1/3/08

La vida que bulle en torno a ti



Hoy te visité. Me senté en el banco, junto a ti, hablándote sin palabras, pensándote- me gusta pensarte, recordar lo que fuimos, lo que vivimos, el privilegio de ser tuyo-, sonriendo por dentro al calor de las memorias más tiernas y dulces, como el día que cenamos solos en aquel restaurante y los camareros se desvivieron por servirnos o como la playa que nos vio caminar abrazados cuando ni la luna permanecía ya levantada.


Hay vida a tu alrededor. Me sorprende cuánta vida atraes en torno a ti. Hoy había decenas de mariposas revoloteando en tu jardín, pequeños insectos que se afanaban en sus laboras de recolección de grano y gorriones que cantaban y daban saltitos frente a tu reposo. Las flores estaban más radiantes que nunca, brillando bajo el azul intenso de la tarde. Las hiedras de las paredes han crecido más como si quisieran arroparte para cuando llegue el invierno, protegerte, mimarte.

Quiero creer que sólo te has transformado temporalmente, que – generosa como siempre lo fuiste- has repartido tu alma y el latido vital de tu ser por toda la naturaleza que te rodea para que progrese, para que la tierra se pueble del pálpito de la existencia pero que toda esa vida que bulle inquieta a tu vera te será reintegrada algún día y entonces reaparecerás, esplendorosa, y me harás un gesto para que corra junto a ti. Y te juro que no hago sino anhelar el día en que eso suceda.