4/10/08

Caballos de arcilla

El olor a arcilla horneada le acompañaba continuamente. Chang Li llagaba al taller cuando las estrellas aún volaban por el firmamento, unas horas antes de que los primeros turistas llegaran a las tumbas. Encendía el horno pacientemente mientras ordenaba el barro que necesitaría durante la jornada, limpiaba los moldes y reblandecía los pinceles en agua tibia. Para cuando llegaba Tchao Feng, la estufa ya ardía con fuerza. Ambos apelmazaban la arcilla en los moldes. Chang las partes derechas de los caballos y Tchao las izquierdas. Con unos estiletes iban cortando pedazos de material con los que rellenaban los huecos de los moldes. Más tarde, juntas y pintadas, se asemejarían a cerámicas de la dinastía Tang y aquellos americanos y europeos sudorosos pagarían unos pocos yuanes por ellos tras largo y premeditado regateo. La esposa de Chang, Mai Xiaoyan, coloreaba en verdes, sienas, marrones y azules cian las figuritas y las colocaba otra vez en el horno para que se secaran y adquirieran la pátina de vejez que los compradores apreciaban.

Pasaban en el obrador de doce a trece horas diarias. Por cada escultura, el señor Guao les pagaba uno o dos yuanes, dependiendo del tamaño. Sabían que luego los vendían diez veces más caros pero ellos no podían encargarse de hacerlo porque sólo hablaban chino y no podían desatender la fabricación. Chang era ya mayor y se conformaba con su suerte. Solía repetir a Xiaoyan que era preciso acomodarse al destino de cada uno y que ellos disponían de un hogar, comían cada día y vestían ropa de abrigo cuando las nieves del invierno cubrían los valles y los visitantes ya no se acercaban hasta allá. Todo lo cual le parecía más que suficiente. La vida no les había agraciado con un hijo. O, mejor dicho, las tribulaciones del país les habían privado de un vástago. Arrastrados por la revolución cultural, fueron desplazados varias veces y, simplemente, los años pasaron demasiado rápido y demasiado tristemente.

Tchao era diez años más joven y tenía sueños por salir de allá, por marchar a Pekín en donde todo parecía ser mejor. Cada día, cuando se retiraba a su vivienda, paraba en la taberna que vendía refrescos a la entrada del museo y podía ver en el pequeño receptor de televisión los automóviles, las ropas, las casas y los lujos de la capital. Él quería ser uno de aquellos pero no quería ir solo. Porque la única razón para permanecer en el taller del alfarero era Xiaoyan a la que había amado en secreto desde que la conoció. Odiaba el barro, el calor que le asfixiaba en verano, aborrecía el olor térreo que no se quitaba con agua o jabón y muchas veces hubiera destrozado caballitos y jinetes, guerreros y aves de colores. Pero lo aguantaba todo porque cada día podía verla alrededor, caminando con esos pasos que seguían siendo gráciles a pesar del paso de los años. Ella no era consciente de cómo la observaba. La miraba con disimulo, cuando parecía soñar mientras sus manos delicadas entintaban las figuras, absorta en un mundo que Tchao nunca había podido compartir.

Aquella mañana de verano era especialmente calurosa. El polvo de los caminos se había removido con el tráfico continuo de los autobuses y flotaba por doquier penetrando en el sótano donde trabajaban. Era la mejor época del año y Guao exigía más y más caballitos verdes y siena. Chang Li, a su vez, estaba nervioso por la presión de la labor no terminada y se irritaba con cualquier pequeña cosa. Sólo Xiaoyan permanecía hermosa, callada, perfilando trazos finos y adornos espirales con sus pinceles. Sudaba y se había desabrochado el blusón buscando que el poco aire mitigara el calor de su piel. Estaba bella, muy bella. Sensual. Tchao la deseaba aquella mañana. Quería que fuese suya, llevarla a Pekín y sentir cada noche aquellos senos y aquellos labios. Quería refugiarse en la negrura de su pelo y abrazarla en el lecho.

Por algún motivo estúpido, Chang Li la regañó. Nunca recordaría, después, de qué se trató. Sólo supo que aquel viejo la molestaba. Su sangre se avivó, su razón enmudeció y su corazón se desbocó. Tomó el estilete y, sin mediar palabra, se lo clavó a Li lo más dentro que pudo. Mai Xiaoyan gritó de pánico y, por un instante, ambos se quedaron inmóviles, mirándose; él conocedor de su suerte y de que la había perdido para siempre; ella consternada por saber en su alma los motivos de Tchao. Luego, huyó corriendo del obrador.

La escasez de oferta benefició a Guao que aquellos días subió los precios.

Tristessa

Tristessa (http://www.quattro.com.br/tristessa/) , del brasileño Marco Antonio Pajola (1994) es uno de los primeros hipertextos que se crearon en Sudamérica. En este caso, el texto es importante, es significativo, es la base de la obra y, por tanto, puede considerarse literatura (con más o menos acierto literario y usando las ventajas de lo digital, pero no es una obra de efectos digitales sólo como otras). Es un relato con cierta estructura teatral, donde el lector puede interactuar con diversos niveles metaliterarios y temporales. Hechos que acaecen, suelos, fantasías, reflexiones, poemas, sonidos, músicas y anagramas se van mezclando de manera un tanto abstracto. Un elemento que el autor utiliza para saltar a lo largo de los hipertextos es el recurso al e-mail. Los personajes los envían y los reciben.

La trama es complicada y es fácil perderse o perder el interés por la historia. El protagonista es el Pasajero que vive en el año 2004 pero contando hechos pasados del año 1999 y con saltos a 1996. En función de la ruta que el lector tome no siempre es sencillo ubicarse dónde uno se halla. Existe un link a un “navegador” que puede reorientarnos pero, para entonces, hemos podido aburrirnos. Aún así, es interesante de explorar.

1/10/08

Multistoria digital

Multistoria digital es un término ideado por mí para definir una forma de narración que es auténtica literatura digital. El nombre se inspira en el concepto astronómico de Multiverso en dónde se especula con la posibilidad de que existan varios universos paralelos que se desarrollan y evolucionan al unísono pudiendo sólo estar en uno de ellos en un instante dado. Lo que, en ese instante, ocurre en los otros nos es totalmente desconocido. Asimismo, tiene equivalencia con el principio físico de incertidumbre de Heisenberg. En este principio – ley de la física cuántica- el estado de un sistema particular se determina sólo en el momento en que el observador se fija en él, cuando interactúa con él. Antes, el sistema es indeterminado. Tanto puede ser blanco como negro, estar parado como en movimiento, estar muerto o vivo. Toma su forma cuando el observador actúa sobre el sistema y sólo en ese momento. No existe (o, mejor dicho, multi-existe) antes de que el lector se fije en él.

La multistoria digital es un concepto similar. Y es una auténtica manifestación de literatura digital porque sólo puede concretarse por medios digitales (en papel sería prácticamente imposible). En una multistoria digital están contenidas numerosas historias paralelas (como los multiversos o la multitud de estados superpuestos de la física cuántica) que no salen a la luz (“no existen”) hasta que el observador- el lector- actúa sobre ellas. Y , cuando lo hace, las otras desaparecen. No existen. No son accesibles. La novela, la multistoria, queda definida sólo en función de la acción del observador. No existe antes y no existe de igual manera nunca porque es una consecuencia del ejercicio lector.

No se trata de un hipertexto (aunque pueda usarlo como elemento adicional) porque el lector no puede saltar de un enlace a otro libremente. Puede tener cierta libertad de movimiento como un astronauta pudiera viajar por un universo pero no puede saltar entre varios universos. Tampoco es una novela multimedia porque, aunque puedan usarse dichos elementos adicionales, no son lo sustantivo de una multistoria. Lo importante, lo vital de una multistoria es que contiene historias paralelas que sólo llegan a concretarse cuando el lector actúa sobre ellas y que, en función de esas decisiones, otros estados quedan inutilizados y el observador nunca podrá llegar a ellos aunque use enlaces. En papel, el lector siempre podría saltarse las reglas y leer lo que no debería leer. En una obra digital, el auténtico ser de la multistoria se hace realidad porque todas esas historias paralelas quedan muertas y constreñidas en el código sin que se hagan accesibles al lector.

“Una contemporánea tragedia de Caldesa” (
http://biblumliteraria.blogspot.com/2008/09/una-contempornea-tragedia-de-caldesa.html ) es un intento de concretar una multistoria digital. En esta obra están contenidas cuatro historias paralelas segmentadas temporalmente en muchas más subhistorias. Cuando el lector decide qué ver (cuando elige un universo) los otros desaparecen, los que ya han ocurrido (“el pasado”) desaparece y nunca más es accesible. Y, si no toma decisiones con rapidez y el tiempo pasa, el propio universo desaparece.

29/9/08

¿Quién es Luis Durán?

¿Quién es Luis Durán?, de Pello Gutierrez (http://www.unav.es/digilab/proyectosenl/0001/final/luisduran/) es un sencillo relato digital, realizado como proyecto universitario, que narra la trama de la desaparición de un hombre y su búsqueda por la policía. Es entretenido y los saltos del hipertexto permiten acceder a tramas paralelas, a pistas y a datos. A noticias de periódicos sobre el suceso, incluso. El lector puede – a través de un mapa que permite no perderse en el laberinto de textos – interesarse por el desaparecido, por ex compañera o por el inspector que lleva el caso. Es entretenido aunque su calidad literaria sea la justa para un trabajo de este tipo.

La obra permite ser leída linealmente, como si de una novela convencional, se tratara o bien de manera interactiva a través del mapa hipertextual.


Armonías

¿Sabes? Hoy alguien me preguntó si sería capaz de describir lo que más me gusta de tu cuerpo. Cuando regresaba, caminando por la alameda, pensé que no sería capaz de elegir nada en concreto porque no hay nada que destaque más que el resto. Eres tú toda, la sinfonía que crea todo lo tuyo, cada rasgo bien temperado de ti misma lo que me transporta al espacio extenso del deseo que siento por ti.

Podría haber dicho que era tu piel, que parece estar hecha para mi tacto. O tus manos que encajan milimétricamente en las mías a tal punto que me siento amputado cuando no te llevo enlazada en mí. O quizá sea ese gesto, de indefensa niña, con el que miras cuando te acurrucas en mi regazo a la vez que yo lo hago en el tuyo. Protegidos cada uno en el otro, bajo la muralla de afectos que nuestro abrazo crea. Podría haber dicho que son tus pechos que tanto amo, que tanto disfruto; o tu pubis húmedo ante mi excitación; o tus muslos entre los que dejas que me refugie; o tu espalda a la que me abrazo en la noche oscura sabiendo que, si mi mejilla se apoya en ella, el universo restante puede esperar. O será quizá tu pelo negro que peino con mis dedos. O serán tus labios que buscan los míos y que sacian mis anhelos por ti.

No sé qué será. He buscado a veces esos ojos, ese pelo, esa espalda, esa mirada en otras mujeres y ninguna posee siquiera algo que se le aproxime. Necesito el acorde de tu cuerpo, completo, con todas sus notas. Si faltara una sola de ellas, se rompería tu armonía.

Twilight, a Symphony

Twilight, A Symphony (1996), de Michael Joyce es un hipertexto ya bastante antiguo que narra dos historias conectadas a través de sus personajes. Puede adquirirse en http://www.eastgate.com/catalog/Twilight.html . En una, el protagonista Hugh huye con su hijo del que no tiene la custodia a un resort de vacaciones donde conoce a unos refugiados polacos. En la otra, el mismo Hugh busca al doctor Twilight para salvar a su compañera Magda. Ambas sirven a Joyce para hablar de la nostalgia del pasado, del hogar de la infancia y de la añoranza por la familia.

El uso del hipertexto permite al autor crear un entramado complejo de recuerdos y reflexiones en donde se mezcla lo real con lo onírico, el diálogo con el ensayo. Joyce se hace eco de la controversia acerca de las bondades o no del hipertexto y cita, engarzándolos en la trama, a críticos del hipertexto haciendo aparecer, incluso, a escritores como Eco y Goodard conversando sobre el asunto.

Joyce no propone un hipertexto ciego, tan abierto que no conduzca a nada. Por ello plantea un interface con dos pantallas. En una se muestra el texto mientras que, en la otra, se muestra el mapa en donde el lector puede situar dentro del contexto global aquello que en un momento determinado está leyendo. También se añaden elementos multimedia que no son puramente decorativos sino que son relevantes en la historia, como imágenes, voces, música, sonidos, etc.
La obra fue programada en STORYBOARD y por ello debe leerse en ese entorno (http://www.eastgate.com/storyspace/index.html )

26/9/08

Cent mille milliards de poèmes

Cent mille milliards de poèmes (http://x42.com/active/queneau.html) de Raymond Queneau(1961) es un generador aleatorio de poemas en tres idiomas, francés, inglés y sueco. En concreto, el programa genera sonetos de 14 versos a partir de una biblioteca de diez versos de idéntica rima. Dado que el resultado está predeterminado por estos versos escritos por un ser humano, el resultado en términos de construcción de estrofas , ritmo y rima es siempre correcto. Las combinaciones posibles son 10 elevado a 14, de ahí el título.

Ahora bien, literariamente, el resultado es muy pobre con sonetos que, en definitiva, no dicen nada. Pero fue una primera toma de contacto - en 1961- de lo que se podía pensar en hacer.

E-poetry

Barcelona será el escenario de la E-Poetry Festival (http://www.uoc.edu/in3/hermeneia/e-poetry_barcelona_09/eng/presentacio.html) que se celebrará entre el 24 y el 27 de Mayo del 2009 en la sede de la UOC (www.uoc.edu) , bajo los auspicios del Grupo Hermeneia (http://www.uoc.edu/in3/hermeneia/cat/ ).

El festival tiene una doble misión. Por un lado es un evento académico con conferencias que analizarán el desarrollo de la poesía digital y la literatura hipertextual en general. Por otro, es un espacio donde autores de todo el mundo presentan sus poemas digitales al público en diferentes lugares culturales de la ciudad, como el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (http://www.cccb.org/en/) .

Hasta el mes de diciembre pueden remitirse trabajos para su evaluación y potencial selección

State of the blogosphere

Technorati (http://technorati.com/blogging/state-of-the-blogosphere/) ha publicado su habitual boletín State of the blogosphere en donde evalúa la situación de los blogs en la Red. Es muy complejo determinar el número total de blogs que existen en la Red porque las estadísticas varían y porque en algunos países las cifras son muy imprecisas.

Otra pregunta clave es qué es un blog. La frontera entre los blogs y las páginas web convencionales (main stream web) es cada vez más borrosa. Por otro lado, la gran mayoría de los blogs son simples experimentos, flores de un día, que algunos individuos realizan en un momento determinado para probar o para hacer un examen o para jugar. En su último informe, correspondiente a Agosto del 2008, Technorati estima que hay 133 millones de blogs en la red pero de ellos sólo 900.000 son actualizados diariamente y otros 600.000 lo son cada semana. Siete millones de blogs son actualizados una vez cada cuatrimestre. Como se ve, la gran mayoría, más de 120 millones son simple basura cibernética, residuos de pruebas o páginas caducadas. De todo el universo de blogs, menos de 100.000 en todo el mundo son accedidos por un número significativo de personas y casi todos ellos pertenecen además a instituciones u organismos no unipersonales. Resulta bastante evidente que el optimismo sobre la capacidad de un blog como vehículo de comunicación de individuos particulares no está justificado. Es cierto que se estima que casi 350 millones de personas leen algún blog pero son más lecturas mutuas entre un pequeño grupo de conocidos que blogs que realmente atraigan a un número de personas que tenga un peso específico digno de mención. Y, a efectos de lo que para este blog es importante, el número de blogs que puedan considerarse como literariamente interesante para un mínimo número de personas es insignificante (y entre ellos no está por supuesto este blog).

Aproximadamente, el 3% de los blogs se escriben en español, la misma cifra que logra el italiano, un 36% en inglés, un 37% en japonés y un 8% en chino. El farsi tiene ya más del 1% de proporción. La dificultad alfabética hace que casi la mitad de los blogs sean inaccesibles a la otra mitad especialmente en el sentido de Este a Oeste ya que pocos occidentales leen caracteres orientales (sin embargo, muchos orientales leen caracteres occidentales).

El problema de los spam blogs (splogs) sigue creciendo y se estima que se crean entre 3000 y 7000 nuevos splogs cada día. Un splog es un blog creado con el único propósito de hacer publicidad o, lo que es más común, autopromocionarse creando links artificiales y llamadas falsas entre blogs para que el que realmente importa suba en la posición de los buscadores.

Otro fenómeno interesante es el de los FaceBooks que están tomando un auge mayor que los blogs. Ya hay más de cuarenta millones y estos sí parecen ser actualizados con mayor frecuencia.

24/9/08

Violines

Cuando las cosas le empezaron a ir mal, Harald se refugió en el ron. Pero el alcohol no apagaba su angustia por la ausencia de aquella piel de mujer. Sólo la apaciguaba por unas horas para retornar, con cada amanecer, más virulenta que nunca, como la resaca que sigue a un mal tomar. Las cantinas que abrían hasta tarde en el West Levy fueron su hogar durante unos meses hasta que sus dueños, cansados de fiarle, comenzaron a no dejarle entrar. Se hizo amigo de la luna que alumbraba su vagar sin rumbo, conoció a las prostitutas que discutían con sus chulos, siguió con la vista las decenas de ambulancias que cada noche trasladaban la muerte de barrio en barrio, sintió el frío del otoño que llegaba y amigó con los marinos que desembarcaban en el puerto. Desperdició las horas observando cómo los rascacielos iluminados se recortaban contra la calima que subía desde el río, recorriendo una y otra vez, infinitas veces, su silueta. Lo prefería a tener que enfrentarse a los espectros de su habitación.

Una noche en que llovía finamente y las luces amarillentas de las farolas dibujaban recuerdos agrios de aquella mujer, recordó su violín que hacía años que no tocaba. Su madre se había empeñado en que diera clases cuando era pequeño y no lo hacía mal. Lo había olvidado por completo durante años. El recuerdo del hogar cálido y protector le hizo desear aquel violín que le traía recuerdos que le confortaban. Al llegar a su casa, lo buscó. Le costó encontrarlo y, cuando lo hizo, le fue casi imposible afinarlo. Aún así, tomo el arco, curvó sus dedos huesudos y apretó las cuerdas. Fue más un chillido molesto que una nota pero él continuó arrancando sonidos del instrumento hasta que los vecinos empezaron a gritarle que no eran horas y que se fuera al infierno. Por algún motivo, aquella noche durmió mejor. Repitió sus intentos al día siguiente y al día siguiente y al día siguiente, entre la cada vez mayor indignación de los inquilinos de los otros pisos.

Poco a poco, noche a noche, los ruidos estridentes fueron desapareciendo y sus manos y su pulso tornaron a encontrar el lugar exacto en el mástil, el arco fue girando hasta el ángulo apropiado y las cuerdas comenzaron a vibrar obedeciendo a las leyes de la armonía. Sonaba bien el violín de Harald. Dejó de oír protestas y dejó de flirtear con el ron. Desarrolló un inusitado temor de perder el instrumento o de que se lo robaran, o de que algo le ocurriese a sus manos o a sus brazos. Tanta era su obsesión que llevaba el violín consigo a todos lados. Algunos días en que las borrosas imágenes de ella volvían a acercarse, no esperaba a llegar a casa y, en cualquier esquina, lo extraía del ajado maletín y, simplemente, interpretaba lo primero que a su mente se le ocurría. Algunos transeúntes, incluso, le echaban algunas monedas aunque él nunca pedía. No vendía su música a los demás. La necesitaba para sí mismo.

Una tarde, sentado en la esquina de la cuarenta y tres con la sexta, intentaba que un scherzo de Schubert fluyera melodioso. Era difícil. Al menos para su talento que sabía que no era mucho. Así que se sorprendió al comprobar que oía armónicos, dobles notas, contrapunto y acordes puros que sostenían su melodía. Abobado, miró al violín y miró sus dedos.

- No mires a tus dedos – oyó a su derecha- ¿puedo acompañarte?

Se llamó idiota a sí mismo en una décima de segundo. A su lado, había otro hombre, modestamente vestido, tocando otro violín. Y, a todas luces, aquel otro individuo era más hábil que él mismo. Harald, aún no repuesto de la sorpresa, no supo que contestar y se limitó a seguir tocando. El otro hombre intuyó que eso era un sí y le acompaño en la segunda voz. Y, por Dios, que juntos sonaban maravillosamente.

- ¿Una mujer? – preguntó el otro.
- Una mujer- respondió Harald.

No hablaron mucho nunca. No era necesario. Sólo podían contarse mutuos y similares desamores, abandonos y pérdidas. No hacía falta hablar del ron o del brandy, del mal llegar a final de mes o de las tabernas malolientes. Ni de las table dance donde por diez dólares una plastificada bailarina intentaba levantarles el ánimo sin derecho alguno a roce. No hablaron nunca de aquellas dos mujeres ni de cómo eran ni de lo bellas que seguían viéndolas en sus recuerdos agitados. Sólo llegaban a la misma hora a aquella esquina que ya era suya. Apoyaban su barbilla sobre la madera, se miraban y afinaban con un la. Uno, cualquiera, tocaba un tema, el otro le seguía y a los pocos minutos habían marchado ambos a otro mundo, a un teatro de la vida donde aquellas mujeres no podían hacerles mal.

Ana

ANA, de Beatriz Echeverría
(
http://www.unav.es/digilab/proyectosenl/0001/final/ana/) es un relato digital centrado en la figura de Ana y tres personajes más. El lector interacciona con el mismo en base a seleccionar el comportamiento de la protagonista (si este ha de ser positivo, melancólico o ingenuo). Así, a lo largo de los capítulos puede ir variando de un estado de ánimo a otro o, incluso, leer cómo la narración varía dentro de un mismo capítulo en función de qué se desee para la protagonista. Es una obra muy sencillita, de valor literario modesto, que fue realizada dentro de un trabajo universitario.