18/3/08

No te escribo suficiente



Sí, sé que hace tiempo que no te escribo. Muchos días llego a casa y me digo que voy a contarme a mí mismo, porque a ti no puedo hacerlo, lo que he recordado ese día, algunos detalles y momentos que vienen y van en mi mente, que en ocasiones aparecen más vívidos que nunca y que, en otras, se esconden y se desvanecen para mi congoja. Pero a veces lo retraso y lo pospongo por pereza, y otras no encuentro la atmósfera que necesito para pensarte, para tenerte cerca de mí.
Sabes, en cualquier caso, que no importa que escriba en papel lo que siento. Hasta ahora, te he recordado cada día, en todos y cada uno de los días de tu ausencia. Cada día, sin excepción. A veces me dueles tanto que no puedo contener el llanto; otras me encuentro a mí mismo sonriendo como si te tuviera al lado y estuviese nuevamente oyéndote contar las cosas del día con esa gracia que hacía de los hechos más anodinos una aventura inolvidable; otras mis manos dibujan tu cuerpo en el aire, necesitándolo, ansiando sentir el tacto de tu piel morena.
Estás de viaje. Sí, uno muy largo a un lugar en donde no hay telégrafo, ni móviles ni siquiera carteros. Mis cartas no te llegan y las tuyas- que sé que me escribes- nunca entran en las sacas. Da igual. Estás de viaje, sólo es eso. Regresarás algún día o yo iré a buscarte. Cuando pase el tiempo, cuando llegue el momento.
El tiempo ha perdido la batalla. Tú sigues en mí, igual que cuando emprendiste el camino, tus palabras flotan en mis oídos aunque nadie más las escuche. Te amo igual. No, miento, te amo más porque ahora soy consciente de lo que te amo.
La distancia ha sido derrotada porque muchos días al entrar al coche estás ahí sonriéndome y muchas noches te abrazo sin que nadie se aperciba de ello. Porque cuando me enfrento a una dificultad, levanto los ojos arriba y, sin pedírtelo, sé que me vas a echar una mano.
El olvido ha dejado de intentar ganarme para él porque la herida sigue más abierta que nunca, dolorosa, sangrante. Yo mismo, cuando quiere cicatrizar, la abro con mis manos y con mis lágrimas y con mi rabia que no cede.
Estás de viaje. Es sólo eso.
Prometo escribirte más. No puedo prometerte amarte más porque es imposible quererte en mayor medida, tierna compañera.