1/3/08

Golondrinas

Sabes que no te olvido. Ni quiero ni busco consuelo. Al contrario, deseo recordarte y sentir el dolor que siento porque, mientras ocurra, estarás presente en mí. Y quiero que estés conmigo siempre, hasta que vengas a buscarme. En esto, una voluntad de hierro me inunda, inquebrantable. Quizá, por eso, a veces me arrepiento de no pensar más en ti aunque lo haga todos los días y de no llorarte más, aunque lo haga todos los días.

Hoy te visité, como cada mes. Había decenas de golondrinas jugueteando junto a ti. Quizá las habías convocado a propósito. No se asustaron de mi presencia y continuaron haciendo cabriolas y arabescos como si quisieran adornarte o divertir tus días plácidos. Me senté en el banquito, frente a ti. Hubiese permanecido a tu lado durante horas. Intenté descubrir si los pájaros dibujaban letras y mensajes tuyos con su vuelo. Hubiera dado todo por saber que me hablabas con el aleteo de las aves. Pero sólo percibí el silencio doloroso de tu ausencia.