9/2/09

Tardes de invierno

Me gustan las tardes de invierno, como las de ahora. El sol se pone pronto y, al salir del trabajo, su luz amarillenta, tristona, juguetea pintando reflejos en los charcos y haciendo brillar la nieve que reposa en las montañas. A esa hora se han encendido ya muchas de las luces de la avenida y los niños, con botas de agua, guantes y bufandas corretean por el parque en interminables y risueñas persecuciones. El frio enrojece las mejillas de los transeúntes que aceleran el paso mientras se dirigen a sus hogares. Gorriones rezagados, en su continua búsqueda del escaso alimento, picotean aquí y allá. Aún queda un vendedor de castañas en la esquina y el quiosquero recoge las revistas mientras baja la persiana. Es tiempo de cenas tempranas y se agradece el aroma de un caldo caliente. Suena Angela Aki en el estéreo y es el momento de leer un libro recostado en el sofá bajo las sombras que dibuja la lámpara.

Kindle 2

Amazon iniciará a finales de este mes la venta del nuevo lector electrónico Kindle 2. Tendrá una capacidad teórica de batería para 2 semanas de lectura y, sobre todo, se hace más ergonómico respecto a su predecesor al reducir su peso a poco menos de 300 gramos y el grosor del mismo a un centímetro aproximadamente. Sigue siendo en blanco y negro, utiliza "tinta electrónica" y su capacidad de memoria es de 2 gigas lo que dará para (en texto) unos 1500 libros. Trae una novela precargada. Para descargar libros hay que conectarse por Internet inalámbrico y cada descarga costará unos 10 dólares (de momento, sólo funcionará en Estados Unidos). Es posible también descargar, incluso automáticamente a una hora prefijada, – bajo previo pago- periódicos como el NYT o el USA Today. La pantalla es de 6”, aún demasiado pequeña si la comparamos con un libro tradicional, y la resolución es equivalente a la de una página periodística. Un sintetizador permite escuchar el texto si así se desea. El precio de salida será de casi 400 dólares en Estados Unidos.
La página publicitaria del fabricante puede verse aquí.


¿Supone la era digital un cáncer para la literatura?

La era digital está afectando a la literatura. Es evidente y es bueno.

Por un lado, asistimos a la creación de obras de literatura digital y, por otro, asistimos a la utilización de medios digitales aplicados a la literatura convencional. Es lo que, en ocasiones, se diferencia como literatura digital y digitalizada. La primera es la que sólo (y este adverbio es la clave) podría construirse y leerse con medios digitales (véase al respecto, por ejemplo, este artículo , este, este o este). No quiero referirme a ella en este post sino a la digitalizada, a la utilización de instrumentos electrónicos para escribir, imprimir, memorizar, publicar, analizar o distribuir textos convencionales.

Son muchos los campos donde la aportación de la técnica informática es muy beneficiosa. No creo que muchos escritores hoy en día sigan utilizando la pluma (lo que, aunque puede ser un placer, dificulta la corrección y ralentiza la creación). La maquetación de libros y periódicos es fundamentalmente digital. Las bases de datos literarias (bien sea de textos en formatos ya digitales o libros tradicionales escaneados) aporta enormes ventajas de clasificación, búsqueda y análisis aún cuando existan aún problemas técnicos derivados de la menor durabilidad de los soportes electrónicos o magnéticos. La edición de textos por ordenador ofrece, sin duda, ventajas claras en cuanto a rapidez, calidad, menor coste, disponibilidad inmediata de los contenidos y mayor productividad.

Dicho todo esto, es evidente que la era digital aporta numerosas ventajas positivas para el desarrollo de la creación y el consumo de literatura. ¿Por qué, entonces, el título de este post?

El lado oscuro llega desde dos circunstancias.

La primera es la falta de modestia inherente a la mayoría de los seres humanos. Cuando un individuo escribe un texto piensa, por lo general, que es bueno, literariamente correcto – incluso excelente- y que merece ser leído por otras personas. Aunque existen seres humanos que escriben sólo para ellos (los diarios son un ejemplo evidente) o para que sean leídos por sólo otras personas muy determinadas (las cartas), en general hay una tendencia a desear ser apreciado por el máximo número de lectores posible. No sólo eso, sino que existe el deseo natural de ser ensalzado por ello. En algunos casos, se da asimismo el ánimo de vivir de lo escrito.

La segunda circunstancia es que la publicación de literatura es, en especial hoy en día, más un negocio que un arte. Y, como en todo negocio, el objetivo fundamental es obtener beneficios. Si estos se logran con buenas o malas obras es un asunto secundario si las ventas suben. Este hecho no es privativo de la literatura. Ocurre en todas las actividades comerciales y en todas las artes. No hay más que ver, por ejemplo, el nivel de calidad de mucha de la televisión que consumimos donde casi puede establecerse una relación biunívoca entre la chabacanería y el nivel de audiencia.

Confluyen por tanto, las ansias de millones de escritores diletantes que buscan(/mos) publicar sus obras y ser admirados por sus conciudadanos y la avaricia – llamémosla así debido a que se priorizan los beneficios a la bondad del texto- de algunos editores que ven una clara rentabilidad en esta moderna forma de edición. Surge, en este contexto, un negocio nuevo y atractivo – y, digámoslo, perfectamente lícito- cual es el de las empresas que facilitan la publicación de libros (bien sea en formato electrónico o en formato papel), a un coste muy bajo (conseguible por el uso de medios informáticos) y sufragado en muchos casos por el propio autor. Este “invierte” en que su propia obra sea conocida y el editor logra unos réditos, bien sea por hacerle el trabajo de impresión digital (con o sin encuadernación) o bien por facilitarle un canal de venta bajo pago de una comisión. El bajo coste que la impresión digital garantiza hace que todos “puedan permitirse el lujo”.

Es curioso observar que la “digitalidad” no aporta un nuevo campo de juego. Al contrario, el sueño de la gran mayoría de “autoeditores” es ver su obra impresa en papel. Eso sí, con un coste muy bajo que permita “autocomprar” la realización de esa tirada.

En este ámbito, han surgido muchas empresas que hacen posible publicar en muy breve plazo de tiempo, a demanda, aquellos libros que el autor desea con una calidad que nada tiene que envidiar a la de los libros tradicionales. Hasta aquí nada que criticar. Al contrario. Se da satisfacción a todas las partes y se liberaliza un nicho antes reservado a pocos.

El problema surge del hecho que, en general, lo que parece tener menos importancia en toda la cadena es la calidad de la obra que va a publicarse. La calidad de la literatura editada. No es extraño – y alarmante- que Robert Young, director de Lulu, empresa ligada a Amazon, y una de las compañías líderes en autoedición reconozca en el New York Times (http://www.nytimes.com/2009/01/28/books/28selfpub.html?pagewanted=2&_r=3&pa... ) que “We have easily published the largest collection of bad poetry in the history of mankind.” (Hemos publicado la mayor colección de mala poesía en la historia de la humanidad). Que algo así sea dicho desde el propio sector es muy significativo.


Y, sin embargo, la empresa sigue editando cualquier petición, como no podía ser de otra manera ya que su primer fundamento es la de hacer negocio y satisfacer una demanda, independientemente de si ello ayuda al arte.

Es así, también, entendible que la gran mayoría de estas obras tengan una vida muy breve. De muchísimas de ellas apenas se venden unas decenas de ejemplares para amigos o familiares y las que llegan al millar suelen ser regalos de empresas que editan un volumen para un uso particular. Entran más en el ámbito del regalo a medida que en el de la literatura.

En honor a la verdad hay que admitir que la falta de calidad se da igualmente con la impresión tradicional. No todo lo que llega a las librerías debería haberlo hecho y no todo lo que se queda en los filtros de los editores y los críticos, debería morir sin llegar al Olimpo de las estanterías. Pero es con la edición digital cuando el nivel de obras mediocres publicadas se ha disparado. No existe ya la garantía de que la obra que llega a publicarse haya pasado por una dura criba y una rigurosa selección – a veces, injusta- , pero selección al fin. No existe más esa competencia darwinista por la que sólo los mejores sobreviven. En los textos técnicos o científicos, incluso, desaparece la revisión por pares (peer review) que, con todas sus limitaciones, es hoy por hoy una garantía de corrección.

Volviendo al título de esta entrada, podría decirse que en todo momento hay malas células que crecen en el organismo pero, mediante los propios mecanismos del cuerpo, son controladas. Llega un momento, sin embrago, en que crecen más rápido que lo que los sistemas defensivos pueden soportar y se genera un tumor que mata el organismo.

Ese momento puede estar llegando en la literatura. Y, como cualquier ser vivo, la literatura no puede permitirse albergar una ingente cantidad de células malignas en su interior. Necesita depurarse, buscar la excelencia, hacer cirugía de todo lo que no sirve.

En el cómo se va a ejercitar ese autocontrol reside saber si en el futuro, la aportación de la autoedición digital al arte será, en su conjunto, positiva o negativa.





8/2/09

Carta a D., Historia de un amor

Llamar libro a Carta a D., Historia de un amor de Andre Gorz (Ediciones Paidos, 2006), es seguramente excesivo. Exponerlo en las estanterías dedicadas a la filosofía es algo que autor nunca pretendió. A pesar de lograr que alcance las 100 páginas mediante el uso de letras grandes y papel en formato A6, es lo que su título dice. Una carta. Dirigida a la mujer amada. Sólo una carta. Pero es una extraordinaria y maravillosa carta de amor.


Se lee en media hora pero se recuerda una eternidad. A través de recuerdos de una vida en común, el autor hace patente su amor infinito por Dorine. No hace falta ningún lenguaje cuidado- aunque la maestría de Gorz hace que siempre lo sea-, ni poético – aunque la verdad sencilla y desnuda del amor declarado lo sea en sí mismo-, ni metafórico – aunque cada página hace soñar-, ni palabras escogidas ni sintaxis brillante. Es la constatación de que todo lo realizado en la vida, todos los ideales, todos los grandes logros y las grandes decepciones, los objetivos sociales, políticos, profesionales no significan nada y que lo único que realmente tiene importancia al acercarse al final, es el amor vivido, el dado y el recibido. Es la rendición total al mismo. Un amor que hace temblar todas nuestras convicciones. Gorz, filósofo poco dado a creer en el más allá y a la religión, espera que haya una segunda vida porque ello significaría poder vivirla eternamente con la amada elegida. Y, si para conseguir ese milagro, hay que renunciar a toda la filosofía, se renuncia.

El amor por encima de todo. Porque soy, si soy contigo. Porque quiero ser, si estás conmigo. Un amor que se redescubre, que renace (“Hace poco volví a enamorarme de ti”, dice Gorz a su esposa ya octogenaria), que es el motor de la existencia, que es -sobre todo- admiración por el otro. Pero es también un pesar. El arrepentimiento de no haber sido consciente de esa verdad antes (“¿Por qué estás tan poco presente en lo que he escrito si nuestra unión ha sido lo más importante de mi vida?”).

Andre Gorz ( su verdadero nombre era Gerhard Hirsch) se suicidó junto a su esposa Dorine Keir en Septiembre del 2007 cuando la enfermedad devoraba a la mujer. Los párrafos finales de esta carta son premonitorios.


Una joyita. El único "pero" es el exhorbitado precio de la carta en las librerías. Mas es un texto que atrae tanto que hasta pagamos la manifiesta usura.

7/2/09

Un gesto

Recuerdo que la primera vez que me di cuenta de que eras especial fue casual. Tú hablabas con unos amigos y alguien, seguramente el dueño del café, puso un disco. Era una canción lenta en francés que hablaba de la soledad, de las cosas que pudieron ser y nunca serán, de la melancolía por el amor nunca encontrado. Me puse triste cuando todos estaban alegres y supe que el motivo era no poder sonreírte, no poder sentarme frente a ti con un capuccino de esos con aroma a vainilla y canela, sin decir nada, tan sólo repasando la silueta de tu cara para aprendérmela tan bien que pudiera soñarla cada noche. Y que tú me devolvieras la mirada. Pero la tonada acabó y tú nunca fuiste consciente de que me quedé alelado, viéndote, soñando historias comunes. Al salir, llovía y cuando marchaste los espejos de los charcos reflejaron tu imagen reteniéndola como si se apenaran, conmigo, de que marcharas.

Te veo ahora alrededor y soy consciente que me encanta que llenes mi espacio. Me he acostumbrado a tu presencia, tan cercana y tan lejana, a tu forma de ser, a tu visión del mundo, al tono de tu piel, a tu forma de caminar. Hice un día una lista de lo que me gusta de ti. No fueron muchas cosas pero sí importantes. Tus manos – quién sintiera tu caricia-, tu sonrisa, tu charla interesante y cálida, tu ilusión por la vida, tu forma de ser tan femenina, tu sensibilidad, tu inteligencia, tu lealtad. Pero lo que más me deleita es que tú apenas eres consciente de tu poder. Lo ejercitas con tanta ingenuidad que es aún más atractivo que si supieras que lo haces. Enfrascada en tu labor no llamas la atención y, de pronto, te recoges el cabello con la mano y lo mantienes prisionero por unos segundos en tu nuca, a la vez que giras la cabeza hacia tu hombro como si posaras para un pintor invisible que deseara recoger aquel instante en una acuarela. O como si te apoyaras con ternura en un hombro amado del que tú sólo conoces la identidad. Es un gesto muy tuyo, encantador, dulce. Quizá no dura más de dos o tres segundos. Dejas al descubierto tus mejillas que llaman a ser besadas. Estás ensimismada en tus pensamientos y, en ocasiones, una suave sonrisa te alumbra. Algo te inquieta y, súbitamente, sueltas tu pelo y regresas a tu tarea. Tengo envidia, entonces, de qué ocupó tus pensamientos en ese instante y espero hasta que nuevamente salga el arco iris.

Lies

Lies de Rick Pryll (http://users.rcn.com/rick.interport/lies/lies.html ) es una obra ya antigua (1994) que es un hipertexto de frases que se van enlazando mediante decisiones binarias (falso/cierto). Se trata de una obra sin gran valor literario pero que permite combinar una serie de frases en multitud de caminos diferentes. Es puro texto, sin ningún recurso multimedia (que, en el tiempo en que se escribió tampoco era fácil poder incluir). Puede aburrir. Los 15 años transcurridos no han pasado en vano.

6/2/09

Owl Wolf Ghost

Owl Wolf Ghost, de Paula Bohince (que puede disfrutarse aquí) es una colección de cuatro breves poemas que, mediante el uso de flash, combinan imágenes en movimiento, textos y sonidos. Son poemas intimistas, perfectamente imbricados y ambientados con los sonidos y las imágenes de la naturaleza. Bello. Con gusto.



Los demonios del semáforo

El mayor tendría doce años. El menor esa edad indefinida entre cinco y diez. Hermanos, seguro, a juzgar por su semejanza. Ambos con una cara redonda y una pelambrera oscura, ojos grandes y vivaces, boca amplia y nariz chata. Ambos con una camisa de manga corta azul, raída pero limpia que sugería una madre cariñosa en algún lugar de la enorme ciudad. Unos pantalones cortos y unas zapatillas de lona que les daban un aire de posguerra. El más grande ordenaba qué hacer, siempre atento a la suerte del más chico. Estaban sentados en la acera, cerca de la esquina, casi agazapados para que los transeúntes no se percataran de su presencia. Tan niños y ya sabían del desprecio y de la maldad de los adultos. Ocupaban un pequeño lugar entre un tenderete de recuerdos típicos de México y otra de enchiladas y tortillas. Esperaban a que los semáforos se tornaran rojos. Salían entonces corriendo hacia la carretera y se plantaban en medio de la avenida. El mayor alzaba en sus hombros al pequeñín y este, en precario equilibrio, hacía unos juegos malabares con tres o cuatro pelotas. Parecían tener un sexto sentido por el que presentían cuándo las luces del tráfico iban a cambiar. Saltaba el pequeño a tierra y con su mano pedía lo que buenamente le pudieran dar los conductores. Casi ninguno se dignaba abrir la ventanilla y los que lo hacían bajaban el vidrio lo justo, una ranura, para dejar caer una moneda como si aquellas pobres criaturas supusieran un peligro.

- “Es que, en ocasiones, las bandas usan niños como cebos”- me dijo un día un taxista- “Mejor mantener los cerrojos cerrados”

Arrancaban los vehículos con celeridad, casi patinando algunos sobre el asfalto caliente del verano, ajenos a si los chicos se habían puesto a salvo otra vez en la acera. Corrían a su rincón y el ciclo se repetía cada cuatro minutos. La ciudad, ajena a los chicos, hervía en actividad.

Los ángeles del cielo velaban por ellos mientras que los demonios de las tinieblas, sentados sobre el semáforo, iban anotando las matrículas de todos los carros que ni siquiera abrían las ventanillas. Sonreían abiertamente y chocaban sus manos en señal de éxito al comprobar la gran cantidad de huéspedes que tendrían en unos pocos años.

4/2/09

Hoy




Hoy.

Ojala los calendarios no tuvieran esta fecha. Ojala, vientos amigos hubiesen arrancado todas las hojas de todos los calendarios de todos los años de tal día como hoy. Ojala nunca hubiese ocurrido. Los malos duendes de la melancolía, la desesperanza y el dolor rebuscan hoy por los cajones de mi memoria y te evocan. El universo te recuerda. El cosmos llora. Yo lloro. Y las artes de toda la historia confluyen para honrarte cuando llega este día.

Los timbales y las trompetas de Purcell fueron musicados para ti, para ser escuchados en tu honor.

Neruda escribió La noche está estrellada y tú no estás conmigo para que yo lo leyera esta noche.

El destino sabía que el Lacrimosa de Mozart fue creado para nosotros.
El grito final de muerte helada de La Boheme era por tí.

y con Machado he aprendido que habría de hacerse Su voluntad contra la mía. Siempre fue así, siempre es así.


La barca rosa de Gabriela Mistral era la tuya, tierna compañera.

Dante ya sabía que serás la Beatriz que me guíe y me salve cuando arribe mi turno.

Te buscaré más allá de las tinieblas, mi dulce Eurídice. Y no miraré atrás.

También yo, como León Osorio, cien veces quise interrogar al cielo pero ante mi desventura el cielo calla.


He sentido el manotazo duro, el golpe helado, el hachazo invisible y homicida que Hernández anunció.


Con Quevedo espero que seas polvo enamorado. Yo lo soy. Siempre lo seré.


Me aferro a los versos de Dylan Thomas: aunque los amantes se pierdan quedará el amor y la muerte no tendrá señorío. Eso sí te lo garantizo.


Y Martí i Pol sabía ya que no tornarás pero que perduras en mí de tal manera que me cuesta imaginarte ausente para siempre.


Sólo anhelo, con Manrique, a que mi río desemboque en tu mismo mar y nuestras aguas se confundan otra vez.





1/2/09

Deep Philosophical Questions

Deep Philosophical Questions (que puede verse aquí ) de Alan Bigelow es un divertimento en forma de cómic multimedia sobre cuestiones importantes de la humanidad (¿qué es el arte?, ¿existe Dios?,….). No pretende ser literariamente elevado, ni ofrecer claves a las preguntas que plantea pero tiene humor. Los dibujos son buenos y los sonidos que acompañan cada tem, adecuados. Para divertirse unos pocos minutos. Sin más.

Identidades

Identidades (http://www.cacocu.es/visor_netart.php?id=248 ), desarrollada por alumnos de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías de Informática y Telecomunicación de la Universidad de Granada, bajo la dirección de Rui Torres, es un poema visual que aúna imagen, textos y sonidos. Versos fragmentados – con voces más o menos adecuadas- , que no ayudan a sentir el poema, pero que finalmente ofrecen una sensación poética evidente. Aún siendo una obra amateur es interesante.