15/3/08

Me esperabas



He mirado esa fotografía cientos de veces. Yo me retrasaba preparando mi maleta. No recuerdo por qué. Tú ya estabas lista desde hacía mucho rato. Estabas sentada sobre la cama, aguardándome. Blusa rosa, falda entre granate y teja, unos cabellos rebeldes te enmarcan juguetones el rostro, una mano sobre la otra, una pulserita en la muñeca, un colgante al cuello, una pierna recogida bajo tu muslo, como una niña aplicada. Observándome, esperándome. Tu carita inclinada sobre tu hombro, como si pensaras qué hará este hombre que se demora tanto. Te miré entonces y te vi, ahí sentada, callada,  con una sonrisa tan tierna que sólo pude dejar de hacer lo que estaba haciendo y acudir a besarte, a abrazarme a ti. Te dije: espera, no te muevas, deja que te saque una foto, no quiero que se pierda este instante de magia. La hice y quedó grabada tu carita maravillosa que me miraba como si yo fuese lo mejor del mundo. ¿Qué estarías viendo en mí, tú que eras todo?  ¿Qué hice bueno para merecer tal expresión de ti? Esas eran las miradas que me atolondraban, que me derretían, que me rendían a ti, que me hacían ser mucho más de lo que soy, que me hacían feliz. Hoy, - gracias a Dios que saqué aquella foto-  miro la imagen y tu sonrisa, aún congelada y rota por la vida, sigue siendo la más maravillosa del universo.