Nothing You Have Done Deserves Such Praise
, de Jason Nelson está a medio camino entre el juego arcade y el poema literario. A medida que, manejando las teclas, el lector mueve un pequeño monigote, se va explorando un paisaje de reminiscencias biológicas, anatómicas, en donde surca venas, células y paramecios para hallar de tanto en cuanto trofeos en forma de textos y reflexiones que nos halagan. Desde el punto de vista de la programación, el trabajo está realizado en Flash y combina un buen número de capas animadas que hacen que resulte ameno e interesante de explorar.
30/5/13
29/5/13
Fifty Pounds y Donuts
-
Y, ahora, nos vamos a tomar un gin-tonic
mientras vemos la película y me cuentas de tu viaje – le pidió a ella con real
interés.
Lo inusitado era que él no bebía y que, cuando lo hacía, a
los tres sorbos de vino- no digamos ya de alcoholes de más graduación- la
cabeza le daba vueltas. Ella, en pijama y zapatillas grandes, le regaló un beso
y tomó la copa. Él la siguió con la mirada mientras cogía una tónica del
frigorífico y la mezclaba con un chorro de Fifty Pounds. Se
deleitaba viéndola a su alrededor. Muchas veces se había preguntado el porqué
de aquella sensación tan profunda y completa. Daba igual lo que ella hiciera,
si ordenar el armarito o regar las plantas, estar sentada leyendo un libro o
preparar una bebida, el caso es que parecía que el mundo resultaba más
completo, más pertinente, más hermoso, cuando sentía su presencia. Hacía ya mucho
rato que era noche cerrada. Fuera, las siluetas oscuras de los alisos y los
castaños del parque se mecían con lentitud, con sus ramas inclinándose como si
quisieran espiar a la pareja por entre los visillos. Dentro, luz tenue y una
copia pirata de Avatar en la televisión.
-
Tendrás que comer algo, ¿no?, si no te va a
sentar mal- dijo ella mientras se dejaba acariciar las piernas y los pies y los
amantes azules de la película deambulaban por bosques inmensos.
-
No, no te preocupes, sólo he bebido un poquito.
-
Espera- ella se levantó y se acercó a la cocina,
volviendo al poco rato con un caja de donuts.
-
¿Donuts con gin-tonic?- rio él.
-
¡Sí!, hacen buena pareja- contestó ella.
Más tarde, cuando la película había terminado sin que vieran
el final porque las caricias habían reclamado su hora y su crescendo, allá mismo,
en el sofá, cuando ya ella dormía apoyada en su hombro, cuando aún olía a
pasión, él se dio cuenta de que, a veces, por milagro, encajan cosas imposibles
de combinar, el gin-tonic y los donuts, aquella mujer maravillosa y él mismo. Y
se sintió un privilegiado.
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Relatos breves
Tramway
Tramway de Alexandra Saemmer es un relato digital en que, a través de la interacción del usuario (simples clicks y arrastre de ventanas por el lienzo de la pantalla) van apareciendo ventanas y textos deslizantes que van contando la historia. La información que se vuelca es amplia de modo que si la acción con el ratón es rápida aparecerá más contenido del que somos capaces de absorber. Se trata de una trama intrincada y compleja con algunos contenidos de reflexión sobre la digitalidad.
El diseño es sobrio, elegante, dejando a los textos el protagonismo principal. Está programado en Flash. Escrito en francés y acompañado por música.
El diseño es sobrio, elegante, dejando a los textos el protagonismo principal. Está programado en Flash. Escrito en francés y acompañado por música.
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Literatura digital
28/5/13
House of Hell
House of Hell es un juego narrativo escrito por Steve Jackson, una aventura de terror interactiva en el que el lecto-jugador debe involucrarse activamente. El grado de interactividad es alto porque es el usuario el que elige el camino a seguir, qué criaturas combatir y qué riesgos tomar.
El diseño de la pantalla está cuidado, simulando un viejo libro sobre el que se superponen informaciones y ventanas adicionales. Del mismo modo, a cada paso aparecen las ventanas con las opciones acerca de las que el usuario debe tomar partido para continuar en la historia.
Puede comprarse en la tienda de Apple para la plataforma Ipad e IPhone.
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Literatura digital
27/5/13
Relato negro en twitter
Bitchuation es una novela negra, un thriller que se inicia en Ámsterdam, que se narra por Twitter. A mediados de mayo del 2013 lleva ya escritos unos 500 mensajes que han dado para 25 capítulos. Cada capítulo es corto, de menos de veinte mensajes, o lo que es lo mismo, menos de 2800 caracteres en total. De vez en cuando, se enlaza la narración con alguna fotografía. Se trata de una historia narrada en segunda persona que mantiene- al menos en los capítulos ya publicados- el interés. El potencial que Twitter tiene para que los lectores interactúen vía re-envíos o respuestas, no se está aprovechando de momento.
Tras el seudónimo de Bitchuation está el cerebro de Steven Soderbergh que lo confirmó en esta entrevista.
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Literatura digital
26/5/13
Kindle Fire en Europa
Amazon ha anunciado que comienza ya a vender fuera de los Estados Unidos su tableta Kindle Fire 8.9" , así como la de menor tamaño Kindle Fire 7". Aunque como cualquier tableta podrán utilizarse para muchas aplicaciones (y de facto, Amazon ha hecho un llamamiento a programadores para que desarrollen programas) el interés máximo es la lectura de contenidos electrónicos en la muy adaptada plataforma Android de la editorial electronica. La tablera dispone de cámara y de altavoces, así como conexión WIFI. Resolución de pantalla de 1920 x 1200 pixeles y vídeo de hasta 1080p en el modelo de 8.9". Memoria de 16 o 32 gigas. No es nada barata, casi 300 dólares.
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Literatura digital
25/5/13
El jefe de mantenimiento
Cerró la puerta del pabellón dieciséis tras de sí y caminó
por la larga nave sin atender a los gritos que provenían del exterior. Sus
pasos resonaron en un eco distante y rutinario.
-
Treinta y un años trabajando en el mantenimiento
de la acería –pensó, mientras comprobaba en la pequeña fiambrera que se había
traído la pescadilla frita que había sobrado el día anterior.
Se encargaba del turno de noche que, ahora en verano, era
llevadero. Recordó que se había apuntado a ese horario a los tres o cuatro años
de comenzar en el trabajo, cuando el director Schenbem, un alemán de la casa
central que hablaba un español horrible, pidió voluntarios. Las condiciones no
estaban mal, un cincuenta por ciento de extras y diez días más de vacaciones a
cambio de dormir siempre con una cortina bien tupida que evitase el fulgor del
sol y unos tapones de oído que le aislaran del tráfico de la calle, ya que su
apartamento estaba en pleno centro.
Volvió a escuchar gritos en el exterior y se propuso no
desesperarse. Llevaban ya cuatro o cinco días allá. Buscaban a alguien, al
parecer, pero él no hacía mucho caso porque estaba preocupado con la artesa
número siete. Encendió las luces y se preguntó porque no las habían prendido antes. Había engrasado cuidadosamente la leva de apertura y, sin
embargo, el giro no era uniforme. Eso podía ser fatal, aquello no era un
proceso que admitiera errores. El acero fluido, a más de mil grados de
temperatura, se vertía directamente desde el convertidor en la artesa para,
después, caer lentamente hacia la colada. Si el dispositivo no efectuaba la
apertura en el momento justo, el metal líquido se enfriaba y se solidificaba bloqueando
todo el sistema. La labor de limpieza era penosa con sus compañeros utilizando
sopletes para ir cortando, poco a poco, en una fatigosa operación, los pegotes
de acero adheridos a la maquinaria. Mientras él fuera responsable de
mantenimiento, eso no ocurriría, se juramentó. Aquel eje giraría y él se
encargaría de que así fuera.
Dejó la fiambrera y sus utensilios en el armario y se dirigió
a la artesa. Activó un par de veces el mecanismo y se percató de que el
problema persistía. Lo desmontaría aquella misma noche, lo limpiaría
concienzudamente, lo engrasaría y lo volvería a montar.
Muy lejos, escuchó el golpe estridente del portón al
cerrarse. Alguien habría entrado aunque no podía saber quién sería. Las últimas
noches habían sido movidas, con visitantes que no conocía y a los que había
visto desde lo alto del puente grúa a donde había subido para manejar mejor las
piezas que necesitaba transportar hasta la artesa. Parecía que buscaban a
alguien y, en todas las ocasiones, miraron durante unos minutos y se marcharon
lo cual él lo consideró una bendición porque le permitió proseguir con sus tareas
sin interrupciones. Cuando el sistema de giro estuviese arreglado, preguntaría
por ahí a qué se debía todo el ajetreo de la semana.
Mientras comenzaba a desmontar el mecanismo, se dejó llevar
por los recuerdos de muchos años. Era un melancólico y siempre había sido
consciente de ello, al menos desde que Montse le había dejado tantos años
atrás.
-
Estás chiflado, prefieres a esa maldita fábrica
que a mí – le había gritado cuando se metió en el taxi.
Él no pudo seguirla aunque la amaba mucho porque aquel día,
precisamente aquella tarde, se había parado el convertidor número seis y le
esperaban sin falta los compañeros. Así que- recordaba- hizo de tripas corazón
y marchó al trabajo. Al menos, pudieron recomponer el gran tanque para que la
producción no parara. Trató de buscarla pero, por una razón u otra, siempre
estuvo demasiado ocupado. Lo cierto es que sabía que le había quedado una
nostalgia perenne en el rostro y en el alma que sólo se aliviaba enfrascándose
en el trabajo.
Escuchó pasos. Eran varias personas, sin duda. Debían estar
en el horno número tres, al fondo de la nave a juzgar por dónde provenía el
sonido. Imaginó que era una repetición más de lo acaecido las noches
anteriores, una pesadez que interrumpía el buen funcionamiento de la acería.
-
¿Señor Dicastro?- alguien gritó aún a lo lejos-
¿Está usted ahí?
¿Le buscaban? Él era Juan Dicastro, jefe de mantenimiento de
aquellos altos hornos, empleado modélico de la empresa durante tantos años. El
rodamiento dichoso no quería salir y tuvo que concentrarse en observar la
posición del extractor, golpeó un par de veces el vástago y realineó el
mecanismo pero todavía no se movía.
-
¿Está usted ahí señor Dicastro?- volvió a
escuchar, esta vez a menos distancia.
No se volvió porque, en ese preciso instante, el rodamiento
pareció despegarse del eje. Ahora entendía lo que estaba pasando. La calamina
se había comprimido y actuaba como soldadura entre los dispositivos. Traería un
disolvente para facilitar el desmontaje. Cuando se giró para dirigirse al
almacén y traer el pote de ácido, se topó de bruces con tres personas.
-
¿Señor Dicastro?- preguntó uno que iba vestido
de policía.
Así pues, pensó, debía ocurrir algo grave si la policía
estaba involucrada. El segundo individuo vestía un traje oscuro con corbata
amarilla y el tercero llevaba una bata que le pareció de médico aunque estando
en una acería quizá se tratara de un empleado del laboratorio.
-
Debe acompañarnos, señor Dicastro. No se
preocupe, todo va a ir bien.
-
¿Acompañarles a dónde? ¿De qué me hablan? ¿Ha
sucedido algo en la planta?
-
Su familia está preocupada, lo sabe bien.
Acompáñenos y aclararemos todo esto.
-
¿Aclarar, qué?- contestó Juan, que comenzaba a
molestarse- ¿De qué me hablan?
-
Las instalaciones son peligrosas, señor
Dicastro. Usted corre riesgo aquí, cualquier viga se puede desprender, esto
está muy oxidado y abandonado.
Aquello le calentó el cerebro y la sangre. ¿Abandonado,
siendo él jefe de mantenimiento?
-
¿Quién es usted?- vociferó al tiempo que veía
que el tipo de la bata tomaba una jeringuilla en su mano derecha.
-
Tranquilícese, señor Dicastro. Todo va a ir
bien. Ahora, debemos salir de aquí. El señor notario, aquí presente, le puede
mostrar la orden judicial si lo desea. Es hora de volver a casa antes de que
suceda algún accidente.
Intentó caminar hacia atrás pero el policía le agarró
fuertemente. Era un tipo rudo y alto y Dicastro no puedo zafarse. Sin mediar
palabra, el de la bata le clavó la aguja en el antebrazo derecho y le infiltró
alguna sustancia. Trató de liberarse pero los ojos se le cerraron y la voluntad
le abandonó. Lo último que llegó a percibir ligeramente fue el destello rojo e
intermitente de lo que parecía ser una ambulancia que entraba por los pasillos.
-
Bueno, nos lo llevamos al hospital.- dijo el
médico- Ya veremos qué padece pero tiene toda la pinta de que está como una
regadera. A saber qué ha estado haciendo aquí tanto tiempo.
-
¿Le llevo al despacho?- preguntó el policía al
hombre del traje.
-
Sí, se lo agradecería. Me da no sé qué estar
tanto rato en estas instalaciones a punto de derrumbarse.
-
Lo que no me explico es por qué no lo habíamos encontrado
antes- el médico hizo un gesto a la ambulancia para que se acercara.
-
Se escondería al escucharnos. Algunos vecinos
llevaban años denunciando que entraba gente por la noche, que se encendían algunos focos, pero siempre pensamos
que eran yonquis o furcias- replicó el agente- nada que mereciera la pena investigarse.
-
Hasta que la hija que vivía en Alemania regresó
la semana pasada y dio el aviso, ¿no?- contestó el médico.
-
Eso es, se llevó un susto de muerte al saber que
la factoría había cerrado hacía diez
años. Su padre le escribía, en cada carta, acerca de lo contento que estaba en
su puesto de jefe de mantenimiento y le contaba detalles de cada máquina que
reparaba.
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Relatos breves
24/5/13
The Flat
The Flat de Dreaming Methods es un relato interactivo en el que el lector recorre las distintas habitaciones de un apartamento, encontrando en su viaje textos y frases de anteriores inquilinos que quedaron vivos, como fantasmas, encerrados entre sus paredes. Como siempre ocurre en los trabajos de Dreaming Methods, el ambiente es intrigante, inquietante, onírico, con una calidad de diseño muy alta y un concepto completo e integrado que da sentido a cada una de las pantallas por las que discurre la acción. Una buena combinación de imágenes, textos, fotografías, técnicas de parallax y sonidos. La interactividad es alta por cuanto que el lector debe moverse por las habitaciones y encontrar los enlaces ocultos que muestran las informaciones escondidas. ´
La lectura no es libre porque existe un cronómetro que va descontando el tiempo que nos queda de lectura antes de que el ordenador nos expulse de la narración.
Está programado en Flash.
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Literatura digital
23/5/13
E-paper en tamaño A4
La firma japonesa Sony ha presentado recientemente el prototipo de una hoja de tamaño A4 realizada con tecnología de tinta electrónica TFT lo que supone un avance en cuanto al tamaño de este tipo de papel electrónico. El sustrato es el Mobius desarrollado en conjunto con la firma E-ink, una técnica de lámina plástica que evita emparedar el sustrato entre hojas de cristal. Así, a pesar de la gran dimensión de la pantalla, el dispositivo pesa solo 60 gramos a la vez que es flexible en su uso. Permite, mediante la interacción electromagnética con la pantalla, pasar páginas por contacto o marcar frases. De momento, los problemas tradicionales en cuanto a velocidad de refresco y falta de color permanecen pero alcanzar tamaños "humanos" de lectura es un avance que se agradece.
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Literatura digital
22/5/13
Black Crown
Black Crown es un relato de ficción interactiva (IF) creado por Dan Franklin de Random House UK en colaboración con la empresa Failbetter de la cual se utiliza su software Story Nexus para crear la aplicación. La narración/Juego es gratis pero es preciso registrarse previamente. Eso sí, mediante pequeños pagos extras el lector podrá acceder a tramas y extras que el usuario libre nunca podrá ver.
Es una historia bien narrada, con una interface bastante cuidada que, sin embargo, deja el protagonismo al texto sin oscurecerlo, que permite mucha interactividad, creación de caracteres y un parser más que razonable a la hora de interpretar las órdenes del lector. Como ocurre en general en la IF uno se puede aburrir pronto de intentar encontrar la trama correcta de modo que esta forma de narrar siempre es más apreciada por los amantes al juego que por los amantes a la literatura.
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Literatura digital
21/5/13
Väljarna
Väljarna, de Johannes Heldén es un poema etéreo, que habla de la naturaleza, creando una atmósfera visual cuidada y bien construida, con unos gráficos en tonos grises que apuntan a la serenidad plácida pero inquietante del campo cubierto de niebla. Un conjunto de pájaros vuela por la pantalla y cada vez que interactuamos con ellos se nos revelan algunas frases del poema. Cuando somos capaces de "atrapar" alguno con un "click" certero, entonces frases del poema, hasta entonces difuminadas, aparecen en pantalla. Programado en Flash.
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