la misma. O bien, "Motion Sickness" genera ondas en el mar tipográfico de un texto y "Visual Composer" convierte el texto en sonido. "Emotype Chat" es quizá la sección mejor lograda, tanto desde el punto de vista visual como textual.
 
El interface está bien diseñado. El programa está realizado en Flash.