1/3/08

Primavera tardía




Primavera tardía. Nuestra primera primavera. Fuimos a comer al puerto. Una excusa para permanecer juntos, para apurar el tiempo que podíamos compartir antes de separarnos. Recuerdo la luz azul y límpida, mediterránea. O quizá era un día gris que yo veía brillante por estar a tu lado. Encontramos una terraza apartada. Aún era pronto y tomamos una cerveza antes de que nos sirvieran. Se nos hacía difícil decir adiós, hasta dentro de unos días, cuídate, te echaré de menos, yo te añoro ya y no te has ido aún, llámame en cuanto llegues, lo haré, te amo, yo más, imposible más. Comimos pescado y luego paseamos por el paseo que enmarca la playa. Despacio, acompasando el paso, anhelando que los minutos pareciesen horas. Me tomaste por la cintura. Yo tome la tuya. Me sentí bien protegido por la ternura de tu brazo. Como un dique que protegiera mi alma de las tempestades de la soledad. Parecemos unos quinceañeros dijiste. Te besé. Y la despedida se hizo aún mucho más dura.