10/1/26

Infinite Monkeys

 


Infinite Monkeys es un juego que explora la famosa hipótesis de que si ponemos a un número infinito de monos a teclear al azar letras en máquinas herramientas acabarán, dándoles suficiente tiempo, de escribir alguna obra de Shakespeare. En anteriores entradas de Biblumliteraria referidas a la lingüística computacional ya vimos que matemáticamente esto es tan extremadamente improbable que puede considerarse imposible. Ha habido, incluso, pruebas prácticas como la descrita en este artículo

El programa Infinite Monkeys se presenta como un juego deliberadamente absurdo que convierte esa conjetura citada en una experiencia interactiva y prolongada. El objetivo no es ganar en el sentido tradicional, sino presenciar —y sufrir— el proceso: conseguir que un grupo de monos escriba, letra a letra y de forma completamente aleatoria, la primera escena del primer acto de El rey Lear de Shakespeare. Cada acierto individual, cada letra que por puro azar coincide con la correcta, es recompensado con dinero virtual, que el jugador puede reinvertir en contratar más monos o en motivarlos para que escriban más rápido mediante pósters inspiradores o árboles de plátanos. Incluso la música y los efectos de sonido pueden activarse o desactivarse, como un pequeño alivio mientras se espera lo inevitablemente lento.

El jugador no puede pensar que va a ganar el juego pero sí desesperarse viendo que los aciertos son mínimos, si los hay. No es que no pueda escribirse El Rey Lear, es que ni siquiera se forma una frase.  El sistema de fuerza bruta que pretende defender la hipótesis de los monos infinitos necesitaría también un tiempo infinito pero además elevado a una potencia (matemáticamente hablando no es lo mismo infinito que infinito al cubo, por ejemplo). 

Para ilustrar la magnitud del problema, el programa se apoya en cifras concretas. La primera escena de El rey Lear utilizada en el juego tiene más de catorce mil caracteres. Al simplificar el texto —unificando espacios, usando solo mayúsculas e incluyendo un conjunto limitado de signos de puntuación— se trabaja con un alfabeto de 34 símbolos posibles. El número de combinaciones distintas que pueden formarse con esa longitud es 34 elevado a 14.326, una cifra tan descomunal que supera con creces cualquier magnitud física conocida, incluso el número de átomos del universo. Entre todas esas combinaciones, solo una es la correcta. La probabilidad de obtenerla al azar es tan pequeña que el experimento solo tiene sentido si se concede a los monos tiempo infinito… y quizá inmortalidad.  Ante esta perspectiva, el juego opta por un compromiso práctico. En lugar de esperar a que un único mono escriba el texto completo de una sola vez, los monos trabajan colectivamente y los errores simplemente se ignoran. El texto se construye letra a letra, validando cada acierto de inmediato. Desde un punto de vista estricto, esto “hace trampa” respecto al experimento original, pero es una trampa necesaria. Esperar hasta el fin del universo no resulta especialmente divertido; en cambio, observar a un ejército de monos aporreando teclas, avanzando de manera ridículamente lenta pero visible, convierte una abstracción matemática en una experiencia tangible, irónica y, sobre todo, memorable.

Puede descargarse desde este enlace.


0 comentarios :